El gran compositor cubano Gilberto Valdés
“Especie de Gershwin criollo, que nos ha dado una Rapsodia de pregones y varios poemas sinfónicos afrocubanos para orquesta. Sin embargo, a pesar de sus ambiciones expresivas, Gilberto Valdés nos resulta más interesante en su rumba abierta, para orquesta, llena de desparpajo y gracia, en sus páginas breves para canto y orquesta –Oguere– o para voz y piano –Baró–, en la que se nos muestra tan amablemente espontáneo, criollo, fantasioso, en virtud de una cierta familiaridad con los materiales tratados que se basta a sí mismo, sin exigir mayores búsquedas”. —Alejo Carpenter


Un 12 de mayo hace 54 años falleció en Nueva York el gran compositor cubano Gilberto Valdés al que tuve el privilegio de conocer cuando el Gobierno Municipal Revolucionario de La Habana me encargó reunirme con él para preparar un homenaje a su música, la de José Antonio Méndez y la de César Portillo de la Luz en los conciertos del maestro Gonzalo Roig y la Banda Municipal de La Habana que yo presentaba en el Anfiteatro Nacional en la Avenida del Puerto frente al Morro. Sobre Gilberto, autor de Oguere y otras composiciones, Alejo Carpenter escribió en su historia de la música cubana: “Especie de Gershwin criollo, que nos ha dado una Rapsodia de pregones y varios poemas sinfónicos afrocubanos para orquesta. Sin embargo, a pesar de sus ambiciones expresivas, Gilberto Valdés nos resulta más interesante en su rumba abierta, para orquesta, llena de desparpajo y gracia, en sus páginas breves para canto y orquesta –Oguere– o para voz y piano –Baró–, en la que se nos muestra tan amablemente espontáneo, criollo, fantasioso, en virtud de una cierta familiaridad con los materiales tratados que se basta a sí mismo, sin exigir mayores búsquedas”.
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