Europa dice estar lista para ayudar en el estrecho de Ormuz
Una coalición liderada por el Reino Unido y Francia se ha estado preparando para enviar dragaminas y otros barcos para garantizar la seguridad cuando se reanude el tráfico. El momento podría haber llegado.



Por Michael D. Shear
Reportando desde Londres
16 de junio de 2026
Los países europeos están listos para enviar barcos al estrecho de Ormuz para proteger el tráfico marítimo, pero no lo harán hasta estar convencidos de que el nuevo alto al fuego entre Estados Unidos e Irán está funcionando.

Hay dragaminas italianos posicionados frente a la costa de Yibuti, en África oriental. Un dragaminas alemán y un buque de apoyo logístico se encuentran en el Mediterráneo oriental. El portaaviones de propulsión nuclear de Francia está a dos o tres días de navegación del estrecho. El Reino Unido envió un destructor a la región, el Dragón, alistándose para ayudar a asegurar el estrecho una vez que se reanude el tráfico marítimo.
Francia y el Reino Unido están “listos para actuar muy rápido”, dijo el presidente francés Emmanuel Macron a una emisora de radio el lunes por la mañana. Dijo que ambos países y sus aliados “harían todo” lo necesario para garantizar la reanudación del tráfico marítimo normal de petróleo y otras mercancías por todo el mundo, sin miedo a ataques ni tener que pagar peajes.
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“Hay muchos otros estrechos en el mundo”, dijo Macron. “Si cobramos un peaje siempre, ¿cuál será la consecuencia? Harás que suban los precios en todo el mundo”.

Al comenzar una reunión del Grupo de los 7 el lunes en Francia, los europeos dijeron que sus recursos solo se enviarían al estrecho cuando estuviera claro que el acuerdo de alto al fuego se mantendría, a diferencia de los intentos fallidos que llevaron a la reanudación de los ataques militares en los últimos meses. Las autoridades indicaron que el memorando de entendimiento entre ambos países no se había hecho público para que los gobiernos lo examinaran.
Desde el lunes surgieron los primeros indicios de desacuerdo entre Estados Unidos e Irán, cuando un vocero del ministro de Asuntos Exteriores iraní cuestionó lo dicho por el presidente Donald Trump sobre que el estrecho estaría “permanentemente” libre de peajes.
“No pretendemos imponer peajes de tránsito; sin embargo, sí se cobrarán tarifas a cambio de los servicios prestados”, dijo Esmaeil Baghaei, el vocero, en un comunicado difundido por los medios estatales iraníes.
Mientras los líderes del G7 se reunían en Évian-les-Bains, Francia, la cuestión del paso sin peaje puso de manifiesto la inquietud de los europeos ante la guerra de Estados Unidos e Israel en Irán, a la que la mayoría se oponía. La mayoría de sus países se mantuvieron al margen del conflicto, que duró tres meses y medio, lo que enfureció a Trump, quien los acusó de cobardía.
En lugar de ello, el Reino Unido y Francia formaron una coalición de países que se comprometieron a ayudar a garantizar una paz duradera una vez que cesaran los combates. No obstante, aún no se han hecho públicos los detalles sobre qué haría la coalición, cuánto riesgo asumiría ni cuánto tiempo permanecerían las fuerzas armadas en el estrecho.
Esas preguntas se están volviendo más urgentes, ya que parece que ha llegado el momento de que los europeos empiecen a cumplir sus promesas.
En una declaración del lunes, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, dijo que su país estaba “listo, junto con nuestros otros socios y siempre que se cuente con la autorización parlamentaria necesaria, para contribuir a una presencia naval internacional que respalde la reapertura total del estrecho de Ormuz”.
Pero en una entrevista realizada este mes, Guido Crosetto, ministro de Defensa de Italia, advirtió que el país solo comprometería soldados y equipamiento si era seguro.

