Plan de Israel y EE.UU. contra Irán y el Líbano: reducirlos a escombros siguiendo el modelo de Gaza
En España se utiliza la locución «dar palos de ciego» para describir una situación como la que vive la Casa Blanca. Significa actuar sin rumbo, sin planificación o sin conocimiento claro, intentando solucionar algo a ciegas.


Por Marcelo Caracoche | 23/03/2026 | EE.UU., Palestina y Oriente Próxim
Los planes ciegos de Trump
En España se utiliza la locución «dar palos de ciego» para describir una situación como la que vive la Casa Blanca. Significa actuar sin rumbo, sin planificación o sin conocimiento claro, intentando solucionar algo a ciegas.
Cuando el lunes 16 Trump convocó aliados y enemigos para reabrir el estrecho de Ormuz, la impresión fue que la quilla trumpiana estaba tocando fondo. La Unión Europea no tiene ninguna intención de entrar voluntariamente en ese hormiguero; acompañó a Biden en Ucrania por la simple razón de que los muertos los ponía Ucrania; el Golfo es otra cosa.
La idea de invitar a China es demencial; el ataque a Irán era la preparación del viaje a China del 31 de marzo. La fantasía de Trump y su entorno era llegar a Pekín con la cartera del petróleo iraní bajo el brazo y Teherán domesticada; hubieran sido buenas cartas para jugar con Xi Jinping, pero el mundo funciona de otra manera. China no había oficializado la visita; se atiene a la praxis de dar a conocer contactos o encuentros a casi último momento, para evitar sorpresas y no tener que anunciar cancelaciones o retrocesos. Una vez más, estos pequeños detalles de una diplomacia atenta y refinada se demostraron justos; el viaje de Trump a Pekín probablemente no se realizará.
Mientras tanto, el Presidente enumera su lista de triunfos: «7.000 objetivos centrados, marina iraní fuera de combate, defensa antiaérea anulada, drones y misiles enemigos eliminados en un 90%».
La lista, si fuera totalmente cierta, es impresionante, pero no funciona. Estados Unidos se ha encontrado atrapado entre una guerra asimétrica, planeada y bien ejecutada por Irán, y una visión convencional, acompañada de una maquinaria de guerra barroca, pesada y costosa. Se calcula en 10.000 millones de dólares el costo de guerra de la primera semana y el Pentágono ha solicitado al Congreso 200.000 millones de dólares para continuarla.
Con la conducción política descabezada y las fuerzas armadas casi pulverizadas, la guerra estaría terminada y Trump podría desfilar por las calles de Teherán aclamado por el pueblo liberado.
Claramente, estos son solo sueños de una mente febril, que toma decisiones en base al propio instinto y no de las 80.000 personas que trabajan en inteligencia para mantener informada a la Casa Blanca.
El martes, The Washington Post sugirió al Presidente que declarara que Estados Unidos ha ganado la guerra y se retirara del escenario; el retiro haría que Irán levantara el bloqueo de Ormuz y el tránsito se normalizaría.
Larijani, el mártir lúcido
El martes 17 se confirmó la muerte del doctor Alí Larijani, asesinado en casa de la hija; el analista de Al Jazeera Marwan Bishara considera que el asesinato fue calculado para bloquear la diplomacia y mantener el estado de guerra en la región.
Trita Parsi va más allá, escribe en Responsible Statecraft que el asesinato de Larijani no apuntaba a minar el liderazgo en Teherán, sino a entrampar a Trump: «Israel está buscando literalmente bloquear la salida de emergencia de Trump».
Larijani era partidario de dialogar con Estados Unidos. Viajó como enviado especial de Khamenei al encuentro de Ginebra el 27 de febrero y apoyó el mensaje apaciguador del Presidente Pezeshkian (no está de más recordar que el Presidente es un prestigioso cirujano) a los países del Golfo.
Desconocemos las precauciones que tomaba Larijani después del exabrupto del ministro de Defensa Katz: «Se esconden como ratas». Algunas personalidades del gobierno participaron en la marcha callejera del Quds, del último viernes de Ramadán; los hemos visto haciéndose selfies y saludando, compartiendo el peligro con su gente.
El Islam chiíta otorga un gran valor al martirio, y Larijani no era la excepción; faltará su lucidez en los próximos meses, a menos que la dirigencia iraní entienda que el pragmatismo puede ser la vía para salir de la guerra, desechando la radicalización que busca Israel para continuar la masacre.
Los disidentes
Reapareció Tulsi Gabbard, directora de la National Intelligence; el informe que entregó a Trump antes de la invasión no se adaptaba a las ensoñaciones del Presidente ni del secretario de Defensa Hegseth; estuvo en la comisión del senado donde informó que «el régimen de Teherán está degradado pero la cadena de mando sigue intacta», levantando no pocos interrogantes.
Y del National Counterterrorism Center, rama del departamento de Gabbard, llegó la primera defección importante; se trata de su director Joe Kent, nombrado en 2025.
Joe Kent, 46 años, ex oficial de la CIA, sirvió en Irak. Su primera esposa, Shannon Smith, oficial de criptografía militar, murió en 2019 por un atentado del ISIS en Aleppo, Siria. Kent siempre ha apoyado a Trump y le ha dirigido una carta respetuosa pero firme: «No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en Irán. Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y es claro que hemos iniciado esta guerra a causa de las presiones de Israel y su poderoso lobby americano». Agrega que han ilusionado al Presidente con una rápida victoria.
