Álex Grijelmo, nuevo académico de la RAE: “Lo que empobrece el lenguaje no son las redes sociales. El problema son las carencias educativas”

El periodista y escritor encara su nueva vida desde la silla ‘o’ y dice sentir “la obligación de trabajar” y de comprometerse “con la corporación»

Álex Grijelmo, fotografiado el 12 de junio en Madrid.Claudio Álvarez
Jorge Morla

Jorge Morla

Madrid – 14 JUN 2026 – 23:30 AST

Cuando se le felicita porque debe ser el único miembro de la RAE que juega al fútbol cada semana, Álex Grijelmo (Burgos, 70 años) no puede evitar una de esas carcajadas sonoras que le caracterizan. “Este jueves mismo le hice a [el periodista de EL PAÍS] Carlos de Barrón un paradón que hay que verlo. Es muy bueno, pero le saqué el balón de la escuadra, casi no me lo creo”. Grijelmo, que además de portero aficionado es periodista, ensayista, novelista, muñidor de —entre otros— el Libro de estilo de EL PAÍS, expresidente de la Agencia Efe y creador de la Fundéu, es ahora también, desde la votación del jueves, el flamante asiento o de la RAE. Un nombramiento que corona una vida dedicada al lenguaje.

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Pregunta. ¿Este es el culmen de una carrera tan variopinta, pero tan entregada a la lengua como la suya?

Respuesta. Pues yo creo que sí. Aunque parece que cuando uno llega “al culmen” ya solo le queda descender… Mucha gente puede pensar que cuando ingresas a la Academia ya te puedes relajar, pero no: yo tengo la obligación de trabajar y de comprometerme con la corporación.

P. Lo del jueves entonces fue como el pistoletazo de salida.

R. Exacto, es una nueva etapa de mi vida profesional a la que llego sin abandonar otras: seguiré escribiendo en el periódico, escribiendo libros, dando conferencias… Pero añado una responsabilidad más.

El uso de anglicismos muestra un complejo de inferioridad”

P. Dentro de las diferentes almas de la RAE, ¿a cuál cree que representa más?

R. Digamos que, por mi perfil, tengo aspectos coincidentes con los tres sectores que forman la Academia. El de los filólogos, el de los escritores y luego también estoy en el tercer sector, que son los que forman los profesionales ajenos a los dos anteriores, que reúne a arquitectos, economistas, juristas, gente del teatro… Entonces, me siento equidistante en el fondo con esos tres tercios, y con capacidad de entender y de entenderme con los tres.

P. ¿Cómo cree que puede ser útil a la institución?

R. La faceta donde pienso que puedo aportar más, o mostrar mejor mi visión, es la divulgación. Es lo que más me interesa —de hecho, un periodista ya es un divulgador—, y posiblemente es el ángulo donde más puedo ayudar.

Álex Grijelmo, en una de las mesas de la celebración del 50º aniversario de EL PAÍS.Pablo Monge

P. ¿Qué tareas pendientes tiene la RAE?

R. Me resulta muy difícil contestar eso desde fuera, porque yo primero quiero estar dentro y me apetece resolver el discurso de ingreso cuanto antes. No sé qué voy a aportar hasta que no esté dentro, así que todavía estoy en la fase de observar. No quiero ser de esas personas que llegan a un sitio y, sin haberse enterado de nada, ya toman decisiones.

P. El discurso, ¿sabe ya de qué tratará?

R. Fíjate, quiero escribir sobre los libros de estilo y sobre su entronque con los libros clásicos de retórica de Grecia y de Roma.

P. De libros de estilo sabe algo, ¿no? El de EL PAÍS, el del As, el de la SER, el de Efe… Tiene dos años para el discurso; no sé si algún periodista ha tenido alguna vez un plazo, por no decir deadline, tan largo.

A veces me tachan de purista, pero casi siempre me refiero a manipulaciones del lenguaje”

R. Es raro, ¿verdad? [ríe]. Los periodistas nos ponemos a trabajar rápido, y yo espero tenerlo listo en un plazo razonable.

P. La RAE ha sido acusada a veces de ser demasiado conservadora, y otras de ceder demasiado rápido a los cambios sociales. ¿Cuál es hoy el equilibrio correcto entre describir cómo habla la gente y prescribir cómo debería hablar?

R. Es cierto que los vocablos deben haber desarrollado un cierto recorrido antes de ingresar en el Diccionario. La academia siempre llega tarde. Hay que esperar a que un uso se consolide para llevar el término al diccionario. Pero una cosa es el uso, del que se extrae lo correcto, y otra el estilo, que se basa más en el gusto personal de cada uno. García Márquez decidió no escribir adverbios terminados en “mente”, que son correctos, porque él entendió que en lugar de ellos siempre hay una opción mejor. Eso es el estilo. Que una palabra entre en el Diccionario no nos obliga a usarla.