“Ningún país puede meterse en el conflicto sin estar seguro de que sus barcos —que ni siquiera pueden defenderse— no van a ser bombardeados”, dijo Crosetto en ese momento. “Los dragaminas no son buques de guerra. Son barcos que se usan para desminar. Así que tiene que estar claro que nadie los va a atacar”.
El lunes, responsables europeos de Asuntos Exteriores se reunieron en Luxemburgo, donde uno de los temas que se trataron fue la Operación Aspides, una misión europea iniciada en febrero de 2024 para proteger a los buques comerciales del mar Rojo de los ataques de los militantes hutíes de Yemen, respaldados por Irán. Durante meses, los responsables de la Unión Europea han contemplado la idea de ampliarla para ayudar con la situación en Ormuz una vez que cesaran los combates.
Kaja Kallas, la principal diplomática de la Unión Europea, dijo en una rueda de prensa el lunes que el anuncio del alto al fuego por parte de Estados Unidos e Irán era “un posible avance”. Pero añadió que la Operación Aspides seguiría enfocada en el mar Rojo y que “la coalición franco-alemana operará entonces en el estrecho de Ormuz”. Dijo que las dos operaciones “van de la mano y se complementan entre sí”.
Otro tema que se debatió en Bruselas —y que probablemente estará en la agenda en Francia— es la cuestión de las sanciones económicas que se han vuelto a imponer recientemente a Irán.
Ursula von der Leyen, presidenta del brazo ejecutivo de la Unión Europea, dijo en una rueda de prensa durante la cumbre del G7 en Francia que las sanciones de la UE a Irán abordan dos cuestiones principales: las violaciones de los derechos humanos y las armas de destrucción masiva.
“El principio de las sanciones es que necesitamos un cambio real sobre el terreno antes de poder pensar en levantarlas”, dijo.
Friedrich Merz, el canciller alemán, y su gobierno están dispuestos a levantar las sanciones a Irán como parte del acuerdo, siempre que Irán cumpla las condiciones. Sin embargo, los responsables subrayaron que cualquier medida de este tipo debe ser aprobada por toda la Unión Europea.
Alemania esperará a que se firme el acuerdo el viernes antes de dar pasos concretos, señaló el lunes un funcionario alemán.
Mark Landler colaboró con reportería desde Evian, Francia; Jim Tankersley desde Berna, Suiza; Jeanna Smialek desde Bruselas y Motoko Rich desde Roma.
Michael D. Shear es un corresponsal sénior del Times que cubre la política y la cultura del Reino Unido y la diplomacia de todo el mundo.
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El orden mundial se ha visto alterado, y es poco probable que las economías simplemente retomen las actividades que tenían antes de que EE. UU. e Israel empezaran a bombardear Irán.


Por Patricia Cohen
Patricia Cohen, quien reside en Londres, escribe sobre economía global y geopolítica.
16 de junio de 2026
El acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán allana el camino para poner fin a los brotes de violencia y a las devastadoras interrupciones en el suministro energético y el comercio en el golfo Pérsico. Pero no cabe esperar que las economías de todo el mundo simplemente retomen su actividad donde la dejaron antes de que Estados Unidos e Israel empezaran a bombardear Irán el 28 de febrero.
La guerra ha puesto en marcha cambios que serán difíciles de revertir.
El orden energético mundial se está redefiniendo
El colapso casi total de los suministros de petróleo y gas procedentes de Medio Oriente y el vertiginoso aumento de los precios están provocando un cambio en el equilibrio de poder. Los productores de energía, desde el golfo Pérsico hasta América, compiten por mantener o aumentar su dominio, mientras que los clientes se esfuerzan por reducir su dependencia y reforzar su suministro.
Como resultado, el mercado energético está cambiando, así como la combinación energética y los actores del sector energético.
La profunda vulnerabilidad de los países de Asia, Europa y otras regiones que dependen de la energía importada impulsa con fuerza la búsqueda de alternativas. En algunos lugares, como Corea del Sur y Japón, esto ha llevado a un mayor uso de combustibles más contaminantes, como el carbón.
Pero a largo plazo, es probable que esta crisis energética —la segunda en solo cuatro años— acelere la transición hacia energías renovables como la solar y la eólica, así como hacia la energía nuclear.

