Merino en el 88… y España, a semifinales 16 años después
Merino marca de nuevo ‘in extremis’, la selección gana dos a uno a Bélgica y el martes buscará la final contra la selección francesa, la más en forma del campeonato


10 de julio de 2026 23:46 h
Actualizado el 11/07/2026 02:54 h17
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El fútbol y los estados de ánimo. Bélgica venía de aplastar al mal, de dejar en la cuneta a la selección de Estados Unidos, de gritar desde el campo al todopoderoso Gianni Infantino que sus tejemanejes con Trump pierden todo el efecto cuando el balón echa a rodar. Que la FIFA puede torcer el reglamento y las alineaciones a capricho del presidente de la superpotencia y que da igual: el juego es de los futbolistas.La periferia multicultural francesa persigue de nuevo el sueño mundialista frente al ascenso de la extrema derecha
Enfrente, a la hora de los himnos, España trataba de enjugar el luto nacional. Doce muertes ya certificadas en el incendio de Almería, 23 personas ilocalizables, decenas de familias con el corazón en un puño y un minuto de silencio para intentar honrar todo lo anterior.
Pero también, el fútbol y el peso de la historia. La estrella sobre el escudo la tenía bordada España en su camiseta, el recuerdo de su título mundial junto a las tres Eurocopas logradas en los últimos veinte años. Enfrente, Bélgica con el palmarés desierto, pese a acumular grandes generaciones de futbolistas en las últimas décadas.
90 minutos (más el descuento de las pausas de recaudación) para saber cuánto pesaría todo eso en el juego.
España arrancó con Pedri, su estrella en horas bajas, desde el banquillo, Javier Bardem en el palco de celebridades y el equipo presionando arriba y avanzando con toques rápidos. Dani Olmo hizo varias de las suyas y la defensa, muy sólida, intentaba recordar a la delantera belga en cada choque por qué era la única imbatida en el campeonato.
Un pase de Cubarsí, 19 años y ya se viste de Beckenbauer, encontró a Baena dentro del área pero su disparó chocó en el cuerpo de un defensa. Fue el primer ataque prometedor, en la nueva jerga del fútbol.
Enfrente, Bélgica se afanaba en mandar balones largos con Doku, el extremo del Manchester City, intentando jugar de casi todo, con libertad de movimientos por ambos carriles. La presión alta y el toque eran de España. Bélgica nadaba para intentar guardar la ropa. Sin grandes ocasiones se llegó al final del primer cuarto.
En la pausa (para enriquecer a la FIFA en cada partido e hidratar a los futbolistas en los días de más calor), De la Fuente dedicó uno de los tres minutos a Lamine tratando de amansar su impaciencia postadolescente cada vez que no marca. Solo ellos saben lo que se dijeron pero resultó: el gol llegó un par de minutos después por su banda, con tres jugadores pendientes de él, Yamal dejó solo a Porro, que centró. El primer remate de Dani Olmo todavía lo despejó Courtois. El segundo ya lo mandó Fabián a la red.
La selección no se conformó: en la siguiente jugada Lamine se fue de tres por la línea de fondo pero su centro no encontró destinatario. Su eslalon por el medio justo después solo lo pudieron frenar los belgas con una falta fuera del área grande. Tiró el propio Lamine muy por el centro y volvió a despejar Courtois. En el siguiente ataque, Lamine volvió a marcharse de su marcador por el centro pero su disparo raso pasó cerca del poste. Eran los mejores minutos de la selección, entre paredes y rondos, con Fabián, Olmo y Rodri mandando en el medio. Arriba España tuvo prisa por marcar el segundo y en un momento se descolocó. Eso propició uno de los pocos ataques largos de Bélgica, De Bruyne metió un pase interior marca de la casa y el centro posterior que llegó desde la derecha lo remató De Ketelaere: primer tiro entre los tres palos y empate.
Demasiado premio para lo visto en el césped, pero nadie dijo que el fútbol fuese justo. Uno a uno y vuelta a empezar en la segunda mitad.
