A horas de la derrota oficial por la Ley de Tierras, una multitud marchó de Liniers a Plaza de Mayo, convocada por los movimientos sociales, la CGT y las dos CTA, para reclamar contra el ajuste del Gobierno que provoca miseria, deudas y desocupación. Antes de la partida de San Cayetano, el arzobispo porteño destacó que “el sueldo no alcanza y hay gente que revuelve la basura para comer”.


Además de tierra, pan y trabajo
Organizaciones sociales y sindicales marcharon de Liniers a Plaza de Mayo por “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”
“No aceptamos esta Argentina para unos pocos”
Organizada por la Utep junto a la CGT y las dos CTA, la convovatoria trazó un duro diagnóstico social y un urgente llamado a la unidad en la lucha.

“Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”. Una consigna tan concreta como poderosa movilizó a organizaciones sindicales, sociales y políticas a marchar a lo largo de quince kilómetros, partiendo desde Liniers para concluir en un acto en Plaza de Mayo. Fue después de las palabras del obispo García Cuerva y la conmovedora manifestación en el santuario de San Cayetano (ver nota aparte), que todos los años expresa un sentir popular arraigado, pero que esta vez dejó evidenciado algo más en el clima social, una continuidad palpable de la jornada de protesta y represión del jueves frente al Congreso. “Este gobierno no solo ajusta, también necesita construir enemigos. Y ha elegido a los trabajadores y a sus organizaciones como las principales destinatarias de sus agravios”, se denunció en el documento que leyeron integrantes de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular.
Bajo una bandera que reclamaba “Unidad de las trabajadoras y los trabajadores para reconstruir la Argentina”, y junto a referentes sociales y sindicales, las palabras elegidas trazaron un duro diagnóstico, y también un llamado a la acción en unidad.

“Nos quieren convencer de que los trabajadores somos el problema. Pero el problema nunca fue quien trabaja; el problema es un modelo económico que concentra riqueza para unos pocos y condena a las grandes mayorías a la exclusión. El problema es un gobierno que remata nuestra soberanía y le pone el cartel de venta a nuestro territorio nacional”, advirtieron. “Están destruyendo derechos conquistados en décadas de lucha. Quieren imponer una sociedad donde el mercado decida quién merece vivir con dignidad y quién queda descartado. No vamos a aceptar esta Argentina para pocos”.
Junto a la Utep, la CGT, las dos CTA y los distintos sindicatos que las integran dieron muestras de la declamada unidad en la asistencia y la organización. Y con ellos organizaciones como La Poderosa, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (integrado entre otros por Curas en Opción por los Pobres y Curas Villeros), Barrios de Pie, el Movimiento Evita, Cuba MTR, entre muchas banderas.
Pero si hubo una bandera multiplicada en momentos y asistentes, también en cantidad de carteles, remeras, pañuelos y pines, fue la de “Las Malvinas son Argentinas” que quedó como un ícono tras el partido Argentina – Inglaterra.
Junto a esas letras fijadas en aerosol en una sábada de hotel, aparecieron aquí y allá los símbolos de la economía popular. El carrito cartonero, las ollas, los cucharones, los delantales de las que cuidan y dan de comer en los barrios. Ellas marcharon en primera fila y fueron de las primeras en entrar a la plaza, tras la larga caminata.
El homenaje a Taty
Sobre el escenario hubo también un momento para un homenaje a Taty Almeida, a cargo de Adolfo Pérez Esquivel y María Adela Antokoletz, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. “Estamos viendo resurgir la rebelión de las conciencias, la resistencia del pueblo que está harto de la entrega y el desprecio de un presidente que hizo 17 viajes a Estados Unidos y ni uno solo a una provincia, a hablar con un conciudadano”, le dijo el Nobel de la Paz a Página/12.
A sus “recién casi 95 años″, Pérez Esquivel también contó que el jueves intentó llegar a la manifestación en defensa de la tierra, pero la policía se lo impidió. Como a muchos y muchas, el desproporcionado vallado policial y la represión que enseguida empezó a “correr a la gente para afuera de la plaza” lo obligaron a volver sin poder llegar al Congreso. “Si el pueblo se une y resiste, este engendro se termina”, aseguró.
Verdura, leche y solidaridad
La jornada en Plaza de Mayo arrancó a las 11 con un “verdurazo” solidario: cooperativas frutihortícolas de La Plata y la cooperativa láctea Colonia Ferrari distribuyeron 500 litros de leche y 500 kilos de verduras, principalmente de hoja verde. “Acá nadie se salva solo”, resaltaban también los feriantes de la Utep, que montaron sus puestos a lo largo de la calle, frente a la Catedral y la siguiente.
