Educación y justicia social
El desarrollo económico, los cambios gubernamentales y la educación pública son imperativos sociales para lograr una sociedad justa. Se lo debemos a la niñez, a la juventud de nuestra nación.



Agosto es el mes del inicio escolar, en que miles de niñas, niños y jóvenes regresan a sus escuelas. Esos primeros días conllevan múltiples experiencias. Para los más pequeñines, implica salir del entorno y las rutinas del hogar; para otros, el reencuentro con amistades y con nuevas actividades y experiencias.
Para la mayoría de las maestras y maestros, es la continuación de su responsabilidad y constante vocación de formar, educar y promover conocimiento entre estos jóvenes, que son futuro y presente de nuestro país. Representa también la lucha por mejores condiciones de trabajo, por la injusticia contra la “carrera magisterial” e implica, además, para miles de familias, la incertidumbre sobre las condiciones de los planteles y la falta de maestros.
La actual situación de la educación en la escuela pública es parte de la desigualdad social que vive este país y es necesario y urgente innovarla transformando nuestra realidad social a una justa. Así lo reflejan los contundentes hallazgos de una investigación del doctor José Caraballo-Cueto del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPRRP), que demuestran, por un lado, que “la pobreza constituye el principal factor que incrementa el riesgo de deserción escolar entre estudiantes con discapacidades específicas de aprendizaje, al elevar en 2.5 veces la probabilidad de que abandonen sus estudios” (Noticias UPRRP).
Por otro lado, el estudio del doctor Caraballo-Cueto identifica “que los varones presentan un riesgo 18 % mayor de desertar y que cada año adicional de edad aumenta esa probabilidad en un 21 %, lo que confirma que los adolescentes constituyen el grupo más vulnerable” y que “durante el periodo analizado, un total de 33,704 estudiantes abandonaron el sistema público de enseñanza, cifra equivalente a la matrícula de aproximadamente 95 escuelas de tamaño promedio”. Informa también que “Puerto Rico constituye un escenario particularmente relevante para analizar este fenómeno debido a sus altos niveles de pobreza y a los efectos acumulativos de eventos extraordinarios como el huracán María”.
El desarrollo económico, los cambios gubernamentales y la educación pública son imperativos sociales para lograr una sociedad justa. Se lo debemos a la niñez, a la juventud de nuestra nación.
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