Cabaret Voltaire, 50 años de electrónica humana: “Dan más miedo las personas que están tras la IA que la IA misma”
El grupo británico, pionero en el uso de la tecnología con inspiración subversiva y dadaísta, actúa este jueves en el Sónar de Barcelona


Barcelona – 17 JUN 2026 – 23:30 AST
Cuando a mediados de los años cincuenta del pasado siglo nacieron Chris Watson, Stephen Mallinder y Richard H. Kirk, su Sheffield natal era una ciudad inglesa industrial en decaimiento y las acerías comenzaban su declive. La música que ellos usaron para respirar en aquella urbe hostil respondía necesariamente a ese ambiente fabril, mecánico, oscuro y claustrofóbico que volvía a vincular contexto socioeconómico y sonido, el propio sentido y carácter de la música. Como nombre escogieron un referente dadaísta, Cabaret Voltaire, cafetería de Zúrich epicentro del movimiento, una corriente de vanguardia artística y multidisciplinar de inicios del XX de la que el trío adoptó su espíritu irreverente y provocativo. Tanto que en su primer concierto en Sheffield, Mallinder fue lanzado del escenario por un estudiante, uno de los muchos irritados por la desafiante música del trío. Y lo lesionó.
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Cabaret Voltaire fueron incomprendidos al comienzo, pero hoy son un grupo pionero fundamental junto a Kraftwerk para entender el desarrollo de la música electrónica y del uso de la tecnología para componer. El grupo inglés avanzó el tecno, la incorporación del error como estética musical —luego se llamaría glitch—, lo sombrío del post-punk, el colorido del pop sintético, la atonalidad y el ruido; optaron por el cut up sonoro —cortar cintas y reorganizarlas— emparentado con el troceado azaroso que Burroughs había popularizado en la literatura; adoptaron una actitud háztelo tú mismo punk, incorporaron el humor y la ironía, y uno de sus vídeos, Sensoria,forma parte de la colección permanente del MoMA. Kirk falleció en 2021, hoy Watson y Mallinder celebran sus 50 años de historia estrenándose en el Sónar.
Su concierto es un repaso a sus grandes éxitos, cosechados en épocas que han ido del sonido industrial y del post-punk retorcido hasta acercarse a la música de baile contemporánea pasando por el funk electrónico de The Crackdown, su disco más recurrido en estos conciertos. Pero como artesanos que son, no se tratará sólo de lanzar pistas pregrabadas. Stephen Mallinder, 71 años, lo explica por correo electrónico tras su concierto en Ámsterdam: “Estos conciertos son completamente en directo; no nos limitamos a reproducir pistas de acompañamiento de las grabaciones originales. Estamos rehaciendo estas canciones desde cero, recreando los elementos de cada tema y tocándolos en vivo”.
Esta fidelidad a su forma de trabajar impide que de momento figure en el repertorio Do The Mussolini, una provocativa canción antifascista lanzada en 1978 que Mallinder no descarta volver a usar en algún momento: “Bueno, apenas acabamos de empezar a hacer los conciertos y no podemos hacerlo todo, pero sí hemos hablado de volver a tocarla. La tecnología utilizada en una canción como Do The Mussolini es muy difícil de reproducir, pero sí hemos interpretado The Setup, que pertenece al primer EP. Me encantaría hacer Do The Mussolini. De lo que no hay duda es que es una canción enormemente relevante en este momento. Por eso estamos pensando en hacer algo con ese tema”, aclara.

Hablando de temas relevantes, Cabaret Voltaire ha sido siempre un grupo apegado al uso de la tecnología, aunque habría que decir que desde una perspectiva muy humana alejada del rendido papanatismo fascinado. De hecho, a lo largo de su discografía abundan usos retorcidos de la misma, una manera de desafiar las convenciones muy en la línea de la provocación dadaísta, en el fondo más próxima al juego infantil que al sesudo acercamiento intelectual. ¿Sigue teniendo sentido esta aproximación al hecho creativo? Mallinder responde: “Lo que representó el dadaísmo sigue siendo enormemente relevante. El dadaísmo fue un momento concreto en el tiempo, así que no se trata del dadaísmo per se, sino de aquello que defendían. Y sí, por supuesto, sigue siendo tremendamente relevante. El dadaísmo desafió los poderes hegemónicos, cuestionó el mundo del arte y se enfrentó a las fuerzas dominantes. Además, nos mostró la creatividad como una respuesta a un mundo en constante transformación e incertidumbre”.
El otro gran tema en unos artistas con marcadas preocupaciones sociales y políticas es la Inteligencia Artificial (IA), una tecnología, quizás la primera, que puede dominar a sus inventores, los humanos: “Justo estaba leyendo antes sobre una IA que se pidió un robot para sí misma. Creo que eso lo dice todo: resume tanto lo absurdo de la situación en la que estamos como lo inquietante que resulta. Estamos entrando en un territorio nuevo. No se trata simplemente de que la tecnología esté evolucionando; estamos creando entidades conscientes que están empezando a tomar decisiones. Así que, aunque todos sabemos que hay un aspecto creativo en cosas como la IA, nos estamos engañando si pensamos que ese es su propósito principal. Esa es la parte lúdica; detrás de ella existe una dimensión mucho más peligrosa, de escala corporativa y militar-industrial. Pero, en última instancia, lo que da miedo son los seres humanos que están detrás de esa tecnología, más que la tecnología en sí misma”. Como remate, una terna, ¿qué son ustedes, juguetones, subversivos o surrealistas?: “Me gustan todas esas, para ser completamente sincero. No hay un único mensaje en lo que hacemos”.
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