Hubo otras formas de visibilización. Una muestra de fotos en las rejas de la pirámide puso en valor las distintos trabajos de la economía popular. Y mostró datos contundentes: Desde fines de 2023 a abril de 2026 cayeron 141 mil puestos de trabajo. Se incoroporaron más de 400 mil monotributistas. Más de 9 millones de personas trabajan en la informalidad. Argentina es el país con peor salario de la región: 250 dólares, contra los 600 o 700 de Costa Rica, México o Uruguay.
En un pueso informativo se denunciaron las obras en barrios populares paralizadas por el gobierno nacional, con el pedido de “no frenar lo que funciona”. “Si el Estado retrocede, avanza el narcotráfico”, advertía el reclamo por la restitución del FISU, el Fondo de Integración Socio Urbana, que mientras funcionó financió más de 1.200 obras en mil barrios.
Las y los que marcharon
Pasadas las 2 de la tarde, las columnas con un enorme cartel de la Utep y carteles de las distintas organizaciones ingresaron a la plaza por Avenida de Mayo. Al momento del acto alcanzaron las 50 mil personas, según el cálculo de los organizadores.
A las figuras religiosas tradicionales -la Virgen de Luján, San Cayetano, las espigas con la estampita- se sumaron otras como un Papa Francisco “cartonero”, hecho artesanalmente. Y a las consignas de “Unidad de los trabajadores”, las de “La tierra no se vende, se defiende”.

“Reconocimiento salarial para las cuidadoras comunitarias”, pedía el colorido cartel que llevaban las mujeres de las primeras filas. “Fue muy cansadora la caminata, pero hermosa. Es cansador pero da mucha fuerza a la vez”, le dijeron a Página/12 Romina y Lorena, de la organización 25 de Mayo, una responsable de una panificadora, la otra docente a cargo de un espacio de primera infancia.
En el documento consensuado que leyeron, las organizaciones recordaron los 10 años que se están cumpliendo de esta marcha, con esta misma consigna de “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”, renovada cada vez. “Son diez años de este camino colectivo, inspirado en aquella histórica movilización de Paz, Pan y Trabajo de 1982, cuando el movimiento obrero enfrentó a la dictadura cívico-militar marchando desde esta Catedral hasta Liniers”, evocaron. “Esa lucha sigue siendo un faro para quienes creemos que la dignidad del pueblo se defiende con organización y solidaridad”.
Entre las consignas leídas en el escenario, se repitió el pedido de libertad para Cristina Kirchner y para Milagro Sala.
El secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, destacó el amplio acompañamiento social a la marcha, incluido el del moviiento estudiantil. Y agradeció las contundentes palabras del obispo García Cuerca, “su bendición y su acompañamiento, la bendición a las herramientas de trabajo que expresan todo lo que hacen cotidianamente los trabajadores de la economía popular, produciendo y cuidando en las comunidades”.
En la desconcentración, y mientras sonaba el Indio Solari -otro ícono dibujado en las banderas-, el barro de la plaza mostraba todo lo que había pasado allí el día anterior. No solo la lluvia intensa. También algunos papeles y carteles que quedaron recordando una continudidad en la calle.
“Si malo es el gringo que nos compra, peor es el criollo que nos vende. Fijate de qué lado de la mecha te encontrás”, decía un cartel que tenía pintados un hornero y una bandera argentina. Alguien se había ocupado de resguardarlo cuidadosamente entre las rejas de la pirámide. También pasó a formar parte de esta marcha.
La movilización por San Cayetano
Ruegos por el trabajo que falta y para el que lo tiene, que el sueldo alcance
Desde un día antes, los devotos del santo del trabajo y los pobres hicieron fila para poder rezarle y pedirle por el sustento diario. Luego vino la marcha hacia Plaza de Mayo y sus historias.


A las seis de la mañana el termómetro no llegaba a los cuatro grados, pero ya, desde un día antes, había una larga fila de fieles de San Cayetano esperando que el santuario abriera sus puertas. Un escenario y un cartel con la frase “San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo” frente a la fachada. Miles de personas con camperas, bufandas y gorros de lana sacudían sus piernas en silencio o murmurando entre ellos, esperando pacientemente hasta que la puerta que tenía un dintel de lona que decía “Entrada lenta. Toca al Santo” se abriera. Valla de por medio, no había cola, pero sí un camino que llevaba a otra entrada: “Entrada rápida. No toca el santo”. Muy pocos usaron este atajo. La mayoría esperó pacientemente, como Raquel, una mujer de cuarenta y cinco años que, entre tristeza y esperanza, dijo que “Es la cuarta vez que vengo. Yo tuve trabajo fijo hasta el 2023 porque la fábrica en la que trabajaba cerró. En San Vicente. Cerró y nunca más conseguí trabajo, perdí mi obra social, pago alquiler. Tengo dos nenas que todavía estudian y vivimos con lo poco que gana mi marido y los trabajitos que fui consiguiendo en los que me pagan miseria. Fui cajera, atendí un negocio, cuidé viejitos, pero ahora no consigo nada hace un año” y los ojos se le ponen vidriosos mientras aprieta con fuerza una estampita del patrono del laburo. Pedidos y agradecimientos se repiten, pero con ellos historias distintas, pesares comunes y esperanzas compartidas en cada cuerpo y rostro que van despacio a tocar al Santo, a apoyarle una figurita, estatua, prenda de vestir. De manera ordenada y respetuosa, pasan por debajo del cartel para entrar al calor y allí estallan lágrimas, manos que se extienden, rodillas que reverencian mientras en la nave central se oficia misa y los confesionarios están abarrotados y hasta hay cola de fieles que quieren hablar con Dios.
