Del sapo concho a la cotorra puertorriqueña: proyecto que debilita protección del karso compromete especies amenazadas
Expertos advierten que la propuesta de Carlos “Johnny” Méndez representa un retroceso en la protección de los recursos naturales



Periodista de Noticiasgenesis.ibarra@gfrmedia.com
Al tiempo que cada vez más personas en el mundo lo reconocen como un símbolo de identidad puertorriqueña, el sapo concho enfrenta una nueva amenaza contra su supervivencia, ante la posibilidad de que la Legislatura dé paso a una medida que, según expertos, debilitaría la protección de la zona kárstica del archipiélago, de donde la especie –en peligro de extinción– es endémica.
RELACIONADAS
La desprotección del karso boricua
Por Abel Vale
Conservación en acción: liberan miles de renacuajos de sapo concho en el norte de Puerto Rico
¿Qué es el karso puertorriqueño y por qué su conservación es esencial?
“Aprobar el Proyecto de la Cámara (PC) 1079 cambiaría completamente la manera en que vemos el karso, porque estaríamos redefiniendo lo que es el karso. La ley actual reconoce que es un ecosistema sensible, complejo, frágil y que nos provee muchísimo. Este proyecto cambia la definición y vemos el karso desde el punto de vista de aprovechamiento, solo la geología, esa roca; o sea, que lo vemos como materia prima. Mirar el karso desde el punto de vista meramente como materia prima y de aprovecharnos de ese recurso implica explotación, implica degradación, y todos nos perjudicamos”, señaló la herpetóloga Sondra Vega Castillo.
El karso es una extensa región de formaciones de roca caliza que cubre el 27.5% –o una cuarta parte– de la superficie de Puerto Rico y se distingue por sus mogotes, cuevas, sumideros, ríos subterráneos y acuíferos naturales. El sapo concho (Peltophryne lemur) evolucionó bajo las condiciones específicas de la zona, que le brinda “todos los recursos esenciales” para sobrevivir, desde las charcas temporales que le sirven de lugar de reproducción hasta el alimento, explicó Vega Castillo.
Al presente, seis poblaciones reintroducidas del sapo concho ubican en el karso. El PC 1079 –del presidente de la Cámara de Representantes, Carlos “Johnny” Méndez– “pone en riesgo la viabilidad a corto y largo plazo” de esta especie, aseveró la herpetóloga, al abrir las puertas al desarrollo económico en el sistema kárstico, considerado un recurso natural no renovable.
No fue posible obtener comentarios de Méndez a través de su portavoz, Raúl Colón, pero la exposición de motivos de la medida enfatiza que su “intención primordial” es “proteger los recursos naturales sin que esa conservación sea usada como pretexto para detener el desarrollo” y el disfrute de la propiedad privada.
“La desaparición del concho de las poblaciones naturales en el norte de Puerto Rico está relacionada, precisamente, con la destrucción del hábitat, deforestación y fragmentación. Si miramos las llamadas poblaciones históricas, por ejemplo, en Quebradillas, en el pasado, las charcas que reconocíamos como importantes para la reproducción del sapo estaban en esa zona, y si la miramos ahora, esa zona está toda urbanizada. O sea, que el sapo desaparece porque, poco a poco, se va urbanizando, viene ese desparramamiento urbano no planificado que elimina ciertas zonas que son fundamentales, lleva a la destrucción de las charcas, interrumpe los corredores (por donde se movían los anfibios). Destruimos su hábitat; imagínate eso mismo en los diferentes puntos dentro de lo que es el karso”, planteó Vega Castillo.PUBLICIDAD

Pero el sapo concho no sería el único en peligro si la Legislatura –y eventualmente La Fortaleza– diera paso a las enmiendas propuestas a la Ley para la Protección y Conservación de la Fisiografía Cársica de Puerto Rico (Ley 292 de 1999). El listado también incluye la cotorra puertorriqueña y especies de coquíes como el coquí llanero –ambas amenazadas–, así como las 13 especies de murciélagos reportadas para Puerto Rico.
Un ataque “frontal”
La Ley 292 de 1999 fue presentada entonces –tras un proceso de años de discusión e investigación– por dos representantes del Partido Nuevo Progresista y aprobada, de forma unánime, en ambos cuerpos legislativos.
“En los 50 años que llevo como biólogo, me he encontrado con proyectos como este y muchos otros, y con muchas luchas ambientales, muchas de ellas muy complicadas y muy peligrosas, pero jamás en esos 50 años he visto tanto peligro, tanto olor a muerte en términos de biodiversidad y de especies en peligro”, alertó el doctor Rafael Joglar, profesor jubilado de la Universidad de Puerto Rico y fundador del Proyecto Coquí. “Lo que está pasando me tiene profundamente preocupado. Nunca había visto un ataque tan brutal, tan frontal, tan tóxico como este hacia la naturaleza”.

