Para Irán, Trump cedió primero al extender el alto al fuego
Los dirigentes iraníes creen que pueden resistir un enfrentamiento durante más tiempo que el presidente Trump. Esta estrategia podría tener consecuencias económicas devastadoras para los iraníes de a pie.



Por Erika Solomon
22 de abril de 2026
En los días anteriores a las conversaciones propuestas para terminar con la guerra entre sus países, el presidente Donald Trump y los dirigentes iraníes intercambiaron una serie de amenazas e insultos, un juego de alto riesgo para ver quién amedrentaba primero.

Al final, al menos desde la perspectiva iraní, fue Trump.
El martes por la noche, los mediadores iraníes y estadounidenses no habían viajado a Pakistán para una segunda ronda de conversaciones de paz, y Trump anunció un alto al fuego indefinido con Irán. Dijo que era para dar tiempo a los dirigentes iraníes para que presentaran una respuesta a las exigencias estadounidenses y que duraría hasta que “concluyan las conversaciones, en un sentido o en otro”.
Para los dirigentes iraníes, lo más probable es que ese resultado valide su convicción de que están más dispuestos que Trump a soportar las repercusiones de la guerra.
A pesar de la enorme destrucción causada por los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra su país, creen que pueden resistir el bloqueo estadounidense, cada vez más costoso, de los puertos iraníes más tiempo del que Trump está dispuesto a tolerar el cierre efectivo de Irán al vital estrecho de Ormuz.
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“Los iraníes miden el plazo en meses para ellos, y en semanas para el gobierno de Trump y la economía mundial”, dijo Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group. “Creen que Trump no puede tolerar que el estrecho permanezca cerrado otras tres semanas”.
Desde que comenzó la guerra, Irán ha bloqueado la mayor parte del tráfico marítimo que antes movía alrededor de una quinta parte del petróleo mundial y una cantidad sustancial de suministros de gas natural por el estrecho. El impacto se ha sentido en todo el mundo, no solo en el aumento de los precios del petróleo, sino en la escasez de fertilizantes y gas. El aumento de los precios del gas en Estados Unidos también crea un problema interno para Trump en un año crucial de elecciones intermedias.
Después de que una primera ronda de conversaciones entre negociadores iraníes y estadounidenses en Islamabad, Pakistán, concluyera sin resultados, Trump impuso un bloqueo naval estadounidense en represalia para tratar de impedir que los buques se dirigieran a Irán o salieran de ese país, con lo que bloqueó la capacidad de Teherán para continuar con las exportaciones de petróleo que sustentan su economía.

Las razones del fracaso de las conversaciones siguen sin estar claras. Trump ha culpado a una clase dirigente iraní “gravemente fracturada”, incapaz de ponerse de acuerdo sobre su postura antes de las negociaciones. Funcionarios iraníes argumentan que se debe a que Trump se había negado a levantar el bloqueo estadounidense antes de las conversaciones, y a que las fuerzas de Estados Unidos se apoderaron de un barco con bandera iraní durante el fin de semana.
“Bloquear los puertos iraníes es un acto de guerra y, por tanto, una violación del alto al fuego”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, en las redes sociales el martes por la noche, cuando se hizo evidente que nadie se dirigía a Islamabad. “Atacar un buque comercial y tomar como rehén a su tripulación es una violación aún mayor”, continuó. “Irán sabe cómo neutralizar las restricciones, cómo defender sus intereses y cómo resistirse a la intimidación”.
Con la prórroga del alto al fuego, podría estar aumentando el apetito de Irán por una escalada de confrontación con Washington. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica anunció que se había apoderado de dos buques portacontenedores cerca del estrecho de Ormuz el miércoles, según los medios de comunicación estatales.
“Ojo por ojo, petrolero por petrolero”, escribió en las redes sociales Ebrahim Rezaei, portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, poco después de ese anuncio.
A lo largo de la guerra, Irán ha utilizado memes y videos burlones para tratar de transmitir superioridad e indiferencia ante las amenazas de Trump. Después de que Trump dijera que se prorrogaría el alto al fuego, muchos sitios de noticias semioficiales iraníes publicaron el mismo video de burla de un Trump enfadado que amenazaba con bombardear Irán, y de sus mediadores estadounidenses sentados en una sala de negociaciones vacía. Los interlocutores iraníes, que nunca llegan, entregan en su lugar un trozo de papel en el que se lee: “Trump, cállate”.