Sobre la calle Cuzco se armó una romería ecléctica de puestitos, todos en fila y con distancia, ordenados, donde se venden estatuas de diversos tamaños, estampitas, pulseras, velas amarillas, inciensos y hasta zhōngguójié, esos nudos rojos trenzados chinos con amuletos budistas o shintoistas. Las espigas de trigo (o pan de la abundancia) son el artículo más buscado y se venden a montones: mil pesos cada uno. Los puestos compiten con los vendedores libres, especie de “arbolitos” de la fe, como Joana, una piba de 22 años de Isidro Casanova que es “vendedora de lo que venga. Hoy estoy acá, pero también vendo sanguches de milanesa a la salida de algunos partidos y domingos en parques. Nunca tuve un trabajo formal ni tampoco mis viejos.”
A medida que va pasando el tiempo, la calle del Santuario se convierte en una peatonal congestionada y se desborda. Cruzando la vía, cuando Cuzco corta avenida Rivadavia, comienzan a concentrarse “los cayetanos”: carteles de la UTEP, CCC, Frente Darío Santillán, CTEP, Movimiento Evita, PCR, Libres del Sur, Barrios de Pie, ATE y CTA Autónoma se despliegan detrás de un bote con ruedas de los Misioneros de Francisco que lleva en su proa una imagen sonriente del entonces Papa argentino. Inmediatamente detrás, un cartel llevado por mujeres trabajadoras con la histórica consigna “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo”. A ese grupo que comienza a congregarse llegan dirigentes como Juan Grabois, Gringo Castro, Leo Grosso, Daniel Catalano, Emilio Pérsico, entre otros. La llegada del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, remueve al grupo. Le piden fotos, besos y bendiciones que él da gustoso y campechano. La llegada del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, también sacude a los asistentes. Micrófono en mano, el arzobispo anuncia que va a bendecir “herramientas de trabajo” antes de comenzar la marcha que llevará hasta la Plaza de Mayo. En filas, mujeres y varones con palas, ollas, cucharones de cocina y máquinas de coser se acercan a García Cuerva, quien desde el micrófono retoma el lema que flamea frente al Santuario: “San Cayetano, aquí está tu pueblo” y pide interceda “por las preocupaciones, dolores y esperanzas del pueblo que cree, porque el trabajo da dignidad y nos convierte en protagonistas de nuestras vidas. Ver trabajadores es un signo de esperanza. Bien ahí por esas herramientas y esas manos que creen en el esfuerzo”. Y pide recordar al papa Francisco y trabajar “por una cultura del encuentro en la que nadie es desechable”.
Luego de la bendición, los grupos se encolumnan y se suman banderas y remeras identificatorias de grupos: Pibes del Pueblo, La Poderosa y la Mesa Ecuménica. Luis María Alman Bornes, de la Iglesia Evangélica Menonita, dice: “Nos sumamos no como un acto de piedad aislada, sino como acto de un pueblo que confía en que la fe se hace cuerpo en el pan compartido… caminamos no para pedir resignación, sino para sostener esperanza activa.”
Esperanza y fe no les faltan a los que marchan: varones y mujeres de sectores populares, de barriadas de Ezeiza, La Matanza, San Nicolás, La Plata, Avellaneda, Moreno, San Martín, Pilar, Quilmes y la Villa 31. Sandra de la Cooperativa Textil Mandarina de Sarandí cuenta: “Éramos veinte compañeras las que trabajábamos. Pero no podemos competir con TEMU ni con SHEIN. Nos reinventamos, comenzamos a hacer ropa de trabajo para mujeres y “productos sensoriales” para personas neurodivergentes (manta con peso para personas con TEA). Hasta sumamos profesionales de salud mental para que nos asesoren. Pero aun así, a pesar de reinventarnos y del apoyo del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y del Municipio de Avellaneda, solo llegamos a pucherear.” Una camioneta de otra cooperativa que se convirtió en un perchero gigante del que cuelgan prendas, le da la razón a Sandra: tiene carteles pegados en sus costados: “Caputo, esta remera no es gringa, pero te quedaría linda”, “Caputo estafador, cerrá la importación” y “Defendamos la industria nacional”. Más industrialistas que la propia UIA.
