Nacen Riato y Sedello, las primeras cabras salvajes nacidas por fecundación in vitro que pueden salvar a otras especies en extinción
Científicos del CSIC crean animales vivos a partir de semen y óvulos de ejemplares muertos



Madrid – 22 JUN 2026 – 23:30 AST
El veterinario Pablo Bermejo se inclina para mirar por un agujero en una puerta de chapa. Al otro lado hay tres cabras montesas adultas mirándole con cara de pocos amigos. Y ocultos entre sus patas, dos cabritos igual de alarmados que son los primeros del mundo en nacer por fecundación in vitro a partir de esperma y óvulos de machos y hembras muertos.
Las dos crías han nacido en una granja a las afueras de Madrid, rodeada de autopistas y ramales, a apenas 500 metros de la residencia del presidente del Gobierno en el Palacio de la Moncloa. Es la sede del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (INIA-CSIC). Aquí viven los primeros animales con genomas editados de España, gallos con los que se ensaya la reproducción asistida de flamencos y urogallos, y uno de los mayores bancos de semen de especies domésticas y salvajes del mundo. Hay espermatozoides de visón europeo, lobo y lince ibéricos, lince boreal, koala, osos panda, malayos, pardos, negros, lémur de cola anillada, jirafa, flamenco americano, buitre negro, pingüino de patas negras, perdiz roja, bisonte europeo, ualabí, tapires malayos y amazónicos, gacela dama, búfalo africano, ñu de cola blanca, jaguar, arruí sahariano, corzo, gamo, rebeco cantábrico, ciervo del padre David… Si hay una catástrofe o una epidemia que aniquile una población de animales salvajes por completo, su salvación puede estar en los espermatozoides y embriones congelados a casi 200 grados bajo cero en los sótanos del INIA.
“Tenemos la máquina preparada para poder reintroducir poblaciones si pasa algo grave”, explican Bermejo y su colega Julián Santiago. Este último lleva 25 años recopilando testículos de cabras montesas en varias reservas de caza españolas para extraer semen y poder usarlo en técnicas de reproducción asistida que eviten la extinción de subespecies, algo que ya ha sucedido en dos ocasiones en la Península con la cabra lusitánica y el burcardo, cuyo último ejemplar murió en el 2000 sin dejar descendencia.
El problema es que hasta ahora este banco solo permitía recuperar una mitad de la especie: los machos. A partir del año pasado, Bermejo y Santiago, junto a sus compañeras Nuria Martínez de los Reyes y Priscila Ramos-Ibeas, comenzaron un proyecto que ningún otro equipo había terminado antes con éxito. Primero recolectaron ovarios y testículos de cabras muertas por causas naturales o abatidas por los cazadores. Después comenzaron la compleja tarea de manipulación en el laboratorio para fecundar los ovocitos y generar embriones que se cultivan hasta los siete días, cuando son una pelota microscópica de unas 150 células. En ese momento se vitrifican, una congelación intensa y rápida que evita que los cristales de hielo puedan causar daños. Posteriormente los embriones se descongelan y se introducen en el útero de cabras montesas, que son las madres que finalmente gestan a las crías.

Aunque estos dos cabritillos nacidos a mediados de mayo son animales únicos en el mundo, los científicos no les habían puesto nombre. A preguntas de este diario han decidido llamarles Riato y Sedello. El primero, por un arroyo de la reserva de caza del Sonsaz, en Madrid, donde recogieron los ovarios; y Sedello por Sedella, pueblo de la Reserva Andaluza de Caza de las Sierras de Tejeda y Almijara, en Málaga, de donde provienen los testículos. Es la primera vez que se consiguen crías sanas de ungulados salvajes por este método. El equipo espera publicar pronto esta investigación en una revista científica internacional.

La cabra montés (Capra pyranaica) goza de buena salud en España, pero hay epidemias, sobre todo de sarna, que pueden diezmar las poblaciones locales, como ya ha ocurrido en algunas zonas del sureste español. Los incendios, cada vez más frecuentes, también pueden aniquilar subpoblaciones enteras. Además, este mismo procedimiento de fecundación in vitro podría evitar la extinción de ungulados amenazados en otros países, como el íbice somalí o el arruí egipcio, explica Santiago. Entre otras cosas, este veterinario es el encargado de las reproducciones asistidas de los animales del Zoo de Madrid, incluidos los icónicos osos pandas, de los que su equipo consiguió una nueva pareja en 2021.
En humanos, la fecundación in vitro es una técnica más que dominada. Desde que en 1978 naciera la británica Louise Brown, la primera niña probeta, han venido al mundo más de 10 millones de bebés gracias a esta técnica, que ha permitido tener hijos a muchas parejas con problemas reproductivos, o del mismo sexo. Aplicar estas mismas técnicas a otras especies no es fácil, sobre todo si no son ratones de laboratorio, explica Bermejo.
Para conseguir fecundar ovocitos de cabras montesas su equipo ensayó primero con espermatozoides de cabra montés y óvulos de cabra doméstica. Una vez la técnica estuvo perfeccionada hubo que introducir los embriones en cabras montesas a las que previamente se les había provocado el celo. Al ser animales salvajes difíciles de manejar, el embrión se introduce por laparoscopia previa sedación, en una intervención quirúrgica poco invasiva que dura apenas unos minutos. Los científicos transfirieron a cinco hembras y tres de ellas quedaron embarazadas y parieron crías sanas. Una de ellas murió porque su madre no generó calostro.
Riato y Sedello son la prueba viva de que el proceso funciona. El objetivo de la investigación es generar un repositorio de embriones vitrificados que se pueden guardar hasta cuando haya una emergencia. “Da igual que sea dentro de un día o en 30 años, los embriones son igual de viables, y hemos demostrado que podemos copiar poblaciones existentes de esta forma”, explica Bermejo.
Este veterinario investiga cuestiones fundamentales de la reproducción animal y humana. En 2024, su equipo consiguió el nacimiento de Teodoro, el primer cordero español con ADN modificado con la técnica de edición genética CRISPR. Los científicos hicieron que el animal tuviese un gen desactivado para entender su papel en la reproducción, pero necesitaban también hembras. Ahora el equipo ha conseguido crear las dos primeras, Zara y Violeta, usando otra técnica de edición genética más avanzada. “Lo que hemos hecho es utilizar la tecnología de editor de bases, que es una evolución de CRISPR, para desactivar el gen, biopsiar a los embriones antes de transferirlos para determinar cuáles son hembras y además tienen el gen desactivado y transferir solo esos para asegurarnos de que solo generamos los animales que necesitamos para el experimento, y así reducimos al mínimo el número de animales que empleamos en la experimentación”, explica Bermejo. El próximo paso es ver si sus ovocitos pueden ser fecundados. “Estos experimentos nos sirven para entender qué puede fallar en casos de infertilidad en animales o humanos o, dándole la vuelta, cómo podemos desarrollar nuevas estrategias de contracepción”, concluye el investigador.
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