Memes de Jesús, amenazas, guerra en Irán: un retrato de Trump bajo presión
El presidente de EE. UU. arremete contra enemigos, aliados e incluso el papa. Mientras tanto, los republicanos intentan concentrarse en la economía previo a las elecciones intermedias.



Por Katie Rogers
Katie Rogers es corresponsal para la Casa Blanca. Reportó desde Washington.
- 17 de abril de 2026
Esta semana, en un lapso de 12 horas, el presidente Donald Trump prometió que la guerra con Irán terminaría pronto. Se peleó con el papa en redes sociales. Amenazó con despedir al presidente de la Reserva Federal. Publicó una ilustración de sí mismo recibiendo un abrazo alentador de Jesucristo.

Así es como se ve Trump bajo presión abriéndose paso hacia un ciclo de noticias más favorecedor. Y cualquiera que haya puesto un mínimo de atención durante la última década puede determinar con precisión en qué punto de esta rutina bien establecida nos encontramos, cuando, intencionalmente o no, el presidente lanza pequeñas granadas retóricas para desviar la atención hacia otra parte. (Suele funcionar: ¿recuerdan la semana pasada, cuando amenazó con eliminar toda la civilización iraní?).
Ahora, Trump está llenando Truth Social de memes de Jesús, amenazas y mensajes de apoyo.
“Tal vez a los lunáticos de la izquierda radical no les guste esto, ¡¡¡pero yo creo que está muy bonito!!!”, publicó junto a una ilustración donde Jesús tiene un brazo alrededor del hombro del presidente, con una bandera de Estados Unidos de fondo.
Lo que hace que esta vez sea diferente de todas las anteriores es que ahora no puede valerse de sus publicaciones para salir de una guerra que inició sin permiso del Congreso ni el apoyo de los votantes.
A Trump, quien tiene preferencia por las operaciones militares rápidas de entrada y salida que exhiben el poderío del ejército estadounidense, lo frustra el hecho de que la guerra en Irán ha durado más de lo que había pensado en un principio. Su reciente decisión de bloquear el estrecho de Ormuz, una ruta petrolífera clave, ha requerido más de 10.000 soldados, así como decenas de aviones y buques de guerra. Mientras tanto, ha continuado con su costumbre de arremeter contra los críticos. Esta vez, perjudicó relaciones con aliados clave como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y ha hecho que a los republicanos les cueste mantener la atención en las cuestiones económicas en un año de elecciones intermedias.
“El presidente Trump ha tomado medidas valientes para hacer frente a una amenaza de la que los presidentes anteriores han hablado por 47 años, pero que solo él tuvo el valor de enfrentar”, dijo en un comunicado Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca. “El ejército de Estados Unidos alcanzó rápidamente todos los objetivos enumerados al comienzo de la operación Furia Épica”, añadió, refiriéndose al nombre de la campaña en Irán.
Kelly dijo que el bloqueo estaba “aumentando la ventaja mientras los negociadores estadounidenses trabajan para eliminar definitivamente la amenaza nuclear de Irán”.
Dentro de la Casa Blanca, algunos asesores de Trump han reconocido en privado que su ataque al papa no fue productivo. Creen que una serie de eventos programados para esta semana ayudarán a desviar la atención hacia algunas de las iniciativas económicas del gobierno y hacia una temporada de impuestos en la que algunos estadounidenses están celebrando unas devoluciones superiores al promedio.

“El presidente Trump siempre ha sido capaz de promulgar una política exterior que da prioridad a Estados Unidos y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones de vida de los estadounidenses en el país, por ejemplo recortando impuestos, deslocalizando la fabricación, eliminando regulaciones onerosas y mucho más”, dijo Kelly.
Los inversionistas también parecen impacientes por que termine la guerra en Irán. El índice S&P 500 alcanzó un nuevo máximo histórico el miércoles, señal de que hay optimismo de que se alcance un acuerdo de paz antes de que la guerra cause daños importantes a las empresas estadounidenses.
Ese día, más temprano, Trump concedió una entrevista a Maria Bartiromo de Fox Business, quien quería saber si su decisión de bloquear el estrecho había afectado positivamente a las negociaciones con Teherán.
