Trump impone un sistema comercial caótico en su tercera ronda arancelaria
Estados Unidos aprueba un entramado de gran complejidad, con múltiples exenciones y regímenes diferenciados para sectores de 60 economías diferentes



Washington – 24 JUL 2026 – 06:00 CEST
Como Sísifo empujando la roca en la montaña, Donald Trump reconstruye una barrera arancelaria una y otra vez pese a los continuos reveses de los tribunales. El presidente estadounidense ha levantado un muro amorfo, caótico y repleto de agujeros con la tercera ronda de aranceles.

Estados Unidos aprobó este jueves un nuevo marco comercial por el que establece aranceles de entre el 10% y el 12,5% a más de 60 economías con el argumento de que incumplen las normas sobre importación de trabajo forzoso. Estos nuevos impuestos sobre la importación de productos entraron en vigor esta medianoche a las 12.01 horas, según precisa la orden ejecutiva firmada el jueves por Trump.
Este sistema, aprobado en virtud de la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, busca evitar un vacío legal porque este viernes expiraba el anterior arancel universal del 10% en vigor desde el pasado enero. Este, a su vez, sustituyó a los llamados aranceles recíprocos de la primera ofensiva comercial de Trump, del llamado Día de la Liberación del 2 de abril de 2025, que fueron declarados inconstitucionales por el Tribunal Supremo.
Blindaje legal
El principal objetivo de la Casa Blanca con esta última estrategia comercial es resistir futuras embestidas judiciales, como sucedió con las dos rondas previas. Así que el nuevo esquema no solo cambia la política comercial, también la arquitectura jurídica para tratar de blindarla frente a posibles impugnaciones judiciales.
La orden ejecutiva firmada este jueves por el presidente Trump precisa que está basada en 60 investigaciones separadas y distintas; está repleta de cautelas y precisiones para justificar las medidas e insiste en que, si un tribunal anula una de sus partes, las demás seguirán vigentes.
La insistencia de la Casa Blanca en esos términos no es casual. Ha sufrido varios contratiempos judiciales. La Corte Suprema declaró ilegal el primer intento de Trump de imponer aranceles recíprocos invocando la Ley de Poderes de Emergencia (IEEPA), prevista para otras circunstancias. Además, recordó al presidente que no puede eludir el control del Congreso para imponer estas medidas. Meses más tarde, el Tribunal Comercial de EE UU también anuló el arancel universal del 10% con el que sustituyó los que había tumbado el Supremo, pero mantuvo su vigencia mientras se resolvían los recursos.
Ahora, la Administración se ha esforzado por construir un armazón legal que proteja judicialmente el nuevo marco. Para ello se ha basado en la Sección 301, que faculta al presidente a imponer aranceles a países que incurran en prácticas “desleales, injustificables o discriminatorias”.
Sistema complejo y caótico
Pero el esquema que ha construido es complejo, caótico. La orden ejecutiva de Trump está acompañada por un anexo de 55 páginas que contiene múltiples reglas arancelarias, recoge numerosas exenciones por productos y sectores, regímenes especiales y tratamientos diferenciados por países.
El texto legal deja un amplio margen de discrecionalidad a la Administración estadounidense para establecer otras excepciones en caso de “productos que podrían causar perturbaciones en toda la economía si estuvieran sujetos a estos aranceles; materias primas que podrían provocar la falta de disponibilidad de suministro nacional, y productos que no pueden cultivarse o producirse en cantidades suficientes en los Estados Unidos”.
En realidad, si se cuentan de forma individual a los países de la UE, la nueva oleada afecta a 91 países. Introduce tratamientos específicos para los socios con los que ya alcanzó acuerdos comerciales, como la UE, Japón, Corea del Sur o Suiza. Incluye exenciones para semiconductores, productos farmacéuticos, acero, aluminio, automóviles, aeronaves civiles y materiales informativos, entre otros.
