Gabriela Mistral: «Mi victoria no es mía, sino de América»
Pocos saben su nombre original: Lucila Godoy y Alcayaga. Ella fue quien encontró en el valle de Elqui, el surtidor inagotable de la poesía e impuso definitivamente el seudónimo de Gabriela Mistral (1889-1957), para resumir toda la grandeza de la lírica hispanoamericana en la voz de una mujer


Cuentan que formó su alias literario a partir de los nombres de dos eminentes poetas, el italiano Gabriele d’Annunzio y el francés Frédéric Mistral (también galardonado con el Premio Nobel).
´Gabriela Mistral´ nació el 7 de abril de 1889, en Vicuña, al norte de Chile. Hija de Godoy, un conocido “pallador” que componía sus versos, quien también ejerció como maestro de escuela rural; de casta le viene al galgo. También Alcayaga, el apellido de la joven madre, igual que el padre, era de origen vasco.
Del juglar quedó la niña en aquel jardín que el propio padre plantó para ellas, antes de abandonarlas. Madre e hija suspiraban en lontananza, creyendo a ratos verlo regresar desde el horizonte. De tal ensoñación contó la madre que, a veces, su pequeña y solitaria hija sorprendía con las conversaciones íntimas y minuciosas que sostenía con las flores y los pájaros en su vergel.

A la niña, narra la leyenda, no la consideraban demasiado aventajada como para invertir tiempo en enseñarla en una escuela, de donde fue rechazada. Costó a la madre proveer una educación, que la jovencita fue complementando con su interés personal. De tanto aprender, con solo 16 años decidió revertir todo su conocimiento en ofrecer clases como maestra rural de la aldea de La Cantera.
Desde entonces, ya en 1920 Mistral andaba en el curso profundo de las raíces latinoamericanas: “he hallado (…) en Martí como en ninguno la “palabra viva”, aquella que se siente tibia de sangre recién vertida, a la par que una frescura como de hierbas de rocío: la frescura de un corazón que fue puro”. (Mistral, 1920. Anuario Martiano, 1981:310)
Por ese camino cultivó su espíritu. Formó parte de un comité de ayuda a niños desamparados, fue profesora, inspectora, creó una escuela nocturna gratuita y en 1921 llegó a ser la primera directora del Liceo de Niñas Número Seis de Santiago de Chile.
En aquel pequeño poblado donde comenzó su labor como maestra, trabajaba un empleado de ferrocarriles del cual quedó apasionadamente enamorada. Poco se sabe del entramado de ese amor correspondido y también traicionado. Asimismo fue él quien juzgó su propia culpa y la ejecutó con un balazo en la sien.
De ese intenso sufrimiento nació la poetisa. Una mujer profundamente herida de amor, que llegó a ser la reina espiritual de toda la América Latina.

