Causas inmediatas y estructurales de la tragedia en Ceuta


Más de 100 víctimas mortales es el saldo que dejó la tragedia que tuvo lugar en Ceuta en esta última semana de julio de 2026. Entre ellas, Faten Ben Amar el-Azizi, jugadora del Magreb Atlético Tetuán. Y es importante nombrarla y ser muy conscientes de que cada una de esas personas tenía una historia detrás, porque la deshumanización de los otros habitualmente nos ciega ante la dimensión humana de una tragedia, pero también porque nos impide esclarecer las causas estructurales de la misma.
En primer lugar, la situación interna en Marruecos. Entre 2000 y 2024, la población marroquí creció un 43,7 %, mientras que la población laboral apenas aumentó un 20 %. Cuatro millones de jóvenes de entre 15 y 35 años carecen de salidas laborales o educativas, atrapados en un bloqueo vital que ayuda a explicar la desesperación de quienes intentaron llegar a Ceuta.
El crecimiento económico y las grandes infraestructuras construidas durante los últimos años conviven con el fracaso de las políticas laborales, educativas y sociales, visible también en el desarrollo de la movilización popular. Desde 2014, Marruecos ha vivido tres huelgas generales: en octubre de 2014, febrero de 2016 y febrero de 2025. Además de otras relacionadas con las desigualdades entre territorios como el Hirak del Rif (2016) y de numerosas protestas de sanitarios, profesores y otros sectores profesionales. Durante 2025, la llamada generación Z volvió a expresar ese malestar reclamando sanidad y educación públicas, empleo, derechos sociales y una vida digna.
Cuatro millones de jóvenes de entre 15 y 35 años carecen de salidas laborales o educativas, atrapados en un bloqueo vital que ayuda a explicar la desesperación de quienes intentaron llegar a Ceuta.
Frente a la movilización social, se ha producido un aumento de la represión. Las movilizaciones juveniles de 2025 fueron dispersadas mediante violencia policial, detenciones masivas y el uso de fuerza letal. Tres personas murieron por la actuación de las fuerzas de seguridad, decenas resultaron heridas y alrededor de 2.100 fueron arrestadas. Se abrieron procedimientos judiciales contra al menos 1.400 personas, entre ellas 330 menores.
En segundo lugar, la cuestión migratoria, convertida desde hace años en uno de los asuntos centrales del debate político y mediático. Paradójicamente, si realizamos la pregunta pertinente, la crisis de Ceuta ha demostrado hasta qué punto resulta falaz la imagen de una Europa desbordada e incapaz de controlar sus fronteras. Cuando se acusa a Marruecos de utilizar los movimientos migratorios para alcanzar sus propios objetivos, casi nadie se pregunta: ¿cómo ha adquirido el régimen marroquí esa capacidad?

