De la Espriella y Cepeda se disputarán la presidencia de Colombia mientras Petro cuestiona los resultados
El candidato ultra logra el 43,7% de los votos y el aspirante de izquierda, un 40,9%. El presidente duda del sistema de preconteo y rechaza los datos publicados este domingo



Bogotá – 31 MAY 2026 – 19:02ACTUALIZADO:31 may 2026 – 22:09 AST
Colombia celebrará una segunda vuelta presidencial con dos candidatos que representan dos visiones de país irreconciliables, mientras el presidente actual, Gustavo Petro, cuestiona los primeros resultados conocidos. Abelardo de la Espriella, el abogado ultraconservador y admirador de Donald Trump que se presentó como el outsider que rompería con todo, ha ganado por sorpresa la primera vuelta de los comicios con el 43,7% de los votos, con el 99% de las mesas escrutadas. Iván Cepeda, aspirante de la izquierda oficialista, obtuvo el 40,9%.

Poco después de conocerse los resultados del conocido como preconteo (previo al escrutinio oficial), que confirmaban una reñida segunda vuelta, Petro aseguró que rechazaba esos datos y denunció la supuesta inclusión de votantes fantasma en el censo.
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Apenas dos horas después del cierre de las urnas, el presidente anunció que solo reconocerá el escrutinio definitivo de los jueces de la República, y denunció, sin pruebas, una variación de última hora del censo de más de 800.000 personas. Cepeda también ha cuestionado los resultados provisionales y ha pedido aclaraciones. El candidato ha dicho que “existe información sobre un número determinado de mesas”, que están verificando, en las que se han presentado “votaciones atípicas”.
De la Espriella, lejos de llamar a la calma, ha cargado contra el presidente y su candidato. “No se atrevan a desconocer los resultados”, les ha espetado a Petro y Cepeda. “Hago un llamado a la fuerza pública, al ejército de la patria, para que activen el mecanismo constitucional en caso de que este delincuente, drogadicto y miserable, pretenda desconocer la voluntad del pueblo colombiano”, ha alertado, en referencia a Petro. La democracia, clamó, debe mantenerse “por la razón o por la fuerza”.
La jornada electoral ha revelado una Colombia partida en dos y cuya presidencia dependerá ahora de los tres millones de personas que no han votado por ninguno de los dos aspirantes que llegarán a la segunda vuelta.
Paloma Valencia, la candidata del expresidente Álvaro Uribe, sumó apenas el 6,9% del conteo (1,6 millones de votos), un auténtico batacazo electoral que evidencia el desgaste del exmandatario que dominó la política colombiana durante dos décadas (y que este domingo, tras conocer los resultados, ha pedido el voto para De la Espriella en segunda vuelta). Sergio Fajardo, el candidato del centro, superó el 4%, con más de un millón de votos. Será el porcentaje de esos dos candidatos y el del resto de aspirantes que quedó en los márgenes el que acabe por inclinar la balanza en la segunda vuelta, que se celebrará previsiblemente el 21 de junio.
Campaña espectáculo
La clasificación de De la Espriella en primer lugar ha sido una sorpresa: las encuestas lo situaban segundo, mientras Cepeda, el candidato de Petro, lideraba la carrera desde el inicio. Nadie esperaba que el aspirante ultraderechista superara con tanta holgura los 10,3 millones de votos. De la Espriella, abogado de 47 años, convirtió la campaña en un espectáculo que le resultó rentable: aunque forma parte del sistema tanto como cualquier otro candidato, supo capitalizar el rechazo al establishment y a la política tradicional.
Admirador confeso de Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei, el penalista que en su día defendió a los paramilitares y abogó por negociar su desmovilización clama ahora por mano dura contra los grupos armados. Promete resolver en 90 días lo que nadie ha conseguido en más de 60 años: una fórmula mágica que mezcla ofensiva aérea, apoyo de Israel y Estados Unidos, destrucción de cultivos de coca y diez megacárceles. Mientras Cepeda habla de causas estructurales, De la Espriella habla de disparar.

