Óyeme, Trump, ¡¡Aquí no se rinde nadie!!
Cuba lleva preparando a su pueblo contra una invasión estadounidense desde el triunfo de la revolución. Se han cumplido 65 años de la derrota de EE.UU. en Bahía Cochinos.


El 10 de marzo de 1952, el general Fulgencio Batista protagonizó, apoyado en el ejército, un golpe de Estado en Cuba, derogó la Constitución de 1940 y se autoproclamó jefe de Estado, impidiendo que la mayoría electoral diera el poder del gobierno al Partido Ortodoxo, el partido en el que militaba Fidel Castro y tenía una proyección democrática progresista y antiimperialista.
El golpe, apoyado varios días después por el gobierno de EE.UU., que reconoció el gobierno de Batista, contó también con el apoyo de las empresas estadounidenses. Estas controlaban el 100% del sector petrolero, el 90% de las minas y la ganadería, el 80% de servicios públicos, como la electricidad y la telefonía, el 40% de la producción de azúcar, el 25% de los depósitos bancarios y la gran mayoría de hoteles, casinos y burdeles, de Cuba.
Al mes siguiente del golpe de Estado, la revista Time, con la foto en portada de Batista, adornada con la bandera cubana, titulaba “Batista lleva la democracia a Cuba”.
El 28 de enero de 1953 se celebraba el centenario del nacimiento de José Martí, considerado el apóstol de la independencia cubana. Fidel y sus compañeros se autoproclamaron la generación del centenario y se lanzaron a la lucha armada contra la dictadura, cuyo acto inaugural fue el asalto al Cuartel Moncada. Este acabaría en derrota y con los jóvenes guerrilleros muertos o presos, pero encendió la llama de la revolución en Cuba que concluyó, con el triunfo de ésta y la huida de Batista en la madrugada del 1 de enero de 1959.
El año 2026, es también el año del centenario del nacimiento de Fidel. La gesta revolucionaria de la generación de Martí, ante la amenaza de Trump de invadir a Cuba y acabar con el proyecto socialista, está presta a repetirse, con la nueva generación revolucionaria cubana, que se considera Martiana y Fidelista.
El presidente republicano de EE.UU., que comparte con el Partido Demócrata la defensa de los intereses de las grandes corporaciones económicas estadounidenses, identificados ambos con los intereses de “la nación norteamericana”, no tiene pelos en la lengua para reconocer que esos intereses determinan su acción económica, política y militar, que persigue el saqueo y el robo de las riquezas de otros pueblos, bien por las buenas o por las malas.
Ejemplo de dignidad, rebeldía
¿Qué le pueden robar a Cuba, un país empobrecido por el hostigamiento y el bloqueo económico desde el primer momento del triunfo de la revolución de los pobres en Cuba? Le quieren robar la dignidad y la rebeldía.
La Cuba revolucionaria ha sido el faro de la contestación al gigante imperial y el espejo en el que se han mirado los pueblos y los movimientos revolucionarios de todo el mundo. Nunca se doblegó ante las enormes presiones del gigante imperialista, las soportó dignamente sin rendirse y denunció sin descanso los crímenes que cometía el imperio agrediendo a numerosos países y gobierno que querían ser libres de las imposiciones económicas y políticas de EE.UU.
Y a pesar del bloqueo, el mundo pudo ver cómo el proyecto revolucionario cubano elevaba las condiciones de vida de su pueblo erradicando el analfabetismo, formando técnica e intelectualmente a toda la población, llevando la sanidad, la educación y los servicios públicos a niveles iguales o superiores al de los países considerados ricos y avanzados. Criticado como una dictadura, el sistema político cubano ha demostrado que su democracia era muy superior a las publicitadas por los regímenes ricos occidentales porque, además de que el pueblo votaba y elegía directamente a sus representantes, tenía garantizada su participación en todas las decisiones importantes del gobierno a través de sus organizaciones sociales, sus barrios y sus empresas, ejerciendo una democracia participativa ausente en las llamadas democracias occidentales.
