Jenniffer González impulsa la estadidad mientras la oposición al bipartidismo evita enfrentar al imperialismo

Jenniffer González continúa impulsando la estadidad en medio de la crisis económica, social y política que atraviesa Puerto Rico, mientras sectores de la oposición al bipartidismo evitan confrontar directamente la decadencia del imperialismo estadounidense y las contradicciones del modelo colonial. Frente al agotamiento de los partidos tradicionales y el creciente deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora, surge la necesidad de construir nuevas formas de organización política desde las comunidades y centros de trabajo.

Por Nexo Revolucionario Media

En el último Mensaje de Estado de la gobernadora Jenniffer González no solo se presentó un país que no existe, sino que nuevamente se insistió en mantenerse de rodillas ante un proyecto político que ya no funciona ni siquiera para el propio imperialismo estadounidense. Mientras Puerto Rico enfrenta crisis económicas, deterioro social y una creciente desesperanza en las comunidades trabajadoras, la gobernadora continúa suplicando por la anexión de la isla a Estados Unidos, aun cuando desde sectores del mismo poder estadounidense se reconoce que esa propuesta no forma parte de la realidad inmediata.

La gobernadora pide anexión y el propio Donald Trump responde que sería un desastre. A pesar de ello, Jenniffer González utilizó como referencia al expresidente Ronald Reagan, quien en su momento habló sobre la anexión de Puerto Rico. “Se equivoca el presidente con relación a eso. La realidad es que el propio presidente Reagan dijo que sería beneficioso para los Estados Unidos y para Puerto Rico que Puerto Rico se convirtiera en un estado”, mencionó González.

La retórica de la gobernadora continúa hundiendo a Puerto Rico en una visión colonial y guerrerista, muy distante de los intereses reales del pueblo trabajador que reclama paz, estabilidad y bienestar económico para poder alcanzar una vida digna. De un lado, las masas enfrentan altos costos de vida, apagones, salarios insuficientes y crisis sociales y del otro, Jenniffer González insiste en presentar a Puerto Rico como pieza estratégica de las intervenciones militares de Estados Unidos en el Caribe.

“Tenemos una guerra con China, tenemos una guerra con Rusia, tenemos una guerra con Irán, teníamos una guerra con Venezuela hasta la semana pasada y la próxima semana tendremos una guerra con Cuba”, mencionó la gobernadora al hablar sobre la supuesta importancia estratégica de Puerto Rico para impulsar la anexión.

Es tanta su obsesión con la anexión que parece preferir un Caribe bañado en sangre antes que defender la paz y el desarrollo de los pueblos. Su discurso incluso choca con sectores del propio pueblo estadounidense que rechazan nuevas guerras y el gasto militar constante.

Toda esta narrativa entra en contradicción directa con las necesidades de las masas trabajadoras. La guerra no trae bienestar económico ni estabilidad social; trae más crisis, más pobreza, más desplazamientos y más dependencia colonial. El pueblo piensa en soluciones reales para vivir con dignidad y desde La Fortaleza se insiste en convertir a Puerto Rico en plataforma de confrontación militar al servicio de intereses imperiales.

Las expresiones reflejan el agotamiento político e ideológico de un proyecto colonial que ya no logra sostenerse como antes. Parecería que la gobernadora vive desconectada de la realidad ante la insistencia en algo que ni siquiera forma parte del panorama económico inmediato de Estados Unidos, un país que atraviesa profundas contradicciones internas y uno de los momentos de mayor deterioro como potencia imperialista. Sin embargo, González llegó todavía más lejos y sostuvo que “Estados Unidos necesita a la isla para sostener su economía”.

La afirmación parece absurda, pero evidencia precisamente que se agotó aquella vieja lámpara ideológica con la que durante décadas se engañó al pueblo bajo consignas como la “estadidad jíbara” impulsada por Luis A. Ferré. El bipartidismo ya no posee la fuerza ideológica necesaria para responder a las necesidades actuales del capital transnacional y por eso sus discursos son tomados cada vez con menos seriedad.

