Xi plantea una ‘estabilidad estratégica constructiva’ para evitar una colisión con EE. UU.

Xi Jinping se ha pasado el último año haciendo frente al presidente Donald Trump. Ahora, tras dejar clara su posición y establecer a China como par de Estados Unidos, se está enfocando en redefinir su relación.

El presidente de China, Xi Jinping, recibió al presidente Trump en Pekín el jueves.Credit…Kenny Holston/The New York Times

David Pierson
Lily Kuo

Por David Pierson y Lily Kuo

David Pierson reportó desde Hong Kong y Lily Kuo desde Taipéi

16 de mayo de 2026

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Xi Jinping, el líder de China, se ha pasado el último año haciendo frente al presidente Donald Trump. Respondió a los aranceles de tres dígitos con aranceles de tres dígitos y restringió las exportaciones de tierras raras, obligando al gobierno de Trump a dar marcha atrás. Ambas partes salieron perjudicadas, al igual que la economía mundial.

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Sin embargo, tras haber dejado clara su posición y haber establecido a China como par de Estados Unidos, Xi ahora está pasando de la represalia a la conciliación. En una cumbre celebrada esta semana en Pekín, que calificó de histórica, Xi ofreció a Washington una elección: aceptar a China como una potencia igual, con líneas rojas que no deben cruzarse, o continuar en un ciclo de conflicto que podría caer en una “trampa de Tucídides” global de colisión entre superpotencias.

Xi le dio a este plan un nombre nuevo, aunque algo forzado: “estabilidad estratégica constructiva”.

Repitió este término durante toda la cumbre, una visita diseñada para mostrarle a Trump cómo podría ser una amistad entre ambos países, con toda la pompa en las cavernosas salas del Gran Salón del Pueblo, una visita privada al Templo del Cielo y conversaciones en el interior de Zhongnanhai, el complejo amurallado y hermético de la dirigencia china.

En cierto modo, el gobierno de Trump ya estaba siguiendo las reglas de China en esta visita. El presidente estadounidense en general se mostró muy respetuoso con Xi. Trump lo colmó de elogios y se abstuvo de replicar cuando el dirigente chino advirtió a Estados Unidos que actuara con cautela en el tema de Taiwán, la isla autogobernada que reclama Pekín.

Las nuevas reglas del juego

Xi habló en términos elevados y abstractos sobre lo que implicaba exactamente la estabilidad estratégica constructiva. Habló de “cooperación” como un “pilar”; “competencia dentro de los límites adecuados”; “diferencias manejables” y “paz esperable”.

Xin Qiang, experto en Estados Unidos y China de la Universidad Fudan de Shanghái, dijo que esto se reduce a reconocer que la competencia forma parte de la relación.

A pesar de eso, los dos países pueden albergar la esperanza de que hay más razones para cooperar que para enfrentarse. La cumbre puso de relieve algunas de las formas en que podrían colaborar, como la lucha contra el flujo de fentanilo a Estados Unidos, el establecimiento de normas básicas para la inteligencia artificial y la resolución del conflicto del estrecho de Ormuz.

¿Está Washington de acuerdo?

El resumen oficial chino de la reunión decía que Trump estaba de acuerdo con la nueva definición de Xi de la relación. Aunque la Casa Blanca no lo mencionó en su propio resumen, el secretario de Estado Marco Rubio sugirió en una entrevista con la NBC el viernes que el gobierno de Trump había respaldado el concepto.

“Una de las cosas en las que hacen hincapié los chinos, y en la que estamos de acuerdo, es en la estabilidad estratégica de nuestra relación, una relación constructiva, pero también una relación que establezca una estabilidad estratégica para que no haya malentendidos que puedan llevar a un conflicto más amplio”, dijo Rubio.