Fruto del descaro de Trump, el mundo se ha enterado de que el bloqueo contra Cuba, negado sistemáticamente por la clase dirigente de EE.UU., era real. No solo que era real sino que, además, le iba a dar una vuelta definitiva de tuerca decretando el 29 de enero de este año el embargo total de petróleo a la isla.
Tal medida causó una gran preocupación en los pueblos de todo el mundo, temiendo una barbaridad contra Cuba como la del ataque a Venezuela o el posterior ataque a Irán. Pero inmediatamente también se generó una ola extraordinaria de solidaridad mundial concretada en el rechazo al bloqueo, el rechazo a la agresión y el envío masivo de ayuda material a la Cuba asediada. Dentro de Cuba, incluso los sectores más críticos con el gobierno se han revuelto contra la amenaza imperial de privar de todo a la isla y de agredirla militarmente. La mayoría del pueblo cubano ha expresado su determinación a combatir la falta de productos básicos para la existencia organizando la solidaridad colectiva y supliendo con el ingenio, la voluntad y la innovación todas sus carencias.
La derrota estratégica de EE.UU. en Irán puede suponer la cancelación de nuevos proyectos de guerra o, por el contrario, buscar en Cuba un chivo expiatorio que pague la cuenta de la guerra en Oriente Medio
Y aunque la amenaza de Trump de atacar a Cuba, pueda ser una bravata, hay que tomársela en serio. La derrota estratégica que está sufriendo EE.UU. en Irán junto al régimen sionista de Israel, puede suponer la cancelación de nuevos proyectos de guerra, o por el contrario buscar un chivo expiatorio que pague la cuenta de la guerra en Oriente Medio, suponiendo que Cuba es una presa fácil.
Frente a esa amenaza, pero también frente a todas las amenazas de un imperio decadente y desquiciado, hay que elevar las voces contra la guerra y exigir que sean las vías diplomáticas y las negociaciones las que resuelvan las diferencias entre países. Elevar una potente voz mundial del NO A LA GUERRA y también articular, como está haciendo el gobierno cubano, vías de negociación y de exploración de cómo avanzar en acuerdos que puedan desactivar la amenaza de invasión.
La guerra de todo el pueblo
Pero si la agresión se materializa, EE.UU. no saldrá vencedora, puede infligir mucho dolor, destrucción y muerte a Cuba, como ha hecho en otros países del mundo, pero saldrá derrotado de Cuba, como lo ha sido también en otros países del mundo. Cuba tiene con qué defenderse.
El pueblo cubano, tiene un arma poderosísima que no tiene el ejército de EE.UU., y es la convicción profunda de defender a su patria: Patria o Muerte, una concepción de guerra revolucionaria de todo el pueblo
El pueblo cubano, tiene un arma poderosísima que no tiene el ejército de EE.UU., y es la convicción profunda de defender a su patria. Patria o Muerte, dejará de ser una frase que cada cubano y cubana ha grabado a fuego en su corazón para convertirse en la arma más mortífera en una concepción de guerra revolucionaria, que es la guerra de todo el pueblo. Si Cuba tiene 10 millones de habitantes, tendrá un ejército de 10 millones de combatientes.
Y no serán combatientes novatos. Cuba lleva preparando a su pueblo contra una invasión estadounidense desde el triunfo de la revolución. En este mes de abril de 2026, se han cumplido 65 años de la derrota de EE.UU., en su intento de invadir la isla en febrero de 1961, derrota conocida como Playa Girón o Bahía Cochinos. Aquella victoria revolucionaria, acentuó la idea de que Cuba tenía que estar siempre preparada ante un posible ataque del vecino del norte. Y parte de esa preparación es el entrenamiento y organización de todo el pueblo cubano ante una emergencia de ese tipo.
La doctrina militar de “la guerra de todo el pueblo”, implica la participación de milicias civiles y una estrategia de resistencia prolongada. Pero eso no quiere decir que no se tenga armamento que pueda hacer daño al ejército invasor. Es posible que misiles, tanques, aviones, del ejército cubano, considerados como armamento obsoleto, puedan dar una gran sorpresa porque además, como se está viendo en la guerra en Ucrania, el armamento soviético del que dispone Cuba sigue siendo muy efectivo, ha sido modificado y mejorado dentro de las capacidades técnicas cubanas y la ayuda de otros países.