Kent compara las presiones israelíes para entrar en guerra con la táctica usada para atacar Irak en 2003, y termina: «Como veterano y como marido que ha perdido la mujer en una guerra artificiosa creada por Israel, no puedo soportar la idea de mandar la próxima generación a combatir y morir en una guerra que no aporta beneficios al pueblo americano».
Trump siempre contó con la fidelidad de Kent, aun en decisiones difíciles, por lo que la rotura es aún más estrepitosa; pesa también en la carta la experiencia humana de una pérdida personal.
Tucker Carlson, fuego amigo
Otra rotura significativa es la de Tucker Carlson, que recientemente declaró que «se debe romper el círculo mágico» que rodea al Presidente. Tales declaraciones no podían no traer consecuencias.
El periodista ha entrado en la mira del lobby pro Israel de Estados Unidos. El mismo Carlson relata que ha sido espiado por la CIA, que estaría preparando una acusación de delito para el Departamento de Justicia. La razón serían los encuentros y contactos que Carlson tuvo en Irán antes del ataque israelí/estadounidense.
Carlson se ha creado enemigos por sus durísimas críticas a Israel y Netanyahu. Un ataque llegó de Fleur Hassan-Nahoum, la ex vice-alcaldesa de Jerusalén, que colocó un post en X: «Tucker Carlson debería ser arrestado y procesado por traición». Obviamente esta vistosa interferencia de un funcionario extranjero ha causado reacciones, como la de Glenn Greenwald, periodista premio Pulitzer por su investigación de la NSA y vigilancia de masas. Greenwald escribió: «¿Quiénes diablos son los israelíes para dictar ley y pretender que periodistas americanos sean arrestados y procesados por traición? Para ellos ‘traición’ es hablar e informar críticamente sobre Israel».
Carlson entrevistó en su show a Kent el miércoles, donde el ex secretario ratificó sus denuncias sobre el lobby pro Israel; el punto fuerte de la entrevista fue cuando relató su encuentro con el activista Charlie Kirk en junio de 2025, en el ala oeste de la Casa Blanca: «Me miró a los ojos y me dijo: Joe, detén esto, no entremos en guerra contra Irán». Kirk fue asesinado en septiembre y muchas sombras rodean el caso. Joe Kent agregó que su departamento estaba investigando las posibles conexiones extranjeras con el homicidio, pero le fue ordenado detenerse. «Hay informaciones que no puedo revelar», dijo, con lo que aumenta el clima de paranoia en el ámbito America First.
En tanto, comienza a subir a la superficie una hostilidad hacia Israel. Pero los votantes del MAGA, según una reciente encuesta, todavía apoyan a Trump en un 90%.
Ginebra, la negociación que no fue
Trump, repetidamente, sostuvo que el ataque a Irán «era inevitable». Un servicio de The Guardian reveló a través del relato del consejero para la seguridad nacional británica Jonathan Powell que Irán presentó una propuesta «sorprendente». Powell estuvo presente en las últimas rondas de negociaciones; se encontraba con un experto británico en la residencia ginebrina del representante de Omán.
Los ingleses se asombraron por los puntos propuestos por Irán:
- Un acuerdo permanente sin cláusula de caducidad, de diluir, bajo la supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica, los 440 kg de uranio enriquecido y el compromiso de no acumular más en el futuro.
- Una pausa de tres a cinco años de enriquecimiento para Estados Unidos doméstico.
- Oferta a Estados Unidos de participar conjuntamente en un futuro programa nuclear civil.
- Irán solicitaba en cambio la eliminación de un 80% de las sanciones y la liberación de los bienes congelados en Qatar.
Los ingleses pensaban que estaban dadas las condiciones para un acuerdo que evitara la guerra.
El negociador de Omán consideró la propuesta un cambio radical por la cuestión del uranio; otro diplomático de la zona del Golfo resumió el clima: «Consideramos Witkoff y Kushner como activos de Israel; han arrastrado al Presidente a una guerra de la que deseaba salir».
Líbano, el despliegue de Radwan
Mientras las intrigas palaciegas minan las certezas de Washington, el lunes 16 los titulares de los diarios anunciaban una nutrida invasión en el sur del Líbano por parte del ejército de Israel. Por el momento, se verifican escaramuzas en los niveles normales; diferente es la situación en Beirut, donde Israel bombardea intensamente la ciudad. El área atacada se ha extendido desde la periferia sur hacia los barrios burgueses del oeste; la cantidad de prófugos se aproxima al millón de personas.
En tanto, la formación Radwan de Hezbollah se ha desplegado en la zona de Khiam. Alastair Crooke, en declaraciones el lunes 16, comentó que los habituales contactos con periodistas que mantiene Hezbollah se habían cortado; el silencio se expandió en la zona de influencia de la resistencia, un modo de limitar la inteligencia israelí.
Khiam es un campo de batalla difícil para las tropas israelíes. No consiguieron tomar la colina que lo caracteriza en 1978, tampoco en 2000, ni en 2006, ni en 2024. Siempre la resistencia consiguió rechazarlos.
