España y el Reino Unido se oponen a posibles sanciones de Trump
Un correo electrónico interno del Pentágono, según informó la agencia Reuters, sugería que EE. UU. analizaba posibles sanciones contra ambos países por no dar el apoyo necesario para la guerra en Irán.




Por Stephen Castle y Emma Bubola
25 de abril de 2026 a las 00:36 ET
El viernes, España y el Reino Unido se opusieron a Washington en respuesta a un informe según el cual el gobierno de Donald Trump está considerando la posibilidad de sancionar a ambas naciones por no haber ofrecido su apoyo incondicional a la guerra contra Irán.

Un correo electrónico interno del Pentágono, del que informó la agencia de noticias Reuters, sugería que entre las opciones que se analizaban estaba retirar el apoyo estadounidense a la soberanía británica sobre las islas Malvinas —que también reclama Argentina— y tratar de suspender a España de la OTAN.
En un comunicado, el Pentágono no se refirió directamente al reporte de Reuters ni a las opciones mencionadas, pero el secretario de prensa, Kingsley Wilson, afirmó: “A pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho por nuestros aliados de la OTAN, estos no han estado ahí para nosotros. El Departamento de Defensa se asegurará de que el presidente cuente con opciones viables para garantizar que nuestros aliados dejen de ser un tigre de papel y cumplan con su parte”.
El informe surge después de una serie de declaraciones de un gobierno que parece desdeñar el derecho internacional, que ha cuestionado el valor de la OTAN y que ha regañado a los aliados que no se unieron a la lucha contra Irán.
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Cuestionar la soberanía británica de las Malvinas, un archipiélago situado a varios cientos de kilómetros al este de la costa argentina, supondría una importante afrenta diplomática que podría intensificar las tensiones transatlánticas con el Reino Unido.
En 1982, la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, envió una fuerza naval al océano Atlántico Sur para reconquistar las islas tras ser invadidas por Argentina, que en ese entonces era gobernada por Leopoldo Galtieri, un dictador militar.
Cuando le preguntaron sobre la información publicada por Reuters, un portavoz del primer ministro británico, Keir Starmer, dijo el viernes que su gobierno “no podría ser más claro sobre la postura del Reino Unido” y que “la soberanía corresponde al Reino Unido y el derecho de los isleños a la autodeterminación es primordial”.

Downing Street señaló que los habitantes de las Malvinas habían votado por abrumadora mayoría a favor de seguir siendo un territorio británico de ultramar.
La polémica surge en un momento delicado, cuando el rey Carlos III se prepara para realizar una visita de Estado a Estados Unidos que comienza el lunes. La líder de la oposición británica, Kemi Badenoch, declaró a Sky News que cualquier desafío a la soberanía de las islas era un “absoluto disparate” y que el Reino Unido necesitaba “asegurarse de que estamos muy decididos a proteger el territorio soberano británico”, y añadió que “eso incluye a las islas Malvinas”.
Trump ha alarmado a algunos aliados europeos al limitar el apoyo estadounidense al conflicto de Ucrania con Rusia y al reivindicar Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, país miembro de la OTAN.
Desde que Washington inició los ataques militares contra Irán, Trump no ha ocultado su frustración con Starmer, quien inicialmente le negó a Estados Unidos el permiso para utilizar las bases aéreas británicas para los ataques.
Después de que Irán respondiera militarmente, el Reino Unido cedió y permitió a Estados Unidos realizar algunos ataques desde aeródromos británicos, incluidos los dirigidos contra emplazamientos iraníes que amenazan el estrecho de Ormuz o bases británicas y aliadas. Eso no ha apaciguado a Trump, quien hace poco describió a Starmer como “no Winston Churchill”.
En cambio, el presidente de Argentina, Javier Milei, es un estrecho aliado y partidario ideológico de Trump.
España ha adoptado una postura más clara contra la guerra de Irán que el Reino Unido, por lo que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, no se disculpó el viernes.
“No trabajamos sobre emails”, dijo Sánchez, quien se ha negado a permitir que Estados Unidos utilice bases aéreas en territorio español para atacar a Irán.
“Trabajamos sobre documentos oficiales y posicionamientos que haga, en este caso, el gobierno de Estados Unidos”, dijo. “La posición del gobierno de España es clara: absoluta colaboración con los aliados, pero siempre dentro del marco de la legalidad internacional”.

En Chipre, donde asiste a una cumbre de líderes europeos, Sánchez dijo que “España va a defender siempre dos cosas: La primera, el interés general de nuestro país y, en segundo lugar, el cumplimiento con nuestras responsabilidades, que asumimos con toda garantía como buenos aliados que somos de la OTAN”. Y añadió: “No hay debate. Cumplimos con las obligaciones, somos un socio leal”.