Durante trece kilómetros los grupos caminaron sin grandes cantos, como en una procesión. De un grupo que llevaba en los hombros imágenes de la Virgen de Luján se improvisó un Ave María. Más atrás se insistió con “La Patria no se vende” y “Universidad de los trabajadores”. Pero se prefirió el silencio, la caminata entre diálogos, mates y sonrisas. Desde las veredas, comerciantes con sus locales vacíos salían a mirar la caminata y, al igual que los transeúntes ocasionales, filmaban con sus teléfonos. No hubo insultos ni agresiones. Algún bocinazo y hasta algún aplauso llegó de alguna de las pocas obras en construcción sobre la avenida Rivadavia.
Al llegar a Plaza Once, el show de “La Ley y el Orden” no se dejó esperar. Con la lógica de la espectacularización macrista, varias motos iban y venían. Ya en el Congreso, donde gran cantidad de columnas de las organizaciones que iniciaron la marcha se sumaron, la seguridad de Diputados dispuso un innecesario vallado sin darse cuenta de que compusieron un llamativo mural en el que se podían leer frases escritas por militantes en las miles de marchas: “Milei vende Patria”, “Patria sí, colonia no”, “Policía trucha”, “Milei es sangre”, entre tantas otras consignas que se convirtieron en el marco en que los peregrinos se abrazaron y continuaron su caminata hasta la Plaza de Mayo, a la que se llegó con el ánimo renovado de algún bombo y redoblante.
Múltiple derrota del Gobierno en una semana
Movimiento de tierra
Es prematuro hablar del fin de la experiencia libertaria, pero el rechazo a la ley de tierras dejó un aire a cambio de ciclo, a punto de inflexión o, al menos, al fin de la impunidad por medidas impopulares.

Múltiple derrota del gobierno en una semana: derrota masiva en Santiago del Estero, derrota fulminante por la ley de la tierra, retiro del embajador de Brasil, marcha masiva y crítica por San Cayetano, 2,9 por ciento de inflación en CABA y la imagen por el piso. El tercer año de un mal gobierno irrumpió con nubarrones, pero el síntoma fue la marcha y el rechazo a la nefasta ley de inviolabilidad del la propiedad privada. Cambio de clima.
Luis Caputo insultó a los industriales por sus críticas mínimas al gobierno porque su fuerte es la renta financiera. De producción no sabe ni le interesa. Este gobierno es un laboratorio o caso testigo del desastre que es la economía “libertaria”.
Tiene superávit en la balanza comercial (por el Vaca Muerta del kirchnerismo y una cosecha récord), déficit cero (porque no hace nada ni paga nada), y el dólar pisado, ofrece condiciones de remate del país a la inversión extranjera con el RIGI y el Súper Rigi, más la baja de impuestos a los ricos y así una larga lista.
Pero la economía se achicó, cayó el consumo, aumentó la pobreza, cerraron fábricas y comercios, cientos de miles perdieron sus trabajos, no controló la inflación, tiene inversión extranjera negativa (se van más de los que entran), se derrumbó la recaudación, destruyó la infraestructura vial y ferroviaria, pulverizó el salario y precarizó el trabajo, la salud y la educación pública y se puede seguir con la lista.
La experiencia argentina ha sido la de un enorme sacrificio para quedar peor de lo que estaba. El fruto de ese esfuerzo se fue para el bolsillo de unos pocos del sector energético y de las finanzas.
Un fracaso rotundo de la mano de aventureros que propusieron liberar la venta de tierras a extranjeros cuando el senador Joaquín Benegas Lynch había montado una inmobiliaria para beneficiarse de esa estafa a la soberanía; impulsaron una ley de “inocencia fiscal” con dos legisladores —José Luis Espert y Lorena Villaverde— involucrados con un acusado de ser el lavador del cartel de Sinaloa, Freddy Machado. Y promovieron una criptomoneda que derivó en una estafa de 200 millones de dólares, al tiempo que en una cuenta que se usaba para pagarle al presidente Javier Milei se depositaban cinco millones de dólares. Para bajar el gasto quitaron el apoyo a los discapacitados, pero coimeaban a los laboratorios por los remedios que les compraban.
Gran parte de la sociedad soportó una humillación tras otra. Sin embargo, el que los insultó y los humilló, ganó las elecciones de medio término. Los sociólogos han explicado de mil maneras este fenómeno de automutilación masiva. Pero ninguna explicación libera de la vergüenza.
Esta semana, los santiagueños demostraron con su voto que para ellos se acabaron los libertarios. Fue ínfima la cantidad de votos que obtuvieron. En esa provincia Javier Milei había sacado más del 30 por ciento. Esta semana, de 194 concejales, los libertarios apenas sacaron 3.
