Ana Teresa Toro se reencuentra con su alma
El nuevo libro de la autora es un relato personal de una de las experiencias más terribles y transformadoras de su vida



Periodista de Entretenimientovictor.ramos@gfrmedia.com
La cuchilla fría que le abrió la espalda hizo paso entre sus costillas para arrancarle un pedazo de pulmón. Tubos finos y gruesos le atravesaron el tórax a sangre fría. Postrada en la cama de un hospital, una muñeca hecha de cables y agujas, desapareciendo poco a poco, como si un agujero negro se le hubiera formado en el mismo centro del pecho para consumirla, para comerse y atragantarse toda su luz. Es un estado sumamente misterioso, ese lugar en el que se encuentran la muerte y la vida, en el que tan solo un mal paso puede decidir de qué lado permanece el espíritu. Ana Teresa Toro estuvo allí y ha vuelto para contarlo.
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El mediodía abre paso a la tarde cuando Ana Teresa cruza la puerta del restaurante que ha escogido para la entrevista. Viste casual, nada elegante ni embelecoso; el pelo largo, suelto, le cubre la espalda y los hombros, algo así como en las ilustraciones de indias taínas que salían en los viejos libros de historia de escuela. Ha llegado un poco apresurada y, luego de saludar, respira hondo y sonríe una sonrisa de esas que enseñan todos los dientes, de las de verdad. La sonrisa es también la última línea de defensa: hoy, por primera vez, hablará abierta y públicamente sobre su nuevo libro, “Secuestro pulmonar” (Seix Barral, 2026).PUBLICIDAD
Es un libro de difícil clasificación, un híbrido entre la memoria, el ensayo y la crónica. En él, la autora relata el proceso que la obligó a someterse a una lobectomía, una cirugía para extraer un lóbulo de un pulmón parcialmente destruido a causa de una condición extraordinariamente rara, en la que una malformación congénita hace que tejido pulmonar que no funciona afecte el funcionamiento del pulmón entero. Se le llama un “secuestro” porque la parte disfuncional no está conectada a las vías respiratorias y sanguíneas normales, vive como un parásito prácticamente indetectable, haciéndole daño al pulmón hasta que se extraiga. Al principio, Ana Teresa no encontraba cómo apalabrar lo que había pasado.
“No podía escribir del tema. Estaba todo muy cerca”, dice. Pero el momento llegaría, eventualmente, así que luego de darle un giro monumental a su vida, empezó a encontrar cómo darle forma a su historia. “El dolor físico permitió esa concentración. La distancia del tiempo también. Ya no tengo miedo a estornudar, ya no voy a ir a la sala de emergencia cada vez que me de una punzada en la espalda. Cuando ese miedo acabó, lo pude organizar. Y tenía que organizarlo, porque llega un momento que tú quieres entender qué fue lo que te pasó. Necesitaba estructurar esto, pero no podía. Uno intenta darles la vuelta a las cosas para decir lo que quiere decir, sin exponerse demasiado, pero no se sentía honesto. No se sentía real”.
El libro, debe decirse, es mucho más que una relación directa de los hechos que llevaron a su operación y su proceso de recuperación. En estas páginas, Ana Teresa se muestra como nunca lo ha hecho, cual un autorretrato al desnudo, hecho con palabras y tinta, en lugar de pincel y pintura: revelador, sin ser vulgar; íntimo, sin ser sexual; hermoso, sin ocultar lo grotesco. Es un balance complejo y que obligó a la autora a llevarse a lugares nuevos y misteriosos, pero también terribles y dolorosos. Sobre esto hace hincapié, pues su meta no ha sido redactar una oda a la angustia.
“Me preocupa así una lectura de pornografía del dolor o de regodearse en el sufrimiento, porque yo no tengo vocación de mártir. Me molesta sentir que me estoy cogiendo pena. No me gusta proyectarme débil, prefiero que digan que soy una bicha (con perdón del lenguaje). Sentía que una no puede ser escritora si al atravesar una experiencia tan cercana a la muerte, tener el privilegio y la maldición de acceder a un dolor físico tan extremo, no hace lo único útil que puede hacer, que es ofrendar palabras e imágenes para que otras personas que han accedido a lo mismo puedan nombrar lo que sienten”, explica.