Algunos dudan de la viabilidad de cualquier amenaza a la posición de España dentro de la OTAN. El tratado fundacional de la alianza militar “no prevé ninguna disposición relativa a la suspensión de la pertenencia a la OTAN, ni a la expulsión”, dijo un funcionario de la alianza.
En Argentina, el gobierno recibió con satisfacción la noticia de un posible cambio de postura sobre las Malvinas. “Estamos haciendo todo lo humanamente posible para que las Malvinas sean argentinas”, dijo Javier Lanari, portavoz de Milei, en un mensaje de WhatsApp, en respuesta a una pregunta sobre el informe de Reuters. Y añadió: “Estamos avanzando como nunca”.
El jueves, Milei hizo la misma afirmación en una entrevista con Neura Media, un canal de transmisión en continuo de tendencia libertaria, y añadió que “la soberanía no se negocia”.
El apoyo a la reivindicación territorial argentina sobre las islas representaría otro importante respaldo para el dirigente argentino por parte de Trump quien, en una ocasión, dijo que era su “presidente favorito”.
El otoño pasado, Estados Unidos ofreció a Argentina un salvavidas de 20.000 millones de dólares en vísperas de unas elecciones intermedias clave, una acción a la que se atribuye ampliamente haber contribuido al éxito electoral de Milei. El mandatario argentino también ha apoyado de manera sistemática a Estados Unidos en foros internacionales, y durante una visita a Israel la semana pasada expresó su apoyo inquebrantable a la guerra en Irán.
Michael D. Shear, Carlos Barragán, Steven Erlanger, Helene Cooper y Eric Schmitt colaboraron con reportería.
Stephen Castle es corresponsal en Londres del Times, donde escribe sobre el Reino Unido, su política y su relación con Europa.
Emma Bubola es una reportera del Times que cubre Argentina. Reside en Buenos Aires.
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La guerra contra Irán ha reducido el arsenal de EE. UU.
La prisa del Pentágono por rearmar sus fuerzas en Medio Oriente lo deja menos preparado para enfrentarse a adversarios potenciales como Rusia y China, afirman funcionarios.



Por Eric Schmitt y Jonathan Swan
Reportando desde Washington
- 24 de abril de 2026
Desde que comenzó la guerra contra Irán a finales de febrero, Estados Unidos ha utilizado unos 1100 de sus misiles de crucero furtivos de largo alcance, construidos para una guerra con China, una cifra cercana al total que queda en el arsenal estadounidense. El ejército ha disparado más de 1000 misiles de crucero Tomahawk, aproximadamente 10 veces la cantidad que compra actualmente cada año.
El Pentágono utilizó más de 1200 misiles interceptores Patriot en la guerra, a más de 4 millones de dólares cada uno, y más de 1000 misiles terrestres Precision Strike y ATACMS, lo que dejó los inventarios en niveles preocupantemente bajos, según estimaciones internas del Departamento de Defensa y funcionarios del Congreso.
La guerra en Irán ha agotado significativamente gran parte del suministro mundial de municiones del ejército estadounidense, y ha obligado al Pentágono a enviar apresuradamente bombas, misiles y otros equipos a Medio Oriente desde los comandos en Asia y Europa. Según funcionarios del gobierno de Donald Trump y del Congreso, estas reducciones han dejado a dichos comandos regionales menos preparados para enfrentarse a posibles adversarios como Rusia y China, y han obligado a Estados Unidos a buscar maneras de aumentar la producción para paliar la escasez.
El conflicto también ha puesto de relieve la excesiva dependencia del Pentágono de misiles y municiones excesivamente caros, en especial los interceptores de defensa aérea, así como la preocupación por si la industria de defensa puede desarrollar armas más baratas, especialmente drones de ataque, mucho más rápidamente.
El Departamento de Defensa no ha revelado cuántas municiones utilizó en 38 días de guerra antes de que entrara en vigor un alto al fuego hace dos semanas. El Pentágono dice que alcanzó más de 13.000 objetivos, pero los funcionarios afirman que esa cifra oculta el gran número de bombas y misiles que utilizó porque los aviones de guerra, los aviones de ataque y la artillería suelen atacar objetivos grandes varias veces.
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Los funcionarios de la Casa Blanca se han negado a calcular el costo del conflicto hasta ahora, pero dos grupos independientes afirman que el gasto es asombroso: entre 28.000 y 35.000 millones de dólares, o algo menos de 1000 millones de dólares al día.
Solo en los dos primeros días, según han informado funcionarios de defensa a los legisladores, el ejército utilizó 5600 millones de dólares en municiones.
Para restablecer el arsenal mundial estadounidense a su tamaño anterior, Estados Unidos tendrá que tomar decisiones difíciles sobre dónde mantener su fuerza militar mientras tanto. “Con los ritmos de producción actuales, reconstituir lo que hemos gastado podría llevar años”, dijo esta semana el senador por Rhode Island Jack Reed, el principal demócrata del Comité de Servicios Armados.
