UPR CAROLINA conmociona con Pedro y el Capitán de Mario Benedetti.
Luego de 25 años de estudio e intentos de escenificación, el actor, director y profesor, Dr. Manuel Aponte, siembra con raíces profundas la obra de Benedetti. Hoy queda una función a las 3;00pm. El montaje es en el anfiteatro de la biblioteca del recinto porque el teatro está de graduaciones. Todo el equipo de trabajo miró con análisis certero el espacio y descubrió las cualidades del mismo para la pieza, que sólo necesita una sala de interrogatorios.

Por Anamín Santiago
Aponte pone a funcionar en el concepto global su agudo conocimiento de la pieza y del cuento que corre paralelo con la misma, titulado «Escuchar a Mozart», también del autor. Defiende el análisis de Benedetti sobre su propia pieza, cuyo detonante no es la tortura, sino el choque entre un torturador y el torturado. Sus vidas personales salen a la luz creando el drama. La contraposición del guerrillero que a pesar del dolor físico y la sicosis consecuente no se parte y del capitan, que para serlo tuvo que partirse, construyen el devenir de la acción.
Para lo anterior necesitaba un elenco que comprendiese el realismo, que dominara el subtexto y que estuviera comprometido con la posición anti imperialista y anti dictadura de la pieza. Las circunstancias del proceso para poder, por fin, montar la obra, le llevan a reclutar a su hijo (Chiquito Aponte). Decisión más que acertada. Ambos tienen la capacidad histriónica para amarrar al público por dos horas. Hay mucha fuerza en los dos actores. Logran una presencia limpia, de alta técnica actoral que traspasa los corazones.

Con unas actuaciones de tanta precisión y calidad, los otros elementos del montaje pudieron lograr una atmósfera espeluznante. Cada escena tenía un color y cada cuadro de la obra estaba precedido por visuales en los cuales el criminal de la CIA, Dan Mitrione, italiano destacado para instrumerntalizar el dominio de EE UU en Latinoamérica, daba un tutorial sobre cómo realizar diversas torturas, según realizó en Uruguay a finales de la década del 60, cuando fue asignado para trabajar con la dictadura uruguaya. (Dato histórico: Afortunadamente Mitrione fue ajusticiado por los Tupa Maru.) Este elemento del montaje cautiva por su terror.
La psique del torturador se complementa con una voz oculta que creaba un flow of consciousness cuestionando al torturador. Un trabajo delicado y filoso por parte del actor. Torturar es un tormento oculto que se carga cuando el puesto ha sido alcanzado a base de traiciones a su propia gente.

La seriedad e impacto del montaje refleja que los recintos de la UPR fuera de San Juan realizan un teatro de garras, que se distancia de los grandes presupuestos y la banalidad para dar paso a una base estética de gran compromiso con la educación.
Hoy queda una función a las 3:00pm. Vaya a verla. Llegue temprano, que ha gozado de mucho público.


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