Abdolrasool Divsallar, experto en Irán de la Universidad Católica de Milán, dijo que el principal impedimento para que se reanuden las negociaciones era el mismo que antes de que comenzaran: ambos países creen que tienen ventaja y que pueden dictar las condiciones.
“La parte iraní considera una victoria su capacidad para impedir que la operación estadounidense alcance sus objetivos”, dijo. “Asumen que el gobierno de Trump puede no tener otras buenas alternativas y que el tiempo les favorecerá si se mantienen en este statu quo”.
Pero el gobierno de Trump ve su posición de forma similar, y es posible que crea que puede encontrar un camino intermedio al evitar un nuevo ataque militar mientras continúa el bloqueo naval.
Ambas partes pueden señalar signos de las repercusiones que están causando. La compañía aérea alemana Lufthansa dijo que suprimiría 20.000 vuelos, el ejemplo más reciente de cómo la escasez de combustible está afectando al comercio mundial.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, escribió después del anuncio de la prórroga del alto al fuego que el bloqueo estadounidense pronto se cobraría un alto precio en los yacimientos de petróleo de Irán. Dado que las exportaciones se encuentran prácticamente bloqueadas, Irán podría quedarse sin espacio de almacenamiento para su petróleo, señaló. Eso podría limitar su capacidad para extraer más combustible de sus pozos, lo que podría causar daños duraderos a los yacimientos petrolíferos.
Pero tanto si los dirigentes iraníes pueden sobrevivir al enfrentamiento con Washington como si no, su economía no podrá hacerlo, advierten los analistas. La economía ya estaba sumida en una profunda crisis antes de la guerra.
Aunque los dirigentes iraníes logren superar las dificultades económicas, tendrán un enorme costo para su pueblo. En las redes sociales, los iraníes publican a diario sobre los numerosos despidos y sobre el temor a la escasez de medicamentos y productos petroquímicos tras los ataques estadounidense-israelíes contra infraestructuras críticas.
Mahdi Ghodsi, economista del Centro para el Medio Oriente y el Orden Global, una organización de investigación, dijo que los daños sufridos por Irán en la guerra —unos 270.000 millones de dólares, según su banco central— podrían provocar un descenso del 15 por ciento en la capacidad productiva del país.
Se calcula que unos dos millones de iraníes ya han perdido su empleo durante la guerra, entre el 7 y el 8 por ciento de la cifra de empleo oficial, dijo.
Ghodsi dijo que los políticos iraníes que, desafiantes, se encogen de hombros ante la destrucción como algo que pueden reconstruir más tarde, ignoran el hecho de que, a falta de un nuevo acuerdo con Washington, Irán seguirá siendo un país sometido a fuertes sanciones, y es poco probable que encuentre muchos donantes dispuestos a apoyar la reconstrucción.
“No tienen dinero ni crédito para ello”, dijo. “No pueden imprimir más dinero para financiar sus infraestructuras o campos petrolíferos”.
Ghodsi prevé una mayor depreciación de la moneda iraní, que ha estado en caída libre desde el año pasado. Esa crisis desencadenó el enorme movimiento de protesta a nivel nacional en diciembre y enero, que el régimen aplastó posteriormente en una represión mortal.

El rápido deterioro de la situación económica estaba en la mente de casi todos los iraníes entrevistados por The New York Times el miércoles mientras pasaban por el paso fronterizo de Kapikoy, en la frontera turco-iraní.
Moji, de 38 años, quien regresaba de Europa para reunirse con su familia en la ciudad de Urmia, en el noroeste de Irán, dijo que estaba desolada por la destrucción de las fábricas de su ciudad natal. Dijo que tenía amigos allí que apenas podían permitirse comer, ya que el trabajo era muy escaso. Al igual que muchos otros iraníes, pidió que solo se le identificara por su nombre de pila por motivos de seguridad.
“Todo el mundo quiere que pase algo mejor”, dijo. “Pero desafortunadamente el camino que se abre para nuestro pueblo no es el correcto, y al final lo que debería ocurrir, no ocurre. La gente solo sufre más anímicamente y tiene que recortar gastos”.
Sin embargo, la mayoría de los expertos siguen pensando que ninguna de estas penurias cambiará el rumbo actual del gobierno iraní.
“Al régimen iraní solo le importa su supervivencia, no que su pueblo sufra, y sigue viendo esto como una batalla existencial contra Estados Unidos”, dijo Vaez, del International Crisis Group. “Y por eso no se echará para atrás, independientemente de cuánto sufra el pueblo iraní”.