El río Litani opera como un imán para los planes estratégicos de Israel, y esto viene desde lejos, desde cuando el líder sionista Chaim Weizmann explicaba al premier británico Lloyd George que una futura patria hebrea tendría que extenderse en profundidad en El Líbano hacia el norte. El Litani era indispensable por el valor económico y estratégico de las reservas hídricas.
En 1948 las fuerzas sionistas avanzaron en Marjayoun y ocuparon 14 aldeas libanesas, hasta que fueron obligados a retirarse. Durante años, Israel buscó la creación de un Estado colchón para aislar el Estado judío de los árabes libaneses; decía Moshé Dayan en 1954: «Hay que encontrar un oficial libanés corruptible y presentarlo como salvador de los cristianos maronitas». La idea era instalar un régimen fantoche mientras que Israel habría extendido su límite norte hasta el río Litani.
Esta ambición se apoya en necesidades estratégicas y posiciones ideológicas, y ha tenido un costo para Israel. Desde 1982 al 2000 han muerto en El Líbano 1.216 soldados; en los 34 días de guerra en 2006 murieron 121 y fueron destruidos 50 tanques Merkava; en 2024 tres brigadas no pudieron sostener la toma de Khiam más de seis semanas.
No obstante los reveses, en 2025 volvieron a intentarlo. Un grupo de colonos llamado Uri Tsafon solicitó el emplazamiento de civiles judíos en el sur del Líbano; no falta el adoctrinamiento: un rabino del IDF les dijo a los soldados: «Esta tierra es nuestra, toda la tierra, incluyendo Gaza y El Líbano».
Desde un punto de vista militar es una posición atractiva. La ciudad de Khiam se encuentra a 800 metros sobre el nivel del mar, a 5 km de la línea Azul del 2000; el asentamiento israelí de Metula se encuentra a 1 km de distancia. Al norte, el camino se abre hacia Marjayoun; al este, desciende hacia el valle de la Bekaa. En una visión clásica, se abren dos rutas ideales para un blitzkrieg.
Pero desde el punto de vista de una guerra asimétrica aparecen las ventajas: el avance de las columnas acorazadas tiene que realizarse a la fuerza por caminos montañosos, estrechos y previsibles; el terreno elevado favorece los ataques antitanques; si las tropas acorazadas consiguen entrar en la ciudad, la densa estructura urbana ofrece reparo a los guerrilleros que además conocen su territorio. Estas condiciones transforman a Khiam en un teatro de desgaste para los invasores.
Durante el apogeo del Ejército del Líbano del Sud (ISLA), aliado de Israel, en Khiam, en un cuartel de la época de los franceses, se creó un centro de inteligencia donde se torturaba bajo la dirección del Shin Bet, situación documentada por Amnistía Internacional.
En mayo de 2000, los combatientes de Hezbollah asaltaron la prisión, liberaron 144 prisioneros, el ejército ISLA se derrumbó totalmente y el cuartel se transformó en museo al estilo del de la ex ESMA de Buenos Aires, a tal punto que en la guerra de 2006 Israel bombardeó el complejo con la intención de cancelar aquella memoria, y el 25 de julio una bomba israelí destruyó un puesto de observación de la ONU donde murieron cuatro observadores.
El IDF perdió una docena de tanques y la división 366 nunca consiguió sus objetivos.
En 2024 regresaron tres brigadas que sufrieron 24 asaltos de la guerrilla en 48 horas; entraron en Khiam solo después de un alto el fuego, pero tuvieron que retirarse después de seis semanas.
Y en marzo 2026 regresan los israelíes; los espera la formación Radwan, nacida como unidad de intervención rápida bajo el mando de Imad Mughniyeh; Radwan ha acumulado gran experiencia en Siria. Esto le ha permitido, según el investigador israelí Dima Adamsky, transformarse en una fuerza de comando capaz de producir efectos estratégicos contra un ejército convencional.
La estructura refleja su doctrina; según el Alma Research Center, las escuadras Radwan se componen de siete a diez hombres, se mueven autónomamente en zonas específicas, con abastecimientos preposicionados, el jefe de escuadra actúa sin directivas centrales; a una escala diferente, es como el sistema Mosaico de Teherán.
El 5 de marzo Reuters confirmó que Radwan se había desplegado al sur del Litani, en la zona de Khiam. El objetivo lo explicó el secretario general de Hezbollah, Naim Qassem: «La resistencia se opondrá a cualquier plan de ocupación y expansión». Las noticias de esta semana señalan que las tropas del IDF tienen como objetivo la creación de un colchón de protección.
Una de las claves del éxito de la guerrilla es el 9M133 Kornet, un misil antitanque con guía láser de fabricación rusa, con cabeza HEAT (High Explosive Anti Tank) con carga hueca en tándem (se trata de una doble carga; la primera más pequeña neutraliza la eventual coraza reactiva externa del tanque; la segunda, más potente, perfora la coraza principal). Este es capaz de perforar una coraza de 1000 mm, con alcance efectivo de 5,5 km. Esta arma es la pesadilla de las brigadas acorazadas de Israel.