La orden ejecutiva no alude al acuerdo comercial alcanzado entre Estados Unidos y la Unión Europea el verano pasado en Turnberry (Escocia), por el que se fijaba un arancel del 15%, que entonces se consideraba preferencial y ahora podría dejar al bloque comunitario en desventaja frente al resto de países que pagarán un 10%. No obstante, el texto legal explica que los productos importados de la Unión Europea, Japón, Corea, Suiza o Taiwán, “estarán netos de los aranceles de Nación Más Favorecida (NMF)”, un tipo de gravamen aduanero que garantiza la no discriminación entre socios comerciales al exigir que cualquier ventaja, arancel bajo otorgado a un país se extienda automáticamente a todos los demás miembros del sistema. Así, que en principio la UE solo verá aumentados los aranceles para aquellos productos que tengan actualmente un arancel inferior al 10%. Aunque Trump ya ha amenazado con elevarlos hasta el 100% para los países que impongan la tasa Google.
Trabajo forzoso
Se da la paradoja de que Estados Unidos impone los aranceles a la Unión Europea, uno de los bloques más avanzados en materia laboral, y a otras 64 economías por incumplir las reglas de importación de trabajo forzoso. En realidad, la Oficina Comercial de Estados Unidos (USTR), encargada de las investigaciones que sustentan los aranceles, acusa a estas economías de no haber prohibido o no hacer cumplir eficazmente las normas que prohíben importar bienes producidos en territorios donde hay trabajos forzosos, lo que causa un perjuicio para las empresas estadounidenses.
Es decir, sostiene que, aunque la UE tiene reglas que prohíben el trabajo forzoso, no las hace cumplir adecuadamente. El texto legal no precisa a qué se refiere con trabajo forzoso, ni en qué países se dan esas prácticas. Tampoco desvela el resultado de la investigación que justifique que Bruselas no vigila esa prohibición.
La Oficina Comercial (USTR) explica que propone los aranceles para eliminar “los actos, políticas y prácticas punibles” en cada investigación en base a los trabajos forzosos conforme a la Sección 301. Precisa que hay economías, para las que se fijan aranceles del 10%, “que imponen una prohibición de importación de trabajo forzoso pero aún no la hacen cumplir de manera efectiva (Canadá, Ecuador, la Unión Europea, Indonesia, México y Pakistán)”. También hay otras que se han comprometido a aprobar esas normativas para prohibir esas prácticas (Argentina, Bangladesh, Camboya, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Indonesia, Malasia y Taiwán); otros países que cuentan con un régimen parcial, pero insuficiente (Reino Unido), y otro bloque de economías que directamente no cuentan con ninguna regulación al respecto.
“La norma recoge un mecanismo para el sector textil que permitiría la entrada a Estados Unidos de un determinado volumen de importaciones de prendas de vestir y textiles con un arancel del 0%”, una medida que parece dirigida a favorecer a China.
Esta tercera ronda de aranceles, además, parece alejada del objetivo inicial de Trump de corregir los desequilibrios comerciales. Se basa en un argumento tangencial que, pese a los intentos de blindarlos, es probable que las empresas estadounidenses afectadas vuelvan a llevar a los tribunales.
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La nueva escalada arancelaria de Trump eclipsa la revisión bilateral del TMEC
EE UU asegura que México, al igual que decenas de países, no ha frenado el trabajo forzado e impone un arancel del 10% a las exportaciones mexicanas fuera del acuerdo comercial

Karina SuárezJesús Sérvulo González
México / Washington – 24 JUL 2026 – 06:00 CEST
México enfrenta una nueva escalada arancelaria de Estados Unidos, en plena revisión del acuerdo comercial de Norteamérica, el TMEC. Como ya había advertido, el Gobierno de Donald Trump reactivó este jueves su muro arancelario contra más de 60 economías, incluido México, por no haber adoptado suficientes medidas para frenar las importaciones de mercancías producidas mediante trabajo forzoso. En el caso del país latinoamericano, la tarifa será del 10% y afectará únicamente a los bienes que incumplen con el tratado.
El anuncio se produjo solo unas horas después del encuentro entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el representante comercial de EE UU (USTR, por sus siglas en inglés), Jamieson Greer, en Ciudad de México. Tras la visita, ambos gobiernos expresaron acuerdos y coincidencias, pero eso no impedirá que, a partir de este viernes, el 15% de las exportaciones mexicanas que no están amparadas por el TMEC paguen una tarifa extra para acceder al mercado estadounidense.