Yeganeh Torbati y Sanam Mahoozi colaboraron con reportería.
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Por Michael Crowley
Reportando desde Washington
22 de abril de 2026
El presidente Donald Trump y los dirigentes iraníes tienen diferencias considerables en muchos temas, desde la tecnología nuclear hasta el estrecho de Ormuz. Pero su principal obstáculo para llegar a un acuerdo de paz duradero podría ser una cuestión de confianza.
Los funcionarios iraníes, siempre recelosos de Estados Unidos, consideran a Trump particularmente insidioso. Recuerdan el modo en que, durante su primer mandato como presidente, Trump simplemente abandonó un acuerdo nuclear que Irán había cerrado con el gobierno de Barack Obama y otras potencias mundiales tras casi dos años de negociaciones. Trump no argumentó que Irán estuviera violando ese acuerdo; simplemente no le gustaba.
Cuando el gobierno de Joe Biden intentó convencer a Irán de que firmara un acuerdo similar unos años más tarde, los dirigentes iraníes exigieron una garantía para que un futuro gobierno de Trump no pudiera eliminarlo de nuevo sin más, según exfuncionarios estadounidenses. No tuvieron forma de darla.
Y en dos ocasiones a lo largo del año pasado, Trump entabló conversaciones diplomáticas con Irán y luego lanzó ataques aéreos cuando las negociaciones aún estaban en su fase inicial. A finales de febrero, enviados de Trump se reunieron con funcionarios iraníes en Ginebra solo un día antes de que el líder supremo de Irán muriera en un ataque aéreo que comenzó semanas de bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel. Cuando se celebró esa reunión, Trump ya había decidido ir a la guerra, según funcionarios estadounidenses.
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Después de que una primera ronda de conversaciones a principios de este mes acabara en un ambiente de resentimiento, funcionarios iraníes dijeron que una de las principales razones era que Estados Unidos no había logrado ganarse su confianza. El martes, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, retrasó su viaje a Pakistán para una posible segunda ronda de conversaciones, ya que los funcionarios iraníes volvieron a plantear esta cuestión.
El lunes, los medios de comunicación estatales iraníes informaron que el presidente del país, Masoud Pezeshkian, había advertido el domingo en una llamada telefónica con el primer ministro de Pakistán que “Estados Unidos pretende repetir patrones anteriores y traicionar a la diplomacia”, según la Agencia de Noticias de la República Islámica.
Irán, con temor de ser engañado de nuevo, insiste en dar pasos graduales y conservar su influencia, como el control, al menos parcial, de sus reservas de uranio durante el mayor tiempo posible. Pero los expertos dijeron que Irán está en desventaja porque cualquier acuerdo plausible le exigiría dar pasos que, al final, serían irreversibles, como renunciar finalmente a su suministro de uranio.
La desconfianza es una calle de doble sentido muy transitada: Estados Unidos afirma que Irán ha mentido sistemáticamente durante años al asegurar que su programa nuclear tenía solo fines pacíficos, y señala las pruebas descubiertas de la pasada investigación nuclear militar de Teherán. Irán también ha incumplido sus compromisos internacionales al construir instalaciones nucleares subterráneas secretas.
Trump ha calificado a los dirigentes iraníes de “locos”, “dementes” y “lunáticos”.
“Irán lleva décadas engañando al mundo sobre su programa nuclear, ocultando instalaciones, encubriendo materiales y actividades y suministrando al Organismo Internacional de Energía Atómica información falsa o incompleta”, dijo Michael Doran, exfuncionario de alto rango de seguridad nacional del gobierno de George W. Bush. “Ese historial no deja ninguna base para confiar en las garantías de Irán sobre sus intenciones”.
Durante las conversaciones sobre armamento nuclear con la Unión Soviética, el presidente Ronald Reagan popularizó la frase “confía, pero verifica”. No está claro si Irán y el gobierno de Trump pueden siquiera cumplir esa norma.
“El nivel de confianza entre Estados Unidos e Irán siempre ha sido muy bajo, pero ahora es inexistente”, dijo Karim Sadjadpour, investigador principal de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.
“La República Islámica cree que Estados Unidos podría atacar en cualquier momento, incluso durante las negociaciones, como ya ha hecho Trump en dos ocasiones”, añadió. “Washington nunca creerá que la República Islámica ha renunciado a sus ambiciones de armas nucleares, aunque acepte un compromiso”.