“Estados Unidos tiene muchas municiones con inventarios adecuados, pero algunas municiones críticas de ataque terrestre y de defensa antimisiles escaseaban antes de la guerra y escasean aún más ahora”, dijo Mark F. Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y asesor principal del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), el cual publicó recientemente un estudio en el que se estimaba el estado de las municiones clave.
Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, dijo en un comunicado que “toda la premisa de esta historia es falsa”. Y añadió: “Los Estados Unidos de América cuentan con el ejército más poderoso del mundo, totalmente cargado con armas y municiones más que suficientes, en arsenales aquí en el país y en todo el mundo, para defender eficazmente la patria y llevar a cabo cualquier operación militar dirigida por el comandante en jefe”.
Sean Parnell, portavoz jefe del Pentágono, declinó hacer comentarios sobre “cualquier necesidad específica del escenario de operaciones o detallar nuestras capacidades globales de recursos”, citando la seguridad operativa.
Algunos republicanos, entre ellos el senador por Kentucky Mitch McConnell, presidente del subcomité que financia el Pentágono, han presionado durante varios gobiernos para que se aumente el gasto en la producción de municiones. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha hecho de ese objetivo una de sus principales prioridades durante su mandato.
Lo que hace las cosas más peligrosas para el Pentágono, según los funcionarios, es que el Departamento de Defensa está esperando a que el Congreso apruebe financiación adicional antes de poder pagar a los fabricantes de armas para reponer el suministro estadounidense agotado. En enero, el gobierno anunció que había conseguido acuerdos de siete años con los principales contratistas de defensa, entre ellos Lockheed Martin, para aumentar la capacidad de producción de sistemas de defensa como los interceptores de misiles.
El acuerdo preveía cuadruplicar la producción de municiones guiadas de precisión y de interceptores de misiles THAAD. Los fabricantes de defensa, por su parte, acordaron financiar ampliaciones de las fábricas a cambio de pedidos garantizados a largo plazo.
Pero los funcionarios dijeron que no se había producido ningún movimiento para realmente iniciar la producción ampliada, porque el Pentágono luchaba por encontrar la financiación.
Mientras tanto, el ejército utiliza sus suministros de armas existentes a un ritmo vertiginoso para satisfacer las necesidades inmediatas del Comando Central en la guerra de Irán. Ciertos niveles de munición se están reduciendo más rápidamente que otros.
El Pentágono, por ejemplo, ha destinado la mayor parte de su inventario de misiles de crucero sigilosos y de largo alcance a la lucha contra Irán. Estos misiles, llamados Joint Air-to-Surface Standoff Missile-Extended Range (misil aire a superficie de largo alcance extendido), o JASSM-ER, se lanzan desde aviones caza y bombarderos y tienen un alcance de más de 960 kilómetros. Están diseñados para penetrar en objetivos difíciles fuera del alcance de las defensas aéreas enemigas.
Desde que comenzó la guerra, el ejército ha utilizado unos 1100 misiles JASSM-ER, que cuestan aproximadamente 1,1 millones de dólares cada uno, por lo que quedan unos 1500 en los inventarios militares, según estimaciones internas del Pentágono, un funcionario militar estadounidense y un funcionario del Congreso que hablaron bajo condición de anonimato para discutir evaluaciones confidenciales del combate.

Los Tomahawks, que cuestan unos 3,6 millones de dólares cada uno, son misiles de crucero de largo alcance que se han utilizado ampliamente en la lucha bélica estadounidense desde la primera guerra del Golfo Pérsico en 1991. Siguen siendo una munición clave para posibles guerras futuras, incluida una en Asia.
“Aunque existen municiones suficientes para librar esta guerra, el elevado gasto de Tomahawks y otros misiles en la Operación Furia Épica crea riesgos para Estados Unidos en otros escenarios, en particular en el Pacífico occidental”, concluía un estudio del CSIS, que calculaba que las reservas restantes de Tomahawks rondaban los 3000 misiles.
Los misiles interceptores Patriot pueden costar casi 4 millones de dólares cada uno. Estados Unidos fabricó unos 600 en todo 2025. Hasta ahora se han utilizado en la guerra más de 1200, según estimaciones internas del Pentágono y funcionarios del Congreso.
En conjunto, el costo de la guerra hasta ahora oscila entre 25.000 y 35.000 millones de dólares, según un estudio de este mes del American Enterprise Institute elaborado por Elaine McCusker, alta funcionaria del Pentágono durante el primer gobierno de Trump. Cancian, del CSIS, dijo en un correo electrónico que él y sus analistas situaban el costo del conflicto hasta ahora en unos 28.000 millones de dólares.