Cada selección regresó con su filosofía: España quería el balón, Bélgica, un contragolpe. Los dos lograron a medias sus pretensiones. Por cada pase que daban los belgas, la selección llegó a dar cuatro en algunas fases del partido. Pero Doku y De Bruyne, la sociedad que triunfó en la Premier con el City, amenazaron en varios contraataques. Ninguna llegada fue muy clara. Suficientes para dejar claro que Bélgica seguía viva.
Y España se impacientó. Abusó por la banda de Yamal, que todavía espera a su mejor partido en la Copa del Mundo. De la Fuente cambió a Fabián por Pedri y a Baena por Ferran Torres. Pero el equipo ofrecía más de lo mismo… Hasta que se produjo otro de esos sucesos que nadie puede planificar en las pizarras: al borde de la segunda pausa de la FIFA, Courtois, oficiosamente el mejor portero del mundo, el que había despejado cada tiro de la selección, se fue al suelo. Él solo. Un pinchazo muscular. Intentó volver al campo con los suyos pero aguantó solo un minuto. Entre lágrimas regresó al banquillo. Nadie podrá saber qué hubiera pasado si hubiese seguido en el césped. Pero no lo hizo. Y en el minuto 88, varios después de que entrase Nico Williams al campo y de que lo intentase varias veces sin éxito por la banda contraria a la de Lamine, Cubarsí, al que los belgas dejaron avanzar mientras tapaban las bandas y amarraban a los delanteros, intentó algo diferente: disparó desde fuera del área. Y en la portería ya no estaba Courtois sino Lammens, otro portero con garantías, del Manchester United. Probablemente frío porque no tuvo tiempo a calentar. Igual nervioso por debutar con 24 años (recién cumplidos esta semana) en un Mundial. Por lo que sea. Falló. Dejó la pelota muerta en el área pequeña. Y el balón cayó a Mikel Merino, que acababa de entrar al campo pero que ya había hecho lo mismo el pasado lunes. Segundo gol en una semana: de secundario a actor principal. Los estados de ánimo en el fútbol.Los secundarios llevan a España a cuartos y despiden a Cristiano de los mundiales
España pasa a semifinales 16 años después. La única vez que estuvo ganó la Copa del Mundo en Sudáfrica. El martes espera una Francia, repleta de figuras, que asusta.
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10 de julio de 2026 22:06 h
Actualizado el 11/07/2026 05:30 h
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Diego Armando Maradona (Buenos Aires, 1960-Buenos Aires, 2020) cita a nuestro colaborador en la Bombonera, vacía en ese momento. El futbolista lo espera sentado en el centro del campo con seis latas de cerveza. Cuatro ya están vacías. Maradona viste la equipación de la selección argentina del 86, con el 10 en la espalda, y emite un resplandor azulado.
Señor Maradona, entiendo, por su aura, que acabó usted en el cielo.
¡Obvio, hermano! ¿Querés una birrita?
No, gracias. ¿Y qué tal por ahí arriba?
Bueno. Es como un resort con muchas ínfulas, viste. El otro día me jugué una pachanga con Dios. Tremenda paliza le di. Me venía corriendo desde que llegué, ponele, cinco años. Hasta que el martes ya me rompió las pelotas y le dije: «Dale, jugamos». Treinta y cuatro le clavé. Él, ni uno. Malísimo Dios, un muerto. Se terminó quedando en offside él solo.
¿Offside?
¿Cómo le dicen los gallegos…? ¡Fuera de juego!
Pero eso es imposible.
Para Dios no. Es todopoderoso, pero muy boludo. No atina una. El otro día me confesó que los ingleses fueron un accidente. Quería hacer unas morsas rubias y le salió esa gente.
Hablemos del Mundial en curso. ¿Qué le parece la actual selección de Argentina?
¡¡Messi!! ¡Messi, papá! Verlo jugar es a veces como hacer el amor con una diosa, y a veces como tocarte la pija por encima del jean, que lo único que lográs es que todo el mundo te mire mal y al final caigan los canas para llevarte al calabozo.
Eh… Me parece que no he entendido la metáfora.
Porque sos periodista, ¿qué carajo sabés vos de poesía? ¡Ni una mierda! A ver, ¿vos qué sentís cuando ves jugar a Messi?