Las mejoras en la tecnología y la eficiencia de las baterías eléctricas hacen que la transición sea más factible de lo que era cuando la invasión rusa de Ucrania provocó una crisis energética mundial en 2022, dijo Daan Walter, de Ember, un grupo de investigación sobre energía con sede en Londres.
En muchos sitios, por ejemplo, los vehículos eléctricos son cada vez más asequibles. Y en abril, por primera vez la energía eólica y solar generaron más electricidad a nivel mundial que el gas.
“Es un gran cambio”, dijo Walter. “Lo que hace cinco años era apenas competitivo, ahora ya es claramente más barato”.
Las inversiones en energías renovables también se han convertido en una apuesta más segura, ya que prometen rentabilidad en unos dos años en lugar de 30, dijo.
Las relaciones entre los productores también están cambiando. La guerra agravó las tensiones entre Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita y llevó a los Emiratos a abandonar el cártel petrolero de la OPEP Plus. El impacto de dicha salida solo se sentirá plenamente cuando repunte la producción de petróleo en la región. Pero una Organización de Países Exportadores de Petróleo debilitada podría aumentar la volatilidad en los mercados petroleros.
La ruptura también ha animado a los saudíes a acercarse más a Rusia. Vladimir Putin, el presidente ruso, presentó este mes a Arabia Saudita como “invitado de honor” en un foro económico celebrado en San Petersburgo.
Rusia, el segundo mayor productor de crudo y gas después de Estados Unidos, se ha visto fortalecida de otras formas por la guerra. El gobierno de Trump levantó temporalmente las sanciones impuestas a Rusia, lo que permitió a Moscú aumentar la ganancia de sus exportaciones de petróleo en un momento en que su economía está en crisis.
Al otro lado del Atlántico, Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina y Guyana aumentan su capacidad de producción de petróleo mientras el mundo busca proveedores alternativos.

China es una de las principales beneficiadas
El impulso para ampliar y diversificar las redes energéticas continuará mucho después de que termine la guerra. Y China está en posición para ser la que más se beneficie del auge previsto de las energías renovables.
Va muy por delante del resto del mundo en la producción de aerogeneradores, cables de alta tensión, transformadores, paneles solares, baterías, software para gestionar los flujos de energía y mucho más.
El papel cada vez más importante de China a la hora de garantizar que otros países cuenten con un suministro energético fiable refuerza su influencia estratégica y su importancia.
“China parece ser la ganadora indiscutible”, concluyeron los analistas de Wood Mackenzie, una consultora energética global.
La agresiva campaña del gobierno de Donald Trump para frenar los proyectos de energías renovables —que ha llegado incluso a pagar a las empresas para que cancelen parques eólicos— significa que Estados Unidos se retira, en esencia, de esta competencia global y cede la ventaja industrial y tecnológica a su mayor rival.
Las ventajas económicas se ven reforzadas por las geopolíticas. La guerra ha profundizado la brecha entre Estados Unidos y sus aliados históricos en Europa, lo que supone otra oportunidad para que China amplíe su papel como líder internacional.