Por su parte, Vega Castillo resaltó que la población más grande de cotorras puertorriqueñas está asociada con el Bosque Estatal de Río Abajo, que ubica en el karso, entre Arecibo y Utuado. En el caso del coquí llanero –asociado con los humedales en la zona–, advirtió que la aprobación del PC 1079 “sería una sentencia”.
“La medida habla de aprovechamiento, habla de desarrollo económico, pero miramos el karso como materia prima, o sea, que estamos hablando de sacar materiales, de desparramamiento, tal vez, urbano, de construcción, sabrá Dios qué; que no va a beneficiar directamente a las comunidades puertorriqueñas, sino que va dirigido a unos grandes intereses muy particulares, que no sé quiénes son, pero que hemos visto a lo largo de la historia que no necesariamente eso que hablamos que es desarrollo es beneficioso para nuestras comunidades”, esbozó la experta en la conservación del sapo concho.
El karso, que suele asociarse con mogotes o cuevas, es un sistema natural que cumple funciones esenciales para la vida en el archipiélago, según la organización Ciudadanos del Karso, principal defensora de la región. Entre sus funciones, destaca almacenar importantes reservas de agua subterránea; albergar una gran diversidad de especies de flora y fauna; y proteger ecosistemas únicos y especies endémicas. Además de su importancia ecológica, científica, histórica, recreativa y paisajística, el karso posee un incalculable patrimonio arqueológico.
La franja kárstica del norte –que se extiende desde Loíza hasta Aguada– tiene la extensión continua más amplia de bosque maduro, mientras se estima que, en la zona kárstica muy húmeda y húmeda, se encuentran el 23% y el 16%, respectivamente, del total de especies de árboles endémicos de Puerto Rico. Además, se estima que el karso es hábitat del 73% de las especies reportadas de anfibios y reptiles para el archipiélago. La zona kárstica del sur se extiende de forma discontinua al suroeste desde Juana Díaz hasta Cabo Rojo.
Según el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), los recursos que contiene el karso incluyen el río más largo (La Plata); la descarga pluvial de mayor tamaño (Río Grande de Arecibo); los estuarios fluviales de mayor tamaño (Río Grande de Manatí); los humedales costeros de mayor extensión (Caño Tiburones); los ríos subterráneos mejor conocidos y estudiados (Tanamá y Encantado); el sistema de cuevas y cavernas más extenso (Río Camuy); el sistema de dunas más complejo (Isabela y Loíza); más de 200 especies de aves (incluyendo 16 de las 17 aves endémicas del país); más de 30 especies en peligro de extinción; playas de anidaje para tres tortugas marinas en peligro de extinción (tinglar, tortuga verde y carey de concha); el acuífero de agua dulce más extenso (acuífero Aymamón); yacimientos de fósiles y más de 90 especies de peces asociadas a los cuerpos de agua de la zona.
La oficina de la representante Elinette González Aguayo, presidenta de la Comisión cameral de Recursos Naturales, informó a El Nuevo Día que está en el proceso de solicitar memoriales a las agencias incluidas en la propuesta, entre ellas, el DRNA, la Junta de Planificación, la Oficina de Gerencia de Permisos y el Departamento de Desarrollo Económico y Comercio.
Al momento, González Aguayo no ha decidido si citará vistas públicas. El proceso está abierto al público, y aquellos interesados en someter comentarios pueden hacerlo al correo electrónico recursosnaturales@camara.pr.gov.
Mientras, el secretario del DRNA, Waldemar Quiles Pérez, indicó a El Nuevo Día que aún no ha evaluado la legislación. “Todavía no me he sentado a leerlo; muy probablemente, ya mi gente lo está leyendo para preparar los memoriales”, comentó.




El karso cuenta la historia de los primeros pobladores de Puerto Rico. Las cuevas del karso contienen desde restos de animales (ahora extintos) hasta manifestaciones de arte rupestre que confirman que su ocupación por grupos indígenas inició antes y terminó después de lo pensado, según investigaciones lideradas por el arqueólogo Reniel Rodríguez, de la UPR en Utuado. – Suministrada
En tanto, Joglar opinó que el propósito de “desmantelar” la Ley 292 de 1999 se alinea con otras propuestas legislativas que impactan de alguna manera el medioambiente, entre ellas, el PC 25, que busca redefinir la zona marítimo terrestre, y la nueva Ley 82, que –entre otras cosas– permite construcciones en suelo rústico especialmente protegido –clasificación que aplica a gran parte del karso puertorriqueño–, siempre que el gobierno estatal o municipal clasifique el proyecto como “estratégico”.
“La biodiversidad nunca ha estado tan amenazada. Lo que puedo concluir de todo esto es que Puerto Rico, en este momento, está en peligro de extinción. Estoy hablando de la biodiversidad principalmente, pero también de comunidades de gente pobre que van a ser desplazadas de estas áreas, como la costa, porque la poca protección que existe va a desaparecer”, argumentó.
Referencia
Por: Carlos “Johnny” MéndezPUBLICIDAD
Tags
Cámara de RepresentantesMedioambienteDRNACarlos «Johnny» Méndez
Génesis Ibarra Vázquezgenesis.ibarra@gfrmedia.com
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.