Tiene también, EE.UU., un punto débil en Cuba, que es, como se acaba de demostrar en Oriente Medio, la base militar de Guantánamo. Frente a un ataque de EE.UU., las tropas cubanas podrían liquidar la base, con miles de soldados estadounidenses, en muy poco tiempo. Eso lo sabe el gobierno de EE.UU. y también el gobierno de Cuba.
Pero Cuba tiene aún todavía un arma muy poderosa, podríamos decir que una enorme quinta columna, incrustada por todo el territorio de EE.UU. En caso de agresión a Cuba, millones de negros, latinos y también blancos antifascistas, además de redoblar sus protestas contra el gobierno de Trump por sus guerras de agresión, harían todo lo posible por boicotear y atacar desde dentro los esfuerzos militares contra Cuba.
En Cuba, que lo sepa todo el mundo “aquí no se rinde nadie”.
(*) Responsable del PCE para Oriente Próximo
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Bloqueo contra Cuba Cuba Cuba no está sola Mundo Obrero 397 mayo 2026
Corresponde a EE.UU. ser claro en el caso de Cuba
Cuba, desde el 1 de enero de 1959 ha sido coherente con su disposición y voluntad de negociar seriamente sobre los principios inamovibles de hacerlo en pie de igualdad, con respeto a la independencia, soberanía, y la no injerencia extranjera.
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16/05/2026
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Fuente: Cuba Minrex
El gobierno de Estados Unido solicitó al de Cuba que fuera recibida una delegación oficial para tratar asuntos bilaterales en un contexto muy complicado, y no es de poca importancia que la misión la encabezara el jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, uno de los funcionarios que, en teoría, debería de certificar con pruebas contundentes y evidencias claras y bien argumentadas, que la isla es un peligro inusual y extraordinario para la seguridad nacional del vecino del norte.
Esa percepción de Washington no se quedó en pura retórica, sino que fue acompañada por una orden ejecutiva del presidente Donald Trump del más alto impacto dañino, al declarar una “emergencia nacional” para los 50 estados de la Unión “en grave peligro” porque, según la Casa Blanca, el régimen de Cuba representa una «amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad y para la política exterior de EEUU”.
A partir de ese mensaje, las secretarías y departamentos correspondientes del gobierno republicano, empezaron a elaborar acciones anticubanas para fortalecer el bloqueo económico, comercial y financiero que lleva 65 años consecutivos golpeando al pueblo, hasta la asfixia, con un cerco petrolero y otras medidas muy agresivas, además de amenazas de una invasión militar, que han provocado un daño superlativo al cubano de a pie, pero no han movido a los cubanos de sus posiciones de principio.
Se sabe que han usado grandes sumas para financiar a grupos internos con la orden de soliviantar a la ciudadanía para hacer cacerolazos y cualquier otra manifestación contra el gobierno, que sus medios amplifican para publicitar una inexistente oposición organizada contra la revolución que marchas como las del 1 de Mayo la desmienten y, por el contrario, fortalecen el espíritu de resistencia del pueblo.
Paralelamente, el presidente Trump desplegó todo el poder estadounidense para bloquear los envíos de petróleo extranjero a la isla con el objetivo de debilitar más aun su frágil economía, mientras incrementó los vuelos de reconocimiento militar y de inteligencia alrededor de la isla, como parte de lo que anticipan como un “refuerzo militar a mayor escala”, en un calco de lo que hicieron en Venezuela para secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro.
Hoy lo someten a un proceso judicial ilegal y arbitrario en EEUU, bajo leyes de ese país y sin pruebas que demuestren las acusaciones que le hacen, porque el objetivo era descabezar la revolución bolivariana y un cambio de gobierno bajo principios bien alejados del chavismo.
En Cuba pretenden lo mismo, aplicar los objetivos de la deshistorización del tiempo y desfidelizar y desmartizar a los cubanos.