Es que yo no soy muy de fútbol.
¿Qué? Pará, ¿qué dijiste?
Que… no me gusta el fútbol.
A mí tampoco.
¿Cómo?
¡Esto de ahora no es fútbol! Un delantero anunciando jamón de pavo, ¡¿qué carajo es eso?! ¡O sos charcutero o sos futbolista, boludo, pero las dos cosas no me seas! ¿Y las computadoras? Te meten ahí las estadísticas y te dicen: «Tenés que correr más por la izquierda». ¡Cogéme la pija, informático! ¿Te digo yo a vos cómo darle al enter, gordo de mierda?
Señor Maradona, por favor, no se altere.
¿Sabés vos lo que necesita el fútbol de ahora?
¿A usted?
¡A mí! Me morí a destiempo y la jodieron los que se quedaron. Yo se lo decía a todo el mundo: «Lo peor que puede pasar es que se muera Maradona». Porque yo siempre hablaba de Maradona en tercera persona, ¿sabés? El «yo» como que se me quedaba flojo.
Ya. Y dígame, ¿qué cambiaría usted del futbol moderno?
Para empezar, si estás depilado, no jugás. ¿Qué querés, aerodinámica para correr más rápido? ¡Que no sos una foca,
boludo! ¡Que no te van a tirar una sardina si metés un gol!
Entiendo. Prohibido depilarse. ¿Cambiaría algo más?
La FIFA.
¿Qué pasa con la FIFA?
Hay que matarlos. A todos.
Señor Maradona, por favor, no diga esas cosas.
Mirá esta camiseta, ¿la ves? ¿Ves los colores?
Los veo.
Ahora mirá al cielo. ¿Qué ves, qué colores?
Azul y blanco.
¡Los mismos! ¡Porque mi patria es el cielo! ¡Y para ganarse el cielo, uno mata si hace falta!
Pero, si matase a la gente de la FIFA, lo echarían del cielo.
¡Ni en pedo! ¡Dios odia la FIFA!
¿Sí?
Escuchá, la FIFA fue un invento de Satanás. Ya no cabían más nazis en el mundo, así que creó la FIFA para repartir a la mala gente. Luego los nazis perdieron la guerra y, desde entonces, todos los forros acaban en la FIFA.
Bueno, vuelve a haber bastantes nazis por ahí.
¡Nos jodió! ¡Eso es porque la historia es circular y lo que está ahora a rebosar es la FIFA, que no cabe un hijo de puta más!
Ay, Dios… Señor Maradona, si le soy sincero, no estoy seguro de que esta entrevista pueda publicarse. Está usted haciendo llamamientos al odio.
¡¿Qué odio! ¡¿Pero qué odio, boludo?! ¡Matar a un facho es un acto de amor hacia los pobres del mundo! Porque, si no los matás, los pobres, que siempre hay alguno medio tonto, terminan votándolos, y entonces los fachos te intentan matar a vos.
Veo que, incluso muerto, es usted un rebelde.
No, lo que pasa es que vos sos un esclavo. Hablando de esclavos, el otro día tuve una pelotera terrible con Pelé.
¿Está en el cielo también?
¿A que es increíble? Debería estar pudriéndose en el infierno por mentiroso. El pelotudo sigue diciendo que fue el mejor del mundo. Yo creo que se le fue la cabeza, aunque nunca tuvo mucho seso. ¿Cómo se puede ser negro y medio facho?
Señor Maradona…
¿Qué? ¿Mentí acaso? Ahora se hizo del partido de Bolsonaro, y anda todo el santo día jodiéndonos con eso por el cielo. Ayer casi llega a las manos con el Che.
¿El Che está en el cielo?
Lo tomó por asalto.
Ah, claro. Para acabar, señor Maradona, ¿qué consejo le daría a un niño o a una niña que sueña con ser futbolista?Entrevista exclusiva (y falsa) a Gianni Infantino
Obvio. Le aconsejaría que evite el alcohol y las drogas, que no se entregue al sexo desenfrenado con desconocidos y, sobre todo, que no siga ningún consejo.
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