Cepeda es su antítesis. Senador de izquierda de 63 años y defensor histórico de las víctimas del paramilitarismo, fue durante años uno de los adversarios más tenaces de Álvaro Uribe, a quien logró que condenaran en primera instancia por manipulación de testigos, aunque el expresidente fue absuelto después en segunda instancia.
Cepeda, con 9.649.081 votos, representa la continuidad del proyecto de Gustavo Petro: más gasto social, diálogo con los grupos armados y más oportunidades para los olvidados en uno de los países más desiguales del mundo. Es el candidato que teme el capital y que idolatran quienes más se han beneficiado de la política social de Petro: una política que ha mirado más que nunca a la base de la pirámide.
Una tendencia
El ascenso de De la Espriella convierte a Colombia en un caso más de una tendencia que lleva años en auge en Latinoamérica. Los outsiders de ultraderecha, inspirados por Trump, han ganado terreno elección tras elección: el auge de Milei en Argentina, el éxito de Bukele en El Salvador, Jair Bolsonaro en Brasil o Daniel Noboa en Ecuador. Colombia, que parecía ir en sentido contrario tras la victoria histórica de Petro en 2022, acaba de abrir la puerta a una derecha radical que ha destronado a la tradicional y que está a un paso de gobernar.
El país también aparece dividido por territorios. Las costas votan por la izquierda; el interior, por la derecha. Y Bogotá sigue su propia lógica. Ese mapa electoral se repitió una vez más, pese a los esfuerzos de todas las campañas por ganar fuerza en los fortines rivales. Allí donde en 2014 ganó el uribista Óscar Iván Zuluaga, en 2016 el no en el plebiscito sobre la firma del Acuerdo de Paz o en 2022 Rodolfo Hernández, ha ganado De la Espriella. Y donde triunfaron Juan Manuel Santos, el sí a la paz y Petro, ha ganado Cepeda. La sorpresa mayor suele venir de la capital, Bogotá, donde en esta ocasión ha ganado Cepeda con el 41% de los votos contra el 37% del ultra y el 9% de la uribista.
Paloma Valencia, que quedó tercera, demoró apenas unos minutos en anunciar su apoyo a “título personal” a De la Espriella: el mismo candidato contra el que desató una ofensiva hace solo unos días para intentar evitar (tarde) su batacazo electoral. “Quiero felicitar su elección. Significa que Colombia no caerá en las manos del comunismo de Cepeda y de Petro”, dijo. Su vice Juan Daniel Oviedo ha señalado que dará a conocer su inclinación el 3 de junio. “Me debo a Bogotá”, ha dicho, en lo que puede interpretarse como un distanciamiento de Valencia.
El expresidente Uribe también fue rápido y se posicionó enseguida en su red social X. “Colombianos, hemos perdido. Asumo humildemente mis responsabilidades”, escribió. “Ganó el Dr. Abelardo De La Espriella. Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él y por Colombia, por la defensa de la Constitución, de las libertades, de la creatividad individual, de la cohesión social, de la economía fraterna, del Estado pequeño y austero”, añadió.
Sergio Fajardo ha celebrado su cuarto puesto, con un millón de votos, y ha evitado pronunciarse sobre una segunda vuelta. “Vamos a reflexionar, somos muchas personas las que estamos representando. Y lo que nosotros digamos va a ser crucial. Vamos a estar en conversaciones, pero vamos a estar aquí, luchando por nuestro país”, declaró.
Los dos candidatos principales llegan a segunda vuelta con debilidades. Cepeda carga con el peso de cuatro años de Gobierno de Petro: la percepción de inseguridad desatada, el colapso del sistema de salud pública, los escándalos de corrupción que salpicaron al ejecutivo y la inquietud ante su receta económica para atajar el déficit fiscal.
Su perfil es el de un senador que la mayor parte de su carrera ha estado en la oposición, un defensor de causas contra el Estado, no el de un reconocido gestor. Tampoco lo es su vice, la líder indígena Aida Quilcué. Y la Constituyente que sigue abanderando Petro es un fantasma que recorre su campaña y que despierta recelo en un sector importante del electorado.

