La historia secreta de la deuda
La obra describe el paso por la Junta de aquel oscuro personaje, Justin Peterson, que se dedicó a dinamitar los esfuerzos del ente fiscal por lograr acuerdos razonables, escribe Mayra Montero



El libro se titula “Promise Land: The Inside Story of The Puerto Rico Debt Crisis”.
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Yo hubiera sustituido Inside por Secret, ya que en realidad se trata de la historia secreta de esa crisis; la misma de la que tantos hablan sin conocerla a fondo. Desde sus inicios, cuando ya se abatía sobre el gobierno y sus corporaciones la amenaza de una deuda impagable, siendo entonces gobernador Alejandro García Padilla, empezaron las gestiones desesperadas de sus asesores —algunos nombres interesantes entre ellos— que viajaron a Nueva York en busca de abogados de prestigio, con experiencia en el campo de la bancarrota. En principio, aquellos que escogieron los bufetes más caros para empezar a lidiar con el problema no fueron los integrantes de la Junta, que todavía no existía, sino unos abogados locales que, como ya dije, asesoraban al gobernador.
David Skeel, autor de esta historia secreta, fue presidente de la Junta Fiscal. Durante más de tres décadas ha sido catedrático de la Facultad de Derecho Carey de la Universidad de Pensilvania, especialista en bancarrota y con varios libros anteriores sobre el tema. Aun antes de ser nombrado al organismo, ya estaba familiarizado con el caso de Puerto Rico y había publicado columnas al respecto.
Escrito en un lenguaje accesible, incluso para los que, como esta columnista, leen muy poco en inglés, Skeel se remonta a la primera década del presente siglo, cuando empezó a gestarse el desastre. Durante mucho tiempo, el gobernador García Padilla, que había heredado parte del problema, se resistió a convertirse en “malapaga”, porque en Coamo, donde había crecido, lo peor del mundo era dejar enganchados a quienes se les debía dinero. Era el código de honor con los colmados y otros negocios de pueblo. Con el país en quiebra era distinto: la bola de nieve comenzó a crecer.

Hay dos escenas en el libro que no son precisamente trascendentales, pero que a mí se me han quedado grabadas: una, la de la reunión de García Padilla con los editorialistas y reporteros de The New York Times, a quienes convocó para darles una noticia infausta. Estaba acompañado por algunos miembros del gabinete y también por abogados contratados para explicar los términos de la crisis. Pero pasaba el tiempo y García Padilla no se animaba a hablar. Al final, cuando ya los reporteros y editorialistas se mostraban impacientes, no le quedó más remedio que soltar la bomba:
“La deuda es impagable”.
La otra escena, que parece tonta pero no lo es, porque refleja la personalidad de Ricardo Rosselló, gobernador defenestrado, tuvo lugar en las oficinas de Proskauer Rose, un elegante bufete cercano a Times Square. Ese día, con el gobernador presente, se discutían temas de impostergable urgencia y, como se preveía que la reunión se iba a extender por horas, en Proskauer habían dispuesto una mesa con bandejas de sándwiches, frutas, postres y bebidas. En medio de la sesuda discusión, Ricky se levantó de un salto y abandonó el salón de conferencias. Regresó a los pocos minutos con una pizza que había encargado a su pizzería favorita en Nueva York. Aparte se cuentan otros incidentes con el inefable Ricky: algunos exabruptos y hasta las acaloradas discusiones que sostuvo con miembros de la Junta y con destacados congresistas demócratas. También los reiterados mensajes que le dejaba a Donald Trump para que le concediera una audiencia, cosa que el otro nunca hizo. Todo eso refuerza mi impresión, que he planteado desde hace mucho tiempo, de que Ricardo Rosselló se convirtió, no en la clásica piedrita en el zapato, sino en el insufrible peñasco, y que su talante engreído —¿se acuerdan del puñetazo que le prometió a Trump?—, fue la causa de que los organismos de inteligencia “colaboraran” en su fulminante salida.
Los esfuerzos posteriores del gobernador Pedro Pierluisi para adelantar, o bien una ley de “quiebra criolla”, o ya en última instancia la Ley de Uniformidad del Capítulo 9, que permitiría a Puerto Rico reclamar el mismo trato que reciben los estados, están prolijamente documentados en “Promise Land”. Preocupaba, sin embargo, que un proceso de Capítulo 9 conllevara un recorte a las pensiones, como ocurrió en Detroit. Lo que quedaba, lo que quedó antes de que el país se fuera derechito al infierno, era la Ley Promesa.
Este libro, que ademas incluye comentarios y opiniones sobre casi todos los políticos de la Isla, detalla los orígenes de la deuda, aún irresuelta, de la AEE. Con la ayuda de José Ramón González, otro antiguo miembro de la Junta, el autor hace un recorrido por la historia de la corporación pública, desde su fundación hasta su posterior caída, pasando por los derroches que, politizada y mal administrada, la llevaron a tocar fondo. Mucho antes del paso de los huracanes, remarca Skeel, su situación era insalvable.
La obra, que no está exenta de autocrítica y humor, describe el paso por la Junta de aquel oscuro personaje, Justin Peterson, que se dedicó a dinamitar los esfuerzos del ente fiscal por lograr acuerdos razonables. Su actitud de desprecio a Puerto Rico y simpatía por los buitres más despiadados, queda bien reflejada en el siguiente comentario de Skeel: “El 18 de agosto de 2023, día en que votamos sobre el plan de ajuste revisado, Justin renunció… Me sentí como un niño de primaria cuya escuela decide cerrar horas antes de que comiencen las vacaciones de Navidad”.
Entre las citas que recomiendan “Promise Land”, están las de varios profesores universitarios: de Harvard, de la Universidad de Virginia y de otras instituciones de prestigio. En el ámbito local, la congresista Nydia Velázquez resaltó que “el libro del profesor Skeel es de lectura obligada para cualquiera que desee comprender las complejidades de la mayor bancarrota municipal de la historia”. El Arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves, opinó que es “un análisis fascinante, minucioso e importante de un capítulo transformador en la historia económica de Puerto Rico”.
Yo, después de leerlo, me reitero en que provocará una sacudida: incómodo (para algunos), asombroso en general, es una caja de Pandora llena de secretos.
David Skeel
Justin Peterson
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Mayra Montero
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