El Comité Editorial del The New York Times: «El presidente Trump perdió esta guerra»
El acuerdo preliminar que podría poner fin a la guerra del presidente Donald Trump contra Irán, que se ha prolongado por cuatro meses, es bienvenido, pero conlleva realidades difíciles. Trump cometió un terrible error al iniciar esta guerra. La llevó a cabo de manera imprudente y en desafío abierto a la ley. Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico en los próximos años.


Por El Comité Editorial
El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se sustentan en su experiencia, investigación, debates y valores arraigados. Es independiente de la sala de redacción.

El acuerdo preliminar que podría poner fin a la guerra del presidente Donald Trump contra Irán, que se ha prolongado por cuatro meses, es bienvenido, pero conlleva realidades difíciles. Trump cometió un terrible error al iniciar esta guerra. La llevó a cabo de manera imprudente y en desafío abierto a la ley. Estados Unidos sale debilitado —militar, diplomática y económicamente— y pagará un alto precio estratégico en los próximos años.

Los detalles del acuerdo no están claros, pero el marco que se ha anunciado sugiere que Trump ha conseguido pocas de las condiciones que insistía en que obtendría. Es una humillante degradación para él y para el país que dirige.
Desde que empezó la guerra, dijo que Estados Unidos lograría una “victoria total y completa” y que Irán debía aceptar una “rendición incondicional”. Insinuó que se produciría un cambio de régimen. Dijo que a Irán no se le permitiría “ningún enriquecimiento” de uranio y que “Estados Unidos, en colaboración con Irán, desenterraría y retiraría todo el material nuclear de grado casi militar” que ya posee y que está bajo tierra.
Nada de esto parece ser cierto. El gobierno de línea dura de Irán sigue en el poder. Al parecer, los detalles del acuerdo nuclear se negociarán durante los próximos dos meses, pero es probable que los términos se parezcan a los del acuerdo de 2015 que negoció el presidente Barack Obama y que Trump canceló en 2018. Describió el acuerdo de Obama como el “peor acuerdo de la historia” y dijo que ponía a Irán en “el camino hacia un arma nuclear”. Lo criticó por no forzar a Irán a dejar de apoyar a grupos terroristas como Hamás y Hizbulá y por suavizar las sanciones económicas. Sin embargo, parece que su guerra destructiva lo dejará con un acuerdo similar.
Su mayor logro en el marco del alto al fuego es la esperada reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo mundial, lo que acabará bajando los precios de la energía y otros productos. Eso, por supuesto, no es más que una vuelta al statu quo anterior a la guerra. Irán cerró el estrecho como represalia, para afectar la economía mundial y aumentar la presión política sobre Estados Unidos. La medida funcionó, y los líderes iraníes ahora entienden que tienen un arma económica poderosa.
Si se hace un balance, Irán sale como el ganador estratégico de esta guerra de cuatro meses. El país sufrió pérdidas sustanciales, como gran parte de su armada, su fuerza aérea, su capacidad militar-industrial y su liderazgo político, entre ellos el ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo, quien fue asesinado el primer día de la guerra. Sin embargo, con el fin de la guerra, los líderes iraníes podrán empezar a reconstruir el país.
Estados Unidos, por su parte, parece más débil a los ojos del mundo. El ejército estadounidense se ha mostrado incapaz de imponerse ante un adversario mucho más pequeño, incluso después de agotar muchos de sus misiles de precisión de largo alcance e interceptores. El resultado perjudica la capacidad de este país para disuadir a otros adversarios potenciales. Para empezar a reparar el daño, Estados Unidos haría bien en recomponer las alianzas en Europa, Medio Oriente y Asia que se han deteriorado debido a los efectos militares y económicos de la guerra. El Pentágono también tendrá que modernizarse y prepararse para las guerras del futuro. Es poco probable que alguna de estas cuestiones ocurra durante el mandato del presidente Trump.
