«Deberíamos volver a leer la ‘Ilíada’ para darnos cuenta de la estupidez de la guerra»
El escritor y columnista de Público reedita su novela El mar en ruinas dos décadas después de su publicación.


Madrid-25/07/2026 19:45
En la literatura homérica, Odiseo tardó 20 años en volver a su reino, los mismos 20 años que David Torres (Madrid, 1966) dedicó a escribir El mar en ruinas, una novela que ha vuelto a editar recientemente, 20 años después. “Son los ciclos homéricos”, asegura. Esta vez, el escritor y columnista de Público ofrece una edición ilustrada por el historietista Federico del Barrio.
En El mar en ruinas, Torres retoma una de las historias más emblemáticas de la cultura occidental, la Odisea, para escribir su continuación, aunque en esta ocasión es Penélope, reina de Ítaca y esposa del héroe, quien toma los hilos de la narración y teje su propia versión de los hechos.
La Odisea ha vuelto a estar en boca de todos gracias a la nueva adaptación cinematográfica de Cristopher Nolan. En definitiva, por más lejana que parezca la sociedadde los años a. C., hay obras que se convierten en clásicos incuestionables porque logran trascender, en este caso, milenios. Eso cuenta David Torres a Público, reflexionando sobre la necesidad de seguir aprendiendo de las viejas historias y la forma en la que nos interpelan; sobre que, en verdad, no hemos cambiado tanto.
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¿Qué lo hizo volver a la Odisea para escribir su novela?
La insensatez, probablemente. La idea inicial se me ocurrió en una especie de siesta que eché en la facultad, cuando vi a Odiseo encontrarse consigo mismo: el Odiseo que salía hacia Troya se encontraba con el Odiseo que volvía a Ítaca, 20 años después. Entonces empecé a darle vueltas a todo el mito, a la idea del cambio de nombre al latín -Ulises-, y a la soledad de Penélope, que me parece un personaje fascinante. A partir de eso, nació el impulso de esta novela. La Odisea es un libro que, aunque está cerrado, es como si pidiera una continuación. Nikos Kazantzakis escribió en griego moderno una Odisea como cinco veces más larga que la original, que yo desconocía en aquel momento. Mucha otra gente le había dado otra salida a Odiseo. Yo no hice más que seguir ese impulso. La historia nació en la juventud, cuando era insensato y temerario. No sabía en lo que me estaba metiendo. Y así, me tiré media vida escribiendo el libro.
¿Por qué eligió a Penélope como narradora de su novela?
La historia de Odiseo es curiosa, porque en el fondo él es una especie de Don Juan en la mitología griega. Está rodeado de mujeres que abandona: Circe, Calipso, Penélope, a la que también abandona. Penélope, que siempre ha sido vista como un prototipo de fidelidad, de paciencia y de maternidad, me parecía un personaje con muchas más dobleces. Y creo que los dos grandes poemas de la literatura homérica, la Odisea yla Ilíada, son poemas muy masculinos, incluso patriarcales. Contienen una serie de retratos femeninos impresionantes que están en segundo plano, y el de Penélope siempre me pareció uno de los más fascinantes. En el momento en que decidí darle un sesgo femenino a la Odisea, el libro empezó a salir por sí solo. Con la metáfora del tejido, que era la manera de narrar la historia, así como la idea de otro hijo que está esperando -un libro, en el fondo, no es más que un hijo que llevas en el vientre y que pugna por nacer- Penélope, de alguna manera, fue la que tiró de todo el carro.
¿De dónde saca la inspiración para utilizar una voz femenina?
Una de las grandes prerrogativas de la literatura, y de la novela en particular, es la capacidad de transmutar. Yo no tengo absolutamente nada que ver con una reina de la época micénica. Pero la literatura consigue esos cambios. No sabemos quién fue Homero, pero si tuviéramos que ponerle un sexo a la Odisea y a la Ilíada, evidentementela Ilíada sería el libro más viril y la Odisea la de un sesgo más femenino. De ahí, Robert Graves hizo esa maravilla que es La hija de Homero, en donde jugaba con la idea de que la Odisea en realidad la había escrito una princesa. Hay un libro muy poco conocido, Final troyano de Laura Riding, que leí fascinado. La autora, que fue esposa de Robert Graves, hace una especie de Ilíada desde dentro sobre la tortura de las mujeres, de las esclavas, sin perder en absoluto el tono épico, pero dándole un matiz doméstico. Creo que el libro de Riding está a la altura de su marido.
