El mito de Rocío Jurado cruza el umbral de la inmortalidad
20 años después de su muerte, el legado cultural de la artista resiste en los más mayores y resurge como icono de lucha feminista y LGTBIQ+ en los jóvenes



Cádiz – 30 MAY 2026 – 23:30 AST
Aquel Rocío de hace más de 40 años, Manuel Calvillo tuvo una epifanía. Él, un joven gay de apenas 18 años del pueblecito de Zahara de la Sierra (Cádiz), removió cielo y tierra para conocer a su gran diva, Rocío Jurado (Chipiona, Cádiz, 1943-Alcobendas, Madrid, 2006): “Para mí era una diosa, me la comía con los ojos. Siempre me ha recordado mucho a mi madre”. A ese encuentro fugaz y cariñoso le siguió la revelación. Calvillo decidió consagrar todo su alter ego travesti, La Peligro, a ella y, de golpe, su ídolo se hizo musa. Cientos de tacones y más de una decena de pelucas cardadas después, La Peligro mantiene su pacto, pero La Jurado ya se fue, hace justo 20 años. El mito en el que se convirtió entonces a su muerte transita ahora hacia la inmortalidad.
“Solo los grandes mitos pasan el barbecho y luego resucitan. Pasó con Camarón y pasa con Rocío, porque están asociados a una revolución cultural. A su muerte, se convirtió en un mito instantáneo, pero hacía falta tiempo para que las nuevas generaciones la apreciasen”, reflexiona Alexis Morante, director de cine y autor de la serie documental La más grande, que se estrenará en Movistar Plus el próximo 25 de junio. En la producción colabora su hija mayor, Rocío Carrasco, que ha cedido fragmentos de una autobiografía nunca publicada. “Lo vivo con muchísimo orgullo”, asegura la heredera universal del legado de Jurado, en referencia al interés heterogéneo y diverso que recibe la vida y obra de su madre.
De ese interés que genera la chipionera da buena cuenta, además del documental, un libro de ensayos, Rocío Jurado. La voz que nos hizo sentir libres (editorial Dos Bigotes) y otra compilación de textos, Rocío, 20 años contigo (Sevilla Press) de la periodista Marina Bernal. “Este 20º aniversario puede ser el punto de inflexión de su rescate definitivo”, apunta Carlos Barea, editor del primer libro y máster en Estudios LGTBIQ+.

Pero que el mito de La Jurado renazca en las generaciones más jóvenes no tiene exactamente que ver con que llegase a vender 20 millones de discos o consiguiese 150 discos de oro y 60 de platino. Tampoco con que la nombrasen la “Voz del Milenio”, ni siquiera con que su entierro en Chipiona hace dos décadas, entre flores y miles de personas, paralizase España en un momento tan impactante que su hija prefiere “no recordar”. El primer impacto para los jóvenes es otro: “Es por su fuerte compromiso con las disidencias, el feminismo y el colectivo LGTBIQ+”, apunta Barea.
En la cultura del meme y del vídeo corto de TikTok, no hay un 8 de marzo reciente que no resurja el corte de la artista espetándole a una periodista lo del “sujetador mental” por preguntarle por la talla de su sostén o el “soy defensora de la mujer, no detractora del hombre”. Igual que no hay junio que no resucite su “yo soy progay” o “el mundo de ilusión” que ella decía deberle al colectivo. “Ella venía con ese ADN. No había otra opción de debate”, argumenta Carrasco.
“Sus mensajes son tan adelantados a su tiempo que, en el presente, los encontramos y nos encuentran”, apunta la periodista Andrea Quintero, hija de Jesús Quintero y directora de la fundación que lleva su nombre. A él le concedió su última entrevista, y frente a él, Jurado se abría tanto que más de una de esas frases icónicas las pronunció frente a su micrófono. A poco que se escudriñe en archivos y hemerotecas, pronto se descubre que en esas charlas periodísticas Rocío Jurado se hacía grande. “Era muy rápida, en las entrevistas hacía gala de elegancia, sofisticación y rapidez mental para contestar cualquier cosa.Tenía la capacidad de llevar la conversación a lo que quería”, apunta Barea.
Aunque si hay un rasgo que guio los pasos de la carrera de la gaditana fue esa suerte de intuición innata para adaptar su imagen y su música a los tiempos. “Desde el principio lo tuvo muy claro. Dentro de su percepción de lo que ella quería, lo plasmaba y lo llevaba a cabo”, explica Carrasco. “Es la bisagra de las generaciones antiguas y las que vinieron después”, agrega Barea.Nacida y criada en la España franquista de posguerra, pronto tuvo claro que no iba a ser una folclórica de bata de cola, tampoco que iba a entregarse por completo a la copla, un género que nunca abandonó, pero que sí transicionó hacia la canción melódica. “Aunque hoy se ha convertido en un clásico, fue transgresora. Estaba constantemente aprendiendo y tenía afán por perfeccionar”, dice Bernal.
Y de esa búsqueda incansable e intuitiva surgieron discos tan rupturistas que aún hoy impactan a esos jóvenes que, tras descubrirla por el meme, rascan un poco más. Señora es quizás el ejemplo más luminoso. En 1979, Jurado dedica una canción tan elegante como explícita a la masturbación femenina —Amores a solas—, a la infidelidad —Señora— y al despecho iracundo contra un hombre —Ese hombre— que empequeñece a las vendettas del presente de Shakira o Rosalía. “Se iba conectando a compositores rupturistas que tenían algo que decir y que también eran adelantados a su tiempo”, valora Morante. Y así la artista transitó del genial autor de copla Rafael de León al prolífico Manuel Alejandro o Juan Pardo.

