Proyecto en la UPR cartografiará espacios de memoria vinculados a la violencia política en Puerto Rico
La iniciativa es dirigida por los profesores Marcelo Luzzi y Windy Cosme



Periodista de Entretenimientovictor.ramos@gfrmedia.com
Un grupo de profesores y estudiantes del Departamento de Historia de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, desarrolla un proyecto de investigación que busca identificar y mapear espacios vinculados a la violencia política en el país, con el objetivo de fomentar el diálogo público sobre estos acontecimientos y su lugar en la memoria colectiva.
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La iniciativa es dirigida por los profesores Marcelo Luzzi y Windy Cosme, quienes impulsan un proyecto de historia pública que combinará investigación académica, trabajo comunitario y participación estudiantil para documentar estos lugares.
Según explicó Luzzi, la propuesta surge de una línea de trabajo dentro del Departamento de Historia interesada en los llamados “espacios de memoria”, un concepto ampliamente utilizado en la historiografía latinoamericana, pero todavía poco desarrollado en el estudio histórico puertorriqueño.
“Lo que nos interesaba era pensar cómo podemos desarrollar este lente para ver la violencia política o los sitios en los que se cometió violencia política y resignificarlos como posibles espacios de memoria”, explicó el historiador.
Entre los ejemplos que podrían formar parte de esta cartografía se encuentran lugares asociados a eventos históricos conocidos, como el Cerro Maravilla, así como espacios vinculados a otras formas de violencia política menos visibles. El proyecto contempla también casos relacionados con desplazamientos, violencia ambiental, racismo o agresiones contra comunidades LGBTQ+, e incluso lugares de escala territorial más amplia como la isla municipio de Vieques.
El resultado principal será la creación de un mapa digital que identificará estos espacios de memoria a partir de investigación en archivos y trabajo directo con comunidades.
Pero la iniciativa busca ir más allá de la investigación tradicional. Para los profesores, uno de los objetivos centrales es desarrollar la historia pública en Puerto Rico, una corriente historiográfica que promueve la democratización del conocimiento histórico mediante el diálogo entre académicos, comunidades y saberes no académicos.
Cosme subrayó que una de las prioridades del proyecto es precisamente quién nombra y cómo se narran estas experiencias de violencia. En su opinión, la investigación histórica debe construirse de manera horizontal junto a las personas y comunidades que vivieron esos procesos.
“No se trata de que nosotros les demos voz a las comunidades. Sería horrible que fuera así”, explicó. “Se trata de sentarnos a dialogar con quienes vivieron esos procesos y construir conocimiento con ellos”.
La historiadora señaló que este enfoque es particularmente relevante en el contexto político actual, donde existen intentos de diluir o minimizar ciertos episodios de violencia política. “Lo primero hacia dónde nos dirigimos es a nombrarlas”, afirmó. “Hay intentos de que lo que en su momento se identificó como violencia política hoy se vuelva difuso o pierda importancia”.PUBLICIDAD
El proyecto también busca examinar cómo la memoria de estos hechos puede influir en la construcción de la identidad colectiva del país. Para Luzzi, reconocer los episodios de violencia política es un elemento indispensable para cualquier sociedad que aspire a sostener una conciencia democrática.
“No podemos pensar una conciencia democrática si no condenamos los pasados represivos”, señaló. “Si no reconocemos que hubo violencia, entonces terminamos construyendo una identidad cimentada sobre el asesinato o la represión”.
El historiador también enfatizó que la recuperación de la memoria no debe convertirse en una herramienta para justificar nuevas formas de violencia o dominación. A su juicio, la clave está en reconocer los hechos y las diversas experiencias que generaron, sin convertir ese recuerdo en un instrumento político de opresión.
“La manipulación de la memoria siempre es un posible riesgo que se corre al no estar nítidamente definidos los límites de acción de la memoria colectiva. Que estos límites no estén definidos, no es un problema en sí, pero puede devenirlo al manipularse la memoria. La tergiversación del pasado, en un uso ahistórico del mismo, implica la borradura de sentidos sobre el mismo y, con ello, la posibilidad de resignificar la violencia política en un sentido redentor o salvífico”, sostuvo el académico.
En esa línea, Cosme añadió que la memoria histórica suele ser un terreno de disputas donde coexisten múltiples narrativas sobre un mismo acontecimiento. “No estamos hablando de ganadores o perdedores”, explicó. “Hablamos de cómo una comunidad vivió esa violencia y cómo la recuerda, siempre partiendo del reconocimiento de que fue un hecho que no debió ocurrir”.PUBLICIDAD
La iniciativa tendrá una duración inicial de tres años y contará con una asignación de aproximadamente 1.9 millones de dólares de la Andrew W. Mellon Foundation. Durante ese periodo se desarrollará un programa académico que incluirá cursos de historia pública, conferencias con especialistas internacionales y la participación de estudiantes subgraduados y graduados que trabajarán directamente con comunidades.
Además del mapa digital, el proyecto contempla la creación de una página web para divulgar los resultados y la organización de un simposio internacional sobre historia pública en Puerto Rico al finalizar la primera fase. Los investigadores también aspiran a que esta iniciativa siente las bases para una estructura académica más permanente en el recinto.
“La idea es que esto sea una primera fase”, explicó Luzzi. “Eventualmente nos gustaría poder establecer una escuela de historia pública que pueda ofrecer formación y asesoría a comunidades y seguir ampliando este trabajo”.
El enfoque del proyecto se centrará principalmente en el siglo XX y principios del XXI, un periodo en el que resulta más viable identificar memorias comunitarias todavía activas. No obstante, los profesores enfatizan que el trabajo con las comunidades permanecerá abierto y flexible.
“No vamos con una idea predeterminada de lo que tiene que salir”, indicó Luzzi. “Hay temas que pueden ser traumáticos, y el proceso tiene que ser dialogado. Incluso si el resultado final es simplemente una bitácora del proceso, eso también es valioso”.
Para los investigadores, la meta final es que estas memorias no permanezcan confinadas al ámbito familiar o privado, sino que puedan integrarse a una conversación pública más amplia sobre la historia del país.
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Víctor Ramos Rosadovictor.ramos@gfrmedia.com
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