El ejército también está incurriendo en costos inesperados por aviones dañados o destruidos. En la operación del Equipo 6 de los SEAL de la Marina para rescatar a un oficial de las Fuerzas Aéreas derribado en Irán, los militares tuvieron que destruir dos aviones de carga MC-130 y al menos tres helicópteros MH-6 que estos llevaban dentro, después de que el tren de aterrizaje delantero de los aviones se atascara en la arena húmeda de una pista de aterrizaje improvisada. Cancian estimó el costo total de los aviones perdidos en unos 275 millones de dólares. Tres aviones de reemplazo pusieron finalmente a salvo al aviador y a los comandos, pero el Pentágono no quería que la tecnología sensible de los aviones cayera en manos iraníes.
Todos los mandos militares regionales sienten la presión de la disminución de las reservas de municiones.
En Europa, la guerra ha provocado el agotamiento de sistemas de armamento fundamentales para defender el flanco oriental de la OTAN de la agresión rusa, según información del Pentágono revisada por The New York Times.
Un problema calificado de grave fue la pérdida de drones de vigilancia y ataque. Las exigencias de la guerra de Irán también han reducido los ejercicios y el entrenamiento. Según los oficiales militares, esto perjudica la capacidad de montar operaciones ofensivas en Europa, así como la disuasión de posibles ataques rusos.
Al preguntarle por las deficiencias, el general Alexus G. Grynkewich, jefe del Comando Europeo de Estados Unidos, dijo en un comunicado: “Nuestros combatientes están orgullosos del apoyo que hemos prestado al USCENTCOM (Comando Central) en apoyo de las históricas operaciones del presidente Trump contra Irán”.
Pero el mayor impacto se ha producido en los soldados de Asia.

Antes de que comenzara la guerra con Irán, los mandos militares estadounidenses redirigieron el grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln del mar de China Meridional a Medio Oriente. Desde entonces, se han enviado a Medio Oriente desde el Pacífico dos Unidades Expedicionarias de Marines, cada una con unos 2200 infantes de marina. El Pentágono también ha trasladado sofisticadas defensas aéreas desde Asia para reforzar la protección contra los drones y cohetes iraníes.
Las armas redirigidas incluyen misiles Patriot e interceptores del sistema THAAD de Corea del Sur, el único aliado asiático que alberga el avanzado sistema de defensa antimisiles, desplegado por el Pentágono para contrarrestar la creciente amenaza de misiles de Corea del Norte. Ahora, por primera vez, los interceptores del sistema se trasladan a otro lugar, según funcionarios estadounidenses.
La preparación de Estados Unidos en el Pacífico se vio afectada anteriormente por el despliegue por parte del Pentágono de buques de guerra y aviones en Medio Oriente tras el inicio de la guerra entre Israel y Gaza en octubre de 2023 y después de que las fuerzas de la milicia hutíes en Yemen empezaran a atacar buques en el Mar Rojo para apoyar a los palestinos, según los funcionarios.
La campaña de bombardeos de un mes de duración contra los hutíes el año pasado —una operación que el Pentágono denominó Rough Rider— fue mucho mayor de lo que el gobierno de Trump reveló inicialmente en su momento. El Pentágono gastó unos 200 millones de dólares en municiones solo en las tres primeras semanas, dijeron funcionarios estadounidenses. Los costos de la operación global superaron con creces los 1000 millones de dólares si se tienen en cuenta los gastos operativos y de personal, añadieron los funcionarios.
Los barcos y aviones estadounidenses, así como los militares que trabajan en ellos, están siendo sometidos a lo que los militares denominan un alto ritmo operativo. Incluso el mantenimiento básico de los equipos se convierte en un problema en esas duras condiciones.
Una portavoz del almirante Samuel J. Paparo Jr., jefe del Comando Indo-Pacífico del ejército, declinó hacer comentarios sobre las armas desviadas de Asia a Medio Oriente.
El almirante Paparo eludió en gran medida la cuestión de la escasez de arsenales durante una comparecencia ante el Senado el martes, y solo reconoció que “el arsenal tiene límites finitos”.
Michael Schwirtz y Adam Goldman colaboraron con reportería desde Londres. John Ismay, Helene Cooper y Maggie Haberman colaboraron con reportería desde Washington.
Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares estadounidenses y antiterrorismo durante más de tres décadas.
Jonathan Swan es corresponsal del Times en la Casa Blanca y cubre el gobierno de Donald Trump. Puedes contactarlo de manera segura en Signal: @jonathan.941
El secretario de la Marina de EE. UU. es despedido en medio de luchas internas en el Pentágono
La guerra en Medio Oriente frenará el crecimiento económico mundial, advierte el FMI
De los bombardeos a las tensas negociaciones: el estado de la guerra en Irán
Lee más en: Donald Trump, Departamento de Defensa (EE. UU.)
La desaprobación de Trump alcanza el nivel más alto de su segundo mandato
La caída del presidente en las encuestas se produce cuando la guerra de Irán ha elevado los precios de la gasolina y cada vez más estadounidenses están preocupados por la economía.
Data as of 1:28 p.m. Eastern time on April 23.