A pesar de las constantes audiencias y llamadas entre el Gobierno de Sheinbaum y sus contrapartes estadounidenses, México no logró esquivar del todo la nueva andanada de aranceles. “Los trabajadores estadounidenses no deberían tener que competir con productos elaborados con mano de obra forzosa porque nuestros socios comerciales se niegan a prohibirla. El presidente Trump está corrigiendo esta injusticia al imponer aranceles para fortalecer la competitividad de Estados Unidos”, declaró Greer este jueves, tras publicarse la orden ejecutiva. La medida, que entrará en vigor a primera hora de este viernes, sustituirá el arancel universal del 10% aprobado bajo la sección 122 de la Ley de Comercio, aprobado en enero pasado.
Los nuevos aranceles se basan, sin embargo, en el artículo 301 de la misma ley de 1974. Greer abrió un expediente para poder justificar los aranceles a países que incurran en prácticas “desleales, injustificables o discriminatorias” para las empresas estadounidenses. El Departamento de Comercio concluyó que México tiene normas que prohíben la importación de productos de trabajo forzoso, pero no vigila eficazmente su cumplimiento. Por eso, encuadra al país norteamericano en el grupo de economías con un arancel del 10%, junto a la Unión Europea y Canadá, el otro país que participa en el TMEC.
Precisamente Canadá ha sufrido un golpe más duro. Estados Unidos aprobó la semana pasada un arancel del 50% para un amplio catálogo de productos importados de Canadá, como materiales de automoción, productos lácteos, bebidas alcohólicas, textiles y muebles, entre otros. Además, a Ottawa también le afecta la nueva remesa de aranceles para los productos que no están cubiertos por el TMEC. La negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos están resultando más complicadas y espinosas que con México.
Para el Gobierno de Sheinbaum, la imposición de aranceles únicamente al 15% de las exportaciones mexicanas fuera del TMEC, lejos de ser una derrota, implica casi una victoria. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, indicó que esta nueva tarifa no afecta ni cambia la posición del país latinoamericano. “Ese 10% es del mismo nivel que teníamos y a otros países les pusieron un poco más, el 12,5%”, declaró.
Sin embargo, para los expertos e industriales, esta decisión complica el escenario de negociación del TMEC y es una señal clara de que Washington seguirá marcando pauta binacional a través de sus medidas proteccionistas. “A pesar de que se tienen contactos de alto nivel, las negociaciones no han logrado acuerdos de fondo para que México sea considerado en un grupo estratégico aparte. Estados Unidos aún piensa que México debe alinearse más con sus peticiones y parece que cederá hasta tener un arreglo administrado bajo su lógica”, indicó un industrial que optó por el anonimato.
Adolfo Laborde, especialista en comercio internacional y profesor del CIDE, señaló que el país está en una renegociación asimétrica y que el margen de maniobra del Gobierno mexicano es muy limitado debido al empeño de la actual Administración en seguir con el TMEC y, con las condiciones actuales, este acuerdo ya no genera certidumbre para las inversiones. “La salida de Toyota de la planta en Mexicali hacía Tacoma (Texas), es un indicador que se va a repetir, van a llegar inversiones, pero muy pequeñitas”, comenta. El experto añade que la imposición de estas tarifas, aunque solo se aplique al 15% de las exportaciones, rompe con el espíritu de libre comercio del TMEC.
El nuevo muro arancelario de Trump terminó por empañar el encuentro entre Sheinbaum y Greer de este jueves como parte de la revisión anual del TMEC. Antes de que se publicara la orden de la Casa Blanca, la mandataria había asegurado avances importantes. Las comitivas de ambos países abordaron temas de seguridad económica, trabajo, agricultura, servicios de pagos electrónicos, acero, aluminio y automóviles. De acuerdo con las autoridades mexicanas, tanto México como EE UU coincidieron en la importancia de fortalecer la manufactura en América del Norte y de hacer frente al aprovechamiento indebido por parte de países no integrantes del tratado. La siguiente ronda de negociaciones se realizará durante la primera quincena de septiembre.
Pese a la estrategia de no confrontación y “cabeza fría” de la presidenta Claudia Sheinbaum, Estados Unidos no ha cesado de arrinconar a su socio con el amago de romper el TMEC y la imposición de nuevos aranceles. México deberá calibrar con pulso quirúrgico para mantener su ventaja comercial competitiva al amparo del acuerdo comercial, ya que de ello depende más del 80% de las exportaciones mexicanas, un flujo de bienes y mercancías que aporta al país más de 500.000 millones de dólares anuales. Con más de 300 kilómetros de frontera compartida, el mercado estadounidense representa una piedra angular para la economía mexicana y Trump lo sabe.
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