La materia oscura está formada por agujeros negros de otro universo, según un sorprendente estudio
Este estudio podría resolver el misterio de los ‘puntos rojos’ detectados por el James Webb. Ofrece una explicación razonable, pero falta mucho para demostrarla



Colaborador de National Geographic España
Los agujeros negros son regiones del espacio-tiempo en las que grandes volúmenes de materia se comprimen en un espacio extremadamente pequeño. Por su parte, la materia oscura es aquella que no absorbe ni refleja la luz, lo que impide su detección directa con las herramientas desarrolladas por la humanidad y que ha llevado a apodarla como la sustancia más esquiva del universo. Aunque es imposible saberlo con certeza, este elemento podría suponer hasta el 85% del cosmos y jugaría un papel clave como pegamento en las galaxias.
Pero ¿qué relación existe entre los agujeros negros y la materia oscura? Al parecer, más de la que cabría imaginar. Al menos, así lo asegura Enrique Gaztanaga, profesor de astrofísica de la Universidad de Portsmouth, en un artículo publicado en The Conversation. A través de él ha querido explicar su más reciente investigación, que se puede consultar en Physical Review D y que defiende que la materia oscura estaría compuesta por agujeros negros reliquia, los cuales se habrían formado en un universo anterior al Big Bang.
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Esta hipótesis surge de la denominada cosmología de rebote, un modelo donde el cosmos atraviesa fases de contracción y expansión sucesivas. Según la investigación, el universo no nació de una singularidad de densidad infinita, sino deun rebote cuántico que permitió la persistencia de estructuras físicas de un periodo anterior a la gran expansión inicial.
El rebote cósmico
Los autores del trabajo sugieren que el universo colapsó antes de experimentar la expansión actual, convirtiendo al Big Bang en un simple punto de transición. Este escenario permite que los agujeros negros con dimensiones superiores resistieran el proceso, actuando como el pegamento gravitatorio que mantiene la cohesión de las galaxias que observamos hoy.
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A diferencia de la visión tradicional que busca una partícula subatómica invisible, este enfoque utiliza la relatividad general y la mecánica cuántica para explicar la masa faltante. La materia oscura se manifiesta mediante su influencia gravitacional y estos restos antiguos poseen exactamente las propiedades de masa y ausencia de luz que los físicos llevan décadas intentando identificar.
Agujeros negros ‘reliquia’
Existen dos mecanismos posibles para la aparición de estas entidades: la supervivencia directa de objetos compactos o el colapso de materia durante la fase de contracción. «Las galaxias y las estrellas de la fase de contracción colapsan eficazmente en agujeros negros, borrando la mayor parte de su estructura detallada, pero conservando su masa«, afirma el investigador.
Esta teoría podría resolver las anomalías detectadas por el telescopio James Webb, que ha localizado objetos extremadamente rojos y masivos en el amanecer cósmico. Estos puntos luminosos parecen ser agujeros negros supermasivos que crecieron con una rapidez inexplicable para las leyes de la física estándar, a menos que ya existieran semillas previas al rebote.
La propuesta ofrece un marco teórico donde la energía oscura y la inflación emergen de forma natural debido a la estructura finita del espacio. Además, abre la posibilidad de que las ondas gravitacionales detectadas por instrumentos terrestres contengan señales de una fase anterior, permitiendo que la ciencia explore eventos que ocurrieron antes de la formación de nuestro sistema solar.
Aunque todavía es necesario contrastar estos datos con las mediciones de precisión del fondo cósmico de microondas, el planteamiento resulta revolucionario para la astrofísica. Quizá el universo no tuvo un principio único, sino que se trata de un sistema que se expande tras haber rebotado, dejando tras de sí reliquias oscuras que hoy definen la forma de las galaxias.
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