The New York Times

Por Ruth Igielnik
24 de abril de 2026
La desaprobación del presidente Donald Trump ha alcanzado el nivel más alto de su segundo mandato, según el promedio de encuestas de The New York Times, de acuerdo con el cual el 58 por ciento de los estadounidenses desaprueba el desempeño del presidente, mientras que solo el 39 por ciento lo aprueba.
Se trata del índice de desaprobación más alto al que se ha enfrentado Trump desde el final de su primer mandato, tras la derrota de su campaña de reelección y el atentado del 6 de enero en el Capitolio estadounidense.
El debilitamiento de Trump en las encuestas se produce en un momento en el que la guerra en Irán ha provocado una fuerte subida de los precios de la gasolina y en el que un número cada vez más grande de estadounidenses expresan su preocupación por la economía. Muchos demócratas están intentando hacer de las elecciones intermedias un referendo sobre la presidencia de Trump, y algunos de los antiguos aliados de Trump en los medios de comunicación conservadores, entre ellos Tucker Carlson, se han vuelto contra él en los últimos días.
Una encuesta de la Facultad de Derecho de la Universidad Marquette realizada la semana pasada reveló que el índice de aprobación de Trump ha descendido al 28 por ciento entre los independientes políticos, frente al 39 por ciento que tenía cuando asumió el cargo. Entre los republicanos, el presidente también ha perdido algo de terreno, aunque la gran mayoría del partido —el 80 por ciento— sigue aprobando su trabajo.
En conjunto, el promedio de encuestas del Times muestra que Trump tiene ahora un índice de aprobación neto —aprobación menos desaprobación— de 19 puntos porcentuales negativos, a fecha del jueves.
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Los índices de aprobación pueden variar de un día para otro a medida que las nuevas encuestas actualizan nuestra comprensión de cómo se siente el público estadounidense respecto al presidente, pero Trump ha experimentado varias semanas de debilitamiento en las cifras de las encuestas.
La preocupación por la economía está alcanzando un punto álgido. Siete de cada diez votantes dicen ahora que la economía está empeorando para ellos y sus familias, frente al 55 por ciento de hace solo un año en una encuesta reciente de Fox News. La ansiedad económica también ha aumentado considerablemente entre las bases del presidente. Casi la mitad de los republicanos dicen ahora que la economía está empeorando, el doble de los que opinaban lo mismo el pasado abril.
Esto se produce cuando la aprobación de Trump en materia económica se sitúa en el 34 por ciento y su aprobación en materia de gestión de la inflación en solo el 28 por ciento. Los votantes se muestran mucho más propensos a aprobar su gestión en materia de inmigración y la frontera. Casi la mitad de los votantes, el 46 por ciento, aprueban la política migratoria de Trump.
Ruth Igielnik es editora de encuestas del Times que conduce encuestas y analiza y reporta sobre los resultados.
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Los sueños de Trump de un acorazado llevaron a la destitución de su secretario de Marina
El secretario de Marina, John Phelan, debía entregar el primero de los barcos del presidente en 2028. El plazo era casi imposible.



Por Greg Jaffe y Helene Cooper
Reportando desde Washington
24 de abril de 2026
El presidente Donald Trump quería una cosa, más que ninguna otra, de su secretario de Marina, John Phelan: una nueva clase de acorazados.
“Serán los más rápidos, los más grandes y, por mucho, 100 veces más potentes que cualquier acorazado jamás construido”, alardeó Trump en una rueda de prensa en su finca y complejo Mar-a-Lago, en Florida, unos días antes de Navidad. Phelan, un inversor multimillonario que tiene una casa cerca del club, se situó junto al presidente mientras este hacía el anuncio.
El trabajo de Phelan consistía en entregar el primero de los acorazados de Trump para 2028.
El miércoles, Trump despidió a Phelan, quien se había esforzado por idear un plan para entregar los buques en el plazo casi imposible que Trump ha exigido, dijeron altos funcionarios de Defensa y del gobierno, que hablaron bajo condición de anonimato para discutir asuntos sensibles de personal.
Phelan es el primer secretario que se ve obligado a abandonar el Departamento de Defensa durante este gobierno, aunque no es ni mucho menos el único alto cargo del Pentágono que ha sido despedido. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha despedido o apartado a más de dos decenas de generales y almirantes en el último año, incluido el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George, a principios de este mes. Hegseth también ha discutido con el secretario del Ejército, Daniel Driscoll, sobre ascensos y otras cuestiones.
La rotación de altos cargos del Pentágono, en un momento en que el ejército estadounidense está en guerra con Irán, ha alarmado a los principales miembros republicanos y demócratas del Congreso.
El Pentágono no respondió a las preguntas sobre las circunstancias que rodearon la destitución de Phelan. No se pudo contactar de inmediato a Phelan para que hiciera comentarios.
