La contaminación del aire le rompe el olfato a las hormigas (y eso tiene consecuencias desastrosas)
En solo 20 minutos, los gases presentes en el aire pueden destruir los alquenos e impedir que las hormigas puedan identificarse como aliadas

Fotografía de un macho de hormiga cazadora Dorylus mayri, de África occidental.


Las hormigas poseen una capa de moléculas llamadas hidrocarburos cutáneos que recubren su exoesqueleto. ¿Su función? Actuar como una especie de código de identidad. Dentro de esa mezcla hay unos compuestos denominados alquenos, que son extraordinariamente vulnerables a la oxidación y que resultan indispensables para que los grupos de estos insectos mantengan la cohesión y no se produzcan enfrentamientos internos agresivos. Pues bien, un estudio realizado por el Institiuto Max Plack y publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences ha descubierto que el ozono urbano y los óxidos de nitrógeno están destruyendo estas señales aromáticas comunicativas.

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El resultado es desastroso: puesto que las hormigas no son capaces de identificarse como aliadas, acaban atacándose las unas a las otras y provocando una situación de caos dentro del hormiguero. Para verificar el impacto del problema, el equipo expuso a ejemplares de seis especies distintas a concentraciones de 100 ppb de ozono, un nivel habitual en ciudades contaminadas durante el verano. Tras solo 20 minutos de exposición, el perfil químico de las hormigas cambió de forma tan drástica que sus propios pares las trataron como intrusas.
“Queríamos saber si la exposición a niveles elevados de ozono alteraría el olor característico de las hormigas, lo que provocaría agresividad al regresar a la colonia”, explicó Nan-Ji Jiang, autor principal del estudio, en una nota de prensa. La reacción violenta de las colonias ante sus propios integrantes demuestra que la estabilidad social de los insectos depende de un equilibrio químico muy frágil.
Impacto en la convivencia
En cinco de las especies evaluadas, la agresión fue la respuesta predominante, lo que evidencia que la contaminación del aire actúa como un agente desestabilizador de los ecosistemas. Los investigadores se mostraron asombrados por la magnitud del cambio conductual tras una exposición tan breve a los gases oxidantes en un entorno controlado.
Markus Knaden, experto en ecología química del Instituto Max Planck, señaló la importancia crítica de estos hallazgos para entender el declive global de los insectos. «Al parecer, a pesar de su pequeña cantidad, los alquenos son extremadamente importantes para la especificidad del olor de la colonia.», afirmó el científico tras observar los ataques. Este fenómeno no solo afecta a la defensa del nido, sino que también corrompe otros procesos vitales como el cuidado de las crías y la organización del trabajo colectivo.
En una fase distinta del experimento, los expertos observaron que las colonias de la hormiga cazadora clonal sufrían una mortalidad larvaria masiva bajo los efectos del contaminante. Este suceso se vincula directamente con la interrupción de la comunicación entre los adultos y las larvas, provocando que las cuidadoras descuiden a su prole de forma sistemática. La muerte de las crías no fue causada por el efecto directo del gas, sino por el colapso de las interacciones sociales necesarias para la supervivencia.
Un riesgo para la biodiversidad
El estudio subraya que los contaminantes oxidantes ya han mostrado efectos negativos en la relación entre flores y polinizadores, así como en las feromonas sexuales de diversas moscas. Ahora, los datos sugieren que el daño es mucho más profundo al poner en riesgo la funcionalidad de las colonias eusociales de 30.000 especies de hormigas.
Estos seres representan una biomasa equiparable a la de todos los mamíferos y aves juntos, cumpliendo funciones esenciales como la limpieza del entorno o la dispersión de semillas. De hecho, la investigación concluye que el impacto de la actividad humana en la atmósfera está alterando la naturaleza de maneras que apenas comenzamos a comprender. Y es que, si los sistemas de reconocimiento químico fallan en especies tan abundantes, el equilibrio de la biodiversidad mundial podría verse gravemente comprometido.
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