Fue la previa a la convocatoria para rechazar la ley de extranjerización de la tierra. El gobierno no lo vio venir. La estrategia de comprar los votos de gobernadores que habían sido votados para ser oposición y sumarlos a los suyos, a los del radicalismo y el PRO le había permitido aprobar leyes como la Ley Bases o la Reforma Laboral que supuestamente afectaban en forma más directa a la gente en las ciudades. Pensaron que, a lo sumo, habría protestas de pequeños grupos de pueblos originarios y ambientalistas.
En la historia argentina reciente la sensibilidad popular se despertó por medidas inesperadas. El Cordobazo fue por la quita de un plus a los trabajadores; el 19 y 20 de diciembre, por el corralito a los ahorros. El banderazo de la selección nacional en el partido con el seleccionado inglés cruzó los cables del deporte y el orgullo nacional, y apareció la pancarta casera de “Las Malvinas son Argentinas” Hubo cortocircuito entre lo emotivo y lo político y la sociedad se abrió a un despertar del orgullo nacional.
La convocatoria se masificó, sobre todo entre los artistas jóvenes que perforaron el horizonte oscuro que les planteó a las nuevas generaciones este gobierno y esta nueva sociedad de la incertidumbre y la desconfianza. El acto fue impresionante. Muchos pibes nuevos en estas lides. El frío y la tormenta habrán desanimado a los más grandes, pero a ellos les dio épica, una idea del esfuerzo con sentido de comunidad. Las marchas fueron multitudinarias en todos el país. La presencia de Axel Kicillof en el acto porteño, con el peso que implica la presencia del gobernador de la provincia más poblada del país, lo instaló con mucha claridad como la contracara del oficialismo.
Por sus características, el acto tuvo una carga simbólica. La gente se convirtió en pueblo con un sentido de país y de pueblo soberano: un sentido de Nación, no por odio al extranjero, sino por respeto a sus derechos. Fue a defender contra viento y marea, un reclamo de soberanía. Del otro lado, en el Congreso, la represión estaba preparada para hacer una sobreactuación con los que tiraron las primeras piedras en Rivadavia y Callao. Los manifestantes, que estaban en una actitud pacífica, se apartaron del grupo que había comenzado a tirar piedras, pero cuando vieron la violencia desproporcionada de la represión, a partir de allí defendieron su derecho a manifestarse.
Miles de policías de la Federal y porteños, más decenas de prefectos repartieron palos y gases a diestra y siniestra y no pudieron despejar la zona sino hasta cinco horas más tarde. Tiraron gases y balas de goma a los vecinos que aplaudían a la gente desde los balcones y muchos se refugiaron en los bares donde los mozos no dejaron entrar a los represores que los perseguían.
Si en la simbología de ese enfrentamjento, los manifestantes encarnaban la defensa de la tierra, los represores hicieron las veces de ejército de ocupación: Estaban defendiendo el remate indiscriminado del territorio a extranjeros. Cuando los senadores votaron, ya no había gente en la plaza de los dos Congresos. Pero el acto fue un éxito porque tuvieron que sacar varios capítulos al proyecto. Fue una derrota tan fuerte en la calle y en el parlamento, como la de Santiago del Estero en las urnas.
La disputa con Brasil marcó otra derrota para el gobierno. Milei fue a buscarla porque pensó capitalizar con favores de Donald Trump o con un supuesto liderazgo en la ultraderecha de la región. Brasil y China son los dos socios comerciales más importantes del país. Estados Unidos está en tercer lugar, aunque es el primer socio financiero. Pero el comercio con Brasil es el que genera más trabajo y muchos de los acuerdos, como el del área automotriz, son producto de acuerdos entre los gobiernos.
Patricia Bullrich, que aspira a reemplazar a Milei en la Rosada, rogó a Lula que no retire a su embajador, porque el gobierno argentino “no mezcla la política con los negocios”, como si el gobierno de Brasil mezclara ambas cuestiones. Es al revés, los que no mezclan negocios y relaciones con la política interna de otros países han sido gobiernos como los de Lula. Por eso Lula evitó intervenir en la política interna de Argentina. El que mezcló todo fue Milei que ideologizó la política exterior. A todo esto, el canciller Pablo Quirno está de muestra, siempre llega tarde y nunca sabe qué pasó, todavía está esperando el colectivo.
Avanzó 2,9 por ciento, empujado por los servicios y las vacaciones
El dato de inflación en CABA superó al esperado
Muy por encima del 1,8 registrado en junio y también de la expectativa promedio del mercado, que según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyectaba un IPC nacional cercano al 2 por ciento.