El punto de ruptura para Phelan, quien a menudo decía que él y Trump se enviaban mensajes de texto y hablaban por teléfono con regularidad, se produjo en las dos últimas semanas, cuando aumentó la frustración del presidente por la gestión de Phelan de su preciado programa de acorazados y los enemigos de Phelan en el Pentágono, incluidos Hegseth y el subsecretario de Defensa Stephen A. Feinberg, montaron una campaña para forzar su salida.
A principios de este mes, Hegseth y Feinberg dijeron a Trump que el secretario de la Marina no trabajaba en equipo y tenía que irse, según dijeron funcionarios militares. Trump llamó a Phelan para hablar de su mala relación con otros dirigentes del Pentágono.
Feinberg y Hegseth le habían quitado parte del poder de decisión a Phelan, al nombrar a un almirante de tres estrellas para supervisar la flota de submarinos de la Armada y al hacer que informara de manera directa a Feinberg.
Eso dejó a Phelan a cargo de una importante inversión en nuevos buques que Trump ha denominado “flota dorada”, construida en torno al programa de acorazados que entusiasma al presidente.
Los presidentes no suelen prestar mucha atención a las adquisiciones militares, pero Trump ha hablado repetidamente de sus planes para un nuevo acorazado de “clase Trump”. En un discurso pronunciado en febrero ante soldados en Fort Bragg, Carolina del Norte, Trump insistió en que había ayudado a diseñar la nueva clase de buques que llevan su nombre.
“Puse un poco más de espíritu en el casco”, dijo Trump a los soldados. “Quiero que ese barco tenga un aspecto magnífico”.
Para Trump, los barcos recordaban a Victory at Sea, una serie documental de televisión que se emitió en la década de 1950 y que promocionaba el papel que los acorazados y otros buques de la Armada desempeñaron en la II Guerra Mundial.
“¿Has visto alguna vez Victory at Sea?”, comentó a los periodistas en enero al hablar de los nuevos acorazados. “¡Qué maravilla es ver eso!”.
Phelan desempeñó un papel destacado al plantear a Trump la idea de los nuevos buques y de sus ambiciosos planes para revitalizar la flota de la Marina estadounidense y la industria naval de Estados Unidos.
En su audiencia de confirmación del año pasado, Phelan dijo que el presidente le enviaba a menudo mensajes de texto a altas horas de la noche para preguntarle por “barcos oxidados o barcos en un astillero” y qué iba a hacer al respecto. Antes de que la Marina se decidiera por el acorazado favorito de Trump, Phelan convenció al presidente mostrándole pinturas al óleo de algunos de los grandes acorazados de épocas anteriores, dijeron funcionarios de Defensa.
En su presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares, publicado a principios de esta semana, el gobierno de Trump solicita 65.800 millones de dólares para la construcción naval, la segunda mayor propuesta presupuestaria para este rubro desde 1955, según los datos de la Oficina Presupuestaria del Congreso.
La Marina también prevé solicitar 17.000 millones de dólares en el año fiscal 2028 para iniciar la construcción del primer buque de la clase Trump, dijeron funcionarios de la Marina.
Pero altos funcionarios de defensa dijeron que el programa, junto con los ambiciosos planes de Trump para su flota dorada, se vio empañado por problemas. La industria naval estadounidense no tiene la capacidad para construir un acorazado tecnológicamente avanzado del tipo que Trump prevé para los próximos años, dijeron altos cargos militares.
En los últimos 16 meses, el gobierno de Trump no ha nombrado a nadie para el cargo de subsecretario de Investigación, Desarrollo y Adquisiciones, quien se supone que supervisa los programas de armamento de la Marina. Y la fuerza de trabajo civil de la Marina, que desempeña un papel fundamental en el desarrollo y las pruebas de los nuevos buques de guerra, se ha visto devastada por los recortes y las jubilaciones anticipadas, dijeron los oficiales militares.
En los días posteriores a que Trump anunciara sus planes para los nuevos acorazados, los expertos en defensa plantearon dudas sobre si llegarían a construirse.
“Las supuestas características del buque son tan extraordinarias que el anuncio seguramente suscitará un inmenso debate”, escribió Mark Cancian, experto en presupuestos militares del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Sin embargo, hay poca necesidad de dicho debate porque este barco nunca zarpará”.
El buque tardaría “años en diseñarse”, señaló Cancian. “Un gobierno posterior cancelará el programa antes de que el primer barco toque el agua”.
En la imaginación de Trump, el nuevo buque de guerra sería enorme, con un peso de hasta 40.000 toneladas, y estaría repleto de nuevas armas de alta tecnología, como láseres, misiles hipersónicos y cañones de riel eléctricos, la mayoría de los cuales están aún en desarrollo y aún a años de ser desplegados.
En las últimas semanas, a Phelan le había quedado claro que la Marina y la industria naval estadounidense no tenían capacidad para hacer realidad la visión de Trump. Phelan sugirió recientemente a Trump que la Marina podría tener que recurrir a astilleros europeos para entregar los acorazados en el ambicioso plazo que Trump exigía, dijeron altos cargos militares y de gobierno.