Será difícil recuperar la confianza
No está claro si el tráfico marítimo podrá volver a circular libremente por el estrecho de Ormuz, la única ruta marítima para transportar petróleo, gas natural y otras mercancías desde el golfo Pérsico.
Irán ha presionado para imponer tasas a los barcos que pasan por ese estrecho, aunque ese plan podría violar acuerdos internacionales. Incluso si no se aprueban esos nuevos pagos, Irán ha demostrado que puede interrumpir el comercio cuando quiera, lo que aumenta los riesgos y los costos.
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“Creo que el estrecho nunca volverá a ofrecer la seguridad de libre paso a la que estábamos acostumbrados”, dijo Maurice Obstfeld, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional.
Del mismo modo, la confianza en la paz, la estabilidad y la creciente prosperidad de la región también se ha visto sacudida.
“El dinamismo de las economías del Golfo podría verse mermado por la vulnerabilidad que han mostrado”, dijo Obstfeld, y añadió que “eso aumenta la influencia de Irán en la región”.
Irán ha lanzado drones y misiles contra Kuwait, Catar, Arabia Saudita, los Emiratos y otros países vecinos. Los daños en los yacimientos de gas natural de Catar fueron cuantiosos, y afectaron el 17 por ciento de su capacidad para exportar gas natural licuado. En Arabia Saudita, un complejo petroquímico fue bombardeado.
En el caso de los Emiratos, que se han autoproclamado centro financiero global, centro de comercio y destino turístico, los ataques contra sus hoteles de cinco estrellas, sus centros de datos y una instalación nuclear podrían ahuyentar a visitantes e inversores.
En cuanto a Estados Unidos, la decisión de Trump de provocar una guerra con Irán, junto con su caótica forma de hacer política, ha minado aún más la confianza en la voluntad y la capacidad de Washington para mantener el orden y el comercio mundiales.
“Se ha demostrado una vez más que la capacidad de Estados Unidos como potencia militar es limitada”, dijo Obstfeld. Y la continua resistencia de Irán “supone un duro golpe para la confianza mundial en Estados Unidos como garante de la seguridad”.
Durante décadas, una de las misiones principales de la Marina estadounidense ha sido garantizar la libertad de navegación en los mares, dijo Mark Blyth, politólogo de la Universidad de Brown. Sin embargo, el éxito de Irán a la hora de mantener el bloqueo del tráfico marítimo ha demostrado que, a pesar de todo su poderío, Estados Unidos no puede garantizar que los mares estén abiertos y sean libres.

La economía se ha visto empujada hacia una senda de crecimiento más lento y precios más altos
Cuando los economistas del Banco Mundial empezaron a analizar los datos a principios de este año, se llevaron una grata sorpresa. “Entre enero y febrero, empezábamos a plantearnos revisar al alza nuestras previsiones, porque las cosas pintaban muy bien”, dijo Indermit Gill, economista jefe del banco. “La inflación iba a la baja, el crecimiento repuntaba, y el comercio había aguantado bien el golpe y seguía en pie”.
Ya no es así. El Banco acaba de revisar sus perspectivas económicas y ha rebajado sus previsiones. Ahora, espera que el crecimiento mundial baje al 2,5 por ciento este año, desde el 2,9 por ciento de 2025.
La inflación también comienza a dispararse. En Estados Unidos, subió por tercer mes consecutivo y alcanzó una tasa anual del 4,2 por ciento en mayo. Y en lugar de prepararse para la próxima bajada de los tipos de interés, Wall Street espera que la Reserva Federal suba los tipos al menos una vez este año. La semana pasada, el Banco Central Europeo subió los tipos al 2,25 por ciento. “La guerra en Medio Oriente genera presiones inflacionistas”, dijo el banco.
El aumento de los tipos de interés tiene graves consecuencias a largo plazo tanto para los países ricos como para los pobres, que ya han acumulado una deuda pública astronómica y están destinando una parte cada vez mayor de sus ingresos solo únicamente al pago de los intereses.
Esas presiones presupuestarias no harán sino crecer a medida que los gobiernos ofrezcan ayudas a los hogares que sufren el incremento de los precios de la energía y aumenten los presupuestos militares para hacer frente a las crecientes amenazas a la seguridad.
Las economías asiáticas, las más golpeadas por la crisis, ya han acudido en masa al Banco Asiático de Desarrollo en busca de préstamos de emergencia, en un intento por rescatar sus economías y finanzas del impacto de la guerra con Irán.
“La economía mundial va a acabar más nerviosa”, dijo Gill. Y eso no es bueno para la planificación a largo plazo, la inversión ni el crecimiento.
Patricia Cohen escribe sobre economía global y reside en Londres.
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