Antes de que comenzara el ataque estadounidense e israelí el 28 de febrero, los dirigentes iraníes habían pasado por dos años y medio muy duros. El gobierno estaba mucho más débil que antes del ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, grupo al que Irán financia y asesora desde hace mucho tiempo. En respuesta a ese ataque, Israel debilitó considerablemente a Hamás y a Hizbulá, otro grupo aliado de Irán. En Siria, un dictador sanguinario respaldado por Irán fue depuesto sin que los líderes iraníes hicieran mucho para intentar salvarlo. Israel y Estados Unidos dejaron en evidencia que las defensas aéreas y el programa de misiles de Irán eran poderosos en apariencia, pero en realidad inofensivos cuando bombardearon las instalaciones nucleares iraníes el verano pasado, un revés para su programa nuclear. Mientras tanto, la moneda iraní seguía cayendo a un ritmo acelerado y su economía estaba en ruinas. A finales del año pasado, los iraníes salieron a las calles a protestar y el régimen respondió matando a miles de manifestantes, si no a decenas de miles.
Todos estos problemas siguen ahí, e Irán sigue estando más débil que hace tres años. Pero la guerra le ha dado una ventaja que no tenía cuando comenzó 2026. Su régimen ha demostrado que puede sobrevivir a oleadas de ataques de sus dos mayores enemigos. Sus líderes no han tenido que abandonar sus ambiciones nucleares. Y han aprendido que el resto del mundo parece no estar dispuesto a usar la fuerza militar para reabrir el estrecho de Ormuz. Si Irán decide cerrar el estrecho en algún momento de los próximos meses o años, ¿qué hará Trump en respuesta?
Enlistamos estos hechos sin satisfacción. Irán ha sido y sigue siendo una fuerza del mal. Reprime a su pueblo, especialmente a los disidentes políticos, las mujeres, las personas de la comunidad LGBTQ y las minorías religiosas. Es líder mundial en tortura y ejecuciones, y ha financiado el terrorismo en su región y mucho más allá. Los líderes de Irán han empobrecido un país cuya renta per cápita estaba por encima del promedio mundial hasta hace tan solo unos años, en la década de 1970.
La brutalidad característica del régimen iraní debería haber sido motivo para que Estados Unidos reflexionara detenidamente y planificara con cautela cualquier guerra. La historia de las guerras modernas de Estados Unidos, especialmente en la región de Irán, está llena de la arrogancia que incuba derrotas. Sin embargo, Trump se abstuvo de una planificación reflexiva en cada paso.
Aceptó la visión optimista del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien predijo que el régimen iraní caería con rapidez. Trump desestimó las opiniones de sus asesores, quienes le dijeron que la predicción de Netanyahu era absurda. Trump ignoró la Constitución y se negó a solicitar la aprobación del Congreso para la guerra. No escuchó a los aliados europeos y asiáticos que se oponían a su guerra. No tuvo en cuenta la evidente capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz. Lanzó amenazas de destruir la civilización iraní que solo lograron menoscabar la autoridad moral de Estados Unidos.
Por sus pecados, ahora ha aceptado un acuerdo de paz que todo el mundo entiende que es una derrota para él. También es un revés para Estados Unidos.
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El Comité Editorial está conformado por un grupo de periodistas de opinión cuyos puntos de vista se sustentan en su experiencia, investigación, debates y valores muy arraigados. Es independiente de la sala de redacción.
El presidente Trump está bajo presión para mejorar significativamente el acuerdo de la época de Obama y así justificar el enorme costo humano y económico que supuso llevar a Estados Unidos a la guerra.


Por David E. Sanger
David E. Sanger ha cubierto la actualidad de cinco presidentes estadounidenses y lleva más de 20 años informando sobre el programa nuclear iraní.
17 de junio de 2026
Solo unos minutos después de empezar una llamada con un periodista de The New York Times para explicarle el acuerdo que acababa de cerrar con Irán, el presidente Donald Trump pasó a hablar de un tema que claramente le molesta: las comparaciones con el acuerdo que el presidente Barack Obama firmó con Teherán en 2015.
El acuerdo de Obama, dijo el domingo por la noche, repitiendo una frase muy usada, fue “un desastre”.
“Era un camino hacia un arma nuclear y el nuestro es un muro contra un arma nuclear en el sentido más verdadero de la palabra”, dijo Trump. “Así que empecemos por ahí”.
