Starmer dimite, pero se avecina una tormenta
La victoria de Andy Burnham sobre «Reform» en las elecciones parciales de Makerfield de la semana pasada ha desencadenado una avalancha en la política británica, lo que ha dado a Keir Starmer el empujón final que necesitaba para dimitir como líder laborista y primer ministro.


23 de junio de 2026/en Artículos, Destacados, Europa, Internacional/por Rob Sewell
La magnitud de la victoria de Burnham le ha situado en una posición muy sólida a nivel personal. Con el viento a favor, «el hombre que venció a Reform» marcha ahora hacia el sur, a Westminster, para hacerse con la corona.
El viernes pasado, tras el resultado de Makerfield, Starmer aún daba señales de su intención de seguir luchando. Pero la presión durante el fin de semana fue demasiado grande.
Ante la amenaza de dimisiones masivas en su gabinete, el primer ministro se vio obligado a anunciar esta mañana su inminente salida de Downing Street.
Es probable que aquellos que esperan una transición sin contratiempos se salgan con la suya. En lugar de una sangrienta contienda por el liderazgo, parece que se avecina una simple «coronación», con posibles rivales como Wes Streeting haciendo un paso al lado.
Burnham podría instalarse en el número 10 ya el próximo mes.
Pero, lejos de calmar los ánimos, este cambio de guardia solo va a encender la mecha de un nuevo período aún más explosivo, a medida que se intensifica la crisis del capitalismo británico.
Contenido [Ocultar]
- 1 Se acabó el tiempo
- 2 El Mesías de Mánchester
- 3 La respuesta de los líderes de «izquierda»
- 4 Sembrando ilusiones
- 5 La conversión de Damasco
- 6 Un lobo con piel de cordero
- 7 Sin margen de maniobra
- 8 El «mal menor»
- 9 Histeria y pesimismo
- 10 Crisis terminal
- 11 Gobierno de crisis
- 12 Dirección revolucionaria
Se acabó el tiempo
Durante meses, hasta hoy, Starmer se ha aferrado al poder como una lapa a una roca.
Este Caballero del Reino, posiblemente el primer ministro más odiado de la historia, había estado escondiendo la cabeza bajo el ala. Era claramente un hombre condenado desde hacía tiempo, pero estaba decidido a seguir avanzando a trompicones. Como todos los condenados, esperaba un milagro que lo salvara.
Pero todo se había vuelto en su contra. Una encuesta de YouGov realizada en mayo reveló que los miembros del Partido Laborista respaldarían a Burnham por un margen de 59 a 37. Mientras tanto, más de 100 diputados laboristas —una cuarta parte del grupo parlamentario— ya habían pedido a Keir Starmer que dimitiera a raíz del escándalo Mandelson-Epstein.
Incluso Donald Trump le estaba dando a Starmer la extremaunción, al afirmar ayer en una publicación en las redes sociales que el primer ministro británico estaba acabado.
Los últimos días de Starmer como primer ministro —encerrado en su refugio de Chequers, buscando apoyo a toda costa— tenían todos los rasgos característicos de la película satírica La muerte de Stalin.
Si no hubiera dimitido, el líder laborista se habría enfrentado a una rebelión en su próxima reunión del Consejo de Ministros, prevista para mañana. Al final, por lo tanto, el «limpet» se vio obligado a rendirse.
El Mesías de Mánchester
En cuestión de unos pocos días, el Gobierno de Starmer se ha derrumbado por completo, como un castillo de naipes. Tras una victoria aplastante en 2024, y tras solo dos años en el poder, «Sir» Keir Starmer ya no existe.
Muchos diputados laboristas, desesperados por que Starmer dimitiera, sin duda darán un enorme suspiro de alivio. Llevaban tiempo esperando que Burnham acudiera al rescate y salvara a este impopular Gobierno laborista, a su partido y, sobre todo, a sus carreras parlamentarias.
¡Ahora el Mesías de Mánchester por fin ha llegado a Westminster! ¡Aleluya!
Sin duda, se abre un nuevo capítulo en la política británica. Pero no será lo que estas personas esperan.
Podemos entender los sentimientos que comparten muchos. Ahora que el detestable Starmer se ha ido, ¿quizá Farage y su pandilla puedan ser sofocados?
La derrota de Reform en Makerfield supuso un revés para Farage. Pero el partido aún así aumentó sus votos en comparación con 2024.
