Los sindicatos en España hacen de la vivienda su «prioridad nacional» en un 1º de Mayo marcado por el ‘no’ a la guerra
«La situación de la vivienda es un polvorín social», ha advertido Sordo, exigiendo valentía para controlar los precios a las administraciones públicas.
«Hay que conseguir que la prioridad nacional sean los trabajadores», ha propuesto, por su parte, Álvarez. «Y con ellos», ha añadido, «sus problemas: salarios, tiempo y techo».


01/05/2026 20:33-Actualizado a02/05/2026 06:12
Muchas son las proclamas que han llenado las calles de España este Primero de Mayo. Algunas, haciendo honor a la efeméride, parten del mundo del trabajo. La reducción de la jornada laboral, la reforma del despido o la reivindicación de unos salarios dignos. Otras ampliaban el zoom este año al contexto internacional. El No a la Guerra atravesaba España de norte a sur, denunciando el genocidio en Palestina, los bombardeos sobre Siria y Líbano, la agresión a Irán o la guerra de Ucrania. Pero si algo ha resonado con fuerza entre pancartas, megáfonos y banderines en el Día de los Trabajadores ha sido, sin duda, el derecho a una vivienda digna. «Si no podemos vivir, no vamos a producir»; «salarios y vivienda para vivir, no para sobrevivir» o «trabajo digno, vivienda digna» son solo algunas de las consignas que han retumbado entre los gritos de este 1 de Mayo en Bilbao, València, Barcelona o Madrid.
Un polvorín social. Así definía durante el acto central de Málaga la situación de la vivienda el secretario general de Comisiones Obreras (CCOO), Unai Sordo, aprovechando para exigir a las administraciones públicas «valentía» para afrontar «el gran problema que fragmenta España»: los precios. «Necesitamos que ninguna persona en nuestro país tenga que dedicar más del 30% de sus ingresos a procurarse una vivienda», ponía sobre la mesa el sindicalista. Con una propuesta: dos millones de viviendas asequibles en el plazo de 10 años. Una receta que, para Sordo, pasa por construir, movilizar vivienda vacía, impedir la utilización de la vivienda como un bien de especulación y limitar su uso turístico. Para conseguirlo, seguía exhortando el secretario de CCOO, la vivienda tiene que situarse en el centro del debate público, «con propuestas viables y una población que exija y se movilice».
Una movilización que este Primero de Mayo echaba mano del lema Derechos, no trincheras. «Y cuando hablamos de trincheras no hablamos solo de la guerra», explicaba todavía en su turno de palabra Sordo. Porque, completaba, qué mayor trinchera hay para una familia que no llegar a fin de mes: «Qué mayor trinchera hay que escuchar que el país va como un tiro y que, sin embargo, las nóminas no lleguen para pagar una hipoteca o un alquiler«. Una trinchera en la que están atrapados también los más jóvenes, recordaba el secretario de Comisiones, «condenados a demorar la edad de emancipación hasta los 40 años». Los «salarios de supervivencia», razonaba el sindicalista, no ayudan. Y es que, tiraba de números, «el 30% de los asalariados en España ganan 1.500 euros o menos«.
También en la intervención de Pepe Álvarez ha habido espacio para la vivienda. El secretario general de UGT ha hablado, en concreto, del torpedeo de las derechas del Congreso de los Diputados a la prórroga de alquileres. El pasado martes, los votos en contra del PP, Vox, Junts per Catalunya y UPN —además de la abstención del PNV— fulminaban de un plumazo el Real Decreto-Ley que el Gobierno aprobó hace apenas un mes, el pasado 20 de marzo, para lanzar un balón de oxígeno a las más de dos millones y medio de personas con contratos de alquiler al borde de la extinción.
«Antes de ayer», ha criticado Álvarez, «cuando el Parlamento no aprobó que se pudieran prorrogar los contratos de alquiler, sentí vergüenza». Y ha ido más allá: «Ojalá todos los diputados que tumbaron la medida se vean mañana desahuciados para que sepan lo que es». También se ha referido, en su turno de palabra, al principio de «prioridad nacional» de los pactos PP-Vox en Extremadura y Aragón. «Hay que conseguir que la prioridad nacional sean los trabajadores, las mujeres y los hombres», ha revertido el concepto el sindicalista. Y, con ellos, sus problemas, apuntalaba Álvarez: «Salarios, tiempo y techo».