La respuesta se encuentra en la política migratoria de la Unión Europea. La llamada Europa Fortaleza funciona mediante acuerdos con países periféricos como Marruecos, Turquía o Libia, a los que se encomienda una parte creciente del control fronterizo.
Estos acuerdos combinan la organización del traslado de los trabajadores que necesitan las economías europeas con la vigilancia, la contención y la represión previa de quienes intentan llegar fuera de las vías establecidas. Cuando se reprocha a Marruecos que no haya impedido la llegada a Ceuta, lo que realmente se lamenta es que no reprimiera antes a esas personas dentro de su propio territorio.
Control fronterizo
De hecho, los propios datos de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) desmienten el relato del colapso. En 2025, se registraron 178.000 detecciones de cruces irregulares, que ni siquiera corresponden necesariamente al mismo número de personas, mientras se concedieron alrededor de 1,1 millones de permisos laborales. La movilidad organizada por los Estados fue aproximadamente seis veces superior a las entradas irregulares detectadas. Las fronteras europeas funcionan, seleccionan y distribuyen la movilidad de acuerdo con las necesidades económicas y políticas del continente.
Y este filtro no es casual. Europa, por cuestiones laborales y demográficas, necesita mano de obra. Sin embargo, establece mecanismos que restringen de manera efectiva los derechos laborales, civiles y políticos de estos trabajadores. Por eso la cuestión migratoria, lejos de determinados relatos interesados, nunca se trató de un asunto de control fronterizo, sino de derechos laborales.
Las fronteras europeas funcionan, seleccionan y distribuyen la movilidad de acuerdo con las necesidades económicas y políticas del continente.
La imagen de un colapso permanente encubre, por tanto, el carácter selectivo del control fronterizo. Presentar a Europa como un territorio inerme ante una llegada supuestamente incontrolable permite justificar la desigualdad de derechos, la irregularidad forzada y la externalización de la violencia. Esa propaganda contribuye a reproducir un mercado laboral dividido entre trabajadores con distintos grados de protección, residencia y capacidad para defenderse. Manteniendo a una parte de la clase trabajadora europea, formada por millones de trabajadores migrantes, bajo condiciones extremas de vulnerabilidad jurídica, laboral y social, facilitando los abusos y debilitando la capacidad de organización colectiva.
La contradicción es evidente. Se acusa al régimen marroquí, con razón, de vulnerar los derechos humanos y, cuando se produce una llegada masiva, se le reprocha que no haya ejercido con suficiente eficacia esa misma violencia.
En ese sentido, no podemos separar lo que ha ocurrido en Ceuta de una desigualdad estructural más amplia, determinada por un centro que acumula la riqueza y una periferia expoliada, tanto en sentido material como político.
Las fronteras europeas no están descontroladas. Lo que existe es una administración de los flujos migratorios de acuerdo con las necesidades económicas y políticas de los Estados europeos. La frontera no es simplemente un muro que impide entrar. Es también un mecanismo que clasifica, selecciona y distribuye de manera desigual derechos y posibilidades de vida, reproduciendo ese mismo esquema estructural.
No podemos separar lo que ha ocurrido en Ceuta de una desigualdad estructural más amplia, determinada por un centro que acumula la riqueza y una periferia expoliada, tanto en sentido material como político.
En el estrecho de Gibraltar, esta política migratoria se entrelaza con una cuestión geoestratégica mucho más amplia. Allí se encuentran África y Europa a través de una distancia mínima, al mismo tiempo que se conectan el Mediterráneo y el Atlántico. Desde una orilla puede verse la otra, pero entre ambas se concentra una de las mayores desigualdades territoriales del planeta.
También se trata de un espacio fuertemente militarizado. Ceuta y Melilla permanecen bajo soberanía española, Gibraltar bajo dominación británica y la base de Rota es utilizada por EE.UU.. Aunque muchas veces se presenta el estrecho como escenario de una pugna entre posiciones antagónicas, lo cierto es que se encuentra controlado por la OTAN y por sus aliados, entre los que también se encuentra el régimen marroquí.
Porque Marruecos no ha dejado nunca de ser un protectorado, aunque formalmente obtuviera una independencia pactada en 1956. El nuevo Estado se articuló alrededor de la monarquía y del Makhzen, una red formada por la Casa Real, las grandes familias, las élites económicas, los aparatos administrativos y de seguridad herederos de la etapa del protectorado.
El Marruecos contemporáneo se construyó, por tanto, alrededor de una doble función. En el interior debía contener las contradicciones sociales y reprimir los movimientos que cuestionaran el poder de la monarquía y del Makhzen. En el exterior debía actuar como aliado de las potencias occidentales. La expresión más brutal de la primera fueron los años de plomo durante el reinado de Hasan II (1961-1999); la segunda sigue siendo visible en la ocupación del Sáhara, en la cooperación migratoria con la Unión Europea y en la relación con Israel, con EE.UU., pero también, con España. Una relación esta última, que daría para un análisis propio bastante extenso.
Marruecos no representa un bloque enemigo enfrentado a Occidente. Cumple una función subordinada dentro del mismo dispositivo de dominación regional que sostiene la estructura desigual centro-periferia.
Todavía no sabemos cuál fue el motor inmediato fundamental de esta crisis y puede que nunca los sepamos. A raíz de una sentencia del Tribunal Supremo contra las devoluciones en caliente, sectores de la extrema derecha española difundieron que las fronteras estaban abiertas, un mensaje que llegó a la población marroquí. Es decir, uno de los elementos que pudo intervenir fue un bulo, puede que incluso de carácter involuntario. Al mismo tiempo, Marruecos no activó el freno represivo que utiliza habitualmente para impedir que las personas se aproximen a la frontera europea. A ello se sumó la desesperación de miles de jóvenes dentro de una profunda crisis social. Así, pudieron alinearse el rumor de que la frontera estaba abierta, los intereses coyunturales del Estado marroquí y la falta de expectativas de una parte considerable de la juventud.