La victoria de Burnham se debió en gran medida al voto táctico, ya que muchos afirmaron que votaron por el alcalde de Mánchester simplemente para mantener a Reform fuera, y nada más.
Por encima de todo, es importante ver el panorama general. Sí, Burnham derrotó a Reform en Makerfield. Pero, a medida que se agrava la crisis del capitalismo británico, no ofrecerá ningún cambio fundamental.
La respuesta de los líderes de «izquierda»
No obstante, algunos en la «izquierda» se han mostrado eufóricos ante la victoria de Burnham en Makerfield y su inminente llegada a Downing Street, viéndolas como una oportunidad para reiniciar la agenda política.
Steve Wright, secretario general del Sindicato de Bomberos (Fire Brigades Union), por ejemplo, llegó incluso a calificar la victoria de Burnham la semana pasada como «una victoria para el movimiento obrero». Sharon Graham, de Unite, por su parte, ha sugerido que Burnham ofrece un «rayo de esperanza».
Maryam Eslamdoust, secretaria general del sindicato TSSA, se mostró encantada con el resultado de Makerfield y afirmó: «La victoria de Andy Burnham es un mandato para un cambio de rumbo en la cúpula del Partido Laborista… El electorado… ha respaldado a un candidato que cuenta con un fuerte apoyo del movimiento obrero».
El diputado laborista de «izquierda» Jon Trickett escribió de forma similar —en nombre de Momentum— que: «La victoria de Andy Burnham en Makerfield demuestra lo que es posible cuando todos los sectores del Partido Laborista se unen para derrotar a la extrema derecha».
Es de suponer que «todos los sectores del Partido Laborista» incluyen a los blairistas, al grupo parlamentario y a otros charlatanes por el estilo, además de esa típica tontería de la «iglesia amplia».
«[Esta victoria] no se habría podido lograr», afirmó Trickett, «sin que miles de activistas se unieran inspirados por la promesa de una política más esperanzadora, imaginativa e inclusiva».
Esta sarta de tonterías sin sentido sobre una «política esperanzadora, imaginativa e inclusiva» es típica de los llamados «izquierdistas».
Sembrando ilusiones
El resto de la izquierda está sembrando ilusiones similares en torno a Burnham.
En lugar de defender políticas socialistas claras, por ejemplo, Aaron Bastani, de Novara Media, está promoviendo la idea del voto táctico —«reivindicado» en Makerfield— como la forma de impedir que Farage llegue al poder.
Un patrón similar de voto táctico en unas elecciones generales, escribe Bastani, «impediría que Nigel Farage se hiciera con las llaves del número 10».
Esto es tocar fondo: presentar las artimañas electorales como la salvación de la clase trabajadora.
Todos estos pseudoisquerdistas —incluidos Novara Media, el Morning Star, Tribune, Counterfire y la fachada «Stand Up to Racism» del SWP— han adoptado una postura de «mal menor». «Vota a Andy para mantener a raya a Farage» es su grito de guerra.
Sin duda defenderán esta línea cuando lleguen las próximas elecciones: con toda probabilidad, incluso con más vehemencia e histeria que en la actualidad.
Esto incluirá presionar a los Verdes de Polanski para que formen un pacto electoral con un Partido Laborista liderado por Burnham —como se vio, en esencia, en Makerfield, y como ha pedido abiertamente una facción de la «vieja guardia» dentro del Partido Verde—.
Pero «vota al Partido Laborista para mantener a raya a Reform» es precisamente la forma más segura de impulsar a Farage y a su partido.
La conversión de Damasco
El Morning Star —portavoz del llamado Partido «Comunista» de Gran Bretaña— llega incluso a considerar el liderazgo de Burnham como un medio para restaurar la suerte del desacreditado Partido Laborista.
A principios de este mes, por ejemplo, el periódico estalinista instó a los sindicatos a colaborar con los diputados laboristas y otros «para imponer una nueva estrategia política» al Partido Laborista.
«La inminente batalla por el liderazgo en el Partido Laborista ofrece una oportunidad», afirma el Morning Star. Insta a los sindicatos a unirse en torno a un conjunto común de políticas y a «un único candidato a líder, basado en reconectar al partido con sus raíces obreras».
El periódico, con cierta timidez, no menciona a Burnham por su nombre, pero la intención es obvia.