Trump rechazó la sugerencia.
En su conferencia de prensa de diciembre, en la que anunció sus planes para los acorazados, Trump había prometido que los buques —“el mayor acorazado de la historia del mundo jamás construido”— se fabricarían en Estados Unidos con acero estadounidense.
“Vamos a restablecer a Estados Unidos como gran potencia en la construcción naval”, dijo.
Trump y Hegseth estaban de acuerdo en que la Marina necesitaba un nuevo liderazgo, dijeron las autoridades, y el presidente pidió a Hegseth que se encargara de la renuncia.
El miércoles, Phelan se enteró de que iba a ser despedido y fue a la Casa Blanca a ver a Trump, dijeron los funcionarios. No lo vio, pero el presidente lo llamó por teléfono más tarde para confirmarle la noticia, añadieron los funcionarios.
El jueves, Trump escribió un mensaje en las redes sociales que parecía destinado a calmar los ánimos de su compañero multimillonario.
“John Phelan es un amigo desde hace mucho tiempo y un hombre de negocios de gran éxito, quien hizo un excelente trabajo como mi secretario de Marina durante el último año”, escribió Trump. “Aprecio mucho el trabajo que ha hecho, y sin duda me gustaría tenerlo de vuelta en el gobierno en algún momento en el futuro”.
Maggie Haberman y Adam Entous colaboraron con reportería.
Greg Jaffe cubre el Pentágono y el ejército de Estados Unidos para el Times.
Helene Cooper es corresponsal del Pentágono. Anteriormente fue editora, corresponsal diplomática y corresponsal de la Casa Blanca.
El secretario de la Marina de EE. UU. es despedido en medio de luchas internas en el Pentágono
Pete Hegseth despide al jefe del ejército de EE. UU.
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De los bombardeos a las tensas negociaciones: el estado de la guerra en Irán
El conflicto se ha transformado en un enfrentamiento volátil en el estrecho de Ormuz, a medida que aumentan los costes económicos y el presidente Trump se enfrenta a una reacción política interna.


Reportando desde Washington
24 de abril de 2026
El jueves por la mañana un alto funcionario iraní escribió en la red social X que los combatientes del país se escondían en cuevas marinas cerca del estrecho de Ormuz, preparándose para “devastar a los agresores”.
Dieciocho minutos después, el presidente Donald Trump publicó en Truth Social: “He ordenado a la Marina de Estados Unidos que dispare y destruya a cualquier barco” que esté “colocando minas en las aguas del estrecho de Ormuz”.
La guerra de Trump contra Irán, interrumpida por un alto al fuego que prorrogó indefinidamente esta semana, ha pasado de ser un bombardeo total a un volátil y costoso enfrentamiento en la boca del golfo Pérsico.

Ninguna de las partes parece deseosa de volver a la violencia que impactó a gran parte de Medio Oriente antes del alto al fuego del 7 de abril, aunque ambos bandos insisten en que están preparados para eso. Y ninguna de las partes muestra signos de capitular ante las exigencias de la otra. El resultado es una serie tras otra de burlas, amenazas e incidentes marítimos, y muchas de esas tensiones se manifiestan en las redes sociales, mientras aumentan los costos económicos y Trump se enfrenta a una reacción política negativa en su país.
Suzanne Maloney, especialista en Irán y vicepresidenta de Brookings Institution de Washington, dijo que había supuesto que un acuerdo diplomático resolvería el enfrentamiento rápidamente, dados los costos económicos y estratégicos que supondría para Estados Unidos que el estrecho de Ormuz permaneciera cerrado. Pero Maloney dijo que ahora estaba ajustando sus expectativas ante la determinación de Irán de mantener el control del estrecho como palanca y el dilema estratégico en el que se encuentra Trump.
“Está atrapado en esto, mientras el estrecho siga cerrado”, dijo Maloney. “La rapidez con la que esto se ha convertido en un atolladero para Estados Unidos ha sido, además, bastante sorprendente”.
El jueves, Trump insistió en que tenía “todo el tiempo del mundo, pero Irán no”, refiriéndose al enfrentamiento sobre el estrecho. Publicó una columna de un comentarista de línea dura, Marc A. Thiessen, en la que argumentaba que Trump debía darle a Irán 72 horas antes de reanudar el combate y abrir el estrecho de Ormuz por la fuerza.
“Si no quieren llegar a un acuerdo, entonces acabaré con eso militarmente”, dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca el jueves.
Pero, en realidad, Trump se enfrenta a una serie de malas opciones, según los expertos. El bloqueo estadounidense del tráfico marítimo iraní en el estrecho —combinado con el contrabloqueo iraní de otros tipos de tráfico— sigue presionando los mercados mundiales de la energía y las materias primas, con el riesgo de una mayor inflación de los precios en Estados Unidos, mientras el Partido Republicano de Trump ya se enfrenta a una desalentadora temporada de elecciones de mitad de mandato.
