Bélgica aplasta a Estados Unidos tras la polémica intervención de Trump con la FIFA
El equipo de Pochettino queda muy lejos de sus actuaciones anteriores y se despide como anfitrión



El fútbol todavía tiene anticuerpos contra la injusticia. O contra la intromisión menos disimulada que se recuerde desde los despachos del poder político en la historia de las Copas del Mundo. En el atardecer del lunes en Seattle, Bélgica se llevó en el campo de juego lo que Estados Unidos había intentado ganar también desde la Casa Blanca: los Diablos Rojos golearon 4-1 y avanzaron a los cuartos de final del Mundial 2026, instancia en la que enfrentarán a España este viernes en Los Ángeles.
EE.UU
1
Matt Freese, Chris Richards, Tim Ream, Antonee Robinson (Max Arfsten, min. 91), Alex Freeman, Weston McKennie, Tyler Adams (Ricardo Pepi, min. 71), Malik Tillman, Folarin Balogun (Haji Wright, min. 91), Christian Pulisic (Sebastian Berhalter, min. 58) y Sergiño Dest (Giovanni Reyna, min. 45)
Bélgica
4
Thibaut Courtois, Brandon Mechele, Nathan Ngoy, Timothy Castagne, Maxim De Cuyper, Youri Tielemans, Amadou Onana (Hans Vanaken, min. 20), Dodi Lukébakio (Jérémy Doku, min. 66), Leandro Trossard (Alexis Saelemaekers, min. 88), Nicolas Raskin (Axel Witsel, min. 88) y Charles De Ketelaere (Romelu Lukaku, min. 66)
Goles 0-1 min. 8: Charles De Ketelaere. 1-1 min. 30: Malik Tillman. 1-2 min. 32: Charles De Ketelaere. 1-3 min. 56: Vanaken. 1-4 min. 92: Lukaku
Arbitro Adham Mohammad Tumah Makhadmeh
Tarjetas amarillasWeston McKennie (min. 34), Malik Tillman (min. 68)
Folarin Balogun, el delantero indultado por el pedido de Donald Trump y la autorización de Gianni Infantino contra la historia de FIFA, estuvo en el campo de juego, pero fue como si casi no hubiera jugado. Muy posiblemente superado por haber quedado en el centro de la atención tras la irrupción de los abogados de la administración Trump, el goleador de Estados Unidos en el Mundial fue el titular de su equipo que tuvo menos contacto con la pelota en el partido, solo 19 toques hasta que fue reemplazado en el minuto 92, sin haber creado nunca peligro ante el arco de Thibaut Courtois. También fue el partido más desangelado de la selección de Mauricio Pochettino en el torneo, como si las partículas del escándalo hubiesen contaminado la frescura que había mostrado en los primeros partidos.
Los belgas, que habían sobrevivido milagrosamente a la eliminación contra Senegal en la instancia anterior, jugaron como si persiguieran un sentido deportivo de la justicia. Con su equipo dominante de principio a fin, Charles de Ketelaere convirtió los dos primeros goles en la etapa inicial y, ya en el complemento, Hans Vanaken y Romelu Lukaku sentenciaron la goleada. La eliminación de Estados Unidos marcó, además, el adiós al último anfitrión que seguía en competición, aunque todos cayeron en la misma instancia, los octavos. El sábado había perdido Canadá y el domingo, México.
Como sucede en todo el Mundial, las cámaras enfocaron religiosamente —obligadamente— a Gianni Infantino al comienzo del partido, pero esta vez el presidente de la FIFA permanecía serio en el palco del estadio de Seattle, como si le pesara el escándalo que había provocado la injerencia de Trump o, peor aún, como si temiera que su concesión terminaría siendo en vano. Allá abajo, sobre el campo de juego, Estados Unidos comenzaba el partido petrificado.

El indultado Balogun también sintió ese peso de principio a fin. Cuando terminó el primer cuarto, a los 23 minutos, el delantero del Monaco ya había sido el futbolista que había sumado menos contacto con la pelota: apenas tres toques. El goleador de Estados Unidos en el Mundial parecía jugar con un grillete entre los pies. A diferencia de su gran comienzo en el Mundial, el equipo de Pochettino fue siempre un equipo atado, sin el desequilibrio habitual de Sergiño Dest ni de Christian Pulisic, y superado por una Bélgica que arrancó, una vez más, sin Kevin De Bruyne ni Lukaku, ambos en el banco de suplentes. A los 10 minutos, los visitantes habían rematado seis veces al arco, contra ninguno de los locales. Y ya ganaban 1 a 0.
Estados Unidos sufrió los ataques por izquierda de Bélgica: los dos goles de Charles de Ketelaere, a los 9 y 33 minutos, fueron calcados, como si provinieran de una fotocopiadora. El primero, tras una proyección de Nicolas Raskin. El segundo, tras un desborde de Leandro Trossard, el extremo del Arsenal, de gran partido. Tras el doblete del delantero del Atalanta, Pochettino se descargó pateando las bebidas ubicadas a un costado del banco de suplentes, consciente de una tarde que ya olía al azufre de la eliminación.
En el medio, a los 31, Estados Unidos había disfrutado de un empate transitorio. El árbitro jordano Adham Mohammad Makhadmeh no quiso sumarse a las críticas que Trump le había soltado al brasileño Raphael Claus, a quien acusó de “sospechoso” por haber expulsado a Balogun ante Bosnia, y cobró una falta inexistente de Brandon Mechele sobre el propio delantero del Mónaco. El encargado de rematar fue Malik Tillman: la pelota parecía fácil para Thibaut Courtois, pero se desvió en Hans Vanaken y marcó el empate que, de todas maneras, sería fugaz. Solo duraría dos minutos.
Si Estados Unidos se había arrastrado en el primer tiempo, en el segundo acentuó su actuación fantasmagórica, como si hubiera vuelto a sus iniciáticas presentaciones de la década del noventa, cuando recién comenzaba la MLS. Un error del arquero Matt Freese permitió el gol de Vanaken —reemplazante del lesionado Madou Onana—, a los 13 del complemento. Y ya sobre el final, en medio de la resignación estadounidense en medio de un estadio sin acústica en el que apenas sonaba el USA del público, Lukaku marcó su tercer gol en el Mundial y elevó el marcador al 4-1.
España se enfrentará a una selección que resolvió con orgullo una situación sin precedentes. Trump volverá a aparecer en la final: según dijo Infantino, el presidente de Estados Unidos entregará la Copa del Mundo.
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Gianni Infantino, un presidente de la FIFA que ha pasado de becario de LaLiga a protagonizar el bochorno de Balogun
El máximo mandatario del fútbol mundial vivió en Madrid tres meses antes de pasar a protagonizar los sorteos de la Champions y mucho antes de convertirse en uno de los grandes amigos del presidente de EE UU, Donald TrumpEscuchar el artículo
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Nueva York – 07 JUL 2026 – 05:30 CEST
Gianni Infantino (Brig, Suiza; 56 años) mostraba sonrisa de póker mientras el domingo asistía al México-Inglaterra en el estadio Azteca. El escándalo por el levantamiento de la sanción a cuenta de la tarjeta roja que impedía al centrocampista estadounidense Folarin Balogun enfrentarse este martes a Bélgica ya se había desatado. En los primeros momentos, Infantino creía haber controlado el ruido y suavizado las críticas por la decisión del comité disciplinario de la FIFA antes de que Donald Trump reventara el Mundial con el mensaje en redes sociales en el que felicitaba a la FIFA por el indulto a su compatriota.