El sistema de ataque es similar al de Irán, pero en pequeña escala. Según la Jamestown Foundation, los atacantes saturan el blanco con misiles antitanque económicos para agotar el sistema de protección del Trophy (también conocido como ASPRO-A; es un avanzado escudo defensivo israelí desarrollado por Rafael Advanced Defense Systems. Utiliza radares para detectar y destruir misiles antitanque. Es el único sistema «hard-kill» probado en combate, equipa los tanques Merkava y Abrams, con una protección a 360 grados). Después el Kornet da el golpe de gracia.
Últimamente se utiliza una versión retocada, el Kornet EM, que alarga su alcance hasta 8 km y la capacidad de doble lanzamiento para neutralizar el Trophy.
En 2015, Irán proveyó a Hezbollah de misiles Almas y Badr, por lo que el IDF se encuentra frente a no un simple lanza misiles, sino una doctrina antitanque con diferentes niveles, que opera en un terreno ideal para este tipo de operaciones emboscadas.
Detrás de esta actividad hay doctrinas prestigiosas. Clausewitz sostenía que las fuerzas irregulares tenían que ser «nebulosas y elusivas»; Mao indicaba: «El enemigo avanza, nosotros nos retiramos, el enemigo se cansa, nosotros atacamos».
En la ciudad de Khiam, bombardeada al extremo, las mismas ruinas crean un terreno ideal para la guerrilla. Los analistas libaneses sostienen que la guerrilla permite al enemigo una penetración de 2 a 3 km en los barrios devastados antes de lanzar el ataque con explosivos, misiles y drones. Quienes hayan leído El Eternauta recordarán cómo la columna de resistentes debe avanzar en la única dirección que permiten los edificios derrumbados por los Gurbos; estas galerías de escombros funcionan como trampas para las unidades acorazadas. Radwan utiliza además el despliegue por rotación que permite contar con combatientes frescos.
El profesor Arreguin-Toft ha demostrado que cuando fuerzas convencionales se encuentran con la táctica de guerrilla, la parte más débil vence en la mayor parte de los casos; la adaptación es la clave del éxito. En cambio, el Estado ocupante no se adapta, se interna en las ruinas que su misma fuerza aérea ha creado y que la guerrilla utiliza como fortaleza.
No es una novedad; Vietnam y Afganistán son testimonios históricos de este tipo de guerra.
Epílogo memorioso
1) Un periodista de The Guardian recordaba, a propósito de la muerte de Alí Larijani, una entrevista del 2006, donde el dirigente asesinado explicaba su convicción de que lo que querían Estados Unidos e Israel era la destrucción de la República Islámica; «el pretexto siempre lo encontrarán», decía.
En el mismo sentido, el corresponsal de guerra italiano Alberto Negri recordaba hace poco una conversación mantenida con el ex ministro de Exteriores de Irak, y en ese momento viceprimer ministro Tarek Aziz. Negri lo conocía de años, incluso se tuteaban. Negri le preguntó sobre las causas esgrimidas por Estados Unidos para atacar Irak (era el 2002). Aziz sonrió y respondió: «Bastaría un Kalashnikov para atacarnos; la causa es lo de menos».
2) La noche del 14/15 de noviembre de 1940, la Luftwaffe atacó con un bombardeo devastador la ciudad de Coventry, destruyó 4000 edificios, incluyendo la Catedral de Saint Michael. Para indicar la destrucción total, los orgullosos jerarcas alemanes inventaron el término coventrización.
El sistema es usado ahora por Estados Unidos e Israel contra Irán y El Líbano, pero no usan el término coventrización; el adecuado sería gazificación; la intención no oculta es reducir a escombros Irán y Beirut siguiendo el modelo de Gaza.
3) Durante la Segunda Guerra Mundial, un problema básico era proteger de los ataques de los u-boots alemanes a los convoyes marítimos que atravesaban el Atlántico Norte desde Estados Unidos al Reino Unido; transportaban abastecimientos cruciales para continuar la guerra. El almirante americano King, después de una reunión con el Almirantazgo británico, organizó una escolta que incluía naves de guerra canadienses.
El convoy llegaba hasta el MOMP (Mid Ocean Meeting Point) ubicado en los 22 grados de longitud oeste (a 500 millas de Irlanda aproximadamente), allí la Royal Navy tomaba a su cargo la escolta. El sistema funcionó.
Trump quisiera algo similar, una escolta armada para las petroleras que deben atravesar el estrecho de Ormuz; el cálculo sería de dos naves por cada petrolera, tendrían que moverse en un espacio que, comparado con el Atlántico Norte, es una charca, con una costa iraní de 2.000 km presumiblemente armada, sobre todo en el punto crucial de 33 km del estrecho.
Proyecto difícil; los «aliados» han contestado que no o se han refugiado en el silencio. Sucesivamente, Francia, el Reino Unido, Italia, Alemania, Países Bajos y Japón se han unido en un proyecto para asegurar la navegación en Ormuz después de que hayan terminado las hostilidades. El ministro del Exterior italiano, Tajani, se ha apresurado a comunicar que «no se trata de una misión de guerra»; esperemos que no confunda las fechas y envíe las naves antes del alto el fuego.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante
¿Quién controla las guerras de Estados Unidos?