Son esas letras las que cautivaron al adolescente Calvillo, que imaginaba otros mundos y otros referentes mientras se desarrollaba en el regazo de su moderna abuela María, fiel seguidora de La Jurado. Pero hubo más. El peluquero confiesa que se quedaba embelesado frente a esa tele de los setenta y ochenta mientras veía esa gestualidad de “La más grande” sobre un escenario con la que suplía con creces sus habilidades más limitadas para el baile: “El movimiento de los brazos y las manos me embrujaban”. Y Calvillo no fue la única persona LGTBIQ+ que se sintió interpelada, tanto su generación como anteriores y venideras pronto captaron que ese mensaje era para ellas. Hoy, de los 12.500 visitantes que anualmente visitan su Centro de Interpretación en Chipiona, una mayoría son personas del colectivo, como explican desde la institución municipal.
Si atendemos a la definición de una drag queen como esa artista que se caracteriza exagerando los rasgos del género femenino para actuar, no es de extrañar que Jurado lleve siendo musa del travestismo desde que despuntó en la escena musical. Esa Rocío Mohedano más cercana, sencilla y pequeña —media 1,67 centímetros— tiró también de su intuición innata para crear un icono hiperbólico, reconocible en la distancia sobre cualquier escenario. “Se dio cuenta de que había mucha folclórica, así que tenía que destacar por su imagen”, explica Barea. Y todo lo hizo desde un control directo, lejano a la gran producción conceptual que hoy guía los pasos de los grandes artistas. “Ella decidía lo que ella quería”, apunta Carrasco.
De la sensualidad de la juventud —ahí están sus escotazos que escandalizaban al franquismo y su famoso vestido sábana de protesta posterior—, Jurado pasó a cardados imposibles, sombra de ojos a tope y vestidos cuajados de brillo, alas de tul y capas cargadas de cuerpo, creadas por diseñadores como Antonio Ardón. No había gala de fin de año, concierto en directo y hasta musical — Azabache, estrenado en la Exposición Universal de Sevilla de 1992— en la que el apelativo de La más grande cobrase todo el sentido. “Ella llenaba el escenario, era otro nivel de costura, de movimiento, un todo”, valora Calvillo.
En el 20º aniversario de aquel funeral multitudinario, cuesta imaginar cómo evolucionará esa inmortalidad mitómana. Barea confía en que, poco a poco, el recuerdo de Rocío Jurado abandone definitivamente esas páginas del papel cuché que se cebaron con ella y que la propia aludida acabó por detestar en vida —es célebre su cita “yo no soy un chisme”—. “En los últimos años quizás se ha puesto el foco en cómo se ha roto el núcleo familiar más que en el legado artístico que dejó. Ojalá eso cambie”. El tiempo dirá, mientras La Peligro la seguirá honrando dentro y fuera de los escenarios. “En la peluquería hay días que me pongo a cardar y pongo las cabezas muy grandes hasta que alguna clienta me dice ‘niño que me estás poniendo como La Jurado’. No lo puedo evitar…”, zanja el peluquero entre risas.
Sobre la firma

Jesús A. Cañas – twitterVer biografía
Recibe la información y la agenda del mundo del arte en tu correo
Cultura El País en TwitterComentarios9Ir a los comentariosNormas ›
Más información
Dos funcionarios declaran que accedieron al expediente de violencia machista de Rocío Carrasco para ayudar en su trabajoFerran Bono | Valencia
Rocío Jurado ya tiene su templo en ChipionaJesús A. Cañas | Cádiz
Archivado En
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.