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Infantino actuaba en el palco de honor del Azteca como si nada hubiera pasado, pero ya era consciente de la tormenta que se avecinaba. A la espalda del mandamás del fútbol mundial, el legendario goleador mexicano Hugo Sánchez contemplaba el partido. En la medida en que la popularidad del presidente de la FIFA ha tocado suelo por su toma de decisiones o por las declaraciones en las que suele justificar sus apuestas por el negocio por delante del juego, este se ha preocupado muy mucho de rodearse de leyendas del fútbol mundial. Roberto Baggio, Hristo Stoichtkov, Ronaldo Nazario, Kaká o Del Piero le han servido en los últimos cuatro años como refuerzo de su imagen para tratar de dotar de legitimidad y autenticidad sus políticas. La principal de ellas mantener o abrir nuevas rutas de la seda del fútbol en busca de El Dorado. La organización de las últimas Copas del Mundo son señales inequívocas del viaje a la opulencia de la FIFA iniciado por su predecesor Joseph Blatter. Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022 fueron designadas y promocionadas como anfitrionas del Mundial por la emergente pujanza de sus economías.
Infantino no presidía el fútbol mundial cuando rusos y catarís ganaron las votaciones amañadas que desataron el Fifagate. Accedió al cargo en 2016, pero ya en la poltrona del fútbol mundial defendió mano a mano con Vladimir Putin y la realeza catarí ambas designaciones. La comunidad internacional las cuestionó por la vulneración flagrante de los derechos humanos en ambos países. Su discurso en Doha un día antes del inicio del Mundial 2022 marcó un antes y un después en su imagen, muy mellada desde entonces al cuestionar quién era el mundo occidental para criticar los usos y costumbres catarís. Infantino se escudó en la hipocresía de que, a diferencia de las grandes multinacionales o de muchos gobiernos democráticos, solo al fútbol se le critica el trato y los acuerdos con regímenes autoritarios que tratan de blanquearse con la organización de grandes acontecimientos deportivos. Infantino obvió que con ese discurso enterraba la capacidad crítica e histórica de la comunidad internacional para rebelarse contra los autoritarismos extremos.
Desde entonces, Infantino se ha metido de lleno en un personaje proclive al show para alejarse de aquel dirigente calvo que presidía y presentaba con simpatía los sorteos de la Liga de Campeones como parte del cargo de secretario general de la UEFA que ocupaba. Al organismo rector del fútbol europeo llegó en el año 2000 de la mano del por entonces presidente, el sueco Lennart Johansson. Solo cuatro años antes, Infantino había sido un curioso e inquieto becario en LaLiga. Durante tres meses residió en Madrid para estudiar el funcionamiento de la patronal española en asuntos logísticos como los sistemas de tornos o el control del billetaje. El por entonces presidente de LaLiga, Pedro Tomás, el director de comunicación Toni Fidalgo, y el todavía vigente director adjunto a la presidencia de Javier Tebas, Carlos del Campo, solían recordar la obsesión de Infantino por los huevos con jamón de Casa Lucio. También descubrieron a un personaje capaz de recitar alineaciones de equipos y selecciones legendarios.
Cuando el francés Michel Platini accedió a la presidencia en 2007 le catapultó hasta convertirle en la cabeza visible y pensante de la tecnocracia de la UEFA. Suyo fue el penúltimo formato de la Liga de Campeones que disparó los ingresos de la competición o la Liga de Naciones que suprimió en Europa los amistosos para que las federaciones comercializaran mejor los derechos de retransmisión. El Mundial de Clubes que celebró el verano pasado con éxito su primera edición con la mayoría de los grandes equipos europeos y sudamericanos ha sido su último pelotazo como presidente de la FIFA. El conocimiento que adquirió con la UEFA de los principales actores económicos de la industria, patrocinadores, operadores televisivos y fondos de inversión han sido su mejor aval también para articular este Mundial de 48 selecciones en el que solo él creía. La emotiva aventura de Cabo Verde y la digna competitividad de las otras selecciones del último vagón del fútbol eran el último triunfo del que presumía. Hasta que la mano que tendió a Donald Trump le ha terminado por estallar en la cara manchando la gran competición del fútbol mundial que, si nada lo impide, presidirá hasta 2031.
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La FIFA en el Mundial 86: “Entregarle la Copa a Estados Unidos no sería elegir sede, sino subastar el torneo al mejor postor”
De espaldas a las permanentes concesiones de Gianni Infantino a Donald Trump, la FIFA eligió a México en lugar de Estados Unidos para la Copa del Mundo 1986 que había dejado vacante Colombia


Si Estados Unidos concentra a 78 de los 104 partidos del Mundial 2026, muy por encima de los 13 que recibió México y los otros 13 delegados a Canadá, para la Copa del Mundo de 1986 ocurrió lo contrario: todavía en tiempos en que la FIFA procedía a una votación entre sus dirigentes, Estados Unidos perdió contra México una pulseada de escritorios en la que —curiosamente— también participó Canadá para tomar la sede a la que había renunciado Colombia, el único país que se deshizo de una designación ya recibida de la FIFA.
La derrota estadounidense ocurrió en mayo de 1983 durante un congreso que las autoridades del fútbol realizaron en Estocolmo en el que el portavoz de la candidatura de Estados Unidos, Henry Kissinger, sumó una segunda derrota: con pancartas y gritos fue hostigado por militantes italianos que lo acusaron de haber influido en el asesinato del líder político Aldo Moro, cometido cinco años atrás, en 1978.
El rechazo a Estados Unidos fue explicado entonces por dirigentes de la FIFA con argumentos que, más de 40 años después, colisionan contra las permanentes concesiones que la entidad ahora dirigida por Gianni Infantino le entrega a Estados Unidos y a Donald Trump, sintetizada en el perdón al delantero Folarin Balogun. “Entregarle la sede a Estados Unidos ya no sería elegir sede, sino subastar la Copa del Mundo al mejor postor, y así puede ocurrir que se juegue en Hong Kong o Kuwait”, dijeron entonces voceros de la FIFA.
La prehistoria del triunfo de la candidatura de México sobre Estados Unidos para el Mundial 1986 comienza con la renuncia de Colombia a la sede a la que había sido designada en 1974. Las dudas alrededor de la organización del país sudamericano ya estaban planteadas desde el final de España 1982, en julio de ese año, cuando la FIFA publicó un mensaje impreciso tras el torneo: “Nos vemos en el Mundial 1986”, sin referencias a la sede. Apenas tres meses después, en octubre de 1982, el flamante presidente colombiano Belisario Betancur, que había asumido en agosto en un país en plena crisis económica y social —y con el narcotráfico ya desafiando al poder—, declinaría la organización de la Copa del Mundo.
España 1982 había tenido problemas organizativos y la FIFA, entonces presidida por el brasileño João Havelange, le mostró el látigo a Colombia con una serie de condiciones que incluían estadios, rutas terrestres y transporte aéreo. La FIFA quería organizar un Mundial para 24 equipos en 12 sedes y Colombia mostró los colmillos de entrada: “Cuando nos eligieron —en 1974— había 16 participantes”, esgrimió Betancur, que sentía la designación como una pesada herencia.
Las exigencias de la FIFA eran múltiples: las ciudades sedes debían estar comunicadas por trenes y autopistas, requisitos que para Colombia eran imposibles de cumplir. “Los directivos de la FIFA no parecen haber visto un mapa de nuestro país en su vida”, dijo Betancur en referencia al relieve del territorio colombiano, en medio de una cordillera de Los Andes que se abre en tres ramas, que hace irrealizable la comunicación por trenes. Incluso en la actualidad, Medellín y Bogotá no están unidas en su totalidad por autopista, sino en algunos trayectos por carretera.