Iluminada
La poesía sombría y apasionada de Gabriela Mistral alcanzó una popularidad inmediata y comenzó a propagarse por todo el sur de América. Sin embargo, fue sólo en 1922 que ella hizo imprimir en Nueva York su grandioso conjunto de poemas, Desolación. Lágrimas maternales en verso estallan en el libro; lágrimas vertidas por el hijo del muerto amado, que no nacería jamás.
¡Bendito pecho mío
en que a mis gentes hundo
y bendito mi vientre
en que mi raza muere!
La señorita Mistral nunca se casó. Aquella mujer alta de pelo lacio y tez morena, proyectaba un gran contraste entre sus rasgos fuertes y la sonrisa fácil de una ´vasca chilena´.
Fue una suerte que el gobierno mexicano la invitara en la década de 1920, para la organización y desarrollo de las bibliotecas y las escuelas rurales del país azteca. Desde aquí logró una proyección, que continuó en Europa con la realización de continuos viajes. Entonces profeta en tierra ajena, llegó a Chile y fue celebrada con honores a nivel de Estado e incluso considerada para desempeñar cargos consulares, entre otros, como el nombramiento de Delegada de Chile ante el Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones.
Una década más tarde fue profesora de historia y civilización españolas, en las universidades de Barnard y Middlebury de Estados Unidos. Asimismo, durante dos décadas fue consentida por los gobiernos chilenos, para elegir -donde hubiera un clima adecuado para su salud y nuevos estudios- un país para ejercer como “cónsul particular de libre elección” vitalicia; al efecto el Congreso emitió de manera excepcional, una ley en su protección.
´Demasiado militante´, dijo la señorita Mistral en 1946 cuando renunció a la Comisión de las Naciones Unidas sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. A partir de aquí y por dos años, se fue a vivir a Santa Bárbara, California; luego siguió viaje a México donde vivió por dos años, invitada por su presidente Miguel Alemán. A continuación Italia durante 1951 y 1952, donde se desempeñó como cónsul de Chile en Nápoles.
A Desolación -ya mencionada- también se considera entre sus obras relevantes Sonetos de la muerte. Aunque Gabriela rara vez hablaba de asuntos personales, sus biógrafos dijeron que estos versos surgieron de una trágica relación amorosa.
Gabriela Mistral proyectó su amor maternal sobre los niños a los cuales instruía. Para ellos había escrito sencillas canciones y esas rondas publicadas en Madrid en 1924, bajo el título de Ternura y Tala; por su parte poemas contra el autoritarismo político, fue editado en Buenos Aires en 1938.
Me había sido anticipada Cuba
Antes de visitar por vez primera a la mayor de las Antillas, profundizó en el estudio de grandes prosistas latinoamericanos. Existe constancia de una carta de noviembre de 1920, dirigida al abogado y escritor Federico Henríquez y Carvajal, donde evocó ese interés por los iconos de la literatura de Nuestra América, durante una clase de castellano en el Liceo de Niñas de Temuco.
Citó por ejemplo al uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917) en contraposición a la cultura materialista de Estados Unidos. Sobre Rodó, creador del arielismo, enfatizó aquella corriente ideológica que expresaba con refinado estilo poético, el malestar finisecular hispanoamericano. Igualmente admiró al liberal y anticlerical novelista y ensayista ecuatoriano, Juan Montalvo (1832-1889).

“Martí veía y vivía lo trascendente mezclado con lo familiar. Suelta una alegoría que relampaguea, y sigue con una frase de buena mujer cuando no de niño; hace una cláusula ciceroniana de alto vuelo y le neutraliza la elocuencia con un decir de todos los días”, dijo del Apóstol cubano.
En carta dirigida a Henríquez y Carvajal, a quien el Apóstol cubano envió una misiva el 25 de marzo de 1895, considerada un testamento político, Gabriela Mistral expresó: “Pero a José Martí (1853-1895) lo venero, le tengo una admiración penetrada de ternura, y cuando lo nombro es algo más que cuatro sílabas lo que digo”.
De Martí -de quien circulaban entonces pocas antologías en el continente-, también aprendió la escritora chilena que en nuestra América, “los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”.

La clara mañana del 12 de julio de 1922, Gabriela desembarcó del vapor Orcoma en La Habana. En su escala rumbo a México, aprovechó muy bien los cuatro días, ansiosa por conocer la capital de Cuba y sus ya reconocidos intelectuales. Los selectos lectores de las publicaciones culturales cubanas le dieron la bienvenida y reverenciaron con una amena recepción nombrada ´Té literario´, en el hotel Inglaterra, al que acudió la élite erudita de la ciudad.
´En Martí me había sido anticipada Cuba, como en el viento marino se anticipan los aromas de la tierra todavía lejana. Pero yo no sabía hasta qué punto José Martí expresó a su Isla, con su ardor y sus suavidades inefables´; dijo en vísperas de su partida, tras escuchar una lectura de poemas.
Confesó que conocía de Cuba a los hombres más ilustres y algunas publicaciones que van buscando fraternas el corazón de los poetas de América, como Cuba Contemporánea, citó.
´ (…) No conocía a la mujer cubana de hoy, a la descendiente de aquella vigorosa y espléndida Gertrudis Gómez de Avellaneda, y esa revelación de la mujer cubana moderna será como el paisaje tropical, mi panorama maravilloso de la Isla´; admitió la escritora chilena de 33 años que encantó al auditorio de la sociedad habanera, por su elegante verbo y magnífica disposición para la conversación abierta.
Y es que el sector femenino la escuchó – reconocida como una celebridad- con gran interés en diferentes tertulias habaneras; así consta en la prensa noticiosa y en la ya citada Cuba Contemporánea, El Fígaro y Social.

