Ana Lydia Vega y la literatura: “Nunca cambia el deseo de escribir”
En entrevista con El Nuevo Día, la autora reflexionó sobre su trayectoria y adelantó que muy pronto estará publicando su próxima novela



Periodista de Entretenimientovictor.ramos@gfrmedia.com
La entrevista está a punto de comenzar. En medio del gran domo, ruidoso y de poca luz, la escritora Ana Lydia Vega sonríe amablemente, lista para conversar. Este año ha sido uno lleno de eventos y reconocimientos en la agenda de la autora, que usualmente se mantiene distante de este tipo de atenciones. El Departamento de Educación (DE) le dedicó su Fiesta de la Lengua; el municipio de Caguas la eligió, también, como homenajeada, para su Feria del Libro y el Instituto de Cultura Puertorriqueña le otorgó la Medalla Luis Lloréns Torres. Para Ana Lydia, son oportunidades para devolverles algo a las personas que han abrazado su trabajo por tanto tiempo. Maestros de español de toda la isla han llegado al gran domo para escucharla en un evento oficial del DE. Ana Lydia, quien se considera, ante todo, maestra, se siente genuinamente feliz entre sus colegas.
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–¿Cómo recibió la noticia de que le dedicarían la Fiesta de la Lengua y cómo se siente al saber que su escritura es parte permanente del currículo de español del Departamento de Educación?
La dedicatoria fue una grandísima sorpresa. Lo mejor de todo es que vino de los maestros, que fueron ellos quienes votaron por mí. Aunque soy una ermitaña urbana declarada, no podía decirles que no. Muchos miembros de mi familia se han dedicado al magisterio. Mis maestras de español fueron figuras claves en el descubrimiento de mi vocación literaria. Yo misma enseñe en la UPR por 32 inolvidables años. En cuanto a la incorporación de mi trabajo al currículo del DE, tengo muy claro que nada es permanente en la vida.
–Es interesante tener la experiencia de lectura en la escuela. ‘El tramo ancla’ es una lectura asignada cuando uno entra a la escuela superior y ese libro fue quizás lo que recogió mejor la escritura de esa generación.
La educación pública está sujeta a los vaivenes de la política. Una administración puede poner un libro en el programa oficial y la próxima, quitarlo sin más. Me parece recordar que ésa fue la suerte que corrió El tramo ancla, una recopilación de columnas de varios autores previamente publicadas en el semanario Claridad. No obstante, textos sueltos como cuentos, poemas o ensayos tienen maneras alternas de llegar al salón de clase mediante fotocopias y grabaciones o incluidos en antologías.
–Me parece interesante que a pesar de la gran conversación política que se ha dado en Puerto Rico en temas de status, en temas de visión política del país, lo que ustedes presentaban hace años era una visión del país bastante distintiva, bastante subversiva, por ponerlo de algún modo, en contraparte a los gobiernos que había durante esa época. ¿Le sorprende un poco que haya perdurado hasta hoy todavía esta escritura y que sea parte del currículo oficial del gobierno?
Me asombra y, a la vez, me intriga. Me pregunto si es que se han liberalizado los criterios de selección, si ha cambiado la manera de leer e interpretar los textos escritos en otras épocas o si es que esos textos han ido perdiendo, con el tiempo, aquella aureola “subversiva” (yo diría contestataria) que les atribuyes tú. O todas, o ninguna de las anteriores, quién sabe. El destino de una obra es impredecible.
–Usted mencionó que mientras crecía y se criaba, estaba naciendo una nueva visión de la puertorriqueñidad. ¿Cómo le gustaría a usted que se viera esa nueva puertorriqueñidad en este siglo?
No quisiera encerrarla en una fórmula. Ya el hecho de que exista una conciencia jubilosa de la puertorriqueñidad y un deseo de afincarla y protegerla es algo milagroso bajo un régimen colonial. Puerto Rico es un país que ha estado siempre, desde los tiempos de España hasta el presente, bajo la sombra funesta de la censura de ideas y la persecución de la disidencia. Y, a veces, cuando uno cree que la causa de nuestra autodeterminación como nación está perdida, de repente resurge la ilusión. Lo importante, mientras tanto, es que esa semilla terca, esa pulsión afirmativa del ser puertorriqueño no se extinga. Cuando hay algo irresuelto, un problema pendiente, un deseo frustrado, las preguntas siguen obsesionando a uno, impulsando de alguna manera la búsqueda de una solución.
–¿Qué rol usted cree que juega la literatura en toda esa madeja?
La literatura es un arte de la sutileza, a la vez fuente de placer estético, estímulo para el sentido crítico y alimento para la reflexión. El acto de la lectura consiste en el encuentro detonante de dos imaginaciones: la del escritor y la del lector. En ese junte mágico, cualquier cosa puede suceder. Por otro lado, hay que admitir que el libro está viviendo ahora unos momentos muy difíciles. El internet, la mensajería y las redes sociales monopolizan la atención, el tiempo y la energía del posible candidato a lector.PUBLICIDAD
–¿Interesa regresar a escribir pronto?
Regresar no, continuar sí. Yo nunca me he quitado de la escritura. Estoy casi terminando una novela titulada Aventuras de un prepa universitario. Es la historia de un joven de Guayama, que viene a estudiar a la Universidad de Puerto Rico a fines de los revoltosos años sesenta. Y ya tengo escritos varios cuentos para un nuevo libro sobre un tema que, por ahora, me voy a reservar.

–Qué bueno saber que la podremos seguir leyendo.
¡Ojalá! Si no llega antes la pelona a visitarme… En diciembre próximo cumplo mis ochenta. Música siniestra, por favor.
En el eco monótono del domo, maestros se le acercan, y le ofrecen expresiones de admiración, piden fotos y conversan con ella. Ana Lydia no está acostumbrada a nada de esto, pero nunca dice que no. Su cariño hacia sus colegas y los estudiantes es visible, casi palpable. Cada vez más alejada de la mesa, su voz desaparece y se une al gran eco que retumba en el domo, indistinta, indiscernible, otra entre incontables voces que se transforman en una. La maestra entre maestros, descubriendo, disfrutando, las muchas lecciones que le quedan por aprender y por enseñar.
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Víctor Ramos Rosadovictor.ramos@gfrmedia.com
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