«La ‘Odisea’ y la ‘Ilíada’ son poemas muy masculinos, incluso patriarcales»
Aunque la literatura le permite evocar otras voces, citando a Penélope, «nadie puede inventar una historia que no sea la suya propia». ¿Se identifica con El mar en ruinas?
Al volver a leerla 20 años después, noté que las historias tienen como una especie de maldición. Cuando son de verdad, las historias te tocan cosas muy profundas. Por ejemplo, una novela que publiqué hace cinco años, Cartas a las novias perdidas, hablaba de una pareja de hermanos cuya madre desapareció y cuyo padre tenía alzhéimer. Unos años después, me encuentro con que mi padre ha muerto y mi madre tiene alzhéimer. Te das cuenta de que es como si estuvieras tocando fibras de tiempo muy sensibles. Anthony Burgess decía, con bastante humor y mala leche, que escribir novelas es muy peligroso porque le da ideas al mundo. Y con El mar en ruinas me ha pasado que me sentí muy identificado con Odiseo, que se encuentra solo y que ha abandonado a todas sus mujeres. Es un poco la situación en la que me encuentro yo. Así que sí, escribir libros suele ser una tarea bastante peliaguda y peligrosa.
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¿Y ahora la lee con otros ojos, siente ese efecto del paso del tiempo?
Soy muy reacio a volver a leer mis libros. Verás tú las cosas en las que no iba a estar de acuerdo con el David Torres de hace 20 años. Sobre todo, me di cuenta de que está escrita en un estilo y en un tono que no voy a volver a emplear nunca. El trabajo tremendo que me llevó esa novela… iba a decir que eso solo lo sé yo, pero la verdad es que no lo sé. Fueron demasiados días y noches de luchar contra la página. No le he cambiado apenas nada. No porque me parezca perfecta, sino porque creo que los libros son como cartas que envías al lector. Y una carta ya no pertenece a quien la escribe, sino a quien la recibe. Lo escribí en otra época, y si sigue diciendo algo es porque la literatura tiene ese poder. La propia Odisea y la Ilíada, después de 2.700 años, nos siguen diciendo algo. Realmente no hay prácticamente un libro que se pueda comparar con esos dos.
«Las historias tienen como una especie de maldición, te tocan cosas muy profundas»
Al revisitar su obra, ¿esa carta al lector ha cambiado?
Lo de la carta lo digo como una metáfora, no creo que los libros lleven un mensaje. Faulkner, cuando le preguntaban cuál es el mensaje de su novela, decía: «Si quiero mandar un mensaje, llamo al cartero». Creo que el mensaje es toda la novela en sí. El mar en ruinas es un libro, primero, para divertirse y pasárselo bien. Y sobre todo, para volver una vez más a los cimientos de la literatura occidental, que son la Ilíada y la Odisea.
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¿Por qué es importante volver a los clásicos?
El comienzo de la Ilíada, ese famoso «canta, oh diosa, la cólera», de entrada está poniendo en solfa el tema de la guerra. La Ilíada es un poema tan grande y ambiguo que no sabemos realmente si es una imprecación contra la guerra o una especie de alabanza a ella. Aún así, han pasado casi tres milenios y aún no nos hemos quitado la guerra de encima. Deberíamos volver a leer la Ilíada para darnos cuenta de la estupidez de la guerra, de por qué Aquiles ha perdido las ganas de luchar al comienzo del poema. Leer bien la Ilíada nos daría un campo de juego enorme. Pero vivimos en la época de Trump, de Elon Musk, de Ayuso. Es decir, estamos haciendo el culto a la imbecilidad. Por supuesto que si un libro está vivo es, no solo porque sea una obra maestra literaria, sino porque nos sigue interpelando; nos sigue diciendo: «Tíos y tías, vais muy mal». Incluso en la Ilíada y en la Odisea hay montones de cosas que hoy en día parecen asombrosas. Nos está hablando de los problemas de género, de la transexualidad, como cuando Aquiles se viste de mujer para huir de la guerra y se esconde entre las mujeres. Hay montones de cosas en la mitología griega que están ahí esperando para decirnos cosas, para que las volvamos a leer y para que las volvamos a entender.