Es fácil entender por qué a Trump le molesta tanto esto. Ya en 2015 hizo campaña en contra del acuerdo de la era Obama y, al final, le puso fin durante su primer mandato, a pesar de las objeciones de muchos de sus principales asesores de seguridad nacional. Por aquel entonces, tenía una larga lista de quejas sobre sus fallos. El acuerdo de 2015 “levantó las sanciones económicas devastadoras contra Irán a cambio de límites muy débiles sobre la actividad nuclear del régimen”, dijo Trump en un discurso de 2018, y “ningún límite en absoluto sobre el resto de sus comportamientos malignos”, especialmente su apoyo a actividades de terrorismo en Medio Oriente.
El miércoles, al concluir la cumbre del Grupo de los Siete en Francia, Trump volvió a criticar con dureza el acuerdo de 2015 y a su predecesor, entre otras cosas por descongelar 1.7 millardos de dólares de fondos iraníes depositados en bancos extranjeros, algo que su propio acuerdo pendiente prevé a mayor escala. “¿Y sabes lo que hicieron los iraníes?”, preguntó a los periodistas. “Se rieron de Obama y dijeron que era un estúpido”.
Ahora ha llegado la hora de la verdad para Trump. Se encuentra atrapado en lo que se podría describir como el dilema del acuerdo de Obama.
El acuerdo que describió el domingo no es más que un alto al fuego y un compromiso para abrir por completo el estrecho de Ormuz durante 60 días. Obliga a ambas partes a empezar a negociar sobre el futuro del programa nuclear. Así que, por ahora, no hay forma de comparar el acuerdo antiguo con el nuevo; son de naturaleza completamente diferente.

Sin embargo, Trump sabe perfectamente que tiene que mejorar considerablemente los resultados de Obama para justificar el enorme costo humano y económico que ha supuesto llevar a Estados Unidos a la guerra durante los últimos tres meses.
Como resultado del acuerdo de 2015 se sacó del país alrededor del 97 por ciento de las reservas nucleares que Irán tenía en aquel momento. El destino de las reservas actuales, mucho más peligrosas, sigue sin estar claro, y el martes Trump dio la impresión de que no tenía ninguna prisa por sacar el material nuclear del territorio iraní. No hay ninguna resolución sobre cómo abordar las futuras actividades de investigación y enriquecimiento nuclear dentro de Irán, ni sobre si se cerrarán todas sus principales instalaciones nucleares. Todavía no se ha debatido nada sobre las restricciones a sus misiles ni sobre la reanudación del apoyo a lo que queda de las milicias a las que respalda, como Hamás, Hizbulá y los hutíes.
El vicepresidente JD Vance ha reconocido la envergadura de las tareas que tienen por delante, que empiezan el viernes en Suiza en cuanto él y el máximo representante parlamentario de Irán firmen de forma ceremonial el memorando de entendimiento. Trump insiste en que no será tan difícil. “Ya tenemos nuestro acuerdo con Irán”, dijo Trump el martes en el Grupo de los Siete. “Ahora pasa a una segunda fase, que creo que será incluso más fácil”.
Puede que solo él piense así. El acuerdo de 2015 tardó 18 meses en negociarse. Tiene más de 150 páginas, repletas de criterios específicos de progreso y anexos técnicos, incluidas páginas sobre cómo se iba a supervisar e inspeccionar el programa nuclear.
“Lo que tiene que hacer es incluso más difícil que lo que tuvimos que hacer en 2015, porque entonces no tuvimos que lidiar con unas reservas de uranio cercanas a las necesarias para fabricar un arma nuclear”, dijo Wendy Sherman, quien dirigió el equipo de negociación de 2015. Además, argumentó Sherman, el gobierno de Trump aún tiene que formar el tipo de equipo que necesitará: “Se necesitan abogados, expertos en hacienda, expertos en energía y expertos en inspecciones”.

De hecho, en los días previos a las negociaciones de 2015, los hoteles donde se estaba negociando el acuerdo estaban repletos de tales expertos. Entre ellos se encontraban Ernest Moniz, el secretario de Energía, quien también era experto en armas nucleares; el jefe de inteligencia sobre Irán de la CIA, y estadounidenses que habían trabajado con equipos de inspección del Organismo Internacional de Energía Atómica.