La FIFA puso un plazo: el 10 de noviembre de 1982, Colombia debía responder si aceptaba organizar el Mundial o declinaba. No fue necesario: dos semanas antes, el 25 de octubre, Betancur dio el no. “Tenemos un montón de cosas que hacer y no disponemos de tiempo para atender las exigencias de la FIFA. El Mundial 1986 no se celebrará en Colombia. Gabriel García Márquez nos ha dado una compensación suficiente por perder el Mundial 86”, dijo el presidente.
La referencia al escritor no fue gratuita: cuatro días atrás, el 21 de octubre de 1982, el autor de Cien años de soledad había recibido el premio Nobel de Literatura. En todo caso, estaba claro que, tarde o temprano, un Mundial en Colombia en 1986 habría sido un grave problema de seguridad: para esa altura, los carteles ya empezaban a actuar como los dueños de la vida y la muerte de los colombianos. Colombia avanzaba hacia un polvorín.
Sin país organizador, la FIFA empezó a buscar, contrarreloj, un reemplazo. Como todavía eran tiempos en que los Mundiales se superponían cada cuatro años entre Europa y América, la edición de 1986 debía continuar en el mismo continente. El candidato natural pasó a ser Brasil, pero João Baptista Figueiredo, el último presidente de la dictadura, ordenó su baja. Fue entonces que tres países de América del Norte, México, Estados Unidos y Canadá, le hicieron saber a la FIFA que tenían intenciones de tomar la posta.
Aunque hasta entonces ningún país había sido sede dos veces, y su primera experiencia había sido reciente, hacía solo 16 años —en 1970—, la candidatura de México pareció la más natural dada su histórica relación con el fútbol. Canadá y Estados Unidos, de todas maneras, también fueron por el premio mayor, en especial el gigante entonces presidido por Ronald Reagan, que delegó en Kissinger —a esa altura exsecretario de Estado, pero todavía con influencia política— la diplomacia para conseguir los votos necesarios para ganar la elección del Comité Ejecutivo de la FIFA.
El primer corte fue el 11 de marzo de 1983. Brasil no se presentó y Estados Unidos y Canadá ratificaron su interés, pero apenas México mostró una carpeta con estadios construidos. Tenía, además, un apoyo clave puertas adentro: el líder del Comité Organizador de la postulación mexicana sería, como ya había ocurrido en México 1970, Guillermo Cañedo, a la vez uno de los vicepresidentes de la FIFA, brazo derecho de Havelange, presidente del club América y vicepresidente de Televisa, la potente cadena televisiva de su país.
El presidente del Comité Organizador de la FIFA para el Mundial 1986, el alemán Hermann Neuberger, admitió que los mexicanos partían con ventaja. “El favorito es México. Si no, estaremos en peligro de repetir nuestra experiencia en España, donde tratamos con gente de negocios y no con dirigentes de fútbol”, admitió con un orden de prioridades que hoy huele a candor.
El apoyo de los sudamericanos fue inmediato. “No podemos simpatizar con Estados Unidos, donde no hay fútbol”, dijo el presidente de la Conmebol, Teófilo Salinas. “Canadá y Estados Unidos no tienen historia”, acompañó el jefe de la Asociación del Fútbol Argentino, Julio Grondona. Sin embargo, el viernes 20 de mayo en Estocolmo, cuando la FIFA reunió a los 21 integrantes de su Comité Ejecutivo para que eligieran la sede del Mundial 1986, un rumor tomó la escena: Kissinger había presionado a muchos de esos dirigentes, a través de los presidentes de sus países, para que le dieran su voto a Estados Unidos a cambio de compromisos políticos.
El fútbol era marginal en Estados Unidos y con una liga a punto de cerrar tras la decadencia del Cosmos, pero el brasileño Pelé y el alemán Franz Beckenbauer acompañaron a Kissinger a Suecia como apoyo a la candidatura. Estados Unidos prometió además que lideraría el Mundial con la mayor demostración de tecnología en telecomunicaciones, pero, según contó entonces un dirigente de la FIFA a la revista argentina El Gráfico, la FIFA no se regiría únicamente por el dinero.
“Tal vez se gane tres veces más dinero, pero debe preservarse la parte deportiva. Lo más coherente sería que Estados Unidos organice un Mundial juvenil y luego avance sobre esa experiencia para 1994”, dijo un dirigente al enviado de El Gráfico al Congreso de la FIFA en Estocolmo.

El libro El 86, el año que México cambió el mundo, del periodista mexicano Francisco Javier González, revela una decisión audaz de Cañedo, que era juez y parte: presidía la candidatura de México y votaba como autoridad de la FIFA. Según esa infidencia, el dirigente y empresario decidió que comenzaran a anunciar en voz alta su elección los dirigentes que el propio Cañedo sabía que no lo traicionarían. Así, los primeros ocho votos fueron para México y el resto de las autoridades, como ya sabían que el ganador no cambiaría, también votaron para la candidatura mexicana, que ganaría de manera unánime.
Havelange también fue clave para el triunfo de México, un combo alimentado de la pasión de su pueblo, los estadios ya construidos, la experiencia de 1970 y el aval del presidente del país, Miguel de la Madrid. Pero además, al iniciar aquel Congreso de la FIFA, el brasileño sorprendió al decir que, como Estados Unidos y Canadá no habían presentado su propuesta por escrito el 11 de marzo, la reunión solo servía para una única opción: “No es votar por tal país. Nuestra Comisión Organizadora visitó únicamente México y se trata de aprobarlo o no”, les dijo al resto de los dirigentes, por lo que los enviados de Canadá y Estados Unidos habían viajado en vano.
Además, Kissinger —hombre cercano a las dictaduras latinoamericanas— sufrió una doble derrota. A las puertas del hotel Sheraton de Estocolmo, donde se reunió la FIFA, el estadounidense fue abordado por 50 militantes italianos que lo acusaron del asesinato de Moro, líder democristiano de su país, en 1978, durante la presidencia de Jimmy Carter —de la que Kissinger había sido secretario de Estado—. Carteles y fotos de Kissinger con la frase “Killer Moro” fueron distribuidos a los periodistas en un momento incómodo para la FIFA.
Como la reunión terminó en la mañana de Suecia, la noticia llegó a México en la madrugada de aquel viernes 20 de mayo, a las 5.15. Aunque el fútbol nunca se fijó en el color político de las sedes —Argentina fue anfitriona en 1978 en medio de la dictadura—, los Mundiales todavía se regían por prioridades deportivas y la FIFA parecía inmune a las presiones políticas.
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La soledad de Leo Messi: tira a portería un 50% más que el resto de compañeros juntos
Argentina, que este martes se enfrenta a Egipto en octavos con las dudas que le dejó Cabo Verde, agudiza su gran dependencia de la estrellaEscuchar el artículo
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Atlanta – 07 JUL 2026 – 05:30 CEST
Argentina llega a la meca del culto al melocotón. En Atlanta, todo pasa por una calle que se llama melocotón. Hay más de 70 que incluyen el nombre de esta fruta, aunque, en realidad, su estado (Georgia) no es el que más la produce. Aquí juega la Albiceleste los octavos de final contra Egipto (18.00, Dazn) después de tres días en el diván de pensar. En su recinto refrigerado comprobará cuál es su estado de salud después de la flojera ante Cabo Verde.
De lo que no cabe duda es de la enorme dependencia que ha tenido el equipo de Leo Messi, casi un monocultivo. Los números son muy contundentes: siete de los 11 tantos del equipo los ha marcado él y, lo que es más revelador, ha rematado a portería un 50% más que el resto de sus compañeros juntos: 15 veces frente a apenas diez los otros 25 jugadores, según Opta.
