Darwin, ¿tenemos un problema? Las matemáticas explican por qué los humanos hemos recurrido al canibalismo una y otra vez (y por qué lo volveremos a hacer)
La sociedad moderna considera el canibalismo como un tabú. Sin embargo, ha aparecido varias veces a lo largo de la historia, y las matemáticas dicen que lo volverá a hacer



Colaborador de National Geographic España
El canibalismo es una conducta alimentaria muy extendida en la naturaleza. De hecho, multitud de especies lo practican. Seguramente, el caso de las serpientes sea el más conocido, pero las orcas, las focas o las cucarachas también son muy interesantes. Ahora bien, en el caso de los seres humanos, resulta un tema tabú, lo que no quiere decir, ni mucho menos, que no exista o haya existido. Y es que, aunque la sociedad moderna rechaza esta práctica, la historia demuestra que la antropofagia ha resurgido de forma recurrente en diversas épocas. Es más, un reciente análisis publicado en la revista PNAS por científicos de la Universidad de Breslavia y la Universidad Carolina de Praga utiliza las matemáticas para explicar esta persistente contradicción evolutiva.
En concreto, los biólogos que formaron parte de la investigación desarrollaron un modelo numérico avanzado para calcular con exactitud los beneficios nutricionales frente a los riesgos biológicos. El estudio demuestra que el tejido humano aporta nutrientes y energía de manera similar a cualquier otra carne animal disponible en la naturaleza. En situaciones extremas de escasez absoluta de alimentos, recurrir a este tipo de nutrición puede significar la diferencia inmediata entre la supervivencia o la muerte de un individuo desnutrido.
Ahora bien, existe un escenario sumamente restringido donde la antropofagia puede ofrecer un beneficio térmico y calórico temporal a corto plazo, según los cálculos matemáticos. El ejemplo real más conocido es el de los supervivientes del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que se estrelló en los Andes en 1972. Esto sucede únicamente cuando los recursos alimentarios son críticos, los individuos ingeridos ya han fallecido previamente, la carne es cocinada adecuadamente y no se consume a personas que hayan practicado la antropofagia. Fuera de estas condiciones tan específicas, los peligros de enfermedad aumentan exponencialmente para toda la comunidad expuesta.
Transmisión patógena y colapso poblacional
Peligros graves de contagio emergen rápidamente debido a que los patógenos están perfectamente adaptados para infectar al mismo organismo anfitrión sin barreras biológicas. Cuando los agentes infecciosos circulan entre individuos de la misma especie, la probabilidad de propagar dolencias incurables se multiplica drásticamente respecto a comer carne animal. Si se forman cadenas de consumo continuadas, la acumulación de patógenos letales termina destruyendo a la comunidad en un periodo de tiempo muy reducido.
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El investigador Petr Tureček, biólogo de la Universidad Carolina, explica con claridad el impacto real de este fenómeno: «Nuestro modelo demuestra claramente que el canibalismo regular es insostenible para las poblaciones humanas a largo plazo«. Además, el especialista añade sobre esta dinámica: «Los costes epidemiológicos de la propagación de enfermedades incurables superan rápidamente cualquier beneficio calórico, lo que conduce invariablemente al colapso de la comunidad». Esta realidad provocó que surgiera una protección cultural defensiva.
Según el propio especialista Petr Tureček, esta barrera social funcionó como una salvaguarda crucial para los grupos antiguos: «Por lo tanto, el tabú cultural actúa como un escudo eficaz que protegió a nuestros antepasados de esta trampa evolutiva«. Un ejemplo histórico directo se dio en la tribu fore de Papúa Nueva Guinea, donde la enfermedad del kuru, causada por priones inmunes al cocinado, diezmó a la población hasta que abandonaron sus rituales funerarios.
Modelos matemáticos y evolución cultural
Las leyes matemáticas confirman que las normas morales y los vetos sociales no constituyen simples caprichos culturales o arbitrariedades históricas de las civilizaciones. La investigación muestra cómo la dinámica epidemiológica condiciona la evolución de la sociedad, generando barreras estables que limitan comportamientos que resultan adaptativos a nivel individual, pero desastrosos a escala global. De este modo, las poblaciones que mantuvieron la práctica de forma regular terminaron extinguiéndose por completo debido a las epidemias.
Analizar estos condicionantes permite comprender tanto la aparición recurrente de este fenómeno como la consolidación universal de su prohibición en la civilización humana. Los científicos reconocen que existen motivaciones sociales adicionales, como el terror hacia comunidades vecinas o la demostración de estatus, que requerirán futuros modelos matemáticos complementarios. Por ahora, las ecuaciones dejan claro que la prohibición cultural salvó a la especie de un trágico e inevitable colapso epidemiológico.
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