Con una carrera de 60 días por delante, a partir del viernes, para llegar a un acuerdo, el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, se han apresurado claramente a formar un equipo similar. Hace unas semanas visitaron el Laboratorio Nacional de Oak Ridge durante un día con expertos nucleares para tratar temas tan especializados como qué tipo de equipo se necesitaría para recuperar el uranio enriquecido al 60 por ciento y “rebajarlo”, o diluirlo. Se espera que estén cerca cuando empiecen las negociaciones en Suiza.
Los iraníes tampoco llegan sin estar preparados. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, quien es el principal interlocutor de Witkoff, fue el segundo responsable iraní en las negociaciones de hace 11 años. En aquella época, solía informar a los periodistas, y era evidente que tenía un conocimiento enciclopédico de la infraestructura nuclear de Irán, desde las operaciones de extracción de uranio hasta las instalaciones de enriquecimiento de Natanz y Fordo, pasando por las operaciones críticas de Isfahán, donde Irán estaba desarrollando la capacidad de convertir el uranio en su forma metálica —que podría moldearse para fabricar una ojiva—. (Este fin de semana se cumple un año desde que las tres instalaciones fueron alcanzadas por misiles o bombas antibúnker estadounidenses en la “operación Martillo de Medianoche”, que dejó bajo escombros muchas de las instalaciones nucleares más importantes de Irán).
Al menos en público, el equipo de seguridad nacional de Trump rebosa confianza en que, cuando empiecen las negociaciones, tendrán en la mano cartas de las que el equipo de Obama nunca dispuso.
“Obama, le suplicaron a Irán que llegara a un acuerdo”, argumentó el domingo el secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el programa Face the Nation de CBS News. “Bombardeamos Irán y luego impusimos un bloqueo”, dijo, y se reanudaron los bombardeos hace una semana “para garantizar que se sientan a la mesa para obtener un gran acuerdo”. Insistió en que el ejército estadounidense se mantendría en alta mar para asegurarse de que los iraníes “cumplan lo que dijeron que harían”.

“No contaban con la amenaza de la fuerza militar como nosotros”, dijo Hegseth en referencia al equipo de Obama.
Trump retomó ese tema en su llamada del domingo, en la que dijo: “Creo que ya han tenido suficiente”, y señaló que los iraníes habían sufrido dos oleadas de ataques estadounidenses. “Íbamos por la grande”, dijo, y añadió: “Y llegamos a un acuerdo inmediatamente después de eso”.
Lo que Trump y Hegseth omitieron en su relato es que los iraníes tienen ahora muchas cartas propias de las que carecían hace 11 años. Han descubierto un superpoder diplomático: la capacidad de bloquear el estrecho de Ormuz con solo lanzar unas cuantas minas y unos cuantos drones. Eso basta para que los dueños y capitanes de barcos lo piensen dos veces antes de arriesgarse a atravesar ese estrecho canal. Los iraníes también han demostrado que pueden alcanzar y destruir plantas desalinizadoras, sistemas de radar estadounidenses y plantas petroquímicas por toda la región.
Y allá por 2015, el material nuclear más potente que poseía Irán tenía un enriquecimiento de solo el 20 por ciento, lo que habría requerido semanas o meses de enriquecimiento adicional para poder usarse en una bomba. Ahora tienen combustible enriquecido al 60 por ciento, que puede convertirse en material apto para bombas en cuestión de días o semanas, si es que logran sacarlo de entre los escombros de Isfahán sin que los descubran.
En su entrevista, Trump retomó una y otra vez el acuerdo de Obama, y afirmó erróneamente que les habría “permitido enriquecer hasta alcanzar el nivel necesario para un arma nuclear”. De hecho, limitaba el enriquecimiento al 3,67 por ciento, que se usa para reactores, no para armas atómicas. Pero uno de los defectos del acuerdo de Obama, como señaló Trump en la campaña presidencial de 2016, es que permitía a los iraníes seguir trabajando en centrifugadoras de última generación y llevar a cabo un enriquecimiento muy limitado.