«Prejuicio, bulos, ignorancia»: cómo la crisis de Ceuta fracturó a la UE
Pero, ante una tragedia humanitaria de estas dimensiones conviene ser cautelosos al establecer las causas inmediatas, sobre todo cuando no contamos con toda la información. Lo que sí conocemos, y es necesario denunciar, son las causas estructurales. La desigualdad social y territorial dentro de Marruecos, la concentración de la riqueza, la represión del régimen, el expolio histórico de la periferia, la demanda europea de mano de obra sin igualdad de derechos, la externalización de las fronteras, la militarización del estrecho y el papel desempeñado por Marruecos dentro del sistema de dominación occidental.
La tragedia de Ceuta no puede explicarse únicamente como una avalancha repentina, una frontera desbordada o una maniobra puntual del régimen marroquí. Es la expresión concreta de un sistema internacional desigual que desplaza a las poblaciones, selecciona a los trabajadores, externaliza la represión y convierte las fronteras en espacios donde unas vidas son consideradas necesarias, y otras, sencillamente, desechables.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.
Ceuta: anatomía de una ‘crisis migratoria’
Publicado:5 ago 2026 16:49 GMT

El jueves 30 de julio se produjo una auténtica avalancha migratoria en Ceuta, un enclave español situado al norte de Marruecos, cuando los guardias fronterizos marroquíes aparentemente dejaron por un momento de lado su identidad nacional para hacerse los suecos, desatendiendo sus responsabilidades y mirando para otro lado mientras decenas de miles de migrantes cruzaban al otro lado por tierra, mar —y aire, si contamos las vallas saltadas—.
El territorio ceutí, perteneciente a España desde hace unos cinco siglos, es reclamado como propio por Marruecos, que lo denomina «colonia», al igual que hace con la otra ciudad autónoma española en el norte africano, Melilla. Sin embargo, ni la ONU ni ninguna autoridad diplomática en todo el planeta comparte la postura de Rabat a ese respecto. Salvo unos oportunistas de libro en estos días, como veremos más adelante.
Hay que tener en cuenta que en Ceuta viven algo más de 80.000 personas y, en unas pocas horas, llegaron otras 60.000.
La reacción común en todo el mundo tras los primeros instantes del tsunami humano fue de incredulidad ante lo sucedido. Sobre todo, por su magnitud: hay que tener en cuenta que en Ceuta viven algo más de 80.000 personas y, en unas pocas horas, llegaron otras 60.000. No es de extrañar que las imágenes dieran la vuelta al mundo, no solo por lo masivo de las mismas, sino por lo surrealista de algunas de ellas: migrantes con bicicleta a cuestas saliendo del mar o grabando su travesía con un palo de ‘selfie’ se volvieron virales en instantes.
Estampas pintorescas que no deben hacer olvidar las consecuencias dramáticas de lo sucedido, desde las imágenes de caos y descontrol absoluto en la ciudad autónoma hasta el ya casi centenar de fallecidos entre los que trataban de llegar a nado al enclave o cayeron mientras intentaban superar otras barreras fronterizas.
¿Problema migratorio o ataque geopolítico?
Obviamente, las imágenes de la avalancha rápidamente se convirtieron en gasolina para los adictos al discurso simplista e incendiario de «la migración es mala» y «los musulmanes son malos», cuando lo cierto es que lo ocurrido en estos días no es ni remotamente ejemplo de proceso migratorio cotidiano —por eso fue noticia mundial— y casi el 50 % de la propia población ceutí es musulmana, por lo que, pese a los esfuerzos de propagación de Mileies, Muskes y demás, no hubo estallido antimigrante ni en Ceuta ni en el resto de España.
Esto no implica que el blanco de sus ataques, Pedro Sánchez, merezca gran compasión o dedicadas alabanzas, para nada. Y es que en gran parte lo ocurrido es posible debido no solamente a su política en particular, sino a la política continuista española de las últimas décadas, de la que él es apenas un fiel seguidor más.
A muchos dentro de España —y cada vez más fuera— les llamó poderosamente la atención el hecho de que la coordinada somnolencia de los guardias fronterizos marroquíes junto a Ceuta se diera justamente pocos días después de la visita del presidente español a Argelia, donde calificó como «socio estratégico» al principal rival geopolítico y regional de Marruecos.