Este es el Mundial de los goleadores, pero ningún país cuelga tanto del suyo como Argentina. Hasta dieciseisavos, ni Kylian Mbappé (Francia) ni Erling Haaland (Noruega) ni Harry Kane (Inglaterra) ni Vinicius (Brasil) ni Mikel Oyarzabal (España), los máximos anotadores de sus equipos, absorbían tanto caudal como Messi. Ninguno había disparado a portería más que el resto de sus compañeros juntos. “Ninguna favorita está desplegando un fútbol total. Si nosotros no jugamos bien, siempre damos un plus de temperamento”, justificó este lunes Lionel Scaloni a modo de balance del primer tramo.
Cuánto depende Argentina de Messi en ataque
Datos de los cuatro partidos en el Mundial 2026
Remates a portería
60%
40%
Goles esperados (xG)
50%
50%
Remates
43%
57%
Ocasiones creadas
30%
70%
Lionel Messi
Resto del equipo
Fuente: Opta EL PAÍS
El mejor Leo también necesita compañía y el asunto apela a todos en Argentina, pero, sobre todo, señala directamente a Lautaro Martínez y Julián Alvarez, los acompañantes de la estrella, que se han ido turnando porque, como ha advertido Lionel Scaloni, los tres a la vez sería algo “bravo” que podría desequilibrar el equipo. El delantero del Inter suma un tanto de penalti (en ese momento no estaba Leo) y el del Atlético, ninguno.
Lautaro aseguró antes del torneo que llegaba mejor que a Qatar, donde perdió el puesto ante Julián, y ha comenzado en el once los cuatro partidos, aunque no ha terminado ninguno. Su compañero, que le ha relevado sistemáticamente a la hora de juego en los tres encuentros que han contado para llegar a octavos, se ha hecho sentir más fuera, cuando anunció que quería dejar el Metropolitano, que dentro. Llegó a Estados Unidos sin rodaje por una lesión reciente en el tobillo izquierdo y apenas ha tenido impacto. Ambos suman dos tiros a puerta cada uno en los cuatro choques.
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En la tiritona de dieciseisavos frente a Cabo Verde, los que rescataron a Argentina del pánico fueron dos centrales: Lisandro Martínez (metió el segundo y dio la asistencia del primero) y Cuti Romero, que cabeceó en la acción del tercero (la FIFA se lo adjudicó en propia puerta a Diney Borges). Las otras dos dianas que no ha anotado Messi han sido la pena máxima de Lautaro y una falta de Giovani Lo Celso, ambas ante Jordania, el día que salió la Argentina b sin nada en juego (sin Messi de inicio) y que, curiosamente, dejó una buena primera media hora.
Messi lidera las principales estadísticas ofensivas de Argentina
| Jugador | Goles esperados (xG) | Remates | Remates a portería | Ocasiones creadas |
|---|---|---|---|---|
| Lionel Messi | 4,01 | 24 | 15 | 9 |
| Lautaro Martínez | 1,49 | 4 | 2 | 2 |
| Julián Alvarez | 0,54 | 3 | 2 | 1 |
| Nico González | 0,51 | 4 | 0 | 2 |
| Enzo Fernández | 0,43 | 6 | 2 | 2 |
| Marcos Senesi | 0,28 | 1 | 0 | 0 |
| Alexis Mac Allister | 0,21 | 4 | 1 | 3 |
| Cristian Romero | 0,12 | 1 | 0 | 0 |
| Giovani Lo Celso | 0,10 | 1 | 1 | 2 |
| Gonzalo Montiel | 0,09 | 1 | 0 | 0 |
| Thiago Almada | 0,07 | 2 | 0 | 2 |
| Nico Paz | 0,06 | 1 | 0 | 0 |
| Lisandro Martínez | 0,05 | 1 | 1 | 2 |
| Nicolás Otamendi | 0,04 | 1 | 0 | 0 |
| José Manuel López | 0,02 | 1 | 0 | 0 |
| Leandro Paredes | 0,02 | 1 | 1 | 0 |
| Facundo Medina | 0,00 | 0 | 0 | 1 |
| Nahuel Molina | 0,00 | 0 | 0 | 1 |
| Nicolás Tagliafico | 0,00 | 0 | 0 | 1 |
| Rodrigo De Paul | 0,00 | 0 | 0 | 2 |
Fuente: Opta. EL PAÍS
La Albiceleste ha pasado de entusiasmarse con los goles de Leo (el único del Mundial que ha marcado en los cuatro primeros duelos) a preocuparse también por el desierto a su alrededor. La ausencia de alternativas anotadoras a la estrella se ha convertido, junto al apelmazamiento del centro del campo (se espera que Leandro Paredes sea titular con Egipto), en las dos grietas más visibles de una selección que ha despertado alguna sospecha. Dos problemas que también están conectados, ya que una medular en tinieblas agudiza los problemas goleadores. Para esto, la Pulga sigue siendo también la solución: él es el pichichi y el que más ocasiones ha generado (nueve), el triple que el segundo (Alexis Mac Allister, con tres).
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La decisión colegiada de todas las partes es que el diez, con 39 años recién cumplidos, ahorre los minutos que pueda sobre el césped. Lo hizo en el tramo final de Argelia y en la primera hora frente a Jordania, a la que Argentina no terminó de liquidar hasta su gol. Sin embargo, la angustia lo empujó a consumir los 139 minutos de Cabo Verde bajo un calor y una humedad extenuantes. “Está bien pese a jugar todo el partido. Saldrá mañana”, aclaró Scaloni en la previa.
La Albiceleste levantó el título en Qatar a hombros de su estrella, pero no con esta desproporción respecto al resto del equipo. Entonces metió siete tantos en siete partidos, mientras que ahora suma siete en tres encuentros y medio (y con un penalti fallado). Entonces anotó los que debía según la calidad de las ocasiones disfrutadas (7,15 goles esperados) y ahora está muy por encima (la métrica le ha calculado que tendría que haber marcado cuatro). Y entonces, sobre todo, tenía compañía: él disparó 18 veces a portería y el resto, 29. Arriba encontró el colchón de Julián Alvarez (cuatro dianas), y en el centro del campo la selección recibió el impulso de Enzo y Mac Allister. Justo lo que ahora le falta en la antesala de medirse a la Egipto de Mohamed Salah y Omar Marmoush.
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Bogotá – 07 JUL 2026 – 06:00 CEST
Será un duelo de invictos que han navegado por fuera del radar de los candidatos. La selección Colombia, de momento imbatible en las canchas de Norteamérica, buscará su mejor Mundial cuando enfrente este martes a Suiza en Vancouver, el último juego en una ciudad canadiense, después de haber hecho escalas en Ciudad de México, Guadalajara, Miami y Kansas City. En todos los estadios se ha sentido local, acompañada por una marea amarilla que se ha dejado sentir. El equipo de Néstor Lorenzo, el único que ha jugado en los tres países anfitriones, intentará prolongar un estado de gracia que ya despierta elogios, a pesar de que aún no ha contado con la mejor versión de Luis Díaz, su gran estrella, ni de James Rodríguez, su capitán de mil batallas.
Colombia superó la primera fase a velocidad de crucero con sus triunfos sobre Uzbekistán, por 3-1, y la República Democrática del Congo, 1-0, para después asegurar, ya clasificado, el primer lugar del Grupo K con un empate sin goles ante el Portugal de Cristiano Ronaldo que dejó una prometedora imagen de los cafeteros y un imborrable gol anulado por un fuera de lugar milimétrico. En los dieciseisavos acrecentaron ese sorpresivo prestigio de equipo coral y solidario con una victoria 1-0 sobre Ghana, gracias a un gol de John Arias, el siempre rendidor todocampista del Palmeiras brasileño.