De la Espriella tiene la misma falta de experiencia en la gestión pública y sus propuestas más extremas y conservadoras —sus comentarios homófobos, su mano de hierro por encima de los derechos humanos, su conservadurismo— pueden funcionar como combustible para sus bases, pero espantan a los votantes más moderados. Y, si termina abrazado a Uribe, el candidato que prometió romper con todo habrá roto antes su promesa más importante.
No parece, en cualquier caso, que eso vaya a desestimular a sus votantes más fervorosos. Como ha pasado en todo el mundo —desde Bolsonaro en Brasil a Vox en España—, el tono beligerante y radical de De la Espriella se ha normalizado de forma extraordinaria en las últimas semanas. Y el voto que la izquierda cree que es un voto de la vergüenza empieza a convertirse en un voto cada vez más orgulloso.
A partir de este lunes será clave la movilización del voto de centro. Y de los indecisos. Este domingo, 23,3 millones de colombianos acudieron a las urnas, pero en 21 días serán los electores que no se reconocen en ninguno de los dos extremos quienes, probablemente, decidan quién gobierna Colombia. Lo que parecen tener claro los analistas es que, asuma quien asuma el cargo de presidente el próximo 7 de agosto, Colombia se enfrenta a cuatro años de hostilidad política, movilizaciones y tensiones que volverán a partir al país.
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Abelardo de la Espriella, tras su victoria en Colombia y los cuestionamientos de Petro: “Defenderemos la democracia por la razón o por la fuerza”
El candidato de ultraderecha censura la decisión del presidente de desconocer el preconteo. “El pueblo se va a levantar”, advierte


Barranquilla – 31 MAY 2026 – 20:18ACTUALIZADO:31 may 2026 – 21:36 AST
La derecha colombiana gradúa hoy a un nuevo líder: el ultraderechista Abelardo de la Espriella. El ganador de la primera vuelta presidencial ha hecho una entrada cinematográfica en un barco que ha atracado en el malecón de Barranquilla y desde el que ha pronunciado su primer discurso tras conocerse los resultados. “Vamos a castigar a los enemigos de Colombia. Hoy el pueblo se pronunció. Por primera vez en la historia política, un hombre independiente, sin silenciadores y con el carácter necesario ha ganado la primera vuelta para coronarse”, ha manifestado ante cientos de personas, que lo veían desde la orilla del río Magdalena.
De la euforia, De la Espriella, que recibió más de 10,3 millones de votos, ha pasado a la advertencia: “Gustavo Petro, no se atrevan a desconocer los resultados de las elecciones porque el pueblo se va a levantar y los van a castigar. Señor Petro y señor Cepeda, son un par de bandidos que vamos a jubilar”, ha dicho, en referencia a que el presidente ha señalado que no reconocerá los resultados del preconteo electoral y que esperará al escrutinio oficial. Con un tono endurecido, el vencedor ha añadido: “Vamos a defender la democracia, por la razón o por la fuerza”.
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De la Espriella ha echado mano de sus alianzas globales y ha pedido a la comunidad internacional “poner sus ojos” en Colombia en la segunda vuelta electoral, que se celebrará el próximo 21 de junio. “Que los Estados Unidos de América vigilen esta segunda vuelta. Yo estaré al frente de esta batalla. Estaré para defender nuestra democracia y hacerme matar por Colombia si es necesario”, ha indicado. Al tiempo, el ultra ha agradecido a la uribista Paloma Valencia, que aceptó muy pronto los resultados y anunció su apoyó al candidato que se autodenomina El Tigre. La ha definido como “una mujer patriota, aguerrida, que ha peleado por la democracia”.
“En 21 días nos vemos aquí, para celebrar la derrota de Cepeda. Quiero dejar en claro: yo soy un hombre formado en las leyes y soy absolutamente respetuoso de todas las ramas del poder: el Congreso y las altas cortes. El mío será un Gobierno democrático y garante de la institucionalidad”, ha aseverado, en un mensaje de calma ante las críticas por sus posturas antipolíticas y en un llamado al centro político, que será decisivo en el balotaje.