La inflación en la Ciudad de Buenos Aires volvió a acelerarse en julio y encendió una señal de alerta de cara al dato nacional que difundirá el Indec la próxima semana. El Índice de Precios al Consumidor porteño avanzó 2,9 por ciento, muy por encima del 1,8 registrado en junio y también de la expectativa promedio del mercado, que según el Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyectaba un IPC nacional cercano al 2 por ciento para el mes pasado. La suba estuvo impulsada por el fuerte incremento de los servicios, el impacto estacional de las vacaciones de invierno y nuevos aumentos en precios regulados.
El dato mostró una aceleración de 1,1 puntos porcentuales respecto del mes anterior y reflejó una marcada diferencia entre la evolución de los bienes y los servicios. Mientras los bienes aumentaron 1,4 por ciento, los servicios avanzaron 3,8: una brecha que explica buena parte del resultado general. Dado que el índice porteño otorga un mayor peso a los servicios que la medición nacional, el registro del Indec podría ubicarse algunos escalones por debajo, aunque el dato de la Ciudad anticipa un freno en el proceso de desaceleración de la inflación.
En el acumulado de los primeros siete meses del año, la inflación en la Ciudad alcanzó 19,4 por ciento, mientras que la variación interanual se ubicó en 33,2.
Los números muestran que, si bien el ritmo de aumento de precios continúa lejos de los niveles registrados durante 2024, la tendencia descendente comenzó a perder fuerza durante el invierno.
Uno de los principales motores de la aceleración fueron los precios estacionales, que aumentaron 10,9 por ciento. Las vacaciones de invierno impulsaron fuertes incrementos en las tarifas de alojamiento en hoteles, los paquetes turísticos y los pasajes aéreos. También incidieron las subas registradas en frutas y verduras, productos que suelen mostrar una elevada volatilidad por cuestiones climáticas y estacionales.
A ese componente se sumaron los precios regulados, que avanzaron 3 por ciento durante julio. Entre los aumentos más relevantes aparecieron las cuotas de los colegios privados, las tarifas de electricidad y las prepagas, todos rubros que continúan ajustándose por decisiones administrativas o mecanismos de actualización previamente establecidos.
En cambio, la inflación núcleo, medida a través del agregado denominado Resto IPCBA, mostró un incremento de 2,2 por ciento. Ese dato sugiere que, descontando los movimientos de precios regulados y estacionales, la dinámica inflacionaria sigue siendo inferior al índice general, aunque también mostró una aceleración respecto de los meses previos.
Entre las divisiones de mayor aumento sobresalió Recreación y cultura, con una suba de 5,8 por ciento, impulsada por el mayor gasto asociado al receso invernal. En segundo lugar se ubicó Restaurantes y hoteles, con 5,3. También se destacó Educación, que aumentó 4,1, mientras que Equipamiento y mantenimiento del hogar avanzó 3,6.
El rubro Transporte registró un incremento de 3,1 por ciento, aunque dentro de esa categoría el transporte de pasajeros aumentó 6,1. El mayor ajuste correspondió a los pasajes aéreos, que se dispararon 21,7, uno de los incrementos más elevados de toda la canasta.
Otros capítulos mostraron variaciones más moderadas. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó 2,7 por ciento; Cuidado personal y protección social, 2,6; Salud y Servicios financieros, 2,4; Información y comunicación, 2,1; Bebidas alcohólicas y tabaco, 2; mientras que Alimentos y bebidas no alcohólicas avanzó 1,9. La única división que registró una caída fue Prendas de vestir y calzado, con una baja de 1,6 por ciento, favorecida por las liquidaciones de temporada.
Dentro del capítulo de alimentos, la evolución volvió a ser dispar. La estabilidad en el precio de la carne, que apenas aumentó 0,2 por ciento, contribuyó a moderar el índice general de alimentos. En sentido contrario, las verduras, tubérculos y legumbres registraron un fuerte incremento de 9 por ciento, compensando parcialmente el menor movimiento del resto de los productos de la canasta básica.
La publicación del índice porteño modifica el escenario que manejaba el mercado apenas un día después de conocerse el REM del Banco Central. Aunque la metodología del IPC nacional difiere de la utilizada por la Ciudad, el dato alimenta las dudas sobre la continuidad del proceso de desaceleración inflacionaria.
Ahora la atención estará puesta en el índice nacional que difundirá el Indec la próxima semana, que permitirá confirmar si la aceleración observada en julio respondió principalmente a factores estacionales o si comenzó una etapa de mayores presiones sobre los precios.
Todo empezó con un trapo


Se les quedó atragantada la entrega, por una vez, nada menos que esta vez. Y fue posible porque hubo una voluntad que se dejó ver adentro y afuera del Congreso, sobre todo afuera, bajo la lluvia y las balas.
La represión demente que desplegaron todo el jueves duró precisamente todo el día porque mucha gente se quedó a pelear. Nunca es pelea real, es cacería, pero el jueves se encontraron con algo compacto y persistente. Con algo que los puso nerviosos y no habían visto últimamente. Se llama pueblo.
