Marine Le Pen: de condenada a presidenciable
Muchos votantes de extrema derecha probablemente consideren legítimo utilizar fondos del Parlamento Europeo para financiar al RN, mientras el partido insiste en presentar el proceso como un ejemplo de persecución contra los «patriotas».


Política 12 julio, 2026
Francia: Marine Le Pen concurrirá a las elecciones presidenciales pese a su condena judicial
Por Juan Mullen
El año pasado, 24 destacados dirigentes de la Agrupación Nacional (Rassemblement National, RN) fueron condenados por malversación de fondos; la suma de las penas impuestas ascendió a 32 años de prisión, parte de ellos con suspensión de la condena. Alrededor de tres millones de euros pertenecientes al Parlamento Europeo fueron utilizados para financiar a trabajadores del partido en distintos puntos de Francia, en lugar de destinarse a actividades parlamentarias en Bruselas. Según la sentencia, Marine Le Pen organizó este sistema de desvío de fondos.
En primera instancia, Le Pen fue condenada a cuatro años de prisión, dos de ellos con suspensión. Los otros dos años debían cumplirse, en principio, bajo arresto domiciliario con vigilancia electrónica, mediante una pulsera telemática permanente y con autorización judicial para cualquier salida del domicilio, por ejemplo, para acudir al trabajo. Además, se le impuso una multa de 100.000 euros y la inhabilitación para ejercer cargos públicos o presentarse a elecciones durante cinco años.
Esta semana, sin embargo, el tribunal de apelación confirmó la culpabilidad de Le Pen, pero rebajó considerablemente la condena: tres años de prisión, de los cuales dos quedan suspendidos y el tercero se cumplirá bajo un estricto régimen de arresto domiciliario con toque de queda y pulsera electrónica. También redujo la inhabilitación electoral a tan solo quince meses. Dado que ese período ya ha transcurrido, Le Pen anunció la misma noche del fallo, en una entrevista televisada, que concurrirá a las próximas elecciones presidenciales. El tribunal de apelación se mostró sensible al argumento de que deben ser los votantes, y no los jueces, quienes decidan quién puede acceder a los más altos cargos del Estado.
No obstante, resulta difícil imaginar una campaña electoral desarrollándose con una pulsera electrónica y sometida a un toque de queda. Para evitar esa situación, Le Pen ha optado por presentar un último recurso —considerado ampliamente carente de fundamento— con el objetivo de retrasar la ejecución de la condena.
La líder ultraderechista recurrirá ante el Tribunal de Casación, la máxima instancia judicial francesa en materia civil y penal. Este tribunal no vuelve a juzgar los hechos, sino que únicamente examina si la ley ha sido correctamente interpretada y aplicada. Las posibilidades de que falle a su favor son mínimas, pero la mera admisión del recurso bastaría para aplazar el cumplimiento de la pena hasta que se dicte resolución definitiva, permitiéndole concurrir a las elecciones presidenciales previstas para abril-mayo de 2027.
Si el Tribunal de Casación aceptara revisar el caso en profundidad, el procedimiento podría prolongarse durante un par de años, sin obstaculizar su campaña electoral. Si, por el contrario, rechazara el recurso por considerarlo manifiestamente infundado, la decisión probablemente llegaría a comienzos de 2027. En ese escenario, Le Pen podría —aunque no con total seguridad— completar la campaña antes de verse obligada a cumplir el arresto domiciliario. En la hipótesis de que ganara las elecciones, la inmunidad presidencial retrasaría el cumplimiento efectivo de la condena mientras permaneciera en el cargo.
¿Las «manos limpias» del fascismo?
La Agrupación Nacional ha cultivado durante años una imagen de partido incorruptible. Este caso judicial cuestiona directamente ese relato, aunque resulta difícil medir hasta qué punto dañará su apoyo electoral. Muchos votantes de extrema derecha probablemente consideren legítimo utilizar fondos del Parlamento Europeo para financiar al RN, mientras el partido insiste en presentar el proceso como un ejemplo de persecución contra los «patriotas».
En cualquier caso, las condenas por corrupción son conocidas desde hace más de un año y no han impedido que el RN continúe ampliando su base social, especialmente entre las mujeres y entre sectores económicamente más acomodados, precisamente donde tradicionalmente obtenía peores resultados. Esta evolución se ha visto favorecida tanto por unos grandes medios de comunicación extraordinariamente complacientes con la extrema derecha como por la estrategia de los gobiernos de Emmanuel Macron, basada en fabricar de forma constante crisis cuya responsabilidad se atribuye a musulmanes o inmigrantes. Además, el RN ha estrechado significativamente sus vínculos con la principal organización patronal francesa, el MEDEF.
Diversos sectores de la izquierda también han contribuido indirectamente al ascenso de la extrema derecha. El año pasado, varias decenas de personalidades, entre ellas dirigentes nacionales del Partido Socialista, firmaron una carta abierta en la que criticaban el uso del término «islamofobia» por parte de la izquierda. Más recientemente, en el congreso del Partido Comunista Francés, celebrado la semana pasada, su secretario nacional, Fabien Roussel, centró buena parte de sus ataques en Jean-Luc Mélenchon por su implicación en las campañas contra la islamofobia y en defensa de una Palestina libre.
¿Puede Le Pen ganar las presidenciales?
Nadie dispone de una bola de cristal. Sin embargo, Francia ha vivido recientemente importantes victorias antifascistas. En 2024, un mes antes de las elecciones legislativas, todos los sondeos pronosticaban que la Agrupación Nacional obtendría el mayor número de diputados y que el próximo primer ministro pertenecería a ese partido. Sin embargo, la mayor movilización unitaria de la izquierda y del movimiento antifascista en décadas consiguió relegar a la extrema derecha al tercer puesto en número de escaños.
Aquella campaña combinó multitud de manifestaciones, una intensa movilización para inscribir nuevos votantes, campañas sistemáticas puerta a puerta y la participación de innumerables organizaciones de la sociedad civil, desde profesionales de la música clásica hasta profesores universitarios, que llamaron públicamente a frenar el avance de la extrema derecha.
Desde entonces, la movilización antifascista ha continuado creciendo, aunque la mayoría de las protestas han tenido un carácter local. Sigue sin existir un consenso dentro de la izquierda sobre la necesidad de construir una red nacional capaz de impedir el avance electoral de Le Pen.
La última sentencia, no obstante, ha reforzado el ánimo del movimiento antifascista. El miércoles, Le Pen comprobó que le resultaba imposible visitar un mercado en una localidad donde contaba con un importante respaldo electoral debido a las protestas de manifestantes que la recibieron al grito de «¡criminal!».
Respecto a las elecciones presidenciales, todo sigue abierto. Los últimos meses han confirmado la existencia de dos izquierdas claramente diferenciadas. Por un lado, la más próxima al Partido Socialista, cuyo principal adversario parece ser La France Insoumise (Francia Insumisa) de Jean-Luc Mélenchon y cuyos diputados han rechazado sistemáticamente la posibilidad de derribar al gobierno minoritario de derechas de Macron mediante mociones de censura. Por otro, la izquierda radical articulada en torno a La France Insoumise. Todo apunta a una larga e intensa campaña electoral, marcada por un profundo debate sobre los principales problemas que afronta hoy la clase trabajadora francesa.






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