Una ciudad en júbilo
Antes de la llegada del candidato, el suspenso reinaba esta tarde en Barranquilla, la ciudad del Caribe colombiano que se ha convertido en un epicentro de la política nacional. Primero, a la espera de los resultados electorales que dieron por ganador al ultra, que competirá en la segunda vuelta con el izquierdista Iván Cepeda. Después, aguardando el discurso del ganador. Cientos de personas se han aglomerado en el malecón de la ciudad, que bordea el río Magdalena, para festejar.
El malecón se ha pintado de amarillo: la gran mayoría de simpatizantes del ultra vestía la camiseta de la Selección Colombia, un símbolo del que se ha apoderado el Tigre con su discurso ultranacionalista. Otros usaban disfraces de tigre y varios llevaban parlantes de música a todo volumen en los que sonaban vallenato y los jingles del político.

Aunque el candidato no ganó en Barranquilla, los ciudadanos celebraban como si lo hubiera hecho. “No queremos más narcotráfico, queremos seguridad y solo De la Espriella nos la puede dar. No más Petro y no más Cepeda”, gritaba un simpatizante, apostado desde el cierre de urnas, a las cuatro de la tarde, en el malecón.
Poco a poco se fue sumando la gente. Primero eran decenas y luego centenares. Además de banderas de Colombia, se han visto banderas de Israel y de Estados Unidos, así como a varias personas usando gorras con el lema Make America Great Again. De la Espriella es un fanático declarado de Donald Trump y ha mostrado fuerte sintonía con el estadounidense, aunque de momento el republicano no ha manifestado su apoyo explícito por el ultra colombiano.

Este domingo culmina una primera fase de la campaña electoral y De la Espriella ha conseguido su principal objetivo: posicionar su nombre como la figura de la derecha con más opciones de vencer a Cepeda en segunda vuelta. Pero el camino es cuesta arriba. Tras haber vencido a la uribista Valencia, acusándola de representar al establishment y a los que él llama como “los de siempre”, ahora debe volver a atraerlos bajo su ala. Su apuesta es arriesgada: en su intento por conseguir el apoyo de los ciudadanos frustrados por la política tradicional, alejó a importantes maquinarias regionales que no tiene aseguradas.
Además de congregar a esa derecha que despreció con particular ahínco en las últimas semanas, debe apelar a un centro que nunca se ha sentido representado por él. Sus discursos radicales y sus polémicas —como haber defendido al testaferro de Nicolás Maduro en sus tiempos de penalista o haber hecho comentarios misóginos contra mujeres periodistas— han marcado una línea roja para muchos.
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Iván Cepeda cuestiona los resultados de la primera vuelta: “Solo nos pronunciaremos cuando las comisiones escrutadoras aclaren nuestras dudas”
El senador de izquierdas se pronuncia sobre las dudas que ha planteado el presidente Gustavo Petro


Bogotá – 31 MAY 2026 – 20:48 AST
Durante varias horas el salón rojo del Tequendama, un tradicional e icónico recinto de concentración política en Bogotá, permaneció en un silencio incómodo. El triunfo amargo del candidato de izquierda Iván Cepeda, quien pasa a la segunda vuelta presidencial con 9,7 millones votos o el 41% del total, se sintió también en el lugar elegido para recibir los resultados. Pasadas las siete de la noche, el candidato fue recibido en medio de arengas. Llegó acompañado por su equipo de trabajo y su fórmula vicepresidencial, la senadora indígena Aída Quilcué. Sin mucho aire triunfalista, ambos comenzaron sus intervenciones rechazando los resultados de esta noche.
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“Hay dos situaciones que son en este momento bastante confusas. El presidente de la República acaba de pronunciarse de manera clara sobre una de ellas. Hay una fase que queremos verificar en torno al censo electoral. Y no es cualquier desfase: estamos hablando de 885.000 personas o cédulas. Queremos, porque somos gente seria, que eso se aclare. Segundo, existen indicios sobre un número indeterminado de mesas en las cuales se han presentado, según los primeros informes, votaciones atípicas”. Y concluyó: “Lo dejamos claro de una vez. Solo nos pronunciaremos sobre los resultados cuando las comisiones escrutadoras aclaren nuestras dudas”.