En una gran sala de banquetes, Donald Trump y Xi Jinping se acercan a una mesa de comedor, con mucha gente a su alrededor.
La visita tenía por objeto mostrar a Trump cómo podría ser la amistad entre ambos países.Credit…Kenny Holston/The New York Times

Hace apenas unos años, Pekín se oponía con vehemencia a una política del gobierno de Biden denominada “competencia gestionada”, que tiene similitudes con lo que Xi propone ahora. Esta implicaba aceptar que ambas partes eran rivales, pero también imponer barreras para evitar que la relación derivara hacia un conflicto. Pekín rechazó ese marco por considerarlo un intento de contener a China.

La razón por la que Xi se siente hoy cómodo con la idea podría tener mucho que ver con la creciente paridad de poder entre China y Estados Unidos. Pekín siente que ya no puede ser presionado por Washington luego de haber empatado con el gobierno de Trump en la guerra comercial del año pasado, al amenazar con restringir el suministro global de minerales críticos necesarios para fabricar tecnologías modernas.

Por qué Xi está dispuesto a dialogar

Al mismo tiempo, una confrontación con Estados Unidos no beneficia a China. Su economía lleva años estancada debido a una crisis inmobiliaria, y no puede permitirse ninguna disrupción del comercio mundial, su principal motor de crecimiento.

Xi está dando a entender que quiere consolidar el empate actual para que el gobierno de Trump no interfiera en su gran visión del futuro de China: un país rebosante de poderío tecnológico e industrial preparado para superar a un Estados Unidos en declive como primera potencia mundial.

“Para China, esta frase tiene que ver con ganar tiempo y jugar para sacar ventaja mientras Pekín intenta esperar que termine el gobierno de Trump”, señaló Evan Medeiros, profesor de Georgetown que fue asesor para Asia en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Barack Obama.

“China quiere gestionar lo que percibe como un declive gradual de Estados Unidos con la esperanza tanto de acelerarlo como de hacerlo lo menos disruptivo posible”, añadió.

China apuesta por el largo plazo

Estados Unidos no es ajeno a los intentos de China de enmarcar la relación entre ambos países en su propio beneficio.

En 2013, Xi intentó convencer a Obama de adoptar lo que denominó “un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias”, que pedía a Estados Unidos respetar lo que China considera sus intereses fundamentales, como sus pretensiones sobre Taiwán y el mar de China Meridional.

Al final el gobierno de Obama se negó a respaldar el concepto, reconociendo que exigía ceder poder en Asia y dejar vulnerables a aliados y socios.

Xi Jinping y Barack Obama de pie, en atriles.
El presidente Xi Jinping de China con el presidente Barack Obama en 2015.Credit…Doug Mills/The New York Times

“Se trata de una maniobra clásica de China, que intenta que Estados Unidos acepte un marco como forma de enlazar a Washington y establecer los términos de la relación bilateral de cara al futuro”, dijo Medeiros sobre el más reciente intento de Xi.

“Estas frases son arenas movedizas geopolíticas”, añadió. “Una vez que entras, no puedes salir, y cuanto más lo intentas, más te arrastra China”.

Cómo utilizará China este replanteamiento

Se trata de un replanteamiento de la relación, pero en los términos de Pekín, afirmó Shen Dingli, estudioso de las relaciones internacionales en Shanghái.

China, por ejemplo, podría alegar más adelante que el gobierno de Trump había violado los principios de la estabilidad estratégica constructiva al seguir vendiendo más armas a Taiwán.

“Lo que China quiere es que la relación entre China y Estados Unidos sea buena y estable, pero con la condición de que China diga: ‘Yo soy quien proporciona el camino y yo soy quien señala la dirección’”, dijo Shen.

Otros analistas chinos afirman que es necesario un nuevo marco para reducir la influencia de los sectores de línea dura hacia China en el Congreso, que amenazan con socavar el acercamiento. También existe el temor de que Trump pueda cambiar su postura sobre China después de las elecciones intermedias de 2026.

“La preocupación siempre está ahí. Es algo por lo que es muy conocido”, afirmó Xin, de la Universidad de Fudan.

Berry Wang y Pei-Lin Wu colaboraron con reportería.

David Pierson cubre la política exterior china y la participación económica y cultural de China en el mundo. Lleva más de dos décadas trabajando como periodista.