“Los líderes que tienen ahora… es un régimen nuevo, ¿de acuerdo?”, dijo Trump, y añadió: “Y creo que nos está yendo muy bien, pero solo el resultado final importa, y tal vez ocurra muy pronto. ¿Quién sabe?”.
Un flujo constante de periodistas también lo llaman y le preguntan sobre cualquier tema que quieran, creando miniciclos de noticias adicionales. “Trump reacciona ante la afirmación de un funcionario de la FEMA que dijo que se teletransportó a un Waffle House”, fue un titular que apareció esta semana en el sitio web de CNN. Era extraño y divertido, el tipo de gancho que hace que Trump acceda a charlar en primer lugar.
Y luego está lo que se considera habitual en la Casa Blanca, como que Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, terminara una reunión informativa con periodistas el miércoles mostrando los planos de un arco de alrededor de 75 metros de altura que Trump quiere construir junto al río Potomac para conmemorar el 250 aniversario de Estados Unidos.
Para cualquiera que intente seguir el ritmo, todo esto tiene un efecto caleidoscópico y desorientador. Pero apartemos la vista del Waffle House, de los memes de Jesús y del gigantesco arco de piedra, y reflexionemos: ¿pelearse con el Vaticano en medio de una guerra —y durante un año de elecciones intermedias en el que el principal tema de debate es el alto costo de la vida— no es un poco extremo, incluso para Trump?
Como de costumbre —siempre ha sido el caso—, eso depende de a quién le preguntes.
“Él siempre ha sido así”, dijo Whit Ayres, un encuestador republicano de larga trayectoria. “Todo depende de si su comportamiento reciente afecta su aprobación en el cargo o hace que alguien opine de él algo que no hubiera opinado antes”.
Según Ayres, la variable más crítica en unas elecciones intermedias es la aprobación del trabajo del presidente. Cuando un presidente tiene una aprobación superior al 50 por ciento, la pérdida promedio de escaños en la Cámara de Representantes para su partido es de 14. Cuando la aprobación del trabajo del presidente está por debajo del 50 por ciento, la pérdida promedio para su partido en la Cámara es de 32 escaños.

La aprobación del trabajo de Trump se sitúa en torno al 39 por ciento. Alcanzó su nivel más bajo en su primer mandato, el 34 por ciento, cuando dejó el cargo en enero de 2021. Trump había pasado gran parte del año anterior banalizando los efectos de la pandemia del coronavirus, y perdió las elecciones. El mes en que dejó el cargo, hasta 4000 estadounidenses morían cada día a causa del virus.
Cuando el momento exige que Trump muestre empatía públicamente, a menudo le deja ese trabajo a otros. Cuando el momento requiere que cuelgue el teléfono o se aleje de un crítico, él devuelve el golpe con más fuerza.
“Se aferrará aún más, mentirá más y dirá que todo está perfectamente bien y genial, y luego hará sus publicaciones disparatadas”, dijo Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa de Trump en la Casa Blanca.
Sin embargo, añadió: “Está actuando de forma errática, incluso para sus estándares”.
A pocos meses de las elecciones legislativas, les quedan pocas opciones a los líderes republicanos. Algunos están eligiendo cuidadosamente sus comentarios públicos, intentando con delicadeza persuadir a Trump —y a la Casa Blanca— de que se concentren en la economía.
“Yo me mantendría enfocado en el gobierno, en los temas económicos, en los asuntos que afectan el bolsillo y que creo que son los que más les importan a la mayoría de los estadounidenses, y dejaría que la Iglesia sea la Iglesia”, dijo el miércoles a los periodistas el senador John Thune, republicano por Dakota del Sur y líder de la mayoría, en respuesta a una pregunta sobre la advertencia que hizo el vicepresidente JD Vance al papa, el líder espiritual de 1400 millones de católicos —incluyendo a Vance—, de que tuviera “cuidado” al hablar de teología.
Otra opción es rebelarse, como demostraron varios republicanos el miércoles.
El senador Thom Tillis, republicano de Carolina del Norte que no se postula a la reelección este año, dijo en una entrevista con la NBC que no votaría a favor de la confirmación de Kevin Warsh, el candidato de Trump para sustituir a Jerome Powell en la presidencia de la Reserva Federal, si el gobierno de Trump no ponía fin a una investigación penal sobre la gestión de Powell de las costosas reformas de la sede de la Reserva Federal en Washington.
