Opinión: Hacia una asamblea universitaria de reconstrucción y autonomía por la Universidad de Puerto Rico
Universidad de Puerto Rico, esta convocatoria es para ti, para tu pueblo y para todos los que todavía creen en tu misión


Universidad de Puerto Rico, esta convocatoria es para ti, para tu pueblo y para todos los que todavía creen en tu misión. No basta con defenderte en palabras ni con lamentar tu deterioro desde la distancia. Ha llegado la hora de convocar al país entero a reedificarte con actos concretos: acondicionar edificios, limpiar espacios, pintar salones, reparar áreas comunes, sembrar jardines, rescatar bibliotecas, devolverles dignidad visible a tus recintos y demostrar, con trabajo solidario, que Puerto Rico no abandona su principal institución pública de educación superior.
Por eso proponemos una Asamblea Universitaria de Reconstrucción y Autonomía por la Universidad de Puerto Rico –AURA-UPR-, el amanecer de una nueva UPR, una Universidad que se levanta desde sus propias entrañas, con la fuerza de sus educadores, estudiantes, empleados no docentes, exalumnos y el pueblo solidario, para reconstruir su casa, afirmar su autonomía y devolverle al país la alborada de su misión histórica.
Proponemos una convocatoria amplia, ecuménica, cívica, cultural y humanista. Que las iglesias lleguen no a imponer dogmas, sino a abrazar una causa justa. Que los creyentes lleguen desde la fe; que los agnósticos lleguen desde la conciencia; que los ateos lleguen desde el amor al país; que todos lleguemos desde la certeza de que la Universidad no le pertenece a una ideología, sino al pueblo que la ha sostenido con sacrificio durante generaciones.
A partir de ese gesto colectivo puede comenzar una verdadera transformación de la UPR: una transformación lejos de la política partidista, sostenida por el país que la ama, fundada en una auténtica autonomía universitaria y en una gobernanza vigorosa donde sus principales dirigentes sean los propios universitarios: educadores, estudiantes y empleados no docentes comprometidos con el conocimiento, la justicia y el bien común.
La propuesta es sencilla, pragmática y profundamente esperanzadora: organizar una gran jornada nacional de reconstrucción física, moral y cívica de la Universidad de Puerto Rico, coordinada con las autoridades universitarias, en la que participen estudiantes, profesores, empleados, exalumnos, iglesias, comunidades, organizaciones profesionales, obreros, carpinteros, albañiles, comerciantes, artistas, agricultores y ciudadanos de buena voluntad. Y que cada cual llegue con lo que pueda: pintura, brochas, herramientas, plantas, alimentos, música, tiempo, manos y corazón. Más allá de los cuerpos directivos de la UPR, hay una misión que cumplir como país, y los tiempos exigen nuevas estrategias de convocatoria, pero sobre todo nuevas formas de solidaridad.
Esta no es una invitación dirigida a una sola ideología, a un solo partido, a una sola fe ni a una sola manera de entender el país. Es una convocatoria para todas las corrientes políticas, económicas, sociales, culturales y religiosas de Puerto Rico; para quienes piensan distinto, votan distinto, oran distinto o no oran, pero reconocen que la Universidad de Puerto Rico es un bien común que trasciende nuestras diferencias. No venimos a borrar las diferencias, sino a reunirlas en torno a un propósito mayor: levantar juntos la casa de estudios donde Puerto Rico todavía puede pensarse con dignidad, justicia y esperanza.
Por años, ciertos sectores han intentado reducir la UPR a una caricatura: un lugar de conflictos, protestas y sospechas. Esa imagen no solo es injusta; es profundamente falsa. La UPR no es el enemigo de Puerto Rico. La UPR es una de sus casas mayores. En sus recintos estudian hijos e hijas de familias humildes, jóvenes de fe y sin fe religiosa, creyentes, agnósticos, ateos, científicos, artistas, maestros, enfermeras, ingenieros, historiadores, servidores públicos y trabajadores de la esperanza. Allí conviven diferencias legítimas, pero también una misión común: abrir caminos al conocimiento, a la movilidad social, a la investigación, a la cultura y al porvenir del país.
Estudiantes de la UPR organizan almuerzo comunitario para recaudar fondos de becas en Humanidades
Hoy, cuando la infraestructura universitaria ha sido debilitada por años de austeridad, abandono, recortes y decisiones que han colocado a nuestra principal institución pública de educación superior en una situación límite, no basta con señalar culpables ni con repetir consignas. Hay que actuar. Hay que mirar más hondo y preguntarse quiénes se benefician cuando se deteriora la Universidad, cuando sus edificios se abandonan, cuando sus laboratorios se empobrecen, cuando sus bibliotecas se silencian y cuando sus estudiantes son presentados como problema, en vez de ser reconocidos como una de las grandes esperanzas del país.
No se trata de sustituir las responsabilidades del Estado ni de absolver a quienes han permitido el deterioro. Se trata de demostrar que Puerto Rico no se cruza de brazos ante la fragilidad de una institución esencial. De decir, con actos concretos, que la UPR no está sola. Se trata de cambiar la percepción pública mediante una acción poderosa, pacífica y esperanzadora: el país entrando a sus recintos no para condenarlos, sino para levantarlos.
Que cada recinto pueda convertirse en un espacio de paz activa, de servicio, reparación y compromiso público. Además, que los panderos suenen junto a los martillos. Que las brochas pinten paredes y también conciencias. Que cada clavo afirme una promesa. Cada jardín sembrado anuncie que todavía hay país. Porque en medio del prejuicio y del cansancio, todavía se ven caras de esperanza: estudiantes que no quieren destruir su Universidad, sino impedir que otros la dejen caer; padres y madres que sueñan con ver a sus hijos graduarse; empleados que sostienen oficinas invisibles; profesores que investigan y enseñan aun con recursos mínimos.
La Universidad de Puerto Rico es mucho más que edificios, pero también necesita edificios dignos para cumplir su misión. Es memoria, movilidad social, ciencia, cultura, conciencia crítica, servicio público y posibilidad de futuro. Defenderla no es defender una institución abstracta: es defender al estudiante que llega en guagua desde lejos, a la madre que trabaja doble turno para pagar libros, al joven que encuentra en un salón universitario la primera puerta real hacia su porvenir, al país que todavía necesita una educación pública fuerte para no rendirse ante la desigualdad.
Desde todos los pueblos de Puerto Rico, desde la diáspora que nos mira con amor y nostalgia, desde todas las iglesias, talleres, comunidades, escuelas, universidades, centros culturales y corazones de buena voluntad, convocamos a salvar la Universidad de Puerto Rico. No con odio, sino con firmeza. Ni con violencia, sino con presencia. No con resignación, sino con trabajo. Ni con lamento, sino con esperanza viva.
Porque salvar la UPR es salvar una parte esencial del país.
>Porque levantar sus recintos es levantar a Puerto Rico.
>Porque mientras haya manos dispuestas a reconstruir, todavía habrá futuro.
Y porque hoy, más que nunca, la Universidad de Puerto Rico debe escuchar la voz de su pueblo diciéndole con amor, con fe y con valentía:
UPR, levántate y anda.
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Dr. Carlos I. Hernández Hernández




