Además, el acuerdo de Obama estaba diseñado para expirar en 2030. Trump habló en la entrevista sobre la posibilidad de acordar una suspensión de entre 15 y 20 años de las actividades de enriquecimiento en las próximas negociaciones, lo que significa que el acuerdo, en esencia, levantaría las restricciones entre 2041 y 2046. Eso daría algo de tiempo. Pero ganar tiempo era también la estrategia del acuerdo de Obama.

El verdadero reto para Trump puede ser dejar atrás su propia retórica, incluido ese discurso de 2018 en el que criticó el acuerdo de Obama por lo que no había conseguido.
El acuerdo de 2015 tenía muchos defectos. Los iraníes se negaron a negociar el tamaño y el alcance de su arsenal de misiles. Al parecer, el nuevo memorándum de entendimiento no dice nada al respecto, así que habrá que abordar el tema en la próxima ronda de negociaciones.
El acuerdo de 2015 no impidió que Irán financiara a grupos terroristas. Al parecer, tampoco hay nada en el memorando sobre ese tema, ni sobre el trato que reciben los manifestantes y disidentes a quienes Trump prometió, a principios de este año, que “la ayuda está en camino”. (En una publicación en redes sociales del 13 de enero, también los instó: “tomen sus instituciones”).
En su llamada del domingo, Trump insistió en que Irán solo obtendría un alivio de las sanciones si cambiaba su comportamiento, lo que incluye abstenerse de disparar a los manifestantes. Pero también dejó claro que no tenía prisa por confiscar ese uranio ni sacarlo del país. Señaló que no supone ninguna amenaza inminente bajo los escombros.
Así que la gran pregunta es si habrá acuerdo alguno de seguimiento. “No ha llegado a la segunda parte de nada, ni en Ucrania ni en Gaza”, dijo Sherman, quien luego fue subsecretaria de Estado bajo el mandato del presidente Joe Biden.
Pero si llega hasta el final, si consigue negociar con éxito todas las concesiones que, según insiste, los iraníes ya están dispuestos a hacer a cambio de incentivos económicos, entonces podría muy bien conseguir un acuerdo que vaya mucho más allá del de 2015.
Simplemente, todavía no lo tiene.
David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.
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Analizamos el texto del acuerdo entre EE. UU. e Irán
Periodistas de The New York Times ofrecen un análisis de los párrafos del acuerdo, que un alto cargo dio a conocer el miércoles.
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Por The New York Times
18 de junio de 2026 a las 00:01 ET
Un alto funcionario estadounidense reveló lo que, según él, era el texto completo del acuerdo entre Estados Unidos e Irán para poner fin a las hostilidades, abrir el estrecho de Ormuz e iniciar las negociaciones sobre desarrollo nuclear.
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A continuación, te dejamos el texto del acuerdo tal y como se leyó en voz alta durante una conferencia telefónica con los periodistas el miércoles. El funcionario habló bajo condición de anonimato, según las normas establecidas por la Casa Blanca.
Los periodistas de The New York Times han añadido notas al memorando de entendimiento con un análisis de las cuestiones subyacentes.
Memorando de entendimiento de Islamabad entre Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán
Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán han acordado conjuntamente, de buena fe, en tal y tal fecha, lo siguiente.
Párrafo 1
Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán, junto con sus aliados en la guerra actual, al firmar este memorándum de entendimiento, declaran el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y se comprometen a partir de ahora a no iniciar ninguna guerra ni operación militar entre ellos, a abstenerse de amenazar o usar la fuerza entre sí y a garantizar la integridad territorial y la soberanía del Líbano. El acuerdo definitivo confirmará el cese definitivo de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano, así como las demás disposiciones de este párrafo.
Las referencias al Líbano que aparecen aquí marcan un rechazo notable por parte de Estados Unidos a las preocupaciones de Israel sobre la amenaza que representa Hizbulá, la milicia alineada con Irán con sede en el Líbano. Israel ha dejado claro que no se siente obligado a cumplir ningún acuerdo relacionado con el Líbano en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Pero esta redacción le dará a Irán los medios para presionar a Donald Trump ante cualquier futuro ataque israelí en el Líbano, así como ante la ocupación israelí de lo que llama una “zona de seguridad” en el sur del país.