Por Alejandro Marcó del Pont | 23/03/2026 | Economía

Fuentes: El tábano economista [Imagen: «Los jugadores de Skat», de Otto Dix]
Cualquiera puede ir a Bagdad. Los hombres de verdad van a Teherán (El Tábano Economista)
La frase, atribuida indistintamente a Rambo o a Boogie el aceitoso, según el gusto del lector, resume una tentación que lleva décadas rondando los pasillos del poder en Washington. Pero la cuestión real no es si Estados Unidos debe o no bombardear Irán. La pregunta es quién decide que esa sea siquiera una opción sobre la mesa cuando la mayoría de los ciudadanos se opone, cuando los militares advierten de las consecuencias y cuando la propia estrategia de defensa nacional dice que el verdadero enemigo está a miles de kilómetros, en China.
La respuesta es incómoda, pero está documentada: la política exterior estadounidense es el producto de una estrategia nacional coherente como ya lo expusimos en el artículo Trump no improvisa, pero el resultado es de una lucha feroz entre élites con visiones del mundo radicalmente distintas y, sobre todo, con intereses económicos muy concretos. No se trata de una conspiración con un único cerebro, sino de un ecosistema opaco de intelectuales neoconservadores, contratistas de defensa, lobbies extranjeros y facciones internas de la Casa Blanca que compiten por controlar la narrativa y, de paso, los presupuestos.
Lo que hace que el análisis sea particularmente confuso es que un conjunto paralelo de debates económicos y de negocios se desarrolla casi independientemente de las consideraciones estratégicas. Para entenderlo, hay que observar tres corrientes de pensamiento que hoy se disputan el alma de la política exterior estadounidense. Por un lado, están los asociados al movimiento MAGA, que desean unos Estados Unidos más conservador y una política exterior que sea extensión de las guerras culturales domésticas. El vicepresidente JD Vance lo ha resumido con claridad: Estados Unidos no debería «desperdiciar vidas siendo el policía del mundo». Pero también existe un profundo escepticismo hacia las élites washingtonianas, a las que consideran belicistas empedernidas.

Una segunda perspectiva, la de los autodenominados «realistas», considera que la prioridad absoluta es el Indo-Pacífico. China, no Irán, es el verdadero desafío existencial. Una guerra en Oriente Medio sería un problema sin fin que desviaría recursos cruciales de la contención de Pekín. Abogan por la contención de Irán, no por su destrucción, y creen posible algún tipo de modus vivendi que permita a Estados Unidos salir de la región. Su mentor intelectual es Elbridge Colby, y sus propuestas suenan a música celestial para oídos cansados de guerras interminables.
Finalmente, persiste el enfoque más tradicional de la seguridad nacional estadounidense, los neoconservadores o, ahora, Sion Con, el que percibe amenazas interrelacionadas con China, Rusia, Irán y Corea del Norte. Esta visión del mundo, que los críticos tachan de «neoconservadora», aboga por un alto nivel de preparación militar y cooperación con aliados en tres frentes simultáneos: el Indo-Pacífico, Europa y Oriente Medio. Para ellos, China es ciertamente el principal adversario, como reconocía Marco Rubio cuando aún era senador, pero eso no implica descuidar los demás frentes.
El problema es que este debate estratégico, ya de por sí complejo, se desarrolla en paralelo a otro mucho más mundano: el de los negocios. Y ahí las cosas cambian drásticamente.
El enfrentamiento entre estas élites no es puramente intelectual. La «lógica fragmentada» que produce decisiones erráticas y aparentemente contradictorias se debe en gran medida a los potentísimos intereses económicos que financian a los centros de pensamiento (think tanks), que generan la cobertura intelectual para las guerras, que a su vez benefician a las corporaciones que financiaron los think tanks. Es un ciclo perfecto, autorreforzado y opaco.
El bloque halcón, heredero del pensamiento neoconservador, parte de una premisa simple: Estados Unidos debe mantener su primacía global mediante una posición de fuerza militar indiscutible. Su objetivo no es contener a Irán, sino buscar activamente el cambio de régimen o, al menos, una degradación tal que le impida proyectar poder en la región. Creen que Irán solo entiende por la fuerza, que cualquier negociación es una concesión al mal y que la eliminación de la amenaza iraní es innegociable, especialmente por la supervivencia de Israel.
Este bando está liderado por figuras con larga trayectoria intervencionista: Marco Rubio como secretario de Estado, Mike Pompeo, John Bolton, Mike Waltz, este último embajador ante la ONU y John Ratcliffe al frente de la CIA. En el Congreso cuentan con senadores como Lindsey Graham y Tom Cotton. Y su brazo intelectual son think tanks perfectamente identificados: la Foundation for Defense of Democracies (FDD), el American Enterprise Institute (AEI), el Jewish Institute for National Security of America (JINSA), el Hudson Institute y el Washington Institute for Near East Policy.
Son instituciones respetables, con expertos brillantes y publicaciones influyentes. Pero también son instituciones financiadas de manera muy particular. Y ahí es donde conviene detenerse, porque el corazón del control reside en el dinero.