No es la primera vez que desde Rabat ‘relajan’ sus fronteras en respuesta a acercamientos entre Madrid y Argel, en particular cuando desde el reino marroquí perciben que sus vecinos norteños se están saliendo de lo que ellos consideran aceptable respecto al Sahara Occidental. No está de más recordar que este territorio es reclamado como propio por Marruecos, Argelia defiende con contundencia la soberanía e independencia del pueblo saharaui y España… Bueno, aunque España tiene claras obligaciones al respecto como expotencia colonial, marcadas sin ambigüedades por el Comité de Descolonización de la ONU, en el último medio siglo la postura española puede resumirse básicamente como algo intermedio entre hacer lo que diga Marruecos o por lo menos evitar ofenderlos.
En 2021, cuando un alto dirigente saharaui fue atendido en España por sus problemas de salud, los guardias fronterizos marroquíes volvieron a sufrir uno de esos ‘inexplicables’ episodios narcolépticos que les dan de vez en cuando y dejaron pasar miles de migrantes africanos a Ceuta. Vaya coincidencia tan coincidencial, ¿no les parece?
Sin embargo, entonces y ahora, la reacción de Pedro Sánchez —en línea con la de sus antecesores— fue casi que de agradecimiento al rey de Marruecos por haber dejado pasar 60.000 migrantes en lugar de 100.000. Un nivel de docilidad que no deja de sorprender a cualquiera que indague en la a menudo desconcertante relación de sometimiento de Madrid respecto a Rabat, que tiene algunos paralelismos con la que existe entre Berlín y Tel Aviv.
Rabat, Tel Aviv y Washington: una componenda triple
Y ya que hablamos de Tel Aviv, otro asunto interesante en todo este análisis es cómo la entidad sionista no dejó pasar la oportunidad de lanzar dardos contra Madrid, a la que guarda especial rencor por varias de las declaraciones de Pedro Sánchez sobre el genocidio israelí en Gaza.
En una serie de publicaciones en redes sociales, altos voceros del único ‘apartheid’ del siglo XXI aprovecharon para hacer ‘fiesta’ por lo sucedido y, en el colmo del cinismo, esa colonia europea contemporánea enquistada en Asia Occidental acusó a España de «mantener enclaves coloniales en África». O, dicho con otras palabras, el burro sionista hablando de orejas.

Unas declaraciones que dejaron abierta la nada desdeñable hipótesis de que en Tel Aviv hubieran alentado, apoyado u ofrecido respaldo previo a Rabat ante su movida de ficha en Ceuta. No hay que olvidar que, desde los llamados «acuerdos de Abraham» impulsados por Donald Trump en 2020, el reino marroquí ha venido acercándose geopolíticamente cada vez más a estadounidenses e israelíes.
Por lo que no son pocos los que ven en lo ocurrido una componenda triple: uno castigaba a Madrid por acercarse a Argel, mientras que los otros dos le garantizaban respaldo ante posibles respuestas y a la vez trataban de sacar rédito geopolítico poniendo en apuros a un gobernante con el que no simpatizan.
Orfandad internacional de España
Afortunadamente, el Gobierno español cuenta con el apoyo de la Unión Europea y de la OTAN y nada puede pasarles. Es broma, obvio. Y es que la tercera lectura geopolítica que puede hacerse de estos sucesos es la irrelevancia geopolítica del reino de España y su orfandad ante los organismos que dizque deberían defenderla.
Por un lado, en sus estatutos, aunque no explícitamente, la Alianza Atlántica se desentiende tanto de Ceuta como de Melilla, de modo que, en el papel, en el caso de un ataque marroquí contra esas ciudades, la OTAN no se vería obligada a intervenir. ¡Cómo son las cosas! Por un lado, en el marco de su membresía otanista, en el territorio español hay varias bases o instalaciones militares extranjeras, pero esos mismos ejércitos extranjeros que las utilizan no están comprometidos a defender la, probablemente, parte geopolíticamente más sensible del territorio español.