Con un aire menos triunfalista, Cepeda se ha referido también al respaldo del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, al ultraderechista De la Espriella. “Las autoridades y gobiernos extranjeros están metiendo la mano en nuestras elecciones como ha ocurrido con el presidente de Ecuador”, dijo.
Con un público ansioso y enfurecido, Cepeda habló en contra de su opositor y ha pedido a la izquierda colombiana cerrar filas para la segunda vuelta. “(De la Espriella) representa el fascismo mafioso de Colombia. Fue aliado de los paramilitares de San José de Ralito; legalizó los bienes de Mancuso y ha sido abogado de narcos, a quienes además ha estafado”.
En una intervención que duró poco más de 20 minutos, el candidato de izquierda centró su discurso en azuzar las bases progresistas y agradeció el respaldo de otras fuerzas políticas de centro que se han unido a su campaña, como la Alianza Verde o los Liberales. El tono de sus palabras fue el de quien sabe que la batalla apenas comienza: sin concesiones, con ataques directos a su opositor, y sin reconocer la derrota parcial.
Junto a Cepeda en el recinto estaban Luis Gilberto Murillo, Carlos Caicedo y Clara López —los tres candidatos que habían declinado sus candidaturas para respaldarle— junto a los congresistas María Fernanda Carrascal, Gabriel Becerra, Carolina Corcho, Alexander López, entre otros militantes.
Sin bajar el tono, Cepeda aseguró que su candidatura logró 10 millones de votos, aunque según el preconteo ha alcanzado unos 9,6 millones de votos. La declaración fue recibida con estruendo en el salón, que lanzaba acusaciones de fraude y corrupción en la Registraduría. El candidato ha advertido que varios de los derechos ganados en Colombia podrían retroceder si el ultra llega al poder. “Representa el regreso al pasado parapolítico, narcomafioso, plutocrático y corrupto que vivió el país en los dos gobiernos de Uribe”.
Los militantes, que se preparaban para celebrar esta noche una victoria en primera vuelta, cambiaron su discurso y han dado por hecho que los resultados han sido manipulados. El argumento, sin embargo, no es nuevo: en 2022, con Petro como candidato, el Pacto Histórico hizo las mismas advertencias en primera vuelta, y luego ganó. El discurso ha funcionado más como estrategia de movilización masiva que como diagnóstico real.
La narrativa del fraude no empezó en el salón rojo. Minutos antes de que Cepeda hablara, el presidente Gustavo Petro publicaba en X su propio rechazo. Lejos de reconocer los resultados, Petro cuestionó la validez de las cifras de la Registraduría y señaló que “los algoritmos del software de conteo y escrutinios fueron variados en tres oportunidades en la última semana y agregaron 800.000 cédulas más de personas que no están en el censo oficial”.
La respuesta no tardó en llegar desde Barranquilla, donde De la Espriella celebraba su victoria: “No se les ocurra desconocer la voluntad popular, porque aquí hay un pueblo que los va a enfrentar”, le dijo directamente a Petro desde la tarima sobre el río Magdalena, en Barranquilla. La segunda vuelta del 21 de junio llegará con ese pulso ya encima.
Su militancia, mientras tanto, ya está buscando nuevas estrategias para la campaña. Poco antes de que el candidato se dirigiera a sus votantes, la congresista María Fernanda Carrascal había puesto ya un trino en su cuenta de X buscando el respaldo de Juan Daniel Oviedo, la fórmula vicepresidencial de la uribista Paloma Valencia, la gran derrota de la noche. “¿Nos tomamos un café @JDOviedoAr” (sic), escribió. Otros congresistas del Pacto, como Heráclito Landinez, han coqueteado con Sergio Fajardo, la opción del centro que ha alcanzado un millón de votos esta noche. “Respetado @sergio_fajardo, creo que es el momento de conversar sobre nuestras ideas comunes de país”.