Según una investigación reciente del Quincy Institute publicada por Responsible Statecraft, los think tanks más belicistas reciben millones directamente de quienes fabrican las municiones que se están usando ahora mismo en Irán. El Hudson Institute ha cobrado más de cuatro millones de dólares desde 2019 de Lockheed Martin, Northrop Grumman, General Atomics y RTX. Northrop fabrica los bombarderos furtivos B-2, valorados en 2.000 millones de dólares cada uno, que están atacando Irán. Lockheed fabrica los aviones de combate y el sistema de radar THAAD, valorado en 300 millones, que Irán destruyó recientemente. General Atomics produce los drones MQ-9 Reaper. RTX fabrica el misil Tomahawk que, según los informes, mató a 168 niñas en una escuela primaria de Minab.
El Atlantic Council, que acepta más financiación de la industria armamentística que ningún otro think tank, publicó el año pasado un informe recomendando que Estados Unidos adquiriera más misiles THAAD y SM-3 para hacer frente a amenazas como Irán. Los fabricantes de esos misiles, RTX y Lockheed Martin, habían donado al Atlantic Council 850.000 y 700.000 dólares, respectivamente, desde 2019. Ambos sistemas se están utilizando intensamente en la campaña actual.
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), cuyo presidente, el general retirado Jack Keane, ha pedido abiertamente «borrar a Irán del mapa» en Fox News, aparece financiado por General Dynamics y CACI International Inc, aunque recientemente eliminó los nombres de ambos donantes de su sitio web. Cuando se les preguntó, respondieron que no comparten información sobre sus donantes más allá de lo exigido por ley.
Pero quizás lo más revelador es el fenómeno de los «dark money think tanks». Alrededor del 40% de los principales centros de análisis estadounidenses no revelan la identidad de sus donantes. La Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), fundada originalmente para «mejorar la imagen de Israel en Norteamérica», fue crucial para presionar a Trump a retirarse del acuerdo nuclear con Irán en 2018. Históricamente, FDD recibió millones de Bernard Marcus, Paul Singer y Miriam Adelson, megadonantes pro-Israel que, en el caso de Adelson, llegó a donar 100 millones a la campaña de Trump.
El Instituto Judío para la Seguridad Nacional de Estados Unidos (JINSA) es otro de estos grupos de dinero opaco. Entre sus miembros se cuentan el exasesor de Seguridad Nacional de Benjamin Netanyahu, el excomandante de la Fuerza Aérea israelí y Elliott Abrams, exasesor de Trump para Irán, además de más de una docena de generales y almirantes estadounidenses retirados. Cuando comenzó la operación militar, JINSA publicó una carta abierta firmada por 75 generales retirados apoyando la guerra.
Y luego están los gobiernos extranjeros. El Atlantic Council ha recibido 20,8 millones de dólares desde 2019, principalmente de Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudita. El Washington Institute for Near East Policy, fundado como una escisión del lobby pro-israelí AIPAC, obtiene alrededor del 95% de su financiación de contribuciones privadas, dinero oscuro y donantes pro-seguridad de Israel.
Para quien quiera profundizar, existe una herramienta pionera: el Rastreador de Financiación de Think Tanks del Quincy Institute, que rastrea la financiación recibida de gobiernos extranjeros, el gobierno estadounidense y contratistas del Pentágono para los 50 think tanks más importantes del país durante los últimos cinco años. Los datos son abrumadores.
Frente a esta maquinaria, el bloque realista parece casi amateur. El Quincy Institute, Defense Priorities, el Cato Institute, y en menor medida Brookings y CNAS, abogan por una política exterior más sobria, centrada en China y escéptica de las aventuras militares en Oriente Medio. Pero su financiación es ínfima comparada con la de los halcones. No fabrican misiles, no tienen gobiernos extranjeros que quieran influir en la narrativa, no cuentan con multimillonarios dispuestos a gastar fortunas en promover el cambio de régimen en Teherán.
La consecuencia de todo esto es una política exterior esquizofrénica. La Estrategia de Defensa Nacional publicada en enero afirma que la prioridad es China. Pero la administración se encuentra inmersa en una guerra de desgaste en Oriente Medio. El enviado especial Steve Witkoff, que representa el ala pragmática, ha hecho declaraciones sorprendentemente belicosas en los últimos días. «Tienen uranio enriquecido al 60%, suficiente para once bombas», dijo a los periodistas.
Mientras tanto, en el Congreso, se suceden las votaciones sobre resoluciones de poderes de guerra que intentan, sin éxito, recuperar la autoridad constitucional para declarar la guerra que el legislativo lleva décadas cediendo al ejecutivo. Esta misma semana, el Senado derrotó una medida para detener la acción militar por 47 votos a favor y 53 en contra, en una votación eminentemente partidista. La Cámara se prepara para votar otra similar, pero incluso si prosperara, enfrentaría un veto presidencial casi seguro.
El resultado es un presidente que actúa como comandante en jefe con una libertad que los fundadores de esta nación jamás imaginaron. Y unos think tanks que, financiados por quienes se benefician de las guerras, proporcionan la cobertura intelectual para que eso sea posible.
Cuando comenzó la operación militar, las acciones de RTX, Northrop Grumman y Lockheed Martin se dispararon. La guerra, para ellos, había comenzado excelentemente bien.