OPINIÓN
La crisis de Ceuta y el fin del ‘jardín europeo’
En esa misma línea, mientras del lado español de la frontera de Ceuta no se daban abasto para contener la avalancha, casi en paralelo, España se preparaba para enviar tropas a Finlandia y así ‘defenderla’ de Rusia… En fin.
Y, ya que hablamos de Finlandia, la otra orfandad geopolítica española se manifiesta en su membresía de la Unión Europea. Y es que, no bien comenzó la avalancha migratoria, países como el mencionado, además de Italia y Francia, ni más ni menos, endurecieron sus controles fronterizos terrestres, marítimos o aéreos, según el caso, con España.
Por su parte, a Bruselas le preocupó más la imagen pública que ofrecía lo sucedido que lo sucedido en sí y ofrecieron una ayuda inmediata… a Marruecos. Es decir, estamos ante un ‘ordenado jardín’ pero solo cuando hay buen clima geopolítico: si arrecian las dificultades, la ‘postura común europea’ vira de inmediato al viejo «sálvese quien pueda» que se supone típico de la jungla.
Una rápida y valiosa lección
Como ven, en lo poco que duró, lo sucedido en Ceuta nos deja varias moralejas geopolíticas. Y es que, horas después del sospechoso ataque de somnolencia de la guardia fronteriza marroquí, el grueso de los migrantes comprobó que lo de dar el salto a la Europa continental desde ese rincón de la costa africana no era tan sencillo como esperaban y se regresaron por donde habían venido, esperando una futura nueva oportunidad, menos atada a chantajes geopolíticos con ellos como arma arrojadiza.
Qué acordaron Madrid y Rabat para esa resolución exprés y ese «aquí no ha pasado nada» con el que ambos dieron carpetazo al asunto en público, es otro tema.
Desde Marruecos seguirán presionando al Gobierno español de turno abriendo y cerrando el flujo migrante a voluntad
De lo que no cabe duda es que desde Marruecos seguirán presionando al Gobierno español de turno abriendo y cerrando el flujo migrante a voluntad y nada indica que desde Madrid vayan a hacer algo en serio para cambiar eso. Ni este gobierno ni el que venga después.
Por otro lado, medio de rebote en esta ocasión, descubrimos por enésima vez que la OTAN no se creó para proteger a nadie, sino para presionar a la Unión Soviética, y tras su disolución, se mantuvo artificialmente vivo el organismo para seguir presionando a Rusia.
Y finalmente, no menos importante, podemos concluir una vez más que la Unión Europea podrá tener algo o bastante de «europea», pero lo de «unión» últimamente le queda cada vez más grande.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ‘¡Ahí les va!’, escrito y dirigido por Mirko Casale.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

https://vkvideo.ru/video-211725988_456239977
La invasión marroquí a Ceuta despierta los demonios geopolíticos del estrecho de Gibraltar

El rotativo monárquico británico Financial Times, muy cercano al mega-especulador George Soros, ha abultado la magnitud del flujo migratorio que se escenificó en «un solo día» y resalta la notable facilidad con la que los migrantes se acercaron a la frontera, cuyo paso, de acuerdo a «analistas» que no identifica, pudo haber permitido el Gobierno de Marruecos de forma deliberada— como sucedió en la crisis de 2021: cuando más de 10.000 personas cruzaron la frontera en dos días.
El rotativo francés Le Monde, muy cercano a su Cancillería, exalta el flujo mayoritariamente juvenil que llegó por mar y tierra y entre quienes se cuentan hasta ahora 34 muertos. No falta quienes alegan que el anuncio del Gobierno español para regularizar a 500.000 migrantes haya incitado el éxodo juvenil a Ceuta.

Pedro Sánchez: «España ha sufrido una violación a su integridad territorial»
Como era de esperar, los partidos anti-migratorios de España e Italia denunciaron vehementemente la «invasión». En particular, la primera ministra Giorgia Meloni exigió la suspensión del acuerdo Schengen —libre paso de personas de 29 países europeos— con España, mientras que el canciller español José Manuel Albares denunciaba la «demagogia» italiana.
Ceuta (en similitud al otro enclave vecino de Melilla) es una ciudad autónoma española —con un presidente propio— en el Norte de África, y se ubica frente al superestratégico estrecho de Gibraltar: mide 20 kilómetros cuadrados con una población de 84.200 habitantes.

