Pietro Marcello, cineasta: “No creo en un artista que exista aparte del mundo, poseo una visión muy moral”
El italiano, director de ‘Martin Eden’ o ‘Scarlet’, ahonda en la vida de la mítica actriz Eleonora Duse al final de la Primera Guerra Mundial para reflexionar sobre tiempos convulsos y rechazo al fascismo



Madrid – 16 JUN 2026 – 23:30 AST
Hoy, la huella de la italiana Eleonora Duse (Vigevano, 1958-Pittsburgh, 1924) se ha desvanecido. Pocos recuerdan a una de las grandes actrices de inicios del siglo XX; en cambio, su rival, la otra intérprete que acaparó titulares y elogios, la francesa Sarah Bernhardt, sí ha logrado mantenerse en la memoria colectiva. Y eso que Duse contaba con suficientes elementos llamativos en su biografía, como su compleja relación con su hija, sus vertiginosos años de pareja con el escritor Gabriele D’Annunzio o que rechazara la oferta de Benito Mussolini de convertirse en su mecenas. Todo eso llamó la atención de su compatriota Pietro Marcello (Campania, 49 años), el director de Bella y perdida, la sobrecogedora Martin Eden o Scarlet. “En el fondo, siempre estoy dando vueltas alrededor de un mismo tema. En el cine, no contar historias de ganadores. No me interesan. Me atraen los perdedores porque los ganadores fijan la Historia. Quiero plasmar el punto de vista de los que sufren las consecuencias de la Historia”, explicaba la semana pasada por videollamada. Y a eso se ha aplicado con Eleonora Duse, la divina, ya en salas en España.
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Por eso, Eleonora Duse, la divina y Martin Eden resuenan entre sí en la forma, con la mezcla de ficción y de imágenes de la época, algo que Marcello, que alberga alma de documentalista, no puede dejar de lado, y en el fondo. “Por eso no puedo ser un director de biopics, porque a mí lo que me atrae es el suceso, el viaje de esa mujer, especialmente en lo emocional. Lo otro…”, y ríe mientras agita en el aire una mano.
Con los años, el documentalista Marcello —ha dirigido una decena de largos en este formato— ha ido dejando que crezca el ficcionador. “Espera, espera”, interrumpe al traductor de italiano aun cuando no ha finalizado la pregunta. “Yo amo a los actores, pero siempre he trabajado en los archivos, vengo del documental. Esta es mi alma y nunca la voy a traicionar. La ficción es ficción, y con eso me refiero a que nunca podrá ser tan potente como unas imágenes de archivo”.

Marcello no tuvo dudas acerca de quién quería que protagonizara su último trabajo. “Como vengo de donde vengo, me gusta improvisar, estar muy atento a lo que sucede para aprehenderlo. Por eso, no hice pruebas de reparto. Sencillamente, llamé a Valeria Bruni Tedeschi. Por dos razones: porque también le gusta improvisar y porque además de actriz es directora con talento y fuego interior. Además, le ha aportado a Duse una cierta infantilidad; Valeria trajo al personaje un juego que sumó muchísimo”. Y remata: “Lo que me interesaba era contar la relación entre lo humano y lo divino y mostrar la fragilidad de un talento. Valeria lo captó a la primera”.
Duse rechazó a Mussolini en un momento en que esa decisión iba en contra del sentir general, en los años de crecimiento de la influencia de quien sería posteriormente el Duce. Esa oposición a un promotor del fascismo encuentra eco inmediato con la actualidad. “Me atraía contar aquella época de entreguerras del siglo XX. Una transición no tan distinta a lo que vivimos en este momento. Duse es una figura del siglo XIX que se encuentra al final de la Primera Guerra Mundial en un mundo que no reconoce, como yo tampoco reconozco el mundo en este momento histórico. La única respuesta a lo que está aconteciendo alrededor de nosotros es saber decir que no, que no quiero ser así. Por supuesto, el poder siempre ha querido captar a los artistas, a los intelectuales, a través del favoritismo, a través de las donaciones. El artista está en el centro, pero alrededor de nosotros hay una historia y una sociedad, inevitablemente. No creo en un artista que exista aparte del mundo, como si los problemas no fueran con él. Por esto, yo poseo una visión muy moral. Me atañe lo que me rodea”.
Marcello es un entrevistado de declaraciones contundentes. Hoy las acompaña con buen humor. En su caso, la guitarra de Woody Guthrie de “matar fascistas” deviene en cámara y lengua. “Tuve grandes maestros de niño que me enseñaron a decir que no. Por encima de ser un creador, hay que saber estar en el mundo, situarte mental y moralmente. Para mí es fundamental. Insisto, antes de rodar todas estas películas y alcanzar estos privilegios, soy un hombre entre los hombres, y no puedo hacer como si no pasara nada. A mí, personalmente, el arte no me satisface lo bastante… A ver, el arte cura, la belleza nos cura, pero necesitamos una visión espiritual. Y tenemos que estar atentos a lo que ocurre”. De ahí el cineasta pasa a la actualidad. “Hace un siglo Europa ardía, y nos encontramos otra vez en ese punto. Con brutales paralelismos. Piensa en 1936 y 2026. Está pasando exactamente lo mismo: se iniciaron guerras fuera de los centros de poder. Y con el inicio en 1936 de la guerra civil en España se puso en marcha el mecanismo de la Segunda Guerra Mundial. Nadie imaginaba las leyes raciales alemanas, nadie imaginaba todo lo que ocurrió entre 1936 y 1939 en España. Hoy igual: nadie imaginaba lo que está pasando alrededor de nosotros en este momento histórico, Gaza, Ucrania, EE UU… Y hay muchos que se dan la vuelta y miran por otro lado, cayendo en la desidia. Entonces y ahora. Y, por cierto, los que pecaban de desidia tampoco eran aceptados en el infierno de Dante”. Según La divina comedia, se quedaban en el vestíbulo porque su falta de compromiso y de acción los hace indignos tanto del cielo como del propio infierno. “Hoy reina en el mundo la desidia y, para mí, eso es inmoral”.

Por supuesto, “todo cineasta tiene su ego”. ¿Cómo contenerlo? “Debemos controlar nuestro narcisismo, siendo a la vez creativos y valientes. Aunque somos humanos, no divinos. Sí, hacemos obras al arte… pero no podemos olvidar que vamos al baño y cagamos como todos”.
Esta lucha entre ego y empatía, ¿no fue la que le hizo perder a Duse frente a Bernhardt? Ganó la promoción. “Cierto, y más cosas. Entre ellas dos hubo elementos añadidos que auparon a la francesa. Y aunque las dos giraron por todo el mundo, incluido EE UU, Duse se movió en un teatro italiano entonces anclado en lo antiguo. Bernhardt surgió de París, en ese momento la capital mundial de la cultura y escaparate de todas las vanguardias artísticas. En fin, ¿quién recuerda a las personas que probaron a cambiar el mundo? Solo nos acordamos de los vencedores”.
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