Cuando termine esta guerra, si es que termina, y comiencen las retrospectivas, los historiadores se preguntarán cómo una nación que afirmaba tener como prioridad estratégica contener a China terminó enfrascada en una guerra de desgaste en Oriente Medio. La respuesta estará en los archivos: en los memorandos de los think tanks financiados por Lockheed Martin, en los correos electrónicos entre asesores y lobistas, en las actas de las reuniones donde se decidió que la voz del pueblo, mayoritariamente opuesta a la guerra, importaba menos que los intereses de una minoría poderosa y bien organizada.
No es una conspiración. Es un mecanismo económico perfectamente documentado. Y mientras no se aborde el problema estructural del dinero en la configuración de la política de seguridad nacional, ningún presidente —sea Trump, Biden o cualquier otro— podrá escapar de sus garras.
La democracia estadounidense en materia de política exterior ha sido secuestrada. Y los secuestradores, como suele ocurrir, piden rescate en forma de misiles, bombarderos y contratos millonarios. El rescate se paga con vidas ajenas, en países lejanos, y con la seguridad futura de una nación que olvidó cómo decidir la paz.
Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2026/03/22/quien-controla-las-guerras-de-estados-unidos/
La campaña de guerra psicológica de Israel en Líbano
Por Mayssoun Sukarieh | 21/03/2026 | Palestina y Oriente Próximo

Fuentes: Mondoweiss / Imagen: destrucción causada en el barrio de Dahiya, al sur de Beirut, tras un duro ataque aéreo israelí, 7 de marzo de 2026. Marwan Naaman-Zuma Press
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
Israel está librando una campaña de guerra psicológica en Beirut, proyectando un poder casi divino desde los cielos, lanzando bombas que siembran la muerte y arrojando panfletos que prometen que Beirut y Gaza compartirán el mismo destino.
“Salven sus vidas y evacuen sus hogares de inmediato”, decía una de las octavillas lanzadas por el ejército israelí sobre Beirut al inicio de su actual guerra contra el Líbano. La orden de evacuación generalizada , que a principios de este mes afectó al sur del Líbano y luego se extendió a zonas enteras de Beirut, provocó pánico generalizado en la ciudad y el desplazamiento de cerca de un millón de libaneses en menos de dos semanas. Esto significa que uno de cada cuatro libaneses se encuentra desplazado, y la cifra sigue aumentando.
Los medios locales describieron la advertencia como algo sin precedentes para zonas tan extensas de Beirut y, a diferencia de comunicados anteriores, la orden israelí no solo instaba a los residentes a evacuar, sino que también les indicaba adónde ir: al este, hacia el Monte Líbano, y al norte, hacia Trípoli. No vayan al sur o pondrán sus vidas en peligro. Empezó a circular una broma: ¡el ejército israelí controla ahora nuestro tráfico!
Las imágenes que circulaban por las redes sociales mostraban una marea de personas abandonando la barriada de Dahiya, al sur de Beirut, a pie, en autobús o en coche, para instalarse allá donde podían: en el centro de Beirut, a lo largo del paseo marítimo o en otros barrios, especialmente hacia el oeste.
Los residentes contaban que habían dejado todo atrás. Muchos se estaban preparando para romper el ayuno cuando llegó el aviso de evacuación. Una mujer decía que había dejado la cena en el fogón “y mire cómo estamos ahora, no tenemos nada con lo que romper el ayuno”.
La comida en el fogón, órdenes de evacuación, un rastro de gente abandonando sus hogares. Los paralelismos con traumas históricos del pasado eran evidentes. “Esto se parece muchísimo a 1948”, escribió un usuario. “Es nuestra Nakba libanesa”.
Como para reafirmarlo, el ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, publicó un vídeo en las redes sociales en el que afirmaba que el suburbio meridional de Beirut, Dahiya, «pronto se parecería a Jan Yunis», en referencia a la ciudad del sur de Gaza que fue gravemente destruida durante la campaña militar de Israel.
“¿Para qué seguimos vivos? Tal vez sería mejor que lanzaran una bomba atómica y nos mataran a todos de una vez”, dice el mensaje enviado por un amigo. “Sería mejor que esta vida de muerte”.
Da la impresión de que los mensajes lanzados desde las alturas, forzando a la gente a escoger entre la vida y la muerte, han creado una continuidad entre pasado y presente. En la guerra de 1948 panfletos similares fueron arrojados sobre las ciudades palestinas de Lyd y Ramala:
“El ejército israelí ha rodeado la zona”
“Los residentes deben dirigirse inmediatamente hacia el este”
“Cualquiera que permanezca podría ser objeto de un ataque militar”
Los mensajes iban acompañados de una campaña militar que provocó el desplazamiento masivo de miles de civiles de ambas ciudades. Mensajes similares aparecieron en otros lugares. En la ciudad de al-Tira los panfletos decían:
“Las próximas horas serán cruciales… su destino está en sus manos”.
“Entreguen a los combatientes y las armas”.
“Nuestros aviones, tanques y morteros aplastarán su aldea”.

En Haifa, se advirtió a los residentes:
“Ha llegado el día del juicio final.”
“Evacúen inmediatamente a las mujeres, los niños y los ancianos.”
“Aléjense de los barrios donde operan los combatientes.”
El texto impreso en los folletos se asemejaba a los versículos de los libros sagrados: debías seguir estas instrucciones o sufrir las consecuencias.