Fue un partido casi redondo, de un dominio apabullante, a pesar de lo estrecho del marcador. A Camilo Vargas, el arquero del Atlas de México, no le patearon los africanos ni una sola vez entre los palos. Davinson Sánchez, el defensa del Galatasaray, coronó otro partido imperial, uno más en Norteamérica. Los laterales, Johan Mojica y Daniel Muñoz –el inesperado goleador del equipo con dos tantos– acompañaron todos los ataques. Gustavo Puerta, el más joven con sus 22 años, volvió a comerse la cancha, de arriba abajo y de abajo arriba.
Sin embargo, el desequilibrante Lucho Díaz, que ya le marcó a Uzbekistán y derrocha una energía inagotable, volvió a lucir ansioso, con un tanto anulado por fuera de lugar, y James no pesó, relevado en el descanso. Luis Suárez, el goleador de la liga portuguesa con el Sporting, ingresado por la lesión de John Córdoba desde los primeros minutos, tuvo un despliegue conmovedor, incluso hizo el pase del gol, pero sigue sin convertir. La buena noticia es que otros han acudido oportunos al rescate. “Luis Díaz vive del gol y eso es normal. Ya se le abrirá el arco y volverá marcar”, declaró Lorenzo sin dramatismos.

Ante Ghana, Colombia “volvió a ganar con autoridad, sin sobresaltos, con funcionamiento colectivo, como son los verdaderos equipos de categoría, sin depender de nombres providenciales”, la elogiaba en las páginas de El Tiempo de Bogotá el veterano cronista argentino Jorge Barraza, columnista de varios periódicos de la región, aunque alerta también sobre la falta de eficacia frente al gol. “Las ganas y la entrega de todos los jugadores contagian, se nota compromiso, deseo, amor por la camiseta”, abunda en su diagnóstico.
“Colombia, si no la he metido en la relación de candidatas, la meto ahora”, dijo la semana pasada el seleccionador de España, Luis de la Fuente, después de que Lionel Scaloni, el técnico de la Argentina campeona del mundo, también había incluido a la tricolor entre sus favoritas. Lorenzo, un defensa que disputó con la albiceleste la final del Mundial de Italia en 1990, se forjó en los banquillos como asistente de Néstor Pékerman. Juntos llevaron a Colombia a los cuartos de final de Brasil 2014, su mejor actuación hasta ahora, con James como sorpresivo goleador del certamen, y después a los octavos de Rusia 2018. Con su liderazgo tranquilo, sin estridencias, Pékerman se metió a los colombianos en el bolsillo. Ahora Lorenzo, su heredero, recorre el mismo camino.
Con el credo de partido a partido, y balón a balón, la selección ilusiona a los colombianos con superar su mejor Mundial. Por lo pronto, busca alcanzar los cuartos de final que ya disputó en Brasil –pero entonces sin el peaje de los dieciseisavos–. ¿Qué es hacer un buen Mundial? Llegar hasta el último partido, han insinuado tanto el entrenador argentino como el propio James, el capitán.
En su camino se atraviesa Suiza, dirigida por Murat Yakin, un equipo físico, disciplinado y solidario que también pasó como líder de su grupo y tampoco ha perdido en las canchas norteamericanas. Después de empatar 1-1 en el debut ante la débil Qatar, ha enlazado tres victorias consecutivas sobre Bosnia (4-1), Canadá (2-1) y, ya en los dieciseisavos, Argelia, con goles de Breel Embolo y Dan Ndoye (2-0). El veterano Granit Xhaka es el principal referente en el mediocampo, mientras que su compañero Johan Manzambi, con apenas 20 años, ya suma tres goles en el certamen. Los dos últimos partidos los han disputado en Vancouver, una ventaja que les ahorra el desgaste de los viajes en un calendario pensado originalmente para favorecer la localía de los canadienses si ganaban su grupo. Las fuerzas se antojan niveladas.
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Merino despide a Cristiano sobre el filo y mete a España en los cuartos de final del Mundial
El jugador del Arsenal remata en el 91 un partido de mucha altura de La Roja contra una Portugal que lució un gran centro del campo y los de Luis de la Fuente se medirán el viernes a BélgicaEscuchar el artículo
5 min.i


Dallas – 06 JUL 2026 – 23:36 CEST
Llega la cuesta arriba, asoma el precipicio de la eliminación, y ahí regresa la España con cuerpo y jerarquía, dueña del juego y de todos los resortes. Y ahí, sobre el filo, aparece una vez más Mikel Merino, como en el límite de la prórroga de los cuartos de final de la Eurocopa contra Alemania. El futbolista del Arsenal llegó al Mundial muy justo después de una rara lesión en el pie derecho, y sobre el límite tumbó a Portugal, despidió a Cristiano Ronaldo, un gigante, de la Copa del Mundo y transportó España a los cuartos de final del próximo viernes en Los Ángeles contra Bélgica (21.00, La1 y Dazn). Cuando el reloj acababa de alcanzar el 90, Ferran filtró una pelota extraordinaria al área y Merino acertó con la zurda, una conexión deslumbrante de dos recién salidos del banquillo.
Portugal
0
Diogo Costa, Nuno Mendes (Nélson Semedo, min. 55), João Cancelo (Diogo Dalot, min. 70), Renato Veiga, Rúben Dias, Pedro Neto (Francisco Conceição, min. 82), João Félix (Rafael Leão, min. 70), Bruno Fernandes, Vitinha (Bernardo Silva, min. 82), João Neves y Cristiano Ronaldo
España
1
Unai Simón, Aymeric Laporte, Pedro Porro, Marc Cucurella, Pau Cubarsí, Álex Baena (Ferran Torres, min. 74), Lamine Yamal, Dani Olmo (Mikel Merino, min. 84), Pedri (Fabián Ruiz, min. 84), Rodri y Mikel Oyarzabal (Borja Iglesias, min. 96)
Goles 0-1 min. 90: Merino
Arbitro Anthony Taylor
Tarjetas amarillasBernardo Silva (min. 88), Renato Veiga (min. 93), Ferran (min. 98)
Así terminó España de deshacer a una Portugal muy sólida, de mucho nivel con la pelota. Así dejó a Cristiano con agüilla en los ojos: la última tarde de un mito en los Mundiales, despedido por un equipo formidable, cada vez más cerca de su etiqueta de máximo favorito.
De la Fuente ya ha encontrado la mezcla que funciona. Repitió el once que abrasó a Austria para enfrentarse a otra maquinaria con rasgos similares en el corazón de las operaciones. Se cruzaron sobre la hierba de Dallas dos centros del campo con ideas, mando y precisión. El duelo era de altura. Rodri trataba de imponer su jerarquía a la de Vitinha y su escolta de Bruno Fernandes y João Neves. El futbolista del City se ha ido entonando durante el torneo, cada vez más afinado, con más ritmo y presencia. España se ordena a su alrededor. Se tensa. Han desaparecido las holguras de las juntas en el estreno contra Cabo Verde, esas conexiones aflojadas que dejaron un producto pastoso. Rodri ha enderezado todo a su alrededor y sus acompañantes se han sumado a la tersura que imprime al juego. Quizá solo Pedri parece haber perdido algo el paso. Algunos de sus giros dejan la impresión de que no ha visto el fútbol al primer impulso.
El medio de Portugal funciona de memoria. Pueden recitar la partitura de Vitinha con los ojos cerrados. El futbolista del PSG sabía por dónde ir, hacia dónde llevar la pelota para que España siguiera llegando un instante tarde, para seguir amasando el balón. Un choque de quilates, de un nivel altísimo en la pizarra y en la ejecución. La batalla estaba por ahí, en la sala de máquinas, donde Roberto Martínez había introducido la imaginación y el toque de Joao Félix, que nada cómodo en esas aguas revueltas, en lugar de la agitación energética de Leão.
