Los retos del 1º de Mayo
Todavía no se había institucionalizado el 1º de Mayo cuando militantes obreros escribieron: “¡Un día de rebelión, no de descanso!


Miguel Salas
Todavía no se había institucionalizado el 1º de Mayo cuando militantes obreros escribieron: “¡Un día de rebelión, no de descanso! Un día en que con tremenda fuerza la unidad del ejército de los trabajadores se moviliza contra los que hoy dominan el destino de los pueblos de toda nación. Un día de protesta contra la opresión y la tiranía, contra la ignorancia y la guerra de todo tipo”[1]. Varían las circunstancias, puede estar el movimiento obrero a la ofensiva o a la defensiva, pero siempre, siempre, el 1º de Mayo es la ocasión para se escuche su voz por todo el mundo reclamando mejores condiciones de vida y de trabajo, un mundo sin opresión ni explotación y un futuro de solidaridad y fraternidad incompatible con el capitalismo.
Este año la movilización en la calle ha sido mayor y más visible, con una gran confluencia sindical respecto a los problemas más urgentes: las guerras, los salarios, la precariedad, la vivienda y el avance de las extremas derechas. Aunque sean diversas las formas de afrontarlas se nota la presión para buscar respuestas unitarias, especialmente en la movilización.
En un momento en el que todo está cambiando muy deprisa, en el que se imponen las guerras y genocidios como el de Palestina, en el que la escandalosa desigualdad encumbra a unos pocos super ricos y arrastra a la pobreza a millones de personas, en el que se imponen las políticas de las derechas y las extremas derechas, había que escuchar la voz del movimiento obrero, del sindicalismo de clase, de la militancia política ligada a la clase trabajadora.
A pesar de las dificultades políticas, la respuesta ha sido clara: denuncia clara del rearme y de las guerras, no solo las de Gaza, Líbano e Irán sino también la de Ucrania, reivindicación de mejores salarios y jornada de trabajo, rechazo de las políticas de las derechas y defensa de la unidad de la clase trabajadora, sea cual sea su origen.
Porque el diagnóstico sobre la lucha de clases entre quienes controlan los grandes medios de producción y quienes solo tienen su fuerza de trabajo, sea manual o intelectual, no ofrece dudas. Las grandes empresas siguen acumulando beneficios escandalosos mientras se pierden salarios y derechos. A la sombra de las políticas imperialistas de Trump y de las inversiones en IA, las grandes empresas tecnológicas han cerrado el primer trimestre del año con beneficios escandalosos: Alphabet (Google) un 81%, Amazon, un 77%, Microsoft, un 31% y Apple un 19%. Las grandes empresas españolas tampoco se quedan cortas. En el primer trimestre de 2026 Repsol ha aumentado sus beneficios en un 154% (está claro a quién beneficia la agresión imperialista a Venezuela y la guerra de Irán) Indra los ha aumentado en un 28,4% (la inversión en la industria militar tiene un directo beneficiario) Y, como siempre, la banca sigue ganando. Santander ha aumentado sus beneficios en un 60%, el BBVA un 11% y Caixabank un 7%.
Aunque en el 2025 los salarios crecieron un 3,6% por un 2,9% el IPC y el SMI (Salario Mínimo Interprofesional) aumentó en un 4,4%, ese diferencial está ya siendo absorbido por la inflación derivada de la guerra de Irán. Un estudio publicado en El País señala que en los últimos 30 años el salario medio ha subido solo un 5%, frente al 31% de media en la OCDE. Y esto sucede cuando el PIB per cápita ha subido un 46% en el mismo periodo. El país es mucho más rico, pero eso apenas se ha trasladado a los salarios. Mientras el 10% más rico acumula más del 50% del patrimonio neto nacional, el 50% más pobre apenas posee el 6,7% de la riqueza.
La siniestralidad laboral persiste. Aunque se haya reducido, se siguen ocultando las miles de enfermedades profesionales, desde las pérdidas auditivas, las múltiples lesiones musculoesqueléticas o miles de cánceres por exposición a sustancias cancerígenas. Según la Comisión Europea el cáncer es la principal causa de muerte laboral (52% de las muertes) En torno a 47 millones de trabajadores europeos están trabajando expuestos a sustancias cancerígenas.
