Una mirada a la obra de Nelson Sambolín, maestro de la memoria, el color y la invención del país
La exposición estará disponible en el lobby de la sede de la Cooperativa de Seguros Múltiples en San Juan



Periodista de Entretenimientovictor.ramos@gfrmedia.com
En la sede de la Cooperativa de Seguros Múltiples en San Juan, una retrospectiva del artista plástico Nelson Sambolín propone un recorrido íntimo y colectivo. La muestra traza décadas de producción en las que el grabado, la pintura y la experimentación material se entrelazan con una reflexión persistente sobre la identidad y el paisaje puertorriqueño.
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Lejos de organizarse como una cronología rígida, la exposición sugiere un tránsito continuo. “Para mí, todo arte es transición”, afirma Sambolín, insistiendo en que cada obra no es un puente hacia la siguiente. Esa idea atraviesa la muestra en su totalidad, en la que piezas figurativas conviven con abstracciones atmosféricas y ejercicios técnicos con gestos improvisados.
En muchas de las piezas, el proceso artístico adquiere un carácter casi performativo, resultando en composiciones serigráficas de varias dimensiones, donde la técnica y el movimiento orgánico construyen una visualidad vibrante.
La exposición también revisita su diálogo con la ciudad de San Juan, particularmente a través de imágenes que evocan la antigua ciudad amurallada. Sambolín se inserta en una tradición que reconoce a maestros como Rafael Tufiño y Manuel Hernández Acevedo, contemporáneos suyos, pero lo hace desde una postura afirmativa. “El San Juan que conocemos hoy es un invento de los artistas”, sostiene. En sus serigrafías, los colores no responden a la fidelidad arquitectónica, sino a una construcción simbólica del país. Si una pared no era lila, dice, ahora lo es porque el arte la imaginó así.
Ese gesto de invención se extiende a su concepción de Puerto Rico como proyecto cultural. Sambolín plantea que, frente a narrativas históricas que reducían la isla a una plantación o enclave industrial, los artistas han sido fundamentales en la creación de una idea de nación. En ese sentido, su obra representa y también produce realidades.
Otro eje significativo es su exploración del cuerpo y el movimiento en una serie dedicada a disciplinas deportivas competitivas. Concebida como iniciativa personal, esta colección traduce la fisicalidad del deporte en composiciones dinámicas donde la línea y el ritmo capturan instantes de tensión y poesía. Sambolín introduce además una reflexión cromática entre las tonalidades, desafiando el imaginario del género desde el color.
La memoria, tanto personal como colectiva, ocupa un lugar central en la muestra. Una de las piezas más conmovedoras está inspirada en la poeta Anjelamaría Dávila, a quien Sambolín describe como “la mejor poeta que ha dado este país”. La obra surge de la experiencia de visitarla durante sus últimos años, cuando el Alzheimer había borrado gran parte de sus recuerdos. En ella, dos siluetas dialogan, una figura vital, poderosa, y otra encogida, marcada por el paso del tiempo. La pieza, concebida también como apoyo a iniciativas relacionadas con esta enfermedad, traduce visualmente la pregunta esencial de qué se hace con los recuerdos cuando comienzan a desvanecerse.
Esa preocupación reaparece en trabajos como “Nuestra Señora de Mameyes”, donde el artista responde a la tragedia ocurrida en ese sector mediante una mezcla de fotografía, dibujo y ensamblaje. A partir de recortes de periódico intervenidos, Sambolín construye una escena donde una figura femenina transformada en una santa etérea y misteriosa permanece entre los restos. “Lo que queda es el silencio”, afirma. La obra no busca reconstruir el evento, sino capturar su eco emocional.
La exposición también abre espacio para lo autobiográfico. En “La Casa Negra”, Sambolín evoca una vivienda de su infancia en el barrio Coquí, en Guayama, marcada por el humo del carbón con el que se cocinaba. La casa, ennegrecida por dentro y por fuera, se convierte en una imagen sensorial donde lo visual casi se evoca otros sentidos. En otras piezas, como las dedicadas al huracán Santa Clara, el artista recupera recuerdos tempranos del desastre natural, explorando la coexistencia entre devastación y belleza.
En contraste, sus pinturas de la serie “Isla de luz” se mueven hacia una abstracción más atmosférica. Aquí, la luz se convierte en protagonista, filtrándose en composiciones que sugieren paisajes sin describirlos. Como señala el propio Sambolín, “toda pintura es muchas cosas”, y estas obras parecen confirmar esa multiplicidad.
Al final del recorrido, se destaca la ferviente defensa del derecho al color por el que Sambolín ha luchado toda su vida profesional. Para el artista, las regulaciones urbanísticas y sociales han limitado la expresión cromática de los puertorriqueños, imponiendo uniformidades que empobrecen la experiencia visual. Su obra, en cambio, insiste en recuperar ese derecho, reivindicando el color como forma de libertad.
La retrospectiva en la Cooperativa de Seguros Múltiples reúne piezas de distintas etapas y propone una lectura coherente de una práctica artística profundamente comprometida con su entorno. En ella, Sambolín se revela como un creador que entiende el arte como algo más que representación estática, como un organismo vivo, cambiante, perceptivo y, sobre todo, capaz de reinventar el mundo que habita.
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Víctor Ramos Rosadovictor.ramos@gfrmedia.com
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