El entorno de la política no ha sido una excepción. Minutos después, en declaraciones a los medios, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, volvía a situar el foco del Primero de Mayo en la crisis de vivienda. Empezando por la propia Málaga. «El metro cuadrado cuesta ya 3.720 euros, una cifra récord», problematizaba la ministra. «Se están forrando los fondos buitre, los que tienen en sus manos las propiedades de la gente trabajadora que necesita un alquiler para vivir», seguía denunciando. Para volver a traer a la conversación la caída de la prórroga de alquileres en el Congreso. «Lo digo alto y claro: la vamos a volver a llevar«, se comprometía. Porque gracias a ese decreto, sostenía la ministra, miles de personas trabajadoras «humildes», «las que levantan España todos los días con sus manos» han podido renovar su contrato de alquiler por otros dos años y con un tope del 2% anual. Por tanto, concluía la vicepresidenta, «nada de resignación»: «A las calles y a movilizarse».
El pistoletazo de salida de la campaña de las elecciones andaluzas se colaba este año entre las reivindicaciones del 1º de Mayo, tirando, una vez más, del problema de la vivienda. «Necesitamos un gobierno que dé futuro, que dé esperanza y que dé garantías a la gente para vivir mejor. Y eso significa revertir los precios del alquiler, no dejarlos al libre mercado», defendía, también desde las calles de Málaga, el coordinador federal de IU y candidato a la Junta de Andalucía, Antonio Maíllo, comprometiéndose a topar los precios, con ayuda de la Ley de Vivienda, de Málaga y otros 332 municipios en caso de cruzar las puertas del Palacio de San Telmo. También la candidata socialista, la exministra María Jesús Montero, se ha referido desde las calles malagueñas al drama de la vivienda. «La vivienda forma de este Primero de Mayo porque se ha convertido en un bien de lujo, poco asequible», denunciaba la que fuera vicepresidenta. Volviendo a situar en el centro del debate a los jóvenes, «que no pueden pagarse la entrada de una vivienda o un alquiler que les permita emanciparse«.
Un Primero de Mayo por la paz
Si la vivienda acaparaba todos los focos, la situación geopolítica no se ha quedado atrás. Y es que, aunque la lucha obrera siempre ha sido internacionalista, este año, defendía Álvarez, «más que nunca». «Las consecuencias de lo que está ocurriendo en Oriente Medio son terribles para la gente que está viviendo allí», ha reconocido el sindicalista, «pero también para el resto de los trabajadores y de las trabajadoras del mundo». Por dos motivos: la subida incontrolada de los precios y la creciente sensación de inseguridad. «Cualquiera está expuesto a que, una mañana, el nuevo emperador del planeta —Donald Trump— se levante y decida que somos objeto de su necesidad», ha seguido denunciando Álvarez, para el que el 1º de Mayo se ha convertido ya en «un grito por la paz, por los derechos humanos y por el respeto de la legalidad internacional«.
«Tenemos que enarbolar otra vez la bandera del No a la guerra«, ha clamado, por su lado, Sordo. El secretario general de CCOO, en la misma línea que el de UGT, ha advertido de que los conflictos que están abriendo los EEUU de Trump pueden derivar en «una guerra global». Una guerra que ya amenaza a la Unión Europea, a la que el presidente estadounidense quiere «dividir» para que cada país «se convierta en un mero vasallo en su guerra contra China». Por eso, el sindicalista ha insistido en la necesidad de «reforzar la autonomía europea» en términos de política energética para «no depender de sátrapas». Con una última advertencia en clave nacional: Vox, ha criticado el sindicalista, es el «caballo de Troya» de personajes como Trump y de su concepción «destructiva» de la política.
Redactora de Vivienda y Memoria Histórica.
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