Mientras tanto, Kamala Harris, buscando medir nuevamente su posición política ante sectores demócratas interesados en relanzar su candidatura, volvió a posicionarse a favor de la estadidad para Puerto Rico. Jenniffer González se encuentra en un extremo de ese escenario político colonial, mientras el Partido Popular Democrático queda cada vez más perdido debido a que muchos de sus aliados dentro del Partido Demócrata terminan favoreciendo igualmente la estadidad.

Ese es el escenario político que Puerto Rico ha vivido durante años, pero es ahora cuando más evidente se vuelve el colapso de esas ideas. Ya no tienen dónde sostenerse. Lo más preocupante es que la oposición que en las pasadas elecciones impulsó una Alianza entre el Movimiento Victoria Ciudadana y el Partido Independentista Puertorriqueño terminó abrazando al Partido Demócrata estadounidense y alineándose con figuras como Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio-Cortez, ambas vinculadas al respaldo político de Kamala Harris.

El resultado evidenció un profundo desajuste ideológico que atraviesa todos los sectores políticos del país. Luego, parte de esos mismos sectores se preguntan por qué trabajadores y trabajadoras continúan votando por el Partido Nuevo Progresista. Pero frente a semejante desorden político, ¿qué alternativa concreta ofrecen cuando terminan alineándose con otro sector imperialista en vez de explicar claramente la decadencia económica y política del imperialismo estadounidense?

La pregunta sigue siendo inevitable: ¿cuál era el miedo de enfrentar políticamente al imperialismo estadounidense? ¿Que invadieran Puerto Rico? ¿Acaso Puerto Rico no vive ya bajo una invasión colonial permanente?

Ahí precisamente permanece estancada la clase trabajadora. Mientras el país continúa descomponiéndose ante nuestros ojos, todavía se apuesta políticamente por figuras que representan distintas expresiones del atraso político. Por un lado aparece Eliezer Molina; por otro, un PIP que podría aprovechar el momento histórico si en vez de limitarse exclusivamente a la lucha electoral comenzara a construir una base organizativa sólida en los centros de trabajo y comunidades para explicar la decadencia del imperialismo estadounidense y las nuevas alternativas económicas que podrían abrirse para Puerto Rico.

Ante esto, la clase trabajadora no puede continuar esperando soluciones de partidos tradicionales ni de proyectos políticos que ya muestran señales de agotamiento. La necesidad urgente es construir organismos políticos propios que respondan directamente a los intereses de trabajadores y trabajadoras. Organismos que puedan surgir desde los centros de trabajo y las comunidades, no para suplicarle proyectos a los mismos partidos de siempre ni para delegar eternamente la representación política en sectores subordinados al capital.

Estos organismos tendrían la capacidad de desarrollar un programa político propio y escoger democráticamente a sus representantes. Bajo esa lógica, cualquier alianza política tendría que responder directamente al programa construido desde las bases trabajadoras y comunitarias. Y en el momento en que esos representantes abandonen o traicionen las propuestas acordadas, podrían ser destituidos inmediatamente.

La garantía de cumplimiento no estaría basada en promesas electorales, sino en un programa político elaborado colectivamente y fiscalizado por la propia organización obrera. Un mecanismo que impediría las manipulaciones de los viejos zorros políticos burgueses, tanto tradicionales como modernos, incluyendo sectores de la llamada Alianza que terminan acomodándose dentro del mismo juego electoral.

Por eso se plantea la necesidad de constituir comités permanentes desde los centros de trabajo y cerrar filas contra el oportunismo electoral. No serían estructuras creadas únicamente para cada elección, sino organismos permanentes de trabajadores capaces de crecer paulatinamente, romper con las viejas ideas burguesas y abrir discusiones profundas sobre cómo podría funcionar una República Obrera en Puerto Rico, cuáles serían sus vínculos económicos internacionales y qué alianzas concretas podrían desarrollarse con obreros y obreras del Caribe y de Estados Unidos para impulsar un verdadero trabajo político internacionalista.


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