La pieza que faltaba en el puzzle de la Vía Láctea se llama ‘Loki’ y fue víctima de un brutal acto de canibalismo
Según los investigadores, los restos de esta galaxia conservan la huella del Big Bang. De hecho, se estima que la integración es extremadamente antigua.



Colaborador de National Geographic España
A tenor de lo que sabemos del universo, podemos decir sin miedo a equivocarnos que la Vía Láctea tiene un tamaño más que respetable. Es cierto que Alcioneo, con sus 16,3 millones de años luz de diámetro, es 80 veces mayor que nuestro vecindario cósmico, pero aun así sus 105.700 años luz lo sitúan muy por encima de la media. Un tamaño colosal que es el resultado de 13.000 millones de años de vida absorbiendo a otras galaxias más pequeñas que se cruzaban en su camino y que creíamos olvidadas. Hasta ahora. Y es que un grupo de astrónomos de la Universidad de Hertfordshire ha identificado los restos de una antigua estructura estelar devorada por nuestra galaxia.
Las conclusiones del estudio, que fue liderado por Federico Sestito, se pueden consultar en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. El astrónomo y su equipo decidieron bautizar a esta desaparecida galaxia como Loki, en honor a la emblemática figura mitológica nórdica. Según indica, se trataría de una pieza fundamental en el complejo rompecabezas cósmico de nuestro vecindario estelar.
Un hallazgo sorprendente en el disco estelar
Para localizar a Loki, el equipo científico analizó los espectros de luz de 20 estrellas situadas en nuestro vecindario solar, a unos 6.500 años luz de distancia. El estudio de su composición química permitió determinar que estos astros poseen una baja concentración de elementos pesados, un rasgo típico de las galaxias enanas.
Estas estrellas, consideradas muy pobres en metales, conservan la huella química de los primeros instantes del universo tras el Big Bang. Según explica el astrónomo responsable del estudio, la presencia de estos objetos en el disco de la Vía Láctea sugiere una integración extremadamente antigua en la estructura principal.
“La cinemática de las estrellas más antiguas y pobres en metales es buena muestra del ensamblaje de nuestra galaxia. Es posible que hayamos encontrado uno de los bloques de construcción, al que llamamos Loki, que contribuyó a formar nuestra Vía Láctea”, afirmó Federico Sestito sobre el descubrimiento realizado.
El comportamiento de estos cuerpos celestes es inusual, ya que nueve de ellos presentan un movimiento retrógrado, girando en dirección opuesta al resto de la galaxia. Los otros 11 astros mantienen órbitas muy elípticas, lo que refuerza la teoría de que proceden de un entorno externo que fue absorbido violentamente.
Masa y origen de Loki
Los datos sugieren que Loki era una galaxia con una masa equivalente a 1.400 millones de veces la del Sol antes de ser desmembrada. Las simulaciones indican que este evento de canibalismo ocurrió hace aproximadamente 10.000 u 11.000 millones de años, integrando sus restos en el corazón de nuestro sistema.
Si el escenario único no es el caso, la alternativa más simple sería tener dos sitios de formación. Estos dos sistemas habrían tenido una evolución química muy similar, si no idéntica”, detalló el investigador sobre las posibles variantes de este hallazgo astronómico, que promete marcar un antes y un después en la comprensión de la historia de la Vía Láctea.
Más Sobre…
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.