La espera misma —el espacio entre la amenaza y la acción— se vuelve mucho más poderosa que cualquier arma física. Los civiles permanecen sumidos en la incertidumbre, atrapados entre la esperanza de salvación y el temor a la devastación, paralizados por las amenazas divinas que descienden del cielo.

Los dioses del cielo
Una semana después del comienzo de la guerra, el ejército israelí sintió la necesidad de dirigirse a la población del gran Beirut y arrojó octavillas desde el aire acompañando a dos enormes explosiones sónicas. Las octavillas decían: “Tomen cartas en el asunto. Desarmen a Hezbolá y no dejen que otros decidan su futuro”. “Actúen o acepten las consecuencias”. El ministro de defensa israelí, Israel Katz, se hizo eco de estas palabras: “Si el Líbano no detiene a Hezbolá, Israel tomará cartas en el asunto”, declaró.

Los panfletos incluían un código QR que, al escanearlo, llevaba directamente a chats en Facebook y WhatsApp, foros destinados a reclutar colaboradores.
Otros panfletos lanzados por los israelíes describían Gaza como un gran éxito y advertían a los libaneses de que correrían una suerte similar si no se rebelaban contra Hezbolá.
Si no me obedecéis —yo, el todopoderoso, el inalcanzable—, sufriréis las consecuencias. Las órdenes parecían instrucciones divinas, una percepción reforzada por el hecho de que cayeran del cielo.
Pero también comenzaron a circular mensajes contrarios, que advertían de las evidentes tácticas psicológicas e instaban a la población a no escanear los códigos para evitar que sus teléfonos quedaran comprometidos. Esto también se basaba en experiencias pasadas de mitigación de los efectos de la guerra psicológica; durante la invasión israelí de Beirut en 1982, los grupos libaneses que luchaban contra Israel advirtieron a la población que no tocara los folletos porque estaban “envenenados”.
En Gaza, en 2014, los folletos lanzados por el ejército israelí instaban a los residentes a evacuar barrios enteros, dando a entender que conocían sus movimientos: “Se os observa en todo momento, os conocemos bien”.
El efecto refleja las representaciones cinematográficas de la vigilancia divina: los humanos se apresuran abajo, conscientes de que una mirada invisible determina cada una de sus decisiones. La tecnología se convierte en el instrumento divino y los destinatarios humanos en su público. En cuanto a los operadores de drones, son las deidades que pueden ver sin ser vistas.
Este es también el objetivo de la guerra psicológica, que recurre a folletos, drones y propaganda masiva para transmitir una sensación de omnipresencia. Los civiles perciben el alcance del Estado como algo ineludible, muy similar a la presencia de un dios en la vida cotidiana.
Durante el genocidio de Gaza, el ejército israelí lanzó folletos en los que amenazaba a los residentes con una conquista divina, citando versículos del Corán sobre Moisés abriendo el mar y un diluvio que arrasaba a los injustos, acompañados del mensaje: “Pueblo de Gaza, las Fuerzas Israelíes se acercan”.
En Beirut se diseñaron unos panfletos que imitaban la portada de un periódico llamado «La nueva realidad», cuyo titular impreso decía: “A la luz del gran éxito en Gaza, el periódico «La nueva realidad» llega al Líbano… ¿Hacia dónde se dirige nuestro Estado?” (Ver imagen debajo).
El mismo “periódico” había sido lanzado sobre Gaza con propaganda que pretendía “revelar la verdad”, incluyendo propaganda sobre el saqueo de la ayuda humanitaria por parte de Hamás e instando a la población a suministrar información sobre el paradero de los israelíes cautivos.

Durante una retransmisión en directo en los primeros días del bombardeo de Dahiya, una persona desplazada gritó ante las cámaras [de la televisión libanesa]: “¿Quién va a detener a Israel? Nadie lo hará. Son los dioses en la tierra. Ellos deciden cuándo vivimos, cuándo morimos, adónde vamos, qué camino tomamos. Ellos deciden nuestro futuro. ¿Quién va a detener esta locura?”.
Otra persona respondió: “Nadie lo hará. Ni siquiera hay simulacros de reuniones de la ONU como cuando lo de Gaza. No hay `movimientos diplomáticos´ [haraka diplomasiyya], dijo, invocando un término que se ha vuelto habitual en guerras anteriores. “El único `movimiento´ es el de los aviones de combate sobre nuestras cabezas. El movimiento de los desplazados. El movimiento en dirección al infierno”.
A diferencia de los dioses, míticos o de otro tipo, se supone que los líderes políticos y militares están sujetos a las restricciones impuestas por el derecho internacional. Pero el genocidio de Gaza ha supuesto la muerte del derecho internacional y del orden mundial tal como lo conocíamos. Israel ha actuado con impunidad desde entonces, reforzando la sensación de que opera al margen de los tribunales humanos.
Los panfletos lanzados desde las alturas reflejan esta impunidad divina; cada mensaje cae como el testimonio de un autor invisible. Pero lo que recalca la percepción de una ira omnipotente es que esa misma fuente de la que proceden los folletos es la que también inflige muerte y destrucción desde el cielo, decidiendo quién vive y quién muere.
Fuente: https://mondoweiss.net/2026/03/inside-israels-psychological-warfare-campaign-in-lebanon/
El presente artículo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se nombre a su autor, a su traductor y a Rebelión como fuente del mismo.
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