— Anton Troianovski
Párrafo 2
Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán se comprometen a respetar la soberanía y la integridad territorial de cada uno, y a abstenerse de interferir en los asuntos internos del otro.
Esto puede parecer una fórmula estándar, pero a cada país se le ha acusado de intentar entrometerse en los asuntos internos del otro, a menudo de forma violenta. Trump pidió abiertamente a los manifestantes que derrocaran al régimen iraní, y se ha acusado a agentes iraníes de intentar asesinar al presidente de Estados Unidos.
— Luke Broadwater
Párrafo 3
Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán se comprometen a negociar y alcanzar el acuerdo definitivo en un plazo máximo de 60 días, prorrogable de mutuo acuerdo.
Este es un plazo muy corto. Los funcionarios estadounidenses reconocen en privado que quizá no sea posible alcanzar un acuerdo definitivo en este periodo, sobre todo si se lo compara con las largas negociaciones anteriores con Irán. Pero este ambicioso plazo situaría un posible acuerdo definitivo antes de las elecciones intermedias en Estados Unidos, lo que podría ayudar al presidente ahora que su popularidad en el país está en declive.
— Luke Broadwater
Párrafo 4
Inmediatamente tras la firma de este memorando de entendimiento, Estados Unidos de América comenzará a levantar su bloqueo naval y cualquier perturbación u obstáculo contra la República Islámica de Irán, y pondrá fin por completo al bloqueo naval en un plazo de 30 días. Durante este periodo, el tráfico de buques será proporcional al volumen de tráfico anterior a la guerra que vaya restableciendo la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete además a retirar sus fuerzas de las proximidades de la República Islámica de Irán en un plazo de 30 días tras el acuerdo definitivo.
Al levantar el bloqueo, Estados Unidos permite que Irán vuelva a exportar desde sus puertos y que también le lleguen mercancías al país. Eso supone una victoria crucial e inmediata para los iraníes, cuyas exportaciones se dirigen en su gran mayoría a China. En cuanto los ingresos empiecen a llegar de nuevo, la crisis económica inmediata de Irán se aliviará. Pero Estados Unidos también perderá una baza clave en las negociaciones nucleares, lo que significa que los iraníes podrían tener todos los motivos para plantarse y alargar las negociaciones de 60 días a meses o incluso años.
— David E. Sanger
Párrafo 5
Tras la firma de este memorando de entendimiento, la República Islámica de Irán hará todo lo posible para garantizar el paso seguro de buques comerciales, sin costo alguno, durante solo 60 días, desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán, y viceversa. El tráfico de buques comerciales comenzará de inmediato y, teniendo en cuenta la necesidad de eliminar los obstáculos técnicos y militares y de llevar a cabo la eliminación de minas por parte de la República Islámica de Irán, se pondrá en marcha en un plazo de 30 días. La República Islámica de Irán entablará un diálogo con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en colaboración con otros Estados litorales del golfo Pérsico, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados litorales del estrecho de Ormuz.
La frase clave aquí es “sin costo alguno durante solo 60 días”. Pasado ese plazo, Irán podría llegar a imponer “tasas”, algo que nunca hizo antes de la guerra. En otras palabras, los días de libre paso podrían haber llegado a su fin. Eso infringiría uno de los principios fundamentales descritos por el secretario de Estado Marco Rubio: que el comercio vuelva a las condiciones anteriores a la guerra.
— David E. Sanger
Párrafo 6
Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan definitivo y acordado mutuamente, con al menos 300.000 millones de dólares, para la reconstrucción y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán. El mecanismo de aplicación de este plan se concretará como parte de un acuerdo definitivo en un plazo de 60 días. Estados Unidos concederá todas las licencias, exenciones y permisos necesarios para las transacciones financieras pertinentes.
Trump insistió el miércoles en que Estados Unidos no invertiría en el posible fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Irán. Pero pareció dejar abierta la posibilidad de que los países del golfo Pérsico aportaran el dinero. Es un tema político delicado para el presidente, dadas sus constantes críticas al presidente Barack Obama por enviar 1700 millones de dólares en efectivo a Irán como parte del acuerdo nuclear de 2015 del que Trump se retiró.