Esta iniciativa colonial permitió que cayera la gota que rebasó la copa de la paciencia. Y surgió el rugido que no es el del león, sino el del soberano.
Tenemos que cuidarlo. Este reencuentro con nosotros mismos empezó con un trapo que inesperadamente nos abrió las compuertas de un amor clausurado.
Empezó con ese pedazo de sábana en el que un grupo de pibes argentinos que habían ido al Mundial escribieron “Las Malvinas son argentinas” sin saber que su botella atravesaría el mar de indiferencia y anestesia y nos llenaría de viento la camiseta.
Qué se iban a imaginar esos pibes que hicieron lo que tantos millones de personas hacen diariamente en el mundo, escribir sus carteles, escribir en un trapo o un cartón sus injusticias, el nombre de sus muertos, de sus líderes proscriptos o gritar su furia.
Esta vez el trapo estaba destinado al cenit de la visibilidad pública global, su objetivo y, sobre todo, a ser un dardo amoroso que le iba a devolver a un pueblo dolorido, hecho mierda, deprimido, el recuerdo de su propia vitalidad y su potencia.
Antes del trapo, la muerte del Indio dio las primeras señales, nos arrimó a la gama de sentimientos y sensaciones que no figuran en la dimensión Milei de la existencia: el amor, la ternura, la redención, el tocar fondo y volver a salir gracias a otro, el dar la mano al que todavía está en el fondo.
Todo el recorrido de nuestra hermosa argentinidad siguió siendo un caminito de migas de pudimos dejarnos unos a otros. Pudimos, creo, porque el contexto de aquel trapo histórico parece cincelado por la picardía del papa Francisco: un pico máximo de audiencia global, justo después de un partido que provocó la máxima tensión y un final gritando esos goles con las tripas porque le ganamos a Inglaterra y jamás fue solo un partido de fútbol, sino la sublimación de nuestra impotencia. Y entonces, con los cuerpos exhaustos y las almas en la mano, se hizo visible el trapo.
Después, alguien inventó la manera de que todos pudiéramos imprimir carteles o remeras con la misma tipografía del trapo. Lo vimos hasta en la sopa. Lo elegimos. Decidimos que representaba todo lo que nos habían robado y nos piensan robar estos piratas.
Y el sentido comenzó a deslizarse. Las Malvinas son argentinas y las tierras también. Las Malvinas son argentinas, Lago Escondido también. Las Malvinas son argentinas, el puerto de Ushuaia también. Las Malvinas son argentinas, los discapacitados también. Y así hasta en infinito, porque es infinito lo que Milei y esta banda de chorros de alta y baja alcurnia, asociados con los tecnopiratas que se creen superhéroes, están dispuestos a sacarnos.
En estas notas he venido nombrando como “la mayoría repugnante” a la que ha sostenido a Milei desde otros partidos. Han robado a destajo esos también. Pero esta vez se asustaron.
Porque estos aventureros que vienen apoyando en todo a Milei menos en esto, no se van a ir a un búnker de 4000 metros cuadrados como el que se está haciendo Lewis en su montaña. No se van a ir a Marte con Elon Musk. Estos van a volver a sus pueblos y ahí es el pueblo el que tiene la palabra.
Falta mucho por recorrer. Pero hemos pasado una gran prueba: hay un pueblo que salió unido a defender la supervivencia de su país y la suya propia. Ahora que somos esto, sigamos siéndolo. Fragmentados somos pura impotencia. Unidos, les damos miedo. Nada les más miedo que nuestra comunión.
Se hunden los ingresos, el consumo y la producción
Caída en espiral
La situación de los sectores productivos ligados al mercado interno es cada vez más compleja. Pero Milei se pelea con Brasil y Caputo les dice tarados a quienes alertan por la crisis industrial.

Los ingresos, el consumo y la producción están atrapados en una espiral descendente que los hunde cada vez más. Ya pasaron casi cuatro meses de los que serían los mejores 18 de la economía nacional, según la promesa de Luis Caputo de mediados de abril, y esas tres variables con enorme preponderancia en el humor social siguieron yendo para abajo.
Pero eso no sería lo peor. Lo peor es que no están a la vista las condiciones para salir del agujero, que se hace más y más profundo.
La primera condición es que el Gobierno reconozca el problema, pero en lugar de ello, esta semana Caputo les dijo “tarados” a quienes advierten por la destrucción del aparato industrial, Milei desató una crisis inédita con Brasil y casi toda la energía del oficialismo estuvo puesta en dar batalla para que los extranjeros puedan comprar hasta un pueblo entero, como dijo el canciller Pablo Quirno, y habilitar negocios inmobiliarios en terrenos incendiados.
Fuera del Congreso, el Gobierno se dedicó a reprimir salvajemente a un pueblo movilizado contra lo que visualiza como un saqueo, del presente y del futuro, en el marco de una acelerada degradación de la convivencia democrática.