Irán parece decidido a obtener concesiones de Trump, como el alivio de las sanciones y un compromiso sobre su programa nuclear, antes de aceptar cualquier solución diplomática sobre el conflicto. Maloney dijo que todos los indicios apuntaban a que los dirigentes iraníes seguían creyendo que su tolerancia al dolor económico seguía siendo mayor que la de Trump.
Buscar una solución militar podría ser aún más doloroso para Estados Unidos. Es poco probable que los ataques aéreos por sí solos le causen suficiente daño al ejército iraní como para impedir que pueda contratacar, según dijo Seth G. Jones, presidente del Departamento de Defensa y Seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. Reabrir el estrecho por la fuerza era posible, pero conllevaría el riesgo de que se hundieran grandes buques de guerra estadounidenses, y de que “marines o soldados del ejército estadounidense se apoderaran de una isla o de la costa y resultaran muertos”, dijo.
Trump también sigue enfrentándose al dilema de cómo tratar los aproximadamente 400 kilos de uranio altamente enriquecido de Irán, que podrían bastar para una decena de bombas nucleares. Trump volvió a insistir el jueves en que estaba decidido a impedir la capacidad de Irán, advirtiendo que la alternativa al éxito estadounidense en Irán podría ser un “holocausto nuclear” en las ciudades europeas al alcance de los misiles iraníes.
Irán también se enfrenta a decisiones difíciles. Sus ataques contra bases estadounidenses y contra países árabes del golfo Pérsico fueron eficaces para lograr que Trump declarara un alto al fuego. Pero Jones dijo que conseguir más por la fuerza sería difícil para Irán, sobre todo teniendo en cuenta el bloqueo y el daño ya causado a su ejército.

“Ahora mismo es una especie de juego de la gallina”, dijo Jones. Tanto en Washington como en Teherán, añadió, es probable que los oficiales militares les estén diciendo a los dirigentes políticos que “no es probable que el instrumento militar tenga éxito para llegar a ningún tipo de solución permanente”.
Debido al estancamiento militar y el sufrimiento económico de ambas partes, una solución negociada parece ser la salida más lógica a la crisis, dijeron Jones y otros analistas. Pero las tensiones en el estrecho de Ormuz podrían intensificarse rápidamente, ya que tanto Irán como Estados Unidos intentan mostrar su determinación en la estrecha vía de agua al tiempo que ensayan la diplomacia.
“La situación no está en equilibrio”, dijo Brian Katulis, investigador principal del Instituto de Medio Oriente, refiriéndose al contraste entre los esfuerzos diplomáticos y la “prueba de voluntades” en el mar.
El miércoles, Irán difundió un video en el que se veía a su Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos interceptando dos buques de carga cerca del estrecho, con fuerzas vestidas con pasamontañas escalando uno de los buques por una escalera. El jueves, el ejército estadounidense publicó un dramático video propio, en el que se veía a fuerzas de la Marina descendiendo con cuerdas desde helicópteros sobre un petrolero que, según dijo, transportaba crudo procedente de Irán en el océano Índico.
Al mismo tiempo, Trump ha dicho que quiere darle una oportunidad a la diplomacia. Refiriéndose a su prórroga del alto al fuego de esta semana, el jueves les dijo a los periodistas en la Casa Blanca que Irán estaba teniendo problemas para negociar porque “ahora mismo están muy desorganizados”.
“Quieren llegar a un acuerdo”, dijo Trump. “Pensamos en darles una pequeña oportunidad para que resuelvan parte de su agitación”.
En respuesta a la pregunta de un periodista, Trump dijo que los estadounidenses aún tendrían que esperar “un poco” antes de que bajaran los precios de la gasolina.
El mundo está ansioso por saber cuánto tiempo será. Un estancamiento a largo plazo entre Estados Unidos e Irán conlleva enormes riesgos propios, dadas las mercancías críticas —no solo petróleo y gas natural, sino también fertilizantes y helio— que suelen pasar por el estrecho de Ormuz.
Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, declaró el jueves a CNBC que la crisis empeoraba día a día.
“Cuanto más dure, más tiempo necesitaremos para volver a estar como antes de la guerra”, dijo.
Cliff Kupchan, presidente emérito del Grupo Eurasia, una empresa de evaluación de riesgos políticos, dijo que el riesgo de un cierre del estrecho durante un mes solo empezaba a “entrar en la mente colectiva de los mercados”.
“En realidad, es un escenario que creo que los analistas políticos y los mercados deben tener más en cuenta”, dijo Kupchan. “Estamos en territorio desconocido”.
Adam Rasgon colaboró con reportería desde París.
Anton Troianovski escribe para el Times sobre política exterior y seguridad nacional estadounidense desde Washington. Anteriormente fue corresponsal extranjero con sede en Moscú y Berlín.
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