Irán tiene un motivo más para su escepticismo: la asociación militar de Trump con Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel. Netanyahu desea reanudar la campaña conjunta de bombardeos estadounidense-israelí en cuanto expire el acuerdo del alto al fuego del 7 de abril. Trump prorrogó la tregua el martes, horas antes de que venciera.
La propaganda iraní ha descrito a Trump como una “marioneta” de Netanyahu, y los funcionarios iraníes seguramente temen que el primer ministro israelí, quien presentó argumentos contundentes a favor de la guerra en la Casa Blanca, persuada a Trump para que abandone la vía diplomática.
A pesar de todo, tanto Trump como Irán parecen dispuestos a probar la diplomacia. No serían los primeros enemigos que superan el engaño y la traición y llegan a un acuerdo satisfactorio. Durante su primer mandato, el propio Trump llegó a un acuerdo con los talibanes afganos —islamistas radicales que habían combatido a Estados Unidos por 20 años— para retirar los soldados estadounidenses del país.
Aunque las dos partes puedan superar sus expectativas de traición, la desconfianza complica unas negociaciones que, según Trump, podrían concluir con rapidez. Para algunos diplomáticos veteranos y expertos en Irán, se trata de una ilusión.
Diseñar un acuerdo exigirá calibrar su aplicación paso a paso para minimizar las oportunidades de que una de las partes obtenga una ventaja y lo abandone.
“Eso también es complicado porque la mayoría de las concesiones que se exigen a Irán son concretas e irreversibles, como entregar o rebajar su uranio altamente enriquecido”, dijo Robert Malley, uno de los principales negociadores con Irán durante los gobiernos de Obama y Biden.
“En cambio, la mayoría de las concesiones que se esperan de Estados Unidos son teóricas y reversibles, como eliminar las sanciones o facilitar el acceso a los activos congelados”, añadió.
En consecuencia, dijo Malley, Irán insistirá “en un enfoque lento, gradual y paso a paso” para aplicar cualquier acuerdo, como forma de poner a prueba el cumplimiento de Trump.
Pero es posible que Trump, poco conocido por su paciencia, se resista a este planteamiento.
Para Irán, el proceso estará bajo la sombra de la derogación de Trump del acuerdo nuclear de Obama, conocido como Plan de Acción Integral Conjunto, en virtud del cual Irán acordó 15 años de límites a su programa nuclear a cambio de un alivio de las sanciones.
El acuerdo tardó unos 20 meses en negociarse, y Rusia, China, el Reino Unido, Alemania, Francia y la Unión Europea se unieron a Estados Unidos e Irán en innumerables rondas de conversaciones. Todos estuvieron de acuerdo en que Irán cumplía el acuerdo, hasta que Trump llegó a la Casa Blanca.
Trump calificó el acuerdo de “desastre”, se retiró de él en 2018 y castigó a Irán con nuevas sanciones. En respuesta, Teherán rebasó los límites que había acordado imponer a su programa nuclear, y enriqueció suficiente uranio hasta alcanzar niveles casi de grado militar, lo que le permitiría fabricar una bomba en cuestión de semanas. (Los expertos afirman que Irán aún podría tardar muchos meses en construir una bomba nuclear una vez que haya refinado suficiente uranio para la tarea).
Trump citó ese progreso nuclear como motivo para atacar sus instalaciones nucleares en junio del año pasado. Los ataques, conocidos como operación Martillo de Medianoche, se produjeron mientras Estados Unidos e Irán negociaban a través de mediadores omaníes.
Cuando Malley dirigió las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán durante el gobierno de Biden, con el fin de reactivar el acuerdo nuclear de Obama, los funcionarios iraníes insistieron en que se les garantizara que Estados Unidos no podría volver a retirarse unilateralmente del acuerdo. Malley insistió con la misma firmeza en que tal garantía no era posible.
“Dada la profundidad de la desconfianza, así como lo delicado de las cuestiones que se están negociando, es muy improbable que un acuerdo de esta magnitud pueda negociarse en unas pocas semanas”, dijo Sadjadpour. “Por lo general, ha llevado muchos meses, si no años”.
Michael Crowley cubre el Departamento de Estado de EE. UU. y política exterior para el Times. Ha reportado desde una treintena de países y con frecuencia viaja con el secretario de Estado.
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