´Los pocos días que Gabriela Mistral pasó entre nosotros fueron, para los círculos intelectuales habaneros, de constante movimiento. La personalidad insigne de la poetisa despertó el más caluroso de los entusiasmos y desde el momento de su arribo hasta que se embarcó hacia México, fue espléndidamente agasajada por nuestra sociedad, que siempre ha visto en ella a uno de los más radiosos faros del pensamiento de América y un orgullo de su sexo´, refirió la prensa de la época.
La aldeana chilena —como se autodefinió— estudió a profundidad la obra de Martí y expresó su admiración en sus valoraciones: La lengua de Martí y Los versos sencillos de Martí.
“Los países que besa con su lamedura de sal y de ardor el mar Caribe, se aman, porque como los amantes que se hallan próximos, están mirándose a los ojos; México, Cuba, Santo Domingo, son hermanos de verdad, no de retórica”; argumentó que toda la desvinculación, la quebradura de esta América Latina en retazos de patrias recelosas o indiferentes unas de las otras, no tienen más razón que la falta de conocimiento, puntualizó.

Igualmente requirió que “las patrias australes apenas conocen a estos países por el cristal del canto de sus poetas y por cosas menos felices: las noticias cablegráficas reducidas y grotescas”, para reclamar “la América una debe hacerse: escuelas, sociedades obreras, la prensa”. (Social, Agosto 1922:24/25). Definitivamente fue Martí el autor americano más notorio en su obra, que bien leyó, interpretó y reconoció la autora sudamericana en el discurso.

Está documentada su relación con artistas y escritores cubanos, como es el caso de la poetisa, bibliógrafa y pedagoga cubana Dulce María Borrero (1883-1945). Por estos días, Gabriela Mistral dedicó sus palabras a la desunión latinoamericana y caribeña, que a su juicio obedecían a la falta de conocimiento mutuo; entre otros temas ocuparon el centro de sus disertaciones durante esa breve visita a La Habana, antes de partir en el trasatlántico holandés Leerdam a su destino de viaje, México, a donde arribó por el puerto de Veracruz.
La escritora visitó Cuba en varias oportunidades. Nuevamente se detuvo enoctubre de 1938: ´en misión impuesta por sus sentimientos, a refrescar, a calorizar viejos afectos que dejará entre nosotros´; reseña la revista Bohemia. En la capital caribeña ofreció conferencias en la Institución Cubana de la Cultura y recibió un sentido homenaje en el Anfiteatro Nacional.
Gabriela Mistral fue el primer autor latinoamericano en ganar un Premio Nobel de Literatura, en 1945, concedido además a una mujer. Con tal precedente, es una de las personalidades extranjeras invitadas para la celebración oficial del centenario del natalicio de Martí en 1953.

Para Cuba la situación política era inquietante. Los documentos de esta época y las estadísticas del censo de 1953, presentan la verdadera cara de la realidad cubana. La variable fundamental de la economía: la industria azucarera, consolida la dependencia a Estados Unidos y la deformación económica, derivada de la monoproducción y la monoexportación. El Golpe de Estado del 10 de marzo truncó la posibilidad de transformar la realidad cubana; sin embargo, su carga de ilegalidad y el cercenamiento de las libertades públicas y aspiraciones populares, hizo cristalizar una situación revolucionaria.
A meses del golpe de estado militar del 10 de marzo de 1952, encabezado por Fulgencio Batista y apoyado por el gobierno estadounidense, que terminó colocando una dictadura en el poder, llegó a Cuba la poetisa chilena. Con su presencia, prestigiaba una conmemoración tan especial para el pueblo cubano. Sin embargo, humildemente reiteró: “Yo le debo mucho a Martí. Es el escritor hispanoamericano más ostensible en mi obra”.
Como siempre la convoca la profunda admiración por Martí. Se rodea de sus amigos cubanos, entre otros, la poetisa Dulce María Loynaz, el ensayista Juan Marinello y el etnólogo Fernando Ortiz, quienes la respaldan aquel 28 de enero de 1953, al pronunciar uno de los discursos trascendentales en el Capitolio Nacional.