El movimiento apaciguó la banda izquierda de Portugal, que se preveía estresante. Por ahí sufrió España las embestidas de Nuno Mendes en la final de la Nations League del año pasado. Esta vez el tráfico discurría por el centro, con mucha pelota para Portugal, aunque a bajas revoluciones.
La Roja no parecía incómoda un poco más a la expectativa. Retrocedía enseguida si no robaba con el primer mordisco de la presión. La maniobra les otorgaba la ventaja del espacio hacia el otro lado si recuperaban. Todo cambiaba cuando aparecía Olmo, un extraño en ese reino del control. Olmo detecta como nadie los espacios. No para detenerse allí a amasar el balón, sino para usarlos como rampa de lanzamiento. Donde no había nada, él ya ha visto el comienzo de todo.
Cuando se soltaban las correas del centro del campo, España golpeaba a la carrera. Olmo dejó a Oyarzabal solo ante Diogo Costa y el delantero de la Real cruzó demasiado un tiro con la zurda que parecía un trámite.




























Portugal parecía controlar, pero era España la que pegaba, con más revoluciones y picante. Lamine le encontró la espalda a Nuno Mendes, recortó hacia fuera y no consiguió abrir lo suficiente el disparo. El despeje le cayó a Baena, que afinó mucho más su derechazo, dirigido con precisión a la escuadra. Diogo Costa se había rehecho y logró espantar el gol gracias a que los guantes alargan la longitud de los dedos. Despejó la pelota con algo situado un poco más allá de las yemas.
Al otro lado, Cristiano seguía adivinando en qué punto del área iba a caer cualquier balón. Remató de espaldas uno que le llegó después de que un cabezazo de Joao Félix tropezara en el hombro de Unai Simón, y el portero sumó su segunda parada al mítico 7.
El transcurso de los minutos fue aflojando a Portugal mientras España sostenía el pulso. El equipo de De la Fuente vuelve a lucir el cuerpo de los mejores días. Resistió el reto del centro hasta imponerse y entonces, en lugar de contemplar, siguió acelerando, con apariciones cada vez más frecuentes de Olmo y Baena.
Entonces, se lesionó Nuno y Lamine descorchó un asalto continuo. Portugal solo encontró alivio en la segunda pausa de hidratación, que detuvo el oleaje y dejó a Unai Simón maldiciendo. Roberto Martínez intentó reavivar a su gente introduciendo a Leao y Dalot. Respiraron un poco, pero el chaparrón de España les seguía empapando. De la Fuente respondió metiendo a Ferran Torres por Baena y el delantero del Barça conectó enseguida con Lamine en el área. La Roja seguía empujando y Portugal empezaba a asomar la velocidad de Leao, bien vigilado por Porro y Cubarsí. Entraron también Fabián y Merino, que llevaba prendida la tarjeta de despedida de Cristiano. También el billete de España a los cuartos contra Bélgica, con rumbo cada vez más firme.

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Cerrado por fútbol
Eduardo Galeano colgaba un cartel para que no lo molestaran durante las semanas de fútbol. Desde el 82, en la costa catalana, un ritual compartido en la mirada de su hija

Mariana Mactas
Por momentos, los vacíos crecen, arman su casa y se ponen cómodos. A veces tiene que ver con que se cumplen fechas de una partida, o con un sabor, una magdalena. O un objeto olvidado que irrumpe desde los días que dejamos atrás, como canta Sir Paul. Para muchos, las ausencias se agrandan durante las fiestas de Navidad, o en los cumpleaños. Para mí, es en el Mundial.
Ya pasaron diez años desde que Eduardo murió, y a veces me olvido. Excepto durante el Mundial. La fiesta compartida en la que me crié. A estos días especiales, el paréntesis más divertido de cada cuatro años, se suman los recuerdos felices. Repito el ritual de la mesa con cosas ricas para picar y tomar, no importa quién juegue. Y si no hay familia reunida frente al televisor también da igual.
Siento que un poco vemos juntos este Mundial Más Grande del Mundo, que le hubiera encantado. Colonizados versus colonizadores, primer y tercer mundo, jugando a la pelota en el imperio del imperio de la espectacularización mercantil. Todo, todos los partidos que el tiempo permita, como si fueran los más importantes del mundo. Y lo son. Ahora, Eduardo estaría viendo los 104 partidos, que a un promedio de 90 minutos por cada uno da 156 horas, igual a seis días y medio enteros llenos sin parar de fútbol.
Para nosotros arrancó en el ochenta y dos. Vivíamos en el piso alquilado de un pueblo turístico de la costa catalana, ahí donde Calella se convierte en Pineda de Mar. Teníamos un edificio enfrente, pero a cada costado se veía el mar azul, desde la terraza en la que él hacía sus asados para los amigos. Le había pintado murales de Miró en las paredes, colgaba una hamaca paraguaya y las plantas que cuidaba mamá invitaban a entrar y quedarse. Con esa vista escribía Memoria del Fuego, tres tomos sobre la historia de América Latina.
La tele consistía en las transmisiones de los dos canales de Televisión Española, 1 y 2, que cerraban a medianoche con el himno sin letra. La 2 era más alternativa y cultural; Alaska conducía La bola de cristal y Metrópolis se dedicaba a la música de vanguardia o el videoarte. Mi educación sentimental. Aunque ya emitía en color, nosotros, como todas las personas que conocíamos, teníamos nuestra tele en blanco y negro. Hasta que llegó el Mundial.

Las publicidades estaban por todas partes, a página entera de los principales diarios. “Si España gana el Mundial, le devolvemos el dinero”, decía el aviso de Sanyo. La renovación del aparato era una inversión para pensar: algunos costaban medio mes de sueldo. Pero ver el rojo de la selección anfitriona, el verde del pasto de la cancha, las camisetas coloridas de los hinchas en las tribunas, bien lo valía. Se cumplen cincuenta años de esa explosión de la tv a color en España y nosotros estuvimos ahí.
Me acuerdo de ir a estudiar opciones como quien va a la NASA. Yo tenía once años. Elegimos un modelo Grundig, “caro, pero el mejor”. Aparatosa tele de tubo, 25 pulgadas. Como vivíamos en un barrio obrero, fuimos de los pocos que podían permitirse el color, y la vecina Montse, y algunos amigos del colegio, venían a ver los partidos a casa.
En ese lugar y tiempo no era muy común ir a la casa de amigos de la primaria. No se festejaban los cumpleaños; sí los santos. Pero logramos que vinieran los chicos de la clase a festejar mi cumple, y hasta con el titiritero Javier Villafañe como animador. En otros aniversarios, Eduardo organizaba partidos de fútbol en la playa. Equipos mixtos, todos descalzos sobre la arena, hasta la hora de tomar la merienda y soplar las velitas frente al mar. Colgaba carteles dibujados por él para los jóvenes invitados: ¡Bienvenidos a mi cumple!, con los nombres de Mariana y Pepa entre corazones (Pepa Lumpen era nuestra perrita). También teníamos una lora, una periquita azul, Margarita. Andaba suelta por el departamento, se metía entre los libros, e infartó durante uno de sus gritos de gol, la pobrecita.
En el Mundial siguiente ya estábamos instalados en Montevideo. Yo conocía Uruguay por primera vez. Una adolescente a la que no le había hecho gracia tener que despedirse de sus amigos, de su lugar, y descubría que Eduardo era un escritor famoso. Una figura solicitada. El teléfono se había vuelto un problema. Sólo el contestador automático podía responder los llamados, que sonaban todo el tiempo.