En El mar en ruinas, un personaje dice: «Nadie quería que terminara la guerra, nos habíamos acostumbrado demasiado a ella». ¿Nos pasa lo mismo con el estado actual del mundo?
Probablemente. Hay pasajes en la Ilíada que son de una belleza enorme y que a la vez son terroríficos, que cuentan lo que es la violencia en estado puro. No hay nada más violento que la Ilíada, donde hay versos en los que te habla de una lanza que entra por la boca y le rompe los dientes y sale por la nuca. Tenemos toda una cultura bélica hecha de poemas, de música, películas, pinturas, con las que estamos glorificando la violencia más salvaje porque vemos en la guerra esa belleza que tiene. Y, de algún modo, la Ilíada habla de eso, de la absoluta inanidad y estupidez de la guerra. Ojalá lo entendiéramos algún día.
¿Tiene que ver con la perspectiva masculina que llevan los relatos con los que se construye la Historia de la humanidad?
Sí, sin duda. Sin embargo, hay autoras que se oponen a dividir toda la cultura occidental en los ejes masculino y femenino, siendo lo masculino lo violento, para verlo de una manera mucho más compleja. Si estamos donde estamos es porque no acabamos de entender nuestras raíces, nuestras propias contradicciones y las movidas gordísimas en las que estamos metidos de hace milenios. Podemos ir a la Luna y a Marte, pero realmente no sabemos qué diablos hacer con nuestra propia vida. No sabemos cómo convivir con el vecino, que debería ser lo más fácil del mundo.
«Glorificamos la violencia más salvaje porque vemos belleza en la guerra»
Dedica el libro a sus padres. ¿Lo inspiraron de alguna forma?
Mis padres son personas de una extracción muy humilde. Mi padre aprendió a leer muy tarde y mi madre aprendió a leer de milagro. Mi abuelo la sacó del colegio porque para qué iba a necesitar una niña leer en los años 40. Es muy triste. Mi padre siempre ha estado vinculado al mar, fue un marino durante muchos años. Por eso escribí «a mi padre, que inventó el mar» y «a mi madre, que se pasó la vida tejiendo», pues ella era un poco como Penélope. Lo que ocurre es que mi padre ya no está, y mi madre ya no puede coger unas agujas, pero el libro sigue siendo de ellos, sigue estando dedicado a ellos.
¿Buscaba humanizar a Odiseo con su novela?
De todos los héroes griegos, Odiseo es el más cabrón. Es un mentiroso, un tío que está tramando cosas. Por ejemplo, una cosa fascinante es que casi toda la parte fantástica, todo el lío del Cíclope y de Circe y de los caníbales, los estrigones, son historias que le está contando Odiseo a los feacios, que se quedan con la boca abierta, pero a lo mejor es una bola más. Son una serie de bolas que está contando el tío para saber cómo ha llegado solo aquí y ha perdido a toda la tripulación. Odiseo es un charlatán. Al mismo tiempo, es encantador y todas caen rendidas a sus pies, pero no por lo guapo que es, sino por la labia. Por eso, Atenea lo adora, por su inteligencia y astucia.
«Podemos ir a la Luna y a Marte, pero no sabemos convivir con el vecino»
También trata la frustración de Odiseo por no haber muerto de forma épica en la guerra.
Hay algo curioso en la idea del punto final. Al fin y al cabo, al igual que un punto es el final en la narración, la muerte lo es en la vida. La muerte es la que da sentido a todo. Es cuando uno reflexiona sobre qué ha hecho realmente, qué ha merecido la pena y qué no. Mientras la muerte de los demás héroes tiene un sentido, Odiseo es el único que se encuentra con una historia inconclusa. Eso es lo que me dio pie realmente a coger El mar en ruinas, acabarlo de alguna manera. Y el mar es todo: es la vida y es la muerte, es la aventura absoluta. Está eso tan bonito del mar, o la mar, como dicen en los pueblos pesqueros.
«La mar» tiene como un cariño distinto.
Es algo mucho más íntimo. Un pescador siempre dice «la mar». Mi padre siempre decía «la mar». Ítaca, que es una isla, está rodeada de mar por todas partes. Toda la historia dela Odisea está perfumada de mar. Cada una de las mujeres con las que se encuentra Odiseo es una especie de isla. Es que la Odisea es incomparable.
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