En cuanto al ataque al papa, Tillis sugirió que Trump mostrara algo de mesura. “Cuando te equivocas, te equivocas, o si cometiste un error, o quizá solo fue un malentendido, simplemente supéralo”, dijo. “Pasa a otra cosa”.
El miércoles, en la Cámara de Representantes, seis republicanos se unieron a los demócratas para impulsar una votación sobre una medida que restablecería las protecciones contra la deportación para unos 350.000 haitianos que viven en Estados Unidos. El gobierno de Trump ha intentado eliminar esas protecciones temporales.
Los líderes del Partido Republicano también aplazaron un debate sobre la prórroga de una polémica ley de vigilancia sin orden judicial, debido a una rebelión dentro de sus propias filas contra el proyecto, pese a la reciente orden de seguir adelante que dio Trump en Truth Social.
“Yo estoy dispuesto a arriesgarme a renunciar a mis Derechos y Privilegios como Ciudadano por nuestro Gran Ejército y nuestro País”, declaró en redes sociales, algo sorprendente, dado su historial de arremeter contra el uso por parte del FBI de otra sección de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por su sigla en inglés), durante la investigación sobre Rusia y su campaña de 2016.
Otros legisladores republicanos, frustrados por la disfunción constante, han decidido hacerse a un lado por completo. Las salidas de republicanos de la Cámara en este ciclo solo son superadas por las de 2018, el año de las elecciones de mitad de mandato de Trump, cuando su partido también se preparaba para grandes pérdidas. Los republicanos perdieron 40 escaños y la mayoría en la Cámara.
Otros republicanos, ya alejados de los cargos públicos, han optado por ver la divina comedia en la lucha mortal que se libra en Washington. Sarah Palin, exgobernadora de Alaska y excandidata a la vicepresidencia, compartió su propio meme de Jesús.
“Muy bien. Ya basta”, dice Jesús en la imagen que publicó Palin. “Dame el teléfono”.
Charlie Savage y Joe Rennison colaboraron con reportería.
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Katie Rogers es corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Trump.
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La descripción de Trump de la guerra en Irán no refleja la realidad
El presidente Trump se enfrenta a una crisis que no encaja con su mensaje de un nuevo régimen “bastante razonable” en Irán y una victoria casi segura para Estados Unidos.
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Reportando desde Washington
16 de abril de 2026
El presidente Donald Trump trata de presentar su guerra contra Irán como un éxito consumado.
Pero tras años de intentar imponer su propia realidad al mundo, ahora se ha encontrado con una crisis que no se pliega a su relato.
“Es un nuevo régimen”, dijo Trump en una entrevista en Fox Business emitida el miércoles, en referencia a los nuevos dirigentes de Irán. “Para serte sincero, nos parece bastante razonable, en comparación, bastante razonable”.
Fue el ejemplo más reciente del intento de Trump de presentar un supuesto “cambio de régimen” en Irán, aunque los analistas consideran que la guerra solo ha aumentado la influencia interna del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, la fuerza militar de línea dura que desde hace tiempo desempeña un papel importante en la política y la economía iraníes. El nuevo líder supremo, el ayatolá Mojtaba Jameneí, no ha aparecido en público desde que sustituyó a su padre, quien murió al comienzo de la guerra, pero su ascenso a la jefatura del Estado ha sido otro símbolo de continuidad.
“En términos más generosos, podría decirse que se ha producido un cambio de liderazgo”, dijo Behnam Ben Taleblu, director del programa sobre Irán de la Fundación para la Defensa de las Democracias, un grupo de expertos de Washington con una postura belicista respecto a Irán. “Es incorrecto que los partidarios del conflicto lo enmarquen como un cambio a mejor”.
De hecho, el comercio a través del estrecho de Ormuz dista mucho de ser normal y el gobierno de Irán no se pliega a las exigencias de Trump sobre su programa nuclear.