Según estos supuestos «comunistas», tras décadas de sumisión al ala derecha del Partido Laborista, se espera que los líderes sindicales se levanten y luchen para cambiar el Partido Laborista. ¡Menuda esperanza!
Si esto llegara a suceder, representaría la mayor transformación de perspectiva desde que el apóstol Pablo se cayó al suelo de camino a Damasco.
Un lobo con piel de cordero
El argumento de todos estos «izquierdistas» es claro: se necesita una «alianza progresista» —en torno a Burnham— para detener a Farage. Esto equivale a apoyar el frente popular y la farsa del «mal menor».
Parecen ignorar el hecho de que Andy Burnham no es de izquierdas, sino un lobo con piel de cordero; un político capitalista con un largo historial de fiel servicio a Blair y Brown.
El llamado «socialismo favorable a las empresas» de Burnham no es más que un «starmerismo» recalentado. El futuro primer ministro acepta plenamente las políticas racistas de inmigración del Gobierno, así como las «reglas fiscales» de Starmer, que suponen una austeridad permanente.
Rápidamente se ha rodeado de asesores económicos burgueses, entre ellos el exsubdirector del Banco de Inglaterra, un defensor del libre mercado.
Muchas de las reformas que Burnham ha sugerido de pasada, como la justicia para las mujeres del colectivo WASPI, ya han sido desmanteladas, incluso antes de que haya cruzado la puerta del número 10.
Ya se ha comprometido a aumentar el gasto militar, lo que supondrá recortes en otros ámbitos. Y continuará con la política exterior de Starmer: apoyar a Ucrania con miles de millones para bombas y derramamiento de sangre; así como apoyar a Israel, al tiempo que niega el genocidio en Gaza.
Este es el programa que estos «izquierdistas» están respaldando en la práctica: uno de recortes continuos, ataques contra los migrantes y militarismo.
Sin margen de maniobra
Está claro como el agua que Burnham —que se convertirá en el séptimo primer ministro de Gran Bretaña en diez años— continuará con las mismas políticas que el gobierno de Starmer, con solo alguna que otra pequeña diferencia como mucho.
El gobierno de Starmer, que opera dentro de los límites del capitalismo, siempre iba a ser un gobierno de crisis. Y lo mismo ocurrirá con un gobierno de Burnham, a medida que la situación vaya de mal en peor.
Con los mercados de bonos —así como los jefes militares y Trump— pisándole los talones, Burnham no tendrá margen de maniobra.
En última instancia, mientras los banqueros y los multimillonarios sigan al mando, no es el gobierno el que dicta las reglas a la economía, sino la economía la que dicta las reglas al gobierno.
Cualquier ilusión depositada en Burnham será, por tanto, efímera, ya que su gobierno se estrellará contra las mismas rocas que Starmer —por no hablar de Sunak, Truss, Johnson, May y Cameron— antes que él.
El «mal menor»
Seamos claros. La política de apoyar al «mal menor» es una trampa para la clase trabajadora.
En realidad, es precisamente la incapacidad del «mal menor» para provocar ningún cambio genuino lo que acaba allanando el camino para el «mal mayor».
En Estados Unidos, en 2020, por ejemplo, todos los liberales, la «izquierda» y los «progresistas» apoyaron sin reservas a Joe Biden para la presidencia de EE. UU., con el fin de derrotar a Trump.
Pero la victoria de Biden, y sus posteriores fracasos, solo allanaron el camino para el regreso de Trump a la Casa Blanca —a lo grande— en 2024. Hemos acabado con un Trump «a lo grande», aún más reaccionario y temerario que en su primer mandato.
Del mismo modo, un gobierno de Burnham, dada su adhesión a las políticas procapitalistas, no hará más que allanar el camino para un giro aún mayor hacia Farage y Reform más adelante.
Histeria y pesimismo
Los «izquierdistas» están alimentando ilusiones en torno a Burnham, tal y como hicieron con Starmer cuando fue elegido por primera vez.
«La izquierda debería desearle lo mejor [a Starmer]», afirmó el autor “de izquierdas” Owen Jones, por ejemplo, en aquel momento. «Ahora es el momento de la amistad crítica, de desearle lo mejor a un político genuinamente decente y progresista: porque su éxito es nuestra única oportunidad de librar al Reino Unido de las crueles injusticias que marcan y definen nuestra sociedad».