“Cuando el Mundial comenzó, en la puerta de mi casa colgué un cartel que decía: Cerrado por fútbol. Cuando lo descolgué, un mes después, yo ya había jugado sesenta y cuatro partidos, cerveza en mano, sin moverme de mi sillón preferido. Esa proeza me dejó frito, los músculos dolidos, la garganta rota; pero ya estoy sintiendo nostalgia”, escribió.
Su cartel de Cerrado por fútbol colgaba de la fachada de la casa de Malvín, en la calle Dalmiro Costa. Lo pegaba como quien dice no toques el timbre, no rompas las bolas. Y algo lograba bajar el ritmo de timbrazos de carteros, repartidores y vendedores de lo que sea. Lo colgaba al empezar el Mundial y quedaba ahí durante todo el mes, bien visible y protegido por un plástico de las lluvias. Y estaba más claro que nunca: prohibido atender el teléfono. Los llamados más inoportunos, durante los partidos clave, tenían un remitente fijo: la adorable tía Emma, solterona, que murió a los 115 años. La única capaz de llamar para ver cómo iba todo cuando el mundo estaba atento a otra cosa.
Ezequiel Fernández Moores lo cuenta, con participaciones ilustres, en el prólogo Cerrado por fútbol (Siglo XXI): la recopilación de textos sobre fútbol escritos antes y después de la publicación del influyente El fútbol a sol y sombra. El libro que el periodista Santiago Segurola definió así: “Nunca en menos espacio se han contado historias tan sabrosas”.

“En el Mundial de 1982, celebró la final que Italia le ganó a Alemania cenando en una trattoria llena de tanos en Cataluña, viviando todos juntos la alegría de Sandro Pertini, que entonces era presidente de Italia y había sido un referente emblemático de la resistencia al régimen fascista”, escribe Moores. Y también: “Eduardo [él se enojaría con esta definición] fue el intelectual que más y mejor amó el fútbol. En las antípodas de Borges, para Galeano ‘el intelectual que más brillantemente despreció el fútbol”.
El otro día vi a un niño sonreír cuando su padre le leyó el texto sobre Messi, el que tiene la pelota adentro de los pies, en el precioso Puro fútbol —por cierto, a su colección para chicos la llaman Galeanitos. La mejor continuación posible de su trabajo de escritor niño, casi más atento a las reflexiones de los chicos que a las de los adultos. Dispuesto a cerrar la casa por siete semanas para ver a once tipos perseguir una pelota.
También me dedico a disfrutar en su nombre los partidos de este mundial abrumador. Muteo las publicidades exasperantes, las pausas de hidratación y a los locutores pretenciosos, preocupados por demostrar lo cultos que son. Leo las columnas de los analistas más agudos, comparto posteos de amor a Vocinha con música de Cesária Évora, admiro al mediocampista adolescente Gilberto Mora, y también al petulante Mbappé. Hay llantos, euforias y escenas que parecen destinadas a perdurar pero serán reemplazadas por otras al día siguiente. ¿Cuáles quedarán en la memoria?
Como lo hacíamos juntos, celebro cada movimiento de Messi. Y salgo al balcón a gritar los goles argentinos con mis vecinos del barrio, aunque el exitismo, que suma antipatías en todo el mundo, nunca nos gustó. Y leo en voz alta las declaraciones de Lamine Yamal, pura conciencia de clase. El pibe de Mataró, a pocos pueblos del nuestro. La ciudad del Maresme en la que paraba el tren que nos llevaba a casa, bordeando la playa. Mientras él revisaba la montaña de correspondencia que le habían dejado en la casilla del correo y yo me mataba de risa con mis revistas de Zipi y Zape. De Mortadelo y Filemón.
Mariana Mactas es periodista, hija de Helena Villagra, la compañera de Eduardo Galeano
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El Estadio Azteca se despide del fútbol mundial con récords y hazañas en su campo
El recinto completa 24 partidos mundialistas, una cifra irrepetible en el mundo, durante la euforia mundialista en México


México – 07 JUL 2026 – 06:00 CEST
Un Estadio Azteca sin aficionados parece un titán dormido. En su interior hace frío, se escucha el eco y apenas se percibe el olor de césped. A su alrededor, el barrio de Santa Úrsula se adaptó para los cinco partidos de Mundial que hubo este año. Varios vecinos aprovecharon para adaptar sus casas como negocios de comida, de aguas, servicio de sanitarios. Frente a una de las puertas del estadio, un negocio dedicado a las motocicletas evolucionó en una tienda de abarrotes que alimentó a las decenas de trabajadores. El caos vial, los periodistas grabando sus reportes, los tacos de canasta y el alboroto mundialista ha terminado.
Tras la victoria de Inglaterra contra México (2-3), el Estadio Azteca cierra sus puertas al Mundial. Completa así 24 partidos mundialistas, una cifra inédita y que nada se puede comparar. Ni Wembley, Maracaná o el Bernabéu. En 1970 se jugaron 10 partidos, en 1986 otros nueve y este 2026 fueron cinco. En las primeras dos ediciones se jugaron partidos de inauguración y finales. Este año no. La FIFA cedió ante la presión de Estados Unidos y llevará el gran juego a Nueva Jersey el 19 de julio.
México disputó cuatro partidos en el Azteca: Sudáfrica (2-0), Chequia (3-0), Ecuador (2-0) y el de Inglaterra. En los cuatro hubo lleno absoluto en los 80.824 asientos del Azteca. A ese juego se suma la fiesta colombiana. Colombia enfrentó a Uzbekistán en fase de grupos y se llevó el triunfo 3-1. En este juego que se convirtió en una sucursal de Barranquilla también se agotaron las entradas. En total asistió poco menos de medio millón de personas: 404.120 personas.
Algo que nada podrá superar al Estadio Azteca es en la capacidad en su estadio. El que más se le acercó fue el de Nueva Jersey que tiene una capacidad 80.663. La diferencia con el recinto mexicano, llamado ya la catedral del fútbol, es de 161 asientos.

El Azteca vio por primera vez cómo la selección mexicana ganó todos sus partidos en la fase de grupos tras la victoria 3-0 ante los checos. También fue sede de uno de los primeros partidos de la nueva fase de dieciseisavos de final ante Ecuador. Para fines de la estadística mexicana también fue el lugar en el que Julián Quiñones marcó los cuatro goles que hizo en esta Copa del Mundo y que lo sitúan entre los mejores goleadores mexicanos en el torneo junto a Luis El Matador Hernández y Javier Chicharito Hernández.
Para los mexicanos ha sido significativo este Mundial porque Javier Aguirre jugó en 1986 y cuatro décadas más tarde volvió como el seleccionador mexicano. El Vasco, además, cerró su etapa como entrenador de su país después de tres ciclos (2002, 2010 y 2026).
Inglaterra se convirtió en el primer país en vencer a México en el Azteca durante un Mundial. Los ingleses volvieron a ganar en Ciudad de México tras 40 años después de caer ante Argentina en un partido mezclado con la ilegalidad de la mano de Dios y un gol sublime de Diego Armando Maradona.
El Azteca suma a su lista de goleadores a los ingleses Harry Kane, Jude Bellingham, al colombiano Luis Díaz, además de los mexicanos Julián Quiñones y Raúl Jiménez. Solo los grandes pudieron marcar en este campo como Pelé, Carlos Alberto, Maradona, Jorge Valdano, Hugo Sánchez, Gerd Müller y Gary Lineker.
Había dudas de si la remodelación del Azteca sería la mejor. Los dueños del estadio tardaron hasta 2024 en empezar las obras y lo reabrieron el 28 de marzo pasado en un amistoso entre México y Portugal. En ese momento aún había detalles sin terminar, grúas y un caos en la organización. El día de la inauguración del Mundial, el 11 de junio, ya se notaba la mano de la FIFA con una mejor gestión de los aficionados, de la prensa y atención a la detalle a la decoración dentro y fuera del estadio. Los mexicanos vivieron 25 días del fútbol más global, con fiesta eterna.