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Siete claves de las elecciones en Colombia: el auge ultra, la unidad de la izquierda y la importancia de los votos del centro
La segunda vuelta entre De la Espriella e Iván Cepeda marcará un escenario inédito


31 MAY 2026 – 19:15ACTUALIZADO:31 may 2026 – 22:12 AST
Los resultados de la primera vuelta presidencial en Colombia este domingo, en la que el ultraderechista Abelardo de la Espriella obtuvo un inesperado 43,7% de la votación, con 10,3 millones de votos, y el izquierdista Iván Cepeda un 40,9% y 9,6 millones, definen que el país elegirá a su mandatario para los próximos cuatro años en un balotaje el próximo 21 de junio. Estas son las principales claves de la jornada:
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1. Petro cuestiona el resultado
Tres horas después del cierre de las urnas, el presidente anunció que no reconocía los resultados revelados por la Registraduría este domingo, el conocido como preconteo. Gustavo Petro afirmó, sin pruebas, que el censo electoral con el que se hizo ese primer escrutinio tiene 800.000 personas más que el oficial, dando a entender que candidatos rivales al suyo se habrían beneficiado de esa cantidad de votos falsos.
Sin embargo, aclaró que aceptará el resultado del escrutinio oficial, que tardará varios días en llegar y en el que los que jueces y notarios revisan en detalle las reclamaciones de las diferentes campañas, incluyendo la suya. Minutos después, Iván Cepeda, el candidato de Petro, señaló que el Pacto Histórico —el partido que ha unificado a la izquierda para concurrir a las elecciones— tiene un dispositivo para revisar esas posibles irregularidades, y que se pronunciará cuando las comisiones escrutadoras las hayan revisado.
2. Colombia profundiza su polarización
La decisión de los colombianos de llevar la definición de la presidencia a una segunda vuelta entre un tradicional y reconocido político de izquierda y un disruptivo candidato de ultraderecha lleva al país a una polarización aún mayor de la que ha vivido en las últimas décadas.
No es la primera vez que Colombia enfrenta una dicotomía: las segundas vueltas la producen de manera natural, y prácticamente todas las elecciones bajo la Constitución de 1991 —con excepción de las de 2002 y 2006— han llegado a balotaje. Liberales contra conservadores en 1994 y 1998, santistas contra uribistas en 2014, izquierda contra derecha en 2018, y sobre todo el sí o no al plebiscito para refrendar los acuerdos de paz de 2016 son antecedentes claros. Sin embargo, la fractura actual parece ser aún más profunda.
No solo porque liberales y conservadores, o santistas y uribistas, compartían algunas visiones básicas sobre la sociedad, sino porque el antecedente más directo —las elecciones de 2022— no llevó a un remate de campaña tan confrontacional.
En aquella ocasión, el candidato que se enfrentó a la izquierda, el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, no hablaba de “destriparla”, como ha prometido De la Espriella, e incluso había anunciado que podría votar por el hoy presidente Gustavo Petro. Tras la elección, los dos políticos se reunieron y sellaron su encuentro con un abrazo. Eso es absolutamente impensable entre Cepeda, que ha calificado al uribismo de fascista, y De la Espriella, quien se ubica a la derecha del uribismo y habla de refundar la patria.
3. La irrupción de la ultraderecha
Si Colombia ha tenido una derecha fuerte liderada por Álvaro Uribe durante un cuarto de siglo, este domingo irrumpe con fuerza una derecha posuribista: Abelardo de la Espriella, quien dice reconocerle a Uribe su liderazgo, ha recibido el apoyo del grueso de la base uribista: sus 10,3 millones de votos son casi los mismos 10,5 que apoyaron a la derecha contra Petro en la segunda vuelta de 2022.
Eso, pese a la campaña del expresidente en favor de la senadora Paloma Valencia, quien terminó en un distante tercer lugar y con menos de 1,7 millones de votos, la mitad de los 3,2 que obtuvo en la consulta de marzo y de los tres millones que obtuvo su partido al Senado.
El penalista, que sorprendió, pues las encuestas lo ponían sobre el 30% una semana antes, ha dejado claro que quiere mantener ese poder y se ha comprometido, en caso de perder las elecciones, a convertirse en el líder de la oposición desde el Senado, donde ocupará la curul reservada al segundo en las presidenciales.