De nuevo, al igual que ocurre ahora con Burnham, estos «izquierdistas» cínicos y escépticos dijeron que estábamos ante la «última oportunidad» y que debíamos apoyar a Starmer. Mirad cómo acabó eso.
¿Qué dirán los «izquierdistas» cuando Burnham —como es inevitable— simplemente continúe donde lo dejó Starmer?
Está claro que estos pesimistas histéricos son incapaces de ver más allá de sus propias narices. No tienen perspectiva ni comprenden lo que está sucediendo. Simplemente se dejan arrastrar por los acontecimientos, contentándose con organizar sus actos y manifestaciones sin sentido para soltar palabrería.
Crisis terminal
La verdad es que el capitalismo británico se encuentra en una crisis terminal. No es el «neoliberalismo» el responsable de esta crisis, como siempre afirman los «izquierdistas», como si pudiéramos implantar algún tipo de versión «más amable» del capitalismo. La austeridad no es una «opción ideológica».
«Hay fuerzas poderosas decididas a mantener un modelo económico que genera fortunas grotescas para unos pocos mientras el país se va a la ruina», afirma el Morning Star, por ejemplo.
Sin embargo, la crisis que hoy se agrava no tiene que ver con «modelos», sino que es un reflejo de la agonía de todo el sistema capitalista.
Irónicamente, precisamente en el momento en que la podredumbre y el callejón sin salida del capitalismo quedan al descubierto ante millones de personas a diario, estas personas tienen la mayor fe en la posibilidad de instaurar una forma más justa de capitalismo.
Quienes abogan por retocar el capitalismo no dan en el clavo en absoluto. Viven en el pasado; en un mundo de fantasía.
Seamos claros: el capitalismo no puede «reformarse», regularse ni mejorarse. Debe ser derrocado.
Gobierno de crisis
Es precisamente la crisis endémica del capitalismo la que está detrás del colapso del nivel de vida, tanto en Gran Bretaña como en cualquier otro lugar. Y esto, a su vez, es la razón de la intensa ira y amargura que existe hoy en día.
Esto no va a desaparecer mientras exista el capitalismo. De hecho, no hará más que intensificarse.
Para 2029 y las próximas elecciones generales, la crisis será aún más profunda y la ira aún mayor.
El gobierno laborista de Burnham —otro gobierno de crisis— será odiado por millones de personas, que no habrán experimentado más que penurias y miseria durante las últimas dos décadas. Con sus acciones y políticas, preparará el terreno para Farage.
Podrían suceder muchas cosas de aquí a las próximas elecciones. Los acontecimientos se suceden a una velocidad vertiginosa. Nos encontramos en un periodo de cambios bruscos y repentinos.
El partido Restore Britain, de Rupert Lowe, podría complicar las cosas a Farage y a Reform. Pero incluso eso no haría más que agravar la polarización política en Gran Bretaña, y con ello la inestabilidad del capitalismo británico.
Burnham afirma que este momento representa «nuestra última oportunidad» para cambiar Gran Bretaña. Pero se equivoca. No hay última oportunidad bajo el capitalismo, solo miseria duradera.
Independientemente de cómo se desarrollen exactamente los acontecimientos en los próximos meses y años, serán quienes sigan defendiendo este podrido sistema capitalista los responsables del auge de la extrema derecha, sea cual sea su forma.
Con sus decisiones y sus actos, están preparando la tormenta.
Dirección revolucionaria
La situación actual se caracteriza principalmente por la crisis de dirección.
El Partido Laborista; la dirección de los sindicatos; la llamada «izquierda»: todos están completamente en bancarrota y son políticamente estériles.
Ni siquiera la nueva ola de líderes de izquierda —como Polanski, Sultana y Mamdani— cuenta con el programa necesario para desafiar de verdad a los multimillonarios y a los banqueros, ni para poner fin a la crisis interminable del capitalismo.
Nuestra tarea consiste en llenar este vacío construyendo una verdadera dirección revolucionaria, armada con un programa para destruir por completo este sistema de «el más fuerte se lleva todo», expropiar a los multimillonarios y poner el poder en manos de la clase trabajadora.
Solo entonces, sobre la base de la revolución socialista, podrá la sociedad liberarse de los horrores del capitalismo. No hay término medio.
Descubre más desde Nueva Pensamiento Crítico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.































