Reflexiones de un 4 de julio en Puerto Rico
250 años de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica

Sandra Rodríguez Cotto5 de julio de 2026
Lo primero que hice hoy 4 de julio, fue llamar a mi querido amigo Bill, quien siempre celebra esta fecha con particular interés. Desde que lo conocí en la universidad hace décadas, es su gran día. Y no me equivoqué, lo estaba celebrando. Aquí en Vega Alta, pero como buen americano, se sentía en Nueva York o en Washington.
Después llame a mi consejero de la universidad y eterno amigo Héctor, pero no lo conseguí. Entonces, me puse a elucubrar en lo que significa este 4 de julio de 2026 para mí.
No es un 4 de julio cualquiera. Este 4 de julio se conmemoran los 250 años de los Estados Unidos de Norteamérica.
Veo muchas celebraciones a lo largo y ancho de la nación americana, que esta vez compiten por el interés que tienen muchos en olvidarse de eso, para seguir pegados a la televisión viendo los partidos del Mundial de Fútbol.
Para mí este es un año raro. No estoy pasándolo en la playa en Loíza, como solíamos hacer en familia, sino encerrada en casa en Guaynabo. En un Puerto Rico donde cada día es más difícil vivir. Un Puerto Rico donde muchos pueblos, como el propio Loíza, llevan meses sin agua.
La gobernadora y los militantes del Partido Nuevo Progresista celebran en San Lorenzo. Imagino que se debe que reconocen que en esta época es difícil movilizar mucha gente. El sitio no era gigante pero con tarimas enormes y grandes afiches se veía gente. No eran las multitudes de mítines de antaño, pero hacían bulto.
Los populares, que yo sepa, no hicieron nada oficial, y mucho menos los pipiolos. Ví fotos y vídeos de algunos independentistas en actividades playeras. Ante esa realidad, me puse a elucubrar.
Así que en días como hoy, pienso en la importancia de las fechas.
Este año 2023 se conmemoran 10 años de la Junta de Control Fiscal, ese ente colonial que controla el gobierno y al pueblo.
El saldo de estos diez años de la Junta administrando el dinero del pueblo está a la vista: una brecha de desigualdad que no para de ensancharse. Más gentrificación que nos desplazan. Servicios públicos en ruinas. Más que nada, una pobreza creciente para el pueblo que contrasta groseramente con la riqueza acumulada por los corruptos, los cabilderos, los contratistas y los funcionarios de turno. El pueblo, los de abajo, somos otra cosa.
Esta década tampoco ha sido fácil para el periodismo puertorriqueño. Particularmente para quienes tenemos conciencia y nos negamos a vendernos, para los que no aceptamos la payola, ni compartimos el jangueo con el poder político o corporativo. Ejercer la verdad en un país donde tantas veces te sientes rehén, es un acto de resistencia diaria.
Al mirar nuestra realidad, encuentro mi propio consuelo en la claridad de mi identidad. Respeto profundamente al pueblo estadounidense y lo feliz genuinamente en su histórico aniversario. Pero las narrativas prestadas no me definen.
Entonces vi una foto en las redes sociales, y caí en cuenta de mi realidad.
Yo nunca me he creído el 4 de julio. Mis coordenadas históricas y mis latidos son otros:
Soy un 6 de enero de 1511…
Soy un 23 de septiembre de 1868…
Soy un 30 de octubre de 1950…
Y soy un verano de 2019.
Desde mi casa guaynabeña, en este día de celebraciones ajenas y sequías propias, reafirmo de dónde vengo y quién soy. La historia la siguen escribiendo los que no se rinden. Yo, no me rindo.
SRC

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