A superar la colonia
Las nuevas generaciones hemos heredado las consecuencias de siglos de colonialismo y del fracaso político del bipartidismo del Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Democrático.


La primera condición para transformar un país es conocer su realidad. En Puerto Rico, todavía hay sectores políticos que intentan negar, e incluso están próximos a celebrar, el carácter colonial que ha marcado la historia moderna del país.
Esto no es un debate abstracto ni una etiqueta ideológica. Es una realidad política y jurídica. El propio gobierno de Estados Unidos la ha confirmado. En Puerto Rico v. Sánchez Valle, el Tribunal Supremo federal reafirmó que la fuente última del poder político sobre Puerto Rico reside en el Congreso. Más adelante, PROMESA y la imposición de una Junta de Control Fiscal reafirmaron quién tiene la autoridad final sobre decisiones esenciales para nuestro país.
La colonia no se define por cómo se le llame, sino por quién tiene la última palabra. Y en Puerto Rico, esa palabra final no está en manos del pueblo puertorriqueño, sino del Congreso de Estados Unidos.
Por eso, resulta patético que sectores políticos insistan en presentar al Estado Libre Asociado como una relación que no está marcada por la subordinación. Negar esa realidad nos impide atender la raíz de muchos de nuestros problemas: la falta de herramientas para construir un modelo económico propio, establecer relaciones comerciales con otros países y tomar decisiones que respondan a nuestras necesidades.
Nuestro pueblo ya expresó una voluntad que no puede ignorarse. En 2012, por primera vez, rechazó la condición territorial vigente. Por eso, todos los sectores políticos tienen la responsabilidad de responder a ese mandato y comprometerse con un proceso de descolonización democrático y definitivo.
Las nuevas generaciones hemos heredado las consecuencias de siglos de colonialismo y del fracaso político del bipartidismo del Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Democrático. Vemos a jóvenes partir, familias separarse y comunidades desplazadas. No porque les falte amor por Puerto Rico ni compromiso con el país, sino porque se ven obligadas a irse ante una estructura colonial que limita nuestra capacidad de construir oportunidades.
Nuestra aspiración es sencilla: tener el poder político para crear el país donde podamos permanecer y al que quienes se fueron puedan regresar. Superar la colonia no es algo del pasado, es reconocer que no podemos seguir atados a una relación política que limita nuestra capacidad de decidir nuestro futuro.
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