Su discurso claramente populista, que distingue entre un “ellos” —los de siempre— y un “nosotros” —los de nunca—, y sus cuestionamientos permanentes a la clase política tradicional —que ha materializado en no recibir apoyos formales de partidos desde marzo, pese a contar con el respaldo de algunos de ellos y haber recibido en sus filas a muchos políticos de vieja data— refuerzan esa nueva visión.
Su retórica mezcla elementos de otros referentes ultraderechistas de la región latinoamericana, como el salvadoreño Nayib Bukele, el argentino Javier Milei o el brasileño Jair Bolsonaro. Y los 10 millones de votos obtenidos este domingo le otorgan una legitimidad para seguir adelante con ese proyecto.
4. La unidad de la izquierda
La candidatura de Iván Cepeda —un político serio, austero y muy distante del fogoso Petro— tuvo como eje y como fuerza la unidad de la izquierda, que se fusionó en un solo partido, el Pacto Histórico, en preparación para las elecciones. Sus 155 apariciones en plazas públicas ante bases indígenas, campesinas o sindicales, sus escogidas apariciones en medios y, en general, una campaña al estilo del siglo XX se enfocaron no en sumar nuevos votantes, sino en movilizar y galvanizar al electorado que ya tenía de su lado.
Esa estrategia, como preveían las encuestas, le aseguró el paso a segunda vuelta e incluso un crecimiento en votantes: si Petro obtuvo 8,5 millones en la primera vuelta de 2022 y el Pacto Histórico sumó 4,4 al Senado en marzo pasado, el candidato alcanzó casi 9,7 millones este domingo.
La unidad formal en torno a un partido único, tener la bancada más grande del Senado y la construcción de una identidad clara permiten prever que esa fortaleza, que ha venido creciendo en las últimas décadas al ritmo del proceso de paz con las FARC, es cada vez más sólida.

5. El centro, escaso pero fundamental
Los candidatos que se reclaman del centro ocuparon unos distantes lugares. Sergio Fajardo, un cuarto puesto con el 4% de la votación; Claudia López, el quinto, rozando el 1%. Eso, más el fracaso de la candidatura de Paloma Valencia, que justamente se movió hacia el centro y probablemente sumó votantes de centroderecha, deja a las fuerzas moderadas fuera de la competencia por el poder.
A la vez, aunque suene paradójico, le da un valor grande a los 1,2 millones de votantes de Fajardo y López, y a una parte de los 1,6 millones de Valencia. Con casi 700.000 votos de diferencia entre los dos punteros que irán al balotaje, esos votantes tendrán en segunda vuelta un peso específico fundamental.
6. Una ciudadanía cada vez más votante
Una de las transformaciones a medio plazo en las elecciones colombianas es que cada vez más personas participan. Si en 2018 fueron 19,6 millones, el 54% del censo electoral, y en 2022 esas cifras crecieron a 21,4 millones y 55%, en esta ocasión se llegó a 24,4 millones de personas que acudieron a las urnas, el 58% de los 41 millones habilitados.
Una población que envejece explica en parte el fenómeno: en los años noventa, el censo electoral equivalía a alrededor del 50% de la población total, y hoy supera el 75%. A eso se suma la larga crisis de la mayoría de los partidos como estructuras capaces de organizar las preferencias y las ideologías de los ciudadanos. Ambos factores dejan abierto el futuro electoral de un país que cada vez vota más hacia los extremos.
7. El mapa electoral es inmutable
Las costas votan por la izquierda, el interior por la derecha, Bogotá es rebelde. Ese mapa electoral se repitió una vez más, pese a los esfuerzos de todas las campañas por ganar fuerza en los fortines rivales. Allí donde en 2014 ganó el uribista Óscar Iván Zuluaga, en 2016 el no en el plebiscito para refrendar el Acuerdo de Paz con las FARC y en 2022 Rodolfo Hernández, ha ganado De la Espriella. Y donde triunfaron Juan Manuel Santos, el sí o Petro, ha ganado Cepeda. La sorpresa mayor suele venir de la capital, Bogotá, donde en esta ocasión ha ganado Cepeda con el 41% de los votos contra el 37% del ultra y 9% de la uribista. De hecho, allí los dos candidatos de centro suman casi el 9% de los votos, contra el 5% en todo el país.
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