Lily Kuo es corresponsal del Times dedicada a China, y reporta desde Taipéi.

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Por El Comité Editorial

El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se basan en su experiencia, investigación, debates y valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción.

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Las cumbres entre Estados Unidos y China pueden cambiar el mundo. El viaje del presidente Richard Nixon a Pekín en 1972 le dio a Estados Unidos una ventaja sobre la Unión Soviética en la Guerra Fría. La gira del presidente Jiang Zemin por Estados Unidos en 1997 facilitó la entrada de China en la economía mundial y aceleró su ascenso nacional. La cumbre que comienza el jueves en Pekín entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping tiene lugar en otra coyuntura importante de la relación entre ambos países.

Cuando Trump ganó la presidencia por primera vez hace una década, tachó acertadamente a China de amenaza para los intereses estadounidenses y criticó a los anteriores presidentes de Estados Unidos por su ingenuidad. Sin embargo, en sus dos mandatos, Trump ha debilitado a Estados Unidos frente a China. El daño ha sido especialmente grave durante su segundo mandato.

Sus aranceles fallidos han sido el ejemplo central, pues han desencadenado acontecimientos que han sido una lección de humildad. Los aranceles resultaron ineficaces para intimidar a China incluso antes de que la Corte Suprema declarara ilegales algunos de ellos. En respuesta, China restringió el acceso de Estados Unidos a valiosos metales de tierras raras y se percató de cuánta influencia tiene. Para recuperar el acceso a los minerales, Trump accedió a permitir que China comprara semiconductores estadounidenses avanzados que impulsan la inteligencia artificial.

Trump también ha diluido instrumentos del poder estadounidense que durante mucho tiempo han sido cruciales para contener a los adversarios extranjeros. Ha distanciado a socios que pueden ayudar a contrarrestar a China, como Japón, Australia, India, la Unión Europea y Canadá. Ha recortado la financiación de la investigación científica, lo que ha disminuido la destreza estadounidense en inteligencia artificial, energía verde y otros ámbitos.

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Trump llega a Pekín sin el aura de fuerza que tanto aprecia. Su guerra en Irán ha perjudicado a la economía estadounidense, y al parecer planea presionar a Xi para que compre más productos estadounidenses, en agricultura y otros sectores. A cambio, Xi quiere debilitar el apoyo estadounidense a Taiwán y obtener un acceso aún mayor a los semiconductores estadounidenses. Cualquiera de estos intercambios sería un mal negocio para Estados Unidos.

Trump y sus ayudantes deberían reconocer que Xi tiene sus propios problemas, empezando por unos vecinos asiáticos recelosos, un declive inmobiliario, un mercado laboral decepcionante y un colapso demográfico. El resultado más seguro de la cumbre serían acuerdos estrechos sobre intereses compartidos, como límites a la inteligencia artificial para evitar el desarrollo de armas biológicas. Los dos países también deberían intentar estabilizar su relación y garantizar la continuidad de las comunicaciones militares bilaterales. Un acuerdo limitado en esta línea ganaría tiempo para que Estados Unidos deshiciera parte del daño de Trump y comenzara a reconstruirse para la larga competencia que se avecina.

La política hacia China es un área poco común en la que Trump cambió el consenso tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata. En su campaña de 2016, argumentó que China había explotado a Estados Unidos y que los líderes estadounidenses debían ser más duros. Tras asumir el cargo, impuso aranceles específicos a semiconductores, acero, electrónica, maquinaria industrial y otros productos. El gobierno de Joe Biden mantuvo o amplió en gran medida esos aranceles y reforzó las alianzas en Asia para frenar la agresión china. Durante un tiempo, Trump pareció haber iniciado una era bipartidista de realpolitik hacia un país que busca disminuir el poder estadounidense.

Sin embargo, como suele ocurrir, Trump mostró poca disciplina estratégica y les dio prioridad a sus intereses personales y políticos por encima de los de la nación. Antes de que terminara su primer mandato, había empezado a abandonar su aparente preocupación por China. En su segundo mandato, se ha vuelto aún más complaciente.

