La sequía y las interrupciones en el servicio de agua amenazan al sector agrícola
Aunque el Departamento de Agricultura no ha reportado pérdidas, expertos anticipan que si la situación continúa se afectará la producción y la cadena agroalimentaria



Por Itzel Rivera
Periodistaitzel.rivera@gfrmedia.com
Con 82.6% del territorio de Puerto Rico bajo algún nivel de sequía o condiciones atípicamente secas, y un panorama que apunta a una prolongación de déficit de lluvias los próximos meses, el sector agrícola enfrenta un escenario de riesgo económico e incertidumbre como resultado de la actual crisis de agua potable.
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Aunque el Departamento de Agricultura informó que, hasta el momento, no ha recibido reportes oficiales de pérdidas en cosechas o muerte de animales relacionadas con la sequía, expertos consultados por El Nuevo Día coinciden en que el verdadero riesgo es la combinación de ambos factores: menos lluvia y la posible extensión de las interrupciones en el suministro de agua potable.
“El agua es uno de los principales factores de producción de la agricultura. Cuando el acceso al agua se vuelve incierto, no solo se afecta la producción agrícola: se afecta la seguridad alimentaria, el empleo rural, la inversión y, en última instancia, el costo de vida de todos los puertorriqueños”, explicó el economista agrícola Rafael A. Mejía.
A su juicio, ambos factores producen el mismo resultado: pérdidas al sector productivo.
“Lo más que me llama la atención no es el nivel de sequía en sí, sino la velocidad con que se ha deteriorado. No estamos ante un problema estático, sino ante uno que se está acelerando frente a nosotros”, continuó.
Datos del Monitor de Sequía de Estados Unidos reflejaron este jueves que 50.9% de la isla enfrenta sequía moderada, lo que refleja un aumento de aproximadamente 15% en una semana.

Un impuesto “invisible”
Mientras, la superficie bajo sequía severa alcanzó 10.5%, el doble que se registró siete días atrás. En total, un 82.6% del territorio presenta algún nivel de sequía o condiciones atípicamente secas.
Los municipios de Cabo Rojo, Lajas, Guánica, Yauco, Guayanilla, Peñuelas, Ponce, Juana Díaz, Santa Isabel y Salinas figuran entre las zonas bajo sequía severa.
La gobernadora Jenniffer González Colón declaró, el martes, un estado de emergencia en los municipios de Canóvanas y Río Grande, donde ya la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) inició un plan de racionamiento por la sequía.
El escenario, comentó Mejía-García, representa “un shock de oferta”, ya que incrementa los costos de producción mediante mayores gastos en riego, bombeo, transporte y almacenamiento de agua, además de aumentar la incertidumbre para quienes evalúan invertir o expandir operaciones agrícolas.
“Es un impuesto invisible sobre la inversión agrícola. No es tanto el costo del agua lo que aleja el capital, sino no saber si mañana habrá suministro”.
Añadió que cualquier reducción adicional de la producción local adquiere mayor relevancia en una jurisdicción como Puerto Rico, que importa cerca del 85% de los alimentos que consume. Una menor producción agrícola incrementa la dependencia de los mercados externos y la exposición a aumento de precios.PUBLICIDAD

Otro elemento que el economista agregó al análisis es que las primas de seguros agrícolas tienden a subir con la frecuencia de estos eventos, dejando a más agricultores desprotegidos ante pérdidas catastróficas.
Por su parte, el secretario de Agricultura, Irving Rodríguez Torres, indicó en declaraciones escritas a este medio que la preocupación principal se concentra en la región sur y sureste de Puerto Rico, donde predominan cultivos de vegetales, frutales y farináceos.
No obstante, detalló que mientras continúen las lluvias en la zona montañosa que alimenta los embalses y canales de riego, esos sistemas podrán continuar abasteciendo a la mayoría de las fincas.
El funcionario señaló, además, que muchos agricultores han fortalecido su infraestructura durante los pasados años mediante pozos profundos, almacenamiento y sistemas de reserva de agua, apoyados por programas del Departamento y del Servicio de Conservación de Recursos Naturales (NRCS, en inglés).
Mayor el impacto en la ganadería
Entre los sectores que podrían resentir primero una prolongación de la sequía, Mejía-García destacó la ganadería de leche y carne, por el aumento en el costo de alimentación del ganado ante la escasez de pastos.
Asimismo, el café, cuya producción podría verse afectada incluso en la próxima cosecha, y las hortalizas de riego frecuente que pueden perderse tras pocos días sin acceso suficiente al agua.
En la Hacienda Almácigo, en Camuy, el agricultor Alberto Torres Quiñones aseguró que su operación, por ahora, continúa funcionando gracias a un sistema de captación de agua de lluvia.
Torres Quiñones indicó que mantiene alrededor de 26,000 galones de agua en reserva, aunque reconoció que esa capacidad tiene un límite.
“Si sigue así (interrupciones del suministro y empeoramiento de la sequía), se nos van a vaciar los tanques, y habrá que recurrir a los bomberos u otras fincas que nos provean agua”, puntualizó.
Añadió que, en el caso de la industria lechera, cerca del 95% de las vaquerías de Puerto Rico cuentan con pozos profundos, por lo que considera que el mayor riesgo inmediato recae sobre los cultivos que dependen de riego constante.
Golpe a toda la cadena agroalimentaria
Por ejemplo, durante la sequía de 2015, el Departamento de Agricultura estimó pérdidas de $12.1 millones para el sector agrícola, principalmente en pastos para ganado, grama y plátanos, seguido del ganado.
Para Mejía-García, esa experiencia demuestra que el manejo de agua va más allá de su uso doméstico.
“La sequía y las fallas de infraestructura no son únicamente un problema ambiental. Son un problema económico que encarece producir alimentos, reduce la producción y aumenta el riesgo para toda la cadena agroalimentaria. Tarde o temprano, ese costo termina reflejándose en el bolsillo del consumidor”, concluyó.
El experto sugirió que la política pública se mueva en la siguiente dirección:
- Modernizar la infraestructura de distribución de agua para reducir pérdidas en el sistema.
- Incentivar riego de alta eficiencia y cosecha de agua de lluvia o la reutilización de aguas grises tratadas a nivel de finca.
- Promover cooperativas de servicios agrícolas para compartir el costo de capital de infraestructura de almacenamiento y riego.
- Fortalecer la investigación en cultivos resistentes a sequía y ampliar la cobertura de seguros agrícolas.
- Tratar el agua como un recurso estratégico de seguridad alimentaria.
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