El libro tampoco es una guía de autoayuda y superación. A pesar de querer darle lenguaje a esa experiencia para el beneficio de otros, “Secuestro pulmonar” es un testamento visceral sobre una mujer a la que le fue entregada una nueva vida. Pero lo que vino antes es tan importante para el relato como lo que pasó después. Y el pasado no siempre es un lugar bonito para visitar. Violencia, ultraje, vergüenza, cosas duras a las que la autora le hace frente, quizá por primera vez, logrando una victoria final e insondable sobre las sombras que alguna vez le acecharon.
“Yo creo que estaba buscando ganas de vivir, estaba buscando en la escritura una explicación para tener la paz, para entender por qué tuvo sentido que esto pasara. Yo no creo que las cosas pasan por una razón, pero sí creo que uno le tiene que dar sentido a las cosas. Yo decido que esto va a significar en mi vida y la forma en que puedo hacer ese ejercicio es a través de la palabra, que es la herramienta que tengo, el filtro principal a través del cual veo el mundo”, reflexiona.PUBLICIDAD
Hay un elemento inherentemente espiritual en esta obra, aunque no haya sido una decisión consciente de su autora. Desde la mística hasta la neumología, los actos de adolecer, sufrir, respirar y revivir tienen una connotación teologal profunda.
—El acto mismo de respirar tiene unas conexiones íntimas con lo espiritual. Santo Tomás de Aquino pensaba que el alma no entraba al cuerpo hasta el momento en que se respiraba por primera vez, por ejemplo. Desde un sentido físico, estuviste muy cerca de la muerte, y al no poder respirar, debido a tu condición, es como si tu alma estuviera en juego. No quiero decir que fuiste una desalmada, pero muy pocas personas pueden decir que han tenido una experiencia así, combatiendo una enfermedad que no te permitía respirar, impidiéndote, de cierto modo, acceso a tu alma. ¿No crees?
“Me emociona que hayas leído esa capa, que quizá no está ahí de forma tan directa. Hay una terquedad que mueve al espíritu, que conduce a la disciplina, y luego la disciplina te lleva a tener otras experiencias, como cuando corrí el medio maratón San Blás. Es bello y la gente te grita y te dicen cosas graciosas y cantan. Yo iba corriendo, escuchando música, porque me daba miedo escuchar mi propia respiración. Pero allí te puedo decir que tuve, yo no sé si fue una experiencia mística, pero sí esa sensación de que ya no estás en tu propio cuerpo, sino que eres parte de ese cuerpo de gente que está ahí corriendo, que eres parte de la ruta, que eres parte del calor: que eres parte del todo. Creo que ante cualquier experiencia espiritual lo primero que hay que hacer es rendirse, peleamos demasiado con el dolor y el dolor es un maestro cruel, pero es un gran maestro”, dice Ana Teresa, su voz finalmente liberada del temor a revelarse, de explicarse.
“La quietud es muy peligrosa”, continúa. “La quietud alimenta los pensamientos más oscuros. Hacer este libro fue brutal, hacer este libro fue bien terrible. Tuve una resaca de haberlo escrito, de librarme de esa pesadilla, de haberme sacado todo eso. Ya que ha pasado un poco de tiempo, porque el libro ya existe, ya es un objeto que está fuera de mí, pues creo que es el purgatorio, es la historia de mi purgatorio”.
En la sombra cálida del restaurante, Ana Teresa Toro comienza a transfigurarse.
“Yo antes era muy pudorosa con mi cuerpo siempre andaba muy cubierta, faldas y mangas largas. Siempre me vestía así, no le daba tanto pensamiento. Me encantaba estar envuelta en muchas telas. Antes me hubiese parecido lo más frívolo del mundo enseñar el cuerpo con poca ropa, y ahora estoy orgullosa de lo que este cuerpo puede hacer”.
Es su espíritu restaurado. Es la vida nueva, que ilumina sus nuevas sendas. Y allí, reencontradas, mujer y alma comulgan y se abrazan en cada respiro.
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Ana Teresa Toro
escritor
Literatura puertorriqueña
Víctor Ramos Rosadovictor.ramos@gfrmedia.com
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