La Estrategia de Seguridad Nacional de su gobierno ya no utiliza la expresión “competencia entre grandes potencias” para describir la relación con China, como señaló Ryan Hass, de la Brookings Institution. En su lugar, Trump parece tentado a permitir que China domine Asia, mientras Estados Unidos se enfoca en América Latina y Medio Oriente. “Fue como si el presidente decidiera que Estados Unidos ahora se conforma con correr a un lado de China en lugar de frenarla o correr más rápido”, escribió Evan Medeiros para el Chicago Council of Global Affairs.

Los aranceles del segundo mandato fueron un ejemplo de sus fracasos. Se aplicaron a prácticamente todo el mundo, incluidos los aliados estadounidenses, y Trump los impuso de manera desordenada e ilegal. “Estados Unidos está perdiendo terreno en Asia”, concluyó recientemente el Lowy Institute, un centro de investigación australiano. En los últimos meses, la guerra en Irán ha continuado la tendencia. Algunos países escépticos respecto a China, como Vietnam y Filipinas, han recurrido, pese a todo, a Pekín en busca de ayuda para acceder a energía. Y la incapacidad de Estados Unidos para derrotar al ejército iraní, mucho más pequeño que el suyo, ha suscitado dudas sobre si podría ayudar a defender a Taiwán de una invasión china.

El mayor riesgo de la cumbre de esta semana es que Trump cambie las ganancias estadounidenses a corto plazo, como la exportación de más soya y otros productos agrícolas, por ventajas chinas a largo plazo. Xi, como parte de su esfuerzo por reunificar Taiwán con China continental, puede pedirle a Estados Unidos que se oponga explícitamente a la independencia taiwanesa o que retrase la venta de armas a la isla. Cualquiera de las dos medidas sería un error. Trump ya ha mostrado una preocupante falta de interés por el futuro de Taiwán como aliado democrático y socio económico.

Los semiconductores son otro motivo de preocupación. Taiwán fabrica muchos de los semiconductores que utilizan las empresas estadounidenses. China, por su parte, sigue significativamente por detrás de Estados Unidos en la carrera por desarrollar la IA más avanzada. El gobierno de Biden merece cierto crédito por la brecha, ya que se negó a permitir que las empresas estadounidenses vendieran la línea más avanzada de semiconductores a China. Trump ha mostrado una postura más débil en este asunto.

Xi tiene muchas ganas de que se eliminen las restricciones y Trump ha empezado a suavizarlas. China tiene ahora permiso para comprar los chips de gama alta H200 de Nvidia, pero sigue teniendo bloqueada la compra de los chips de gama alta de la compañía, conocidos como Blackwell. Si Trump alguna vez levanta esa restricción, le estará dando a Xi una enorme victoria.

La competencia entre Estados Unidos y China le importa al mundo entero. China quiere dominar Asia y ampliar su influencia mundial. Quiere desacreditar la democracia y restar importancia a los derechos humanos y la igualdad política. Quiere un mundo en el que se acepte la opresión étnica y religiosa. China es el aliado más importante de varias dictaduras brutales, como Rusia, Corea del Norte e Irán. Cualquiera que crea en el pluralismo, la libertad y otros valores liberales debería estar en contra de un mundo en el que Xi y el Partido Comunista Chino tengan más influencia.

La mejor esperanza para que Estados Unidos gane esta competición es rechazar el enfoque caótico e interesado de Trump para gobernar y hacer diplomacia. A largo plazo, Estados Unidos debería emplear una versión de la estrategia que prevaleció durante las largas luchas del siglo XX contra el fascismo y el comunismo. Eso implica alianzas para reconstruir los sistemas internacionales de comercio y seguridad para el mundo actual. Hacerlo llevará tiempo. En Pekín esta semana, Trump no debería dificultar la tarea concediendo a China más victorias.

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Fotografía original de William Sherman/Getty Images.

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