El callejón sin salida de Irán: la guerra se enquista en Ormuz tras dos meses de errática estrategia de Trump
El bloqueo del estrecho por donde circula el 20% del crudo mundial se convierte en el epicentro de una dinámica de desgaste que puede llegar a ser igual de dañina que un conflicto total.


Washington D.C-01/05/2026 20:15
La fotografía de los dos meses de guerra en Irán es estática: el conflicto ha quedado varado en una especie de limbo en el que han cesado los bombardeos, pero el estrecho de Ormuz sigue bloqueado. Aunque Washington y Teherán han cesado la guerra a gran escala, la estrategia de infligir daño económico al otro y presionar se mantiene. El contrabloqueo ordenado por Donald Trump al bloqueo iraní en Ormuz no ha hecho más que empantanar una situación que, si se enquista por mucho tiempo, puede ser igual de dañina que los bombardeos previos.
«Cada parte cree que tiene la sartén por el mango. Por lo tanto, no tiene ninguna prisa por negociar ni por modificar su posición», explica a Público Gordon Gray, exsubsecretario de Estado adjunto de los EEUU para el Próximo Oriente y exembajador de EEUU en Túnez. Para Gray este es el nudo gordiano que ha desembocado en el extraño limbo que ahora vive el conflicto.
La campaña militar reveló un giro estructural de poder: tener la superioridad militar ya no es garantía de una victoria estratégica. Los Estados Unidos estuvieron bombardeando durante 40 días a Irán y lograron éxitos tácticos, pero no han conseguido reabrir el paso marítimo ni cerrar ningún acuerdo. Por el contrario, Teherán ha visto cómo, aprovechando su posición geoestratégica, puede infligir más daño económico. Washington no tardó en darse cuenta y, después de que la primera ronda de negociaciones en Islamabad se encallara, replicó la acción con un bloqueo del bloqueo.
Todo ello ha derivado en este punto muerto donde simplemente se espera a ver quién se desangra antes. «Cada parte piensa que la otra es más susceptible a la presión económica. Mi hipótesis es que los iraníes sienten que no están en una mala situación; no es que el país no haya sufrido muchos daños, pero el precio del petróleo no para de subir y creo que es un factor que no perderán de vista, porque considerarán que los beneficia. Mientras que los Estados Unidos lo creen por las sanciones y el impacto de los ataques aéreos», expone Gray. En cierta manera es un pulso donde gana quien es capaz de soportar más daño.
Pero este conflicto de desgaste no solo afecta a las partes implicadas, sino a toda la economía global. Los ataques aéreos duraron 40 días, hasta que el pasado 8 de abril se entró en un frágil alto el fuego que sorprendentemente sigue en pie. Pero ya hace 60 días que el paso marítimo por donde transita el 20% del comercio de petróleo mundial está ahogado. La parálisis del tablero militar también se replica en las aguas de Ormuz, con un limbo igual de extraño y similar. Los cargueros cruzan a cuentagotas, pero no se puede decir que el estrecho esté abierto. El pasado 29 de abril los registros mostraban que entre 11 y 14 naves lograron cruzar. Antes del 28 de febrero, cuando empezaron los ataques, cruzaban una media de 150-200 barcos por día. El resultado de este contraste es que el barril de crudo está ya rondando los 119 dólares.
El petróleo no es el único recurso que se ha visto desestabilizado con la guerra: también todo el mercado de gas y carburantes necesarios para hacer volar los aviones. La compañía aérea alemana Lufthansa ha anunciado la cancelación de 20.000 vuelos de corto recorrido este verano, alegando que el encarecimiento del combustible ha convertido muchas rutas en «no rentables».
Negociaciones estancas
Fuera del barro, en el plano diplomático, la situación tampoco es mucho mejor. Los esfuerzos para que Estados Unidos e Irán vuelvan a la mesa de negociación también parecen estar varados. La semana pasada el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguraba que en las siguientes 72 horas las conversaciones con los iraníes se podrían retomar. Pero ha pasado más de una semana desde que lo dijo y la delegación estadounidense nunca ha llegado a ir a Islamabad.
La semana pasada, el vicepresidente JD Vance acabó suspendiendo su vuelo a la capital pakistaní ante la duda de que los ayatolás no se presentaran. El sábado, después de que los iraníes abandonaran Islamabad sin esperar a los estadounidenses, Trump volvió a ordenar suspender el viaje. Este viernes Irán enviaba otra propuesta de negociación a través de los mediadores pakistaníes, según ha informado la agencia estatal de noticias IRNA.
El gesto llega después de que el Ejército estadounidense anunciase un plan para lanzar una serie de ataques «breves y contundentes» contra Irán, en un intento por desbloquear las negociaciones. Los iraníes advirtieron ya que responderían con «ataques prolongados y contundentes» contra posiciones estadounidenses si Washington reanudaba los bombardeos. La clave, una vez más, pasa por Ormuz: la exigencia iraní para volver a hablar es que Estados Unidos levante su contrabloqueo.
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Pero pese a la sensación de estancamiento, hay movimientos bajo el agua. Esta semana el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha viajado a Mascate para reunirse con los omaníes. Antes de que Pakistán entrara en escena como principal país mediador, Omán había sido el principal actor en las negociaciones. Durante años los omaníes se han encargado de hacer de interlocutores y, para Gray, que ahora hayan retornado a las negociaciones es una señal «positiva».
El permiso del Congreso
Además, a Trump el tiempo le juega en contra también dentro de casa. Según la ley federal el presidente necesita la autorización explícita del Congreso para continuar las operaciones militares una vez pasados 60 días de conflicto. La guerra de Irán ya ha cruzado ese umbral. Si después de este período no ha recibido la aprobación parlamentaria, las fuerzas norteamericanas deben retirarse. Aun así, la Casa Blanca aún podría invocar una prórroga de 30 días por razones de seguridad nacional.
La guerra de Irán ya ha cruzado ese término y la Administración Trump ya está buscando maneras para eludirla. El jueves, en una audiencia ante el Congreso, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguraba que el alto el fuego técnicamente había pausado el contador y que aún no se había llegado a los 60 días de guerra.
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