— Anton Troianovski
Párrafo 7
Estados Unidos se compromete a levantar todo tipo de sanciones contra la República Islámica de Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, las resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA y todas las sanciones unilaterales de EE. UU., tanto primarias como secundarias, según un calendario acordado como parte del acuerdo definitivo. La República Islámica de Irán y Estados Unidos de América reconocen la importancia fundamental de la cuestión del levantamiento de las sanciones mencionada anteriormente, y expresan su intención de abordar de inmediato estos temas en las negociaciones con el fin de alcanzar un acuerdo mutuo al respecto.
El alivio de las sanciones económicas sofocantes podría ser lo único capaz de convencer a Irán de renunciar a su programa nuclear. Esa fue la base del acuerdo nuclear con Irán de 2015, que a cambio del alivio de las sanciones imponía límites estrictos a la actividad nuclear de Irán. Sin embargo, esos límites se fijaron en un máximo de 15 años, y Trump dice que quiere restricciones mucho más largas —o incluso permanentes— sobre el programa nuclear de Teherán. Un gran reto a partir de ahora será determinar el “calendario acordado” que establezca qué sanciones levantará Estados Unidos y cuándo, a medida que Irán cumpla sus compromisos nucleares. Probablemente eso significará un proceso gradual en el que las dos partes, que se miran con desconfianza, den pasos incrementales de forma alterna.
— Michael Crowley
Párrafo 8
La República Islámica de Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares. Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán han acordado resolver el destino del material enriquecido almacenado, de acuerdo con un mecanismo que se acordará mutuamente conforme al calendario mencionado en el párrafo 7, siendo la metodología mínima la reducción in situ bajo la supervisión del OIEA. Las dos partes también acordaron debatir la cuestión del enriquecimiento y otros asuntos acordados mutuamente, relacionados con las necesidades nucleares de la República Islámica de Irán, con base en el marco legal al que se llegue en el acuerdo definitivo. El acuerdo definitivo confirmará las disposiciones de este párrafo. Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán reconocen la importancia fundamental de las cuestiones nucleares antes mencionadas y expresan su intención de abordarlas de inmediato en las negociaciones con el fin de alcanzar un acuerdo mutuo al respecto.
Este es el único párrafo del acuerdo que trata directamente sobre el programa nuclear —la causa principal de la guerra— y, por eso, quizá sea el más importante. Como era de esperar, resulta impreciso en todos los puntos principales de desacuerdo. Tal y como sugiere la palabra “reafirma”, no hay nada nuevo en la promesa de Irán de no buscar ni adquirir nunca un arma nuclear. Ya asumió ese compromiso por primera vez en 1970, cuando ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear, y lo repitió en los párrafos iniciales del acuerdo de 2015 con el gobierno de Obama.
El párrafo exige a Irán la “reducción” del grado de enriquecimiento —básicamente, que diluya— de las aproximadamente 11 toneladas de material nuclear enriquecido que tiene en su poder, incluidos los 440 kilogramos enriquecidos al 60 por ciento, justo por debajo del nivel necesario para fabricar una bomba. Pero no le exige a Irán que renuncie a ese material y lo envíe fuera del país. Irán se ha resistido a las peticiones de entregar esas reservas. Sin embargo, eso fue precisamente lo que hizo en 2015, cuando, en el marco del acuerdo de Obama, envió a Rusia alrededor del 97 por ciento de las reservas que Irán tenía en aquel momento.
Esto deja un montón de cuestiones por resolver en la próxima ronda de negociaciones: si Irán se quedará con el material nuclear, si tendrá que cerrar todas sus principales instalaciones nucleares, si se le permitirá seguir enriqueciendo material nuevo o si deberá suspender esa actividad durante un periodo de entre 13 y 20 años. En una entrevista telefónica el domingo, Trump dijo que Irán también aceptaría un nuevo régimen de inspecciones mucho más estricto. Pero eso también hay que negociarlo. La referencia a las “necesidades nucleares” de Irán se refiere a la insistencia de Irán en conservar su capacidad nuclear para fines pacíficos y de generación de energía, una forma de mantener vivo su potencial nuclear.
— David E. Sanger
Párrafo 9
A la espera del acuerdo definitivo, Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán acuerdan mantener el statu quo. La República Islámica de Irán mantendrá el statu quo actual de su programa nuclear, y Estados Unidos de América no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas adicionales en la región.