¿Por qué Ceuta pertenece a España, pero está en África?
Si en realidad invadieron 60.000 migrantes marroquíes al enclave, entonces, va a ser muy difícil su repatriación debido al casi equiparable número de los habitantes en su seno, cuando un mínimo del 70% de su población es de origen marroquí-musulmán. Desde el punto de vista estratégico, Ceuta alberga una base militar y controla una de las rutas más importantes del tráfico marítimo a escala global: el estrecho de Gibraltar.
Sea como fuere, Ceuta constituye un punto de fricción estructural entre España y Marruecos, que usa la migración como herramienta de presión y la reclama, al unísono de la otra ciudad de Melilla, como «territorio ocupado» en el marco de su doctrina del «Gran Marruecos», cuando España, miembro de la OTAN, se considera como una prolongación de la Unión Europea en el Norte de África.
Pareciera que la invasión de 60.000 marroquíes jóvenes en el enclave español de Ceuta exhibe más la situación económica de Marruecos que la crisis migratoria que ha golpeado a Europa y, en particular, a España.
Marruecos exhibe desafíos estructurales en su mercado laboral, con una población juvenil promedio de 30 años de edad y una crónica migración (5 millones a Francia, España e Italia) de sus 39 millones de habitantes: una clásica «ósmosis migratoria» de menor a mayor riqueza.

China comenta la avalancha migratoria en Ceuta
Mientras los gobiernos de Marruecos y España negocian la repatriación de los numerosos jóvenes migrantes en Ceuta, afloran por lo menos 6 factores geopolíticos que hay que tomar en cuenta y que pueden converger o explotar uno por uno.
- Marruecos es firmante de los polémicos Acuerdos Abraham, impulsados por Trump y que reconocen a Israel.
- Desde mediados de 2025 se inauguró la «ruta Trump» —en referencia a la autopista entre Tiznit (al sur) y Dakhla (en el extremo sur del Sáhara Occidental ocupado por Rabat y futuro puerto del Atlantico)—, rebautizada con el nombre del presidente estadounidense, que mide 1.055 kilómetros de longitud y tuvo un costo de 1.000 millones de dólares. No se puede soslayar que Trump reconoció la conquista del Sáhara Occidental por Marruecos, que formó parte de los Acuerdos Abraham. ¿Vendrá también como premio la entrega de los enclaves españoles de Ceuta y Melilla?
- España no permitió el uso de sus bases a EE.UU. para atacar a Irán y, durante la guerra de Tel Aviv y Washington contra la República Islámica, reabrió su embajada en Teherán, con la probable mediación de la potencia gasera Argelia, que reconoce la independencia de la República Árabe Saharaui Democrática.
- Visita del presidente Pedro Sánchez a Argelia el pasado 20 de julio, que aumenta hasta un 15 % sus importaciones de gas, que ya es de por sí su principal abastecedor (40% de sus importaciones), en lugar de la importación del carísimo gas licuado GNL de EE.UU.
- Trump ha reiterado la referencia de la guerra de 1898 para amenazar a España. En el «desastre del 98», España perdió sus colonias en Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico, además del choque frontal por la política anti-genocida y pro-Palestina de Sánchez que libra Netanyahu en Gaza.
- Contencioso sobre la soberanía de Gibraltar, que controla Gran Bretaña desde el Tratado de Utrecht de 1713 (¡hace 313 años!) y busca recuperar España.
¿La gran alianza que se refleja ya a la luz del día del Reino Unido, Israel, Estados Unidos y Marruecos desembocará en el control del estrecho de Gibraltar mediante la captura de Ceuta y Melilla por Rabat?
En caso de que el explosivo asunto de Ceuta sea meramente unifactorial y/o multifactorial, no se puede soslayar que Oriente Medio —del que forma parte Marruecos— estaría exhibiendo una crisis en uno más de sus «puntos de estrangulamiento», cuando un hipotético cierre del estrecho de Gibraltar se agregaría a los cierres de los estrechos de Ormuz, Bab el Mandeb y el potencial cierre del Bósforo (mar Negro): donde ocurren extensiones de las cada vez más fusionadas guerras de Ucrania contra Rusia y de Israel y Estados Unidos contra Irán.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.
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