De vuelta a Cuba a sus 64 años y con debilidad física, es apreciada así por la ensayista Mirta Aguirre: «El pelo, que era negro, platea. El gris se ha hecho blanco. Una mujer alta, recia y fuerte como una cordillera comienza a declinar en ojos débiles, en salud precaria».
Las huellas de Gabriela
Desde abril de 2022, el escritor chileno Luis E. Aguilera González llegó por primera vez a Cuba, para participar en la Feria del Libro de La Habana y confesó haber visitado 14 veces la isla.
“Cada vez que visito Cuba, siempre me resulta inspirador. Es un aprendizaje mutuo, un intercambio que nos permite crear con nuevas miradas”, dice. Su sueño de juventud fue pisar la Plaza de la Revolución y lo cumplió. En su recorrido por Camagüey recibió la Distinción 508 Aniversario de la fundación de laVilla de Santa María del Puerto del Príncipe.
Como invitado al XXXVI Encuentro de Escritores Camagüeyanos, Aguilera presentó su libro: Gabriela Mistral en Cuba: 1922-1931-1938-1953; (Lom Ediciones Ltda, 2025). El texto revela aspectos inéditos de su relación con la cultura y la política de la isla; igualmente ofrece una mirada profunda sobre las afinidades literarias, el pensamiento político y las convicciones éticas de la autora.
Entre los episodios que recoge el texto, se cuenta su negativa a saludar al dictador Fulgencio Batista durante esa última visita, gesto que provocó ácidas críticas en la prensa oficialista cubana, pero que reflejó la coherencia de la poeta con su ideario humanista. Aguilera documenta además la recepción de su obra en medios como El Fígaro y su temprana influencia en círculos literarios cubanos.
En el Hotel Plaza de Camagüey, hay una habitación que la recuerda y más allá, el escritor chileno puntualizó: — Gabriela Mistral es muy conocida en Cuba. A quien le preguntes, algo sabe de Gabriela Mistral. Creo que ella hizo un gran aporte a la cultura en el mundo entero. Ella fue una de las primeras en difundir la obra de José Martí en América Latina, refiriéndose a él como “el hombre imprescindible de América”.

Fue invitada a México por José Vasconcelos, entonces Ministro de Instrucción, para participar en la reforma educativa y hacer escala en Cuba. Todavía estamos en deuda con Gabriela Mistral, cuando decía que todos los países de América Latina deberíamos unirnos para sacar libros de bajo costo para que lleguen a la gente, porque es tan grande la obra de José Martí en todos los sentidos, un hombre completísimo en lo revolucionario, en lo visionario, en lo humano, en su poesía.
“Hay una anécdota en la que Gabriela, después de dar una conferencia sobre Martí en un pueblo pequeño de acá de Cuba, iba tan feliz que una mujer comentó que parecía estar enamorada de él, a lo que ella respondió: ‘Si usted lo hubiese conocido o lo conociera, también se habría enamorado’”.

Nobel
Tanto interés despertó la curiosidad del entonces secretario de la Academia Sueca, el académico Hjalmar Gullberg, quien tradujo al sueco muchas poesías de Gabriela, tomando de Desolación: «Balada», «Los huesos de los muertos», «Poema del hijo», «El niño solo», «El corro luminoso» y «Meciendo». De su libro Tala: «Adiós», «La copa» y «Beber», traducciones que dieron origen a una pequeña antología que fue publicada en 1941, bajo el título de Poema del hijo, en Bonniers Littera Magasin. La poesía de Gabriela comenzó a ser conocida por los suecos y la meta para la obtención del galardón se hacía cada vez más cercana, refiere la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
| «Estaba sola en Petrópolis, en mi cuarto, escuchando en la radio las noticias de Palestina. Después de una breve pausa en la emisora se hizo el anuncio que me aturdió y que no esperaba. Caí de rodillas frente al crucifijo que siempre me acompaña y bañada en lágrimas oré: «¡Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a ésta tu humilde hija!… Matilde -se refiere a Matilde Ladrón de Guevara-, si no fuera por la traducción maestra que hizo de mi obra el escritor sueco, puliendo mi técnica, y con ello, mejorando mis poemas, tal vez jamás me habrían favorecido con el gran premio. Créalo, hermana». |
Recibida oficialmente la noticia de la adjudicación del premio Nobel, Gabriela comenzó sus preparativos para viajar a Suecia. La ceremonia se realizaría el 10 de diciembre de 1945, a las 17:00 horas en el «Konserthuset» (Palacio de la Filarmónica) de Estocolmo. Gabriela se encontraba en muy mal estado de salud.
Antes de partir a la ceremonia, Gabriela Mistral declara a un periodista de la Agencia Reuter: «El nuevo mundo ha sido honrado en mi persona. Por lo tanto mi victoria no es mía, sino de América».
Autor: Rosa María Fernández
Fuente: TeleSUR
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