La jornada de trabajo oficial sigue siendo de 40 horas desde 1983. Aunque muchos convenios colectivos han logrado reducirla, no ha sido posible legislar la obligatoriedad de las 35 horas, ni las 37,5. Y eso sin hablar de los millones de horas extras que se trabajan sin cobrar y sin cotizar. O las prolongaciones abusivas por la precariedad laboral.
Más sindicalismo
La acumulación de todos esos factores hace más necesaria que nunca la rebeldía y la movilización. Nunca la clase trabajadora del Estado español había sido tan numerosa: 22,4 millones de personas ocupadas. Aunque la afiliación sindical es más baja que otros países europeos está estabilizada en torno al 13%-14%. Alrededor de 3 millones de trabajadoras y trabajadores están sindicados, siendo CCOO y UGT los de mayor afiliación, y entre ambos reúnen el 67% del total de delegadas y delegados a nivel de todo el Estado.
Sin embargo, la política de diálogo social defendida por los dos grandes sindicatos da pocos resultados si lo comparamos con los diferentes datos aquí señalados. Es una política supeditada a las decisiones del gobierno, ya que con la patronal hay poco que pactar. Más sindicalismo, más movilización, exige una posición independiente de los sindicatos para enfrentarse a la patronal y las políticas del gobierno que no respondan a las necesidades de la clase trabajadora.
Por eso surgen y tienen apoyo otras iniciativas sindicales que ponen por delante la participación, la movilización y la democracia en las decisiones. Así ha ocurrido con la huelga de enseñantes de Catalunya. Una movilización unitaria y masiva que fue dividida por un acuerdo de UGT y CCOO con la Generalitat, firmado a espaldas de la movilización y a la mayoría de la representación. Iniciativas de plataformas unitarias como la que sostiene la huelga de las guarderías en la Comunidad de Madrid y que ha logrado que en todo el Estado se prepare una huelga del sector para el 7 de mayo, o la huelga indefinida anunciada por la enseñanza valenciana. Se necesita más sindicalismo, pero sobre todo un sindicalismo de lucha, unitario y abierto a todas las expresiones de movilización, como por ejemplo los sindicatos de inquilinas e inquilinos que han proliferado por todo el país en respuesta a la grave crisis de la vivienda.
La juventud
Se está produciendo una renovación en la clase trabajadora. La normal por el cambio generacional y la que representa la incorporación de miles de trabajadores jóvenes inmigrantes. En la lucha contra las ideas xenófobas de las derechas es una tarea importante la de integrar a los trabajadores inmigrantes en las filas de la clase trabajadora, como es importante combatir desde el sindicalismo de clase los intentos de enfrentar a trabajadores autóctonos con inmigrantes.
En esa renovación de la clase trabajadora sigue siendo urgente la incorporación de la juventud al sindicalismo. Hay una progresiva incorporación de jóvenes, particularmente mujeres, como delegados sindicales. Un estudio de 2023 de la USO (Unión Sindical Obrera) entre jóvenes de 16 y 30 años señala la precariedad y los bajos salarios como los principales problemas. El estudio subraya que el 49,90% tiene una “buena o muy buena” percepción del sindicato y el nivel de afiliación de quienes han trabajado es del 15,74%.
Y eso se ha notado en este 1º de Mayo. En la mayoría de los cortejos la presencia de la juventud ha sido muy notable, en particular los convocados por los sindicatos minoritarios. Merece mención especial los cortejos juveniles organizados por el Movimiento Socialista, que han reunidos unos miles de manifestantes en diversas ciudades y que han querido unirse a la lucha del movimiento obrero, con sus propias formas y consignas, defendiendo una alternativa al capitalismo.
Porque el sindicalismo es la defensa de la clase trabajadora frente a la explotación del patrón, pero debería ser también un aprendizaje, un ejercicio práctico para cuando llegue el momento de gestionar las empresas y dirigir la sociedad.
[1] José Babiano. 2006. 1 de Mayo. Historia y significado. Albacete: Altabán.
Sindicalista. Es miembro del comité de redacción de Sin Permiso.Fuente:
http://www.sinpermiso.info, 2 de mayo 2026
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