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Hossam Hassan, la causa palestina del seleccionador de Egipto
El técnico, que este martes se enfrenta a Argentina en octavos, lanza un extenso alegato en favor del pueblo palestinoEscuchar el artículo
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Atlanta – 07 JUL 2026 – 00:09 CEST
“Insto a los futbolistas a trasladar un mensaje al pueblo palestino”, reclamó el seleccionador de Egipto, Hossam Hassan, antes de enfrentarse a Argentina en octavos de final (18.00, Dazn). El técnico (Helwan, Egipto, 59 años) celebró el pasado viernes el triunfo en la tanda de penaltis contra Australia con una bandera palestina y este lunes, antes de medirse a la vigente campeona, dejó un discurso muy largo, el más largo de todos los que lanzó, en apoyo de Palestina.
Argentina
Egipto
Martes, 07/07/202618:00CEST
“Si alguien no siente su sufrimiento, no tiene humanidad”, se arrancó con una encendida exposición. “Nosotros sentimos el sufrimiento de cualquiera que pase por alguna injusticia. Si yo tengo frío, me abrigo. Si tengo calor, pongo el aire acondicionado. Esto no vale para el pueblo y los niños palestinos. Debemos tener empatía con ellos. Si alguien no la siente, ya sea cristiano o musulmán… Si no nos ponemos en su piel… No nos podemos imaginar cómo es pasar un solo día de nuestras vidas por lo que pasan ellos. Aquí llueve y hay refugio. En Palestina, no. Todos somos iguales, todos tenemos cara, rostro, pero aquí todos hacen la vista gorda”, denunció Hossam Hassan a una pregunta de una periodista turca, felicitada después por muchos colegas árabes en la sala de prensa del estadio de Atlanta por haber planteado el tema.
El entrenador, un referente de su fútbol (36 goles en 94 partidos con Egipto), no es de respuestas escuetas, pero en este caso se extendió especialmente. “Si levantamos la voz ante la injusticia animal, por qué no ante esta situación, al margen de la religión o etnia. Yo soy, ante todo, un ser humano, más allá de mi nacionalidad. Hay que usar el fútbol como poder blando. Dejemos tener al pueblo palestino una vida propia. Queremos juego limpio en la vida”, exigió el seleccionador de Egipto.

Hassan no solo se siente representante de su país, sino también de África y del mundo árabe, y no era la primera vez que hacía una referencia a Palestina. El viernes, tras derrotar a Australia en los dieciseisavos, exhibió la bandera palestina y se acordó de su causa. “Enhorabuena a las naciones árabes y africanas, a nuestras hermanas y hermanos palestinos, que Dios los proteja y se apiade de ellos”, apuntó.
Palestina nunca ha disputado un Mundial, pero no es la primera vez que está presente en el torneo. En Qatar 2022, el primer país árabe y de Oriente Próximo en albergar la gran cita, sus símbolos no dejaron de aparecer en las gradas y, sobre todo, en las celebraciones de los jugadores marroquíes en su camino a semifinales. Ahora, el país anfitrión es otro muy distinto, radicalmente distinto. En Estados Unidos, gran aliado de Israel, la bandera palestina no ha estado ni mucho menos tan visible en el anfiteatro, pero irrumpió en el torneo a través del entrenador de Egipto, una selección que vive momentos históricos. Contra Australia, logró la primera victoria de su historia en una eliminatoria de una Copa del Mundo.
En plena reivindicación del pueblo palestino, Hossam Hassan también fue preguntado por el gran escándalo del torneo, el levantamiento de la sanción para el jugador estadounidense Folarin Balogun después de la mediación de Donald Trump. En este caso, el técnico se mostró mucho más tibio. “La FIFA aboga por el respeto y la justicia. Nosotros respetamos la decisión. En el último partido, no pudo jugar Muhannad Lashin. Eso tuvo una gran repercusión. Nos habría encantado que estuviera en el césped. Presentamos una queja, pero nada cambió. Respetamos la decisión de la FIFA y esperamos que sea positiva para todos”, concluyó el entrenador egipcio.
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Neymar ‘out of context’
El brasileño, completamente desubicado y centrado en cuestiones ajenas al Mundial, ha sido un meme de sí mismo mientras las dos grandes figuras a las que debía sustituir en el fútbol seguían brillando a los 39 añosEscuchar el artículo
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Algunas comedias recurren a la descontextualización de sus personajes para despertar las risas. Colocas a un tipo con unas características biográficas muy marcadas en un lugar al que no pertenece y dejas que pase el tiempo, que él mismo se enrede en ese ecosistema ajeno. A medida que avanzan las secuencias, sus rutinas, nada particularmente extraño, se vuelven hilarantes. Un Marciano en Roma de Ennio Flaiano, el alienígena que aterriza en al capital de Italia y despierta una ola de fascinación al salir de su nave en plena Villa Borghese. Luego, poco a poco, sufre la indiferencia romana, un pueblo que ha visto demasiado en 2.779 años para cederle el turno en la cafetería a un extraterrestre.
Ocurría también con Alfredo Landa en Alemania y con el primo de Larry en Chicago. O involuntariamente con los talibanes que el otro día viajaron a Bruselas, cuando alguien pensó que eran interlocutores legítimos para hablar sobre inmigración. Les imaginé yendo al centro comercial, mirando con desprecio a ese ejército de asesores, diplomáticos y parlamentarios bruselenses calzarse una cerveza después de una agotadora jornada en la Comisión Europea. Malditos infieles, debían pensar los afganos mientras se zampaban unos mejillones. Y ha ocurrido algo parecido estas semanas con las andanzas de Neymar en el Mundial, provocando esa extraña y cómica sensación de estar completamente desubicado.
El delantero del Santos, el mejor despilfarrando talento, saltó al terreno de juego contra Noruega en el minuto 67 sin apenas haber pisado el césped del Mundial. Hasta ese momento había sido noticia por comprarse un reloj de un millón de euros mientras sus compañeros estaban concentrados. O por haberle pedido la camiseta a Yassine Bono en un vídeo y ofrecerle otra a Doué. Hizo lo que le dio la gana, como siempre. Incluso después de aquella profecía que le costó a Unzué, cuando era segundo entrenador del Barça, una bronca con el brasileño. “Acabarás como Ronaldinho”, le soltó. Ya le hubiera gustado.
Ancelotti tiene fama de politiquear con las convocatorias, de hacer malabarismos emocionales con los egos de los jugadores. También de atender a intangibles para la cuestión de los recursos humanos. Pero lo de Neymar define mejor que nadie su estilo como entrenador. El tedio supremo, también, cuando faltan jugadores estratosféricos —como ocurrió en Nápoles o en el Everton— o se le caen por lesión en la selección, como el genial Estevao. Pero el autoboicot de su convocatoria para el Mundial ha sido antológico.
Llegados a este punto, contra las cuerdas, tiró el domingo de su jugador más descontextualizado. Pero Neymar, dos semanas después, seguía fuera de lugar cuando se acercaba al área y pedía el balón sin que nadie le tomase en serio; cuando centraba sin que nadie fuera a por ella o cuando, desesperado, le daba una patada a Odegaard por detrás. El 10 estuvo desubidado incluso en su mejor momento, marcando un penalti estéril, el último gol que anotará en un Mundial, y encarándose con un portero que había hecho con un partidazo poner en órbita a Noruega. Ridículo y triste final para aquel gran talento llamado a sustituir en la cima del fútbol a dos tipos, uno portugués y otro argentino, que siguen enamorando en su sexto mundial.
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