Funcionarios de Trump, encabezados por el secretario de Estado Marco Rubio, han mantenido conversaciones privadas con dirigentes cubanos con la esperanza de que la urgencia económica les obligue a hacer concesiones a las que se han resistido durante mucho tiempo, desvanecer e invisibilizar la rica historia patriótica de los cubanos desde el indio Hatuey pasando por Carlos Manuel de Cespedes, Maceo y Martí, hasta llegar a Fidel Castro, y reponer la Cuba podrida por el neocolonialismo imperialista.
La Habana insistió todo el tiempo que eran acusaciones falsas y malintencionadas, que la isla era pacífica, luchaba contra los terroristas porque ella ha sido una de sus principales víctimas; que los cocos en las playas, ni las palmas, son armas nucleares o alta tecnología para el espionaje a favor de China y Rusia, que ellos afirman que ejecuta Cuba. Y que la única base naval militar en la isla es la de Guantánamo, y la retienen a la fuerza contra la voluntad de los cubanos.
El gobierno de Donald Trump solicitó en ese contexto, y en medio de su inocultable derrota militar en la guerra contra Irán —la cual persiste en continuar, más como recurso publicitario que posibilidad real de recuperarse y ganarla— una visita, urgente, nada menos que del jefe de la CIA, la agencia de inteligencia que más acciones de sabotaje y terrorismo ha realizado contra la isla, y más ha apoyado y financiado a la contrarrevolución interna, incluidos atentados a líderes nacionales.
¿A qué vinieron John Ratcliffe y sus más altos ejecutivos? Sea cual sea la misión secreta encargada, lo que encontraron en Cuba fue lo mismo que ya conocen hartamente, como explicó Cuba en un comunicado oficial que ni siquiera han respondido públicamente hasta el momento, ni el jefe de la misión visitante, ni las secretarías, ni la Casa Blanca, e incluso ni el Congreso, sino que se limitaron a divulgar una foto como confirmación de la visita.
El hecho que no pueden ocultar es que fueron atendidos decente, respetuosa y racionalmente, que no se les mintió ni se les escondió absolutamente en nada, y que Cuba, desde el 1 de enero de 1959 ha sido coherente con su disposición y voluntad de negociar seriamente sobre los principios inamovibles de hacerlo en pie de igualdad, con respeto a la independencia, soberanía, y la no injerencia extranjera no negociables y, en consecuencia, jamás aparecerá en la agenda un cambio de régimen político en el país como propugnan.
En cambio, hay una enorme lista de temas de interés común que puede estar sobre la mesa y constituir los ejes de un largo diálogo productivo de mutuo beneficio, que incluyen una amplia relación económica, comercial, financiera, transferencia tecnológica, colaboración científico técnica en todos los campos de la producción material y la investigación, que necesariamente requerirán una nueva visión más pragmática por parte de EEUU de su guerra económica.
Lo único que podría informar la comisión Ratcliffle es que no existe absolutamente ninguna evidencia de que Cuba sea un peligro para la seguridad estadounidense, que no es ni de lejos un país que pueda patrocinar el terrorismo, sino al contrario, que lo combate a fondo más que otro cualquiera por ser una de sus principales víctimas, que nunca ha rechazado propuestas de diálogo con EEUU e incluso ha propuesto participación estadounidense en su esquema de inversión extranjera directa.
Las ofertas se han ampliado con una mayor apertura en todos sus sectores, y que valora las ventajas comparativas con todo el norte de América por ser un mercado gigantesco a las puertas de la isla, y todos se podrían beneficiar de un ambiente de paz, colaboración y buena vecindad.
Lo bueno es que desde la época del presidente James Carter se ha patentizado un gran interés de ambas partes en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional, y la producción material y los servicios.
Lamentablemente la obstinación de mantener un bloqueo obsoleto y medieval, lo ha tergiversado todo e impedir la concreción de tales posibilidades y avanzar en esos terrenos.
No ha habido todavía una evaluación pública del resultado concreto de la misión Ratcliffe a pesar de la transparencia que aportó Cuba en el diálogo. Si no hay un trasfondo maligno detrás de la visita, La Habana ha dado muestras de voluntad de negociar inmediatamente y definir e identificar los numerosos puntos en un amplio campo para concretar a acuerdos mutuamente ventajosos. Corresponde ahora a Estados Unidos ser bien claro en este importante tema.
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