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Pero en opinión de Trump, la victoria estadounidense en Irán ya está clara. En la entrevista de Fox Business, al retomar sus frecuentes comentarios de las dos últimas semanas, Trump afirmó que la marina, la fuerza aérea y el equipo antiaéreo de Irán habían sido aniquilados, junto con muchos altos cargos. Si Irán no descartaba las armas nucleares, dijo Trump, “conviviremos con ellos durante un tiempo, pero no sé cuánto más podrán sobrevivir”.
De hecho, según los analistas, los 40 días de bombardeos estadounidense-israelíes que terminaron con el alto al fuego de la semana pasada parecen haber aumentado el poder de los militares y de los partidarios de la línea dura en el sistema iraní. A pesar de la destrucción generalizada y de los asesinatos de funcionarios por parte de los ejércitos estadounidense e israelí, el régimen iraní actúa envalentonado, tras haber demostrado que puede causar estragos en el comercio mundial y hacer que se disparen los precios de la gasolina en Estados Unidos.

El resultado es que un presidente que ha confiado durante mucho tiempo en las amenazas y la fanfarronería como herramientas esenciales de la política exterior parece estar buscando a tientas la forma para doblegar al régimen de Irán. Los analistas afirman que el éxito del último esfuerzo del gobierno, su bloqueo de los puertos iraníes, depende de la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para soportar la presión adicional que Irán podría imponer al comercio del golfo Pérsico como respuesta.
Mona Yacoubian, exfuncionaria del Departamento de Estado y experta en Medio Oriente, estableció un contraste entre la lucha de Trump con Irán y su éxito a la hora de exigir concesiones a los aliados de Estados Unidos al amenazarlos con aranceles.
“No es algo que controle de un plumazo”, dijo Yacoubian, quien dirige el programa de Medio Oriente en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un laboratorio de ideas de Washington. “Aquí es donde el enfoque del presidente de su propia personalidad carismática y poderosa, en mi opinión, no está a la altura de la complejidad, la opacidad, que es el caso de Irán”.
El gobierno se ha afanado en presentar como posible un acuerdo innovador con Irán. El vicepresidente JD Vance dijo el martes que Trump buscaba un “gran acuerdo” en el que Estados Unidos trataría a Irán “económicamente como a un país normal” si actuaba “como un país normal”.

“No quiere un acuerdo pequeño”, dijo Vance.
Vance puso fin la semana pasada a una extensa sesión de conversaciones con funcionarios iraníes en Pakistán sin llegar a un acuerdo. El martes, dijo que Estados Unidos seguiría negociando y que “la gente con la que estábamos sentados quería llegar a un acuerdo”.
Pero Irán parece haber tomado nota de la influencia que tiene contra Trump, dado el impacto del aumento de los precios de la gasolina y las preocupaciones republicanas de que la impopularidad de la guerra contra Irán pueda perjudicar al partido en las elecciones intermedias de noviembre. Esto significa que, aunque Irán parezca dispuesto a negociar, sus dirigentes podrían exigir sus propias condiciones en asuntos como el futuro gobierno del estrecho de Ormuz, al tiempo que mantienen una dura negociación sobre la política nuclear, la cuestión que más importa a Trump.
Nate Swanson, exfuncionario estadounidense que formó parte del equipo negociador de Trump con Irán hasta julio, dijo que el régimen de Teherán no iba a capitular ante las exigencias de Trump en las negociaciones, “igual que no lo hicieron en el campo de batalla”. Dijo que era improbable que Trump tuviera éxito “intentando forzar un cambio transformador en un sistema que se siente como si acabara de ganar una guerra”.
“Irán solo llegará a un acuerdo que considere beneficioso para sus intereses”, dijo Swanson, ahora en el Atlantic Council. “Lo más probable es que sea pequeño y transaccional”.
Swanson también advirtió que no había que dar demasiada importancia al pragmatismo percibido de negociadores iraníes individuales como Mohammad Bagher Ghalibaf, el portavoz del Parlamento a quien Trump ha presentado como parte de una nueva generación de dirigentes iraníes más moderados. Sin una base de poder consolidada, todos los funcionarios iraníes tendrán que enfatizar su postura intransigente, dijo.
“Ni a Ghalibaf ni a nadie le interesa desviarse de la línea del partido en estos momentos”, dijo Swanson.
Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente, fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.
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