Álex Grijelmo, en la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.Carlos Rosillo

P. Vamos, que no es un reproche: la Academia siempre llega sabiamente tarde.

R. Exacto. Prudentemente tarde.

P. Lo digo porque llega a una institución con turbulencias recientes: el escritor Arturo Pérez-Reverte señalaba una fricción entre los técnicos del lenguaje y los escritores que lo usan a diario, y acusaba a la Academia de ceder ante los usos más modernos de la lengua. ¿Cómo ha vivido ese choque?

R. Al no estar dentro, no tengo elementos de juicio, pero desde fuera lo he vivido con interés y con cierta intensidad. Me gustaría que las gentes a las que conozco y a las que aprecio no se llevasen mal entre sí. Pero dicho esto, hay que diferenciar siempre cuando se produce un conflicto entre quien lo causa y quien lo sufre. En mi vida, ante un conflicto, siempre he procurado mantener posturas conciliadoras con las dos partes, sin que eso signifique que seas neutral. También te digo: estoy seguro de que no ha llegado la sangre al río. Leí la conversación que se produjo entre [el director de la Academia, Santiago] Muñoz Machado y Pérez-Reverte… Solo el hecho de que eso ocurriera después de una discrepancia previa muestra que se trata de dos personas capaces de dialogar y de hablar. Eso está bien.

P. ¿Es partidario de lavar los trapos sucios en casa? ¿O le parece bien que se externalicen?

R. Cuando se trata de enfrentamientos personales, es mejor dirimirlos en casa. Cuando se trata de enfrentamientos intelectuales, pueden salir a la luz pública, porque eso nos va a enriquecer a todos.

P. ¿Se ve como embajador de la Academia para una generación que consulta más las redes sociales que el Diccionario?

R. Bueno, yo puedo ser embajador si la Academia decide que en algún momento yo ejerza de correa de transmisión entre la institución y el público. Pero tampoco me puedo arrogar ese papel. Haré lo que me digan, porque soy muy disciplinado cuando formo parte de una corporación o de un equipo.

Me interesa el lenguaje público y analizar a los profesionales públicos que tienen responsabilidad en el uso de la lengua”

P. Elecosistema digital, ¿cree que está empobreciendo o enriqueciendo el lenguaje?

R. El sistema digital solo es el reflejo del mundo. Es lo que vemos, pero lo que empobrece el lenguaje no es el escaparate; lo que empobrece es la trastienda. El problema no es que la gente se exprese mal en las redes sociales. El problema es que la gente no ha recibido la formación necesaria en la educación escolar. Y tampoco en la universitaria: yo veo muchos licenciados o graduados con muchísimas carencias. Las redes sociales son solamente el reflejo de lo que pasa. Pero lo más grave de las redes sociales, como bien sabes, es el anonimato y todo lo que eso implica.

P. ¿Seguirá fiscalizando, desde sus columnas, el lenguaje periodístico?

R. Bueno, me interesa el lenguaje público y analizar a los profesionales públicos que tienen responsabilidad en el uso de la lengua. Espero seguir haciendo eso, y sobre todo fijándome en las manipulaciones del lenguaje. A veces me tachan de purista, pero rara vez hablo en mis columnas de, no sé, anglicismos. Alguna vez sí, pero la mayoría de las veces me refiero a manipulaciones del lenguaje. Tanto en la vida privada como en la vida pública…

P. Algo que tiene más fondo que el uso de un anglicismo…

R. Exacto. Y de los anglicismos ya se sabe lo que yo opino al respecto… No desciende el producto interior bruto por usar anglicismos, aunque muestra un complejo de inferioridad y a veces una incapacidad de expresarse en la propia lengua de uno.

P. Sobre eso: forma parte de un grupo de música tradicional burgalés, Orégano. ¿Cree en la preservación de los localismos?

R. Sí, me preocupa el desprecio hacia las raíces propias, también las lingüísticas. En mi caso se ha manifestado con la pertenencia a un grupo de música —que ahora cumple 50 años—. Tanto mis amigos como yo hemos sentido esa necesidad de recuperar la cultura que tenemos más cercana. Porque si no amas lo que está cerca de ti, ¿cómo vas a amar el planeta? Si no amas tu propia cultura, ¿cómo vas a amar las culturas del mundo?

P. Madridista confeso… ahora que hablamos de votaciones… ¿Votó en las elecciones del Real Madrid?

R. Sí, sí. A Riquelme. La idea de que venga Mourinho me espanta.

P. Lo del fútbol no lo digo al azar: no sé si es consciente de que los partidos que usted juega son los jueves, igual que los plenos de la RAE.

R. ¡Hombre, está todo previsto! [ríe]. Jugaré los partidos de fútbol los jueves por la mañana, y asistiré a los plenos los jueves por la tarde. Además, jugamos en la Chopera del Retiro, al lado de la Real Academia. No hay conflicto de intereses.

Grijelmo posa para la entrevista, el 12 de junio.Claudio Álvarez

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