Esta cláusula es fundamental para establecer una base clara para las negociaciones. Limita las formas más obvias en que Estados Unidos e Irán podrían seguir compitiendo por obtener ventaja, en un intento de presionar a la otra parte para que haga concesiones adicionales. Para Irán, mantener el “statu quo” de su programa nuclear equivale a dejar sus instalaciones nucleares bombardeadas en ruinas y su uranio enterrado bajo los escombros de los ataques aéreos.
— Michael Crowley
Párrafo 10
Estados Unidos se compromete a que, inmediatamente tras la firma de este memorando de entendimiento y hasta el levantamiento de las sanciones, el Departamento del Tesoro de EE. UU. conceda exenciones para la exportación de crudo, productos petrolíferos y derivados iraníes, así como para todos los servicios asociados, incluidos las transacciones bancarias, los seguros, el transporte, etc.
Esta cláusula en concreto ha despertado la alarma entre los partidarios de la línea dura contra Irán, quienes se han preguntado por qué Trump relajaría, aunque fuera parcialmente, las sanciones a la industria petrolera iraní, aparentemente como recompensa por la reapertura del estrecho de Ormuz. Estados Unidos estaría “sacrificando su ventaja económica más sólida antes incluso de que haya comenzado la parte difícil de la negociación”, escribió Miad Maleki, investigador principal de la Fundación para la Defensa de las Democracias, de tendencia algo belicista.
— Michael Crowley
Párrafo 11`
Estados Unidos de América se compromete a poner a disposición para su uso los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán tras la entrada en vigor de este memorando de entendimiento. Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán acordarán, de mutuo acuerdo, los procedimientos relativos a la liberación de estos fondos durante las negociaciones. Dichos fondos, ya se mantengan en la cuenta original o se transfieran, se pondrán a disposición para su pleno uso en el pago a cualquier beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se compromete a expedir todas las licencias y autorizaciones necesarias para ello.
Tal y como está redactado, los iraníes tendrán acceso a sus fondos congelados —24.000 millones de dólares o más— “tras la entrada en vigor de este memorando de entendimiento”. Esto sugiere que el dinero podría empezar a circular muy pronto, incluso antes de que se negocie el acuerdo posterior. La cláusula que establece que los fondos pueden liberarse a “cualquier beneficiario final” designado por el Banco Central de Irán es fundamental, ya que podría interpretarse en el sentido de que entre los beneficiarios podrían figurar militares o funcionarios de inteligencia iraníes, así como entidades empresariales incluidas en listas de terrorismo o de sanciones.
— David E. Sanger
Párrafo 12
Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán acuerdan que se establecerá un mecanismo ejecutivo para supervisar la correcta aplicación de este memorando de entendimiento y el cumplimiento futuro del acuerdo definitivo.
Concretar cómo se hará cumplir un acuerdo es quizás la parte más importante de cualquier acuerdo. Un funcionario estadounidense dijo que los estadounidenses quieren asegurarse de que todos los compromisos iraníes sean “verificables”.
— Luke Broadwater
Párrafo 13
Tras la firma de este memorando de entendimiento y siempre que se inicie la aplicación de los párrafos 1, 4, 5, 10 y 11 del mismo, así como la aplicación continuada de estas medidas, Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán iniciarán negociaciones sobre el acuerdo definitivo centrándose exclusivamente en los demás párrafos.
Este párrafo da una buena idea de lo sólidas o provisionales que son las distintas partes del acuerdo, y subraya que el programa nuclear de Irán será el tema principal de las próximas negociaciones.
— Luke Broadwater
Párrafo 14
El acuerdo definitivo contará con el respaldo de una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU.
El futuro acuerdo contaría con el visto bueno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tal y como ocurrió con el acuerdo de Trump sobre Gaza el año pasado. Pero, dada la gran distancia que aún separa las posiciones de Irán y Estados Unidos en temas nucleares, algunos analistas dudan de que ese día llegue alguna vez. El acuerdo no hace referencia a la responsabilidad de Trump de remitir al Congreso cualquier acuerdo final que se alcance.
— Anton Troianovski y David E. Sanger
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