Esta vez, la lucha de afuera logró derrotar los planes del Gobierno y las iniciativas no pasaron la votación del Senado.
Sin embargo, la crisis que castiga a las mayorías populares se advierte en cada nuevo indicador:
* En junio, la cantidad de cheques rechazados por falta de fondos aumentó 5,9 por ciento respecto de mayo y subió un estrepitoso 57,3 por ciento en comparación con junio de 2025.
* El salario real del sector privado acumula una caída del 10,3 por ciento desde el inicio de la actual gestión, según estimó FIDE al comparar la evolución de los ingresos con la inflación que surgiría de utilizar la canasta de gastos de los hogares de 2017, que el Gobierno no quiere aplicar y por lo cual renunció el titular del Indec, Marco Lavagna, a principios de año.
* En el sector público, el retroceso de los salarios asciende al 23,5 por ciento desde que gobierna Milei, también con la medición alternativa de la inflación, que debería ser la oficial.
* En conjunto, el salario real promedio de los trabajadores registrados se redujo 15,1 por ciento desde noviembre de 2023. Esta pérdida es 6,4 puntos porcentuales superior a la que se desprende de la información oficial, que utiliza la canasta de consumo 2004, con menor ponderación de los tarifazos de luz, gas, transporte y agua.
* Por la destrucción de empleos y la baja de ingresos, más de un millón de personas perdieron la prepaga, la obra social o la mutual desde noviembre de 2023. El número es bastante superior: 1.246.285 personas, por lo cual ese universo pasó a representar el 35,6 por ciento de la población, contra el 32 por ciento de noviembre de 2023, señaló la UBA en otro informe.
Sin salida
“La situación de los sectores productivos ligados al mercado interno es cada vez más compleja. No están a la vista las condiciones que permitan proyectar una salida de la espiral contractiva que afecta a los ingresos, al consumo y a la inversión interna”, insiste FIDE.
Mientras no suban los sueldos y las jubilaciones por arriba de la inflación, el consumo seguirá sumergido, y con ello la producción.
La situación es crítica porque los salarios atraviesan una larga etapa, de más de una década, de contracción en su capacidad de compra.
“La caída actual se produce sobre niveles de remuneración históricamente bajos”, alerta el informe.
La masa salarial —es decir, la porción del ingreso total apropiada por los trabajadores— se redujo 11,5 por ciento en términos reales entre el primer trimestre de 2017 y 2026. Considerado en términos per cápita, incluyendo a los ocupados formales e informales, la caída del ingreso laboral por trabajador asciende al 25,6 por ciento.
Pero el Gobierno, además de despreocuparse por la caída del salario, aprieta con los aumentos de servicios públicos. El gasto en electricidad, gas, agua y transporte pasó de representar casi el 6 por ciento del salario en diciembre de 2023 a cerca del 15 por ciento en la actualidad, explica FIDE.
“El crecimiento del endeudamiento de los hogares y, especialmente, el aumento de la morosidad, tanto bancaria como no bancaria, constituyen otra de las principales contracaras del deterioro de la capacidad de compra de las familias”, contextualiza.
Frente a esta situación, el Gobierno reproduce la actitud indiferente que exhibe frente a los problemas de la economía real que, lejos de resolverse, se profundizan.
En este caso, el planteo de que la mora es “una cuestión entre privados” ignora que el Banco Central tiene facultades para intervenir a través de distintas herramientas para regular las condiciones del crédito y de las tasas de interés.
“Precisamente, facultades que le habilita el objetivo múltiple que debería guiar a la política monetaria, cambiaria y financiera; facultades que aspira a derogar a través de la reforma de la Carta Orgánica y el regreso al mandato único”, completa FIDE, que encabeza Mercedes Marcó del Pont, impulsora de la Carta Orgánica vigente, que incluye como objetivos el crecimiento con inclusión y la expansión del empleo, lo que Milei y Caputo buscan desterrar.
1500 heridos y 28 detenidos en la manifestación del jueves
El Gobierno responde con balas y denuncias ante la protesta
Monteoliva pidió que se investigue la manifestación frente al Congreso como atentado al orden constitucional y acto de terrorismo.

La represión a quienes se movilizaron en forma pacífica contra la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada –como la llama el Gobierno— derivó en 28 detenciones y dejó a cerca 1500 personas con heridas por el uso descontrolado que hicieron las fuerzas de seguridad de gases, balas de goma y camiones hidrantes, según relevó la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). Una vez más, hubo un ensañamiento particular con trabajadores/as de prensa. Una fotógrafa seguía en observación con fractura de cráneo. Con una fórmula que ya es habitual, el Ministerio de Seguridad contraatacó con una denuncia presentada en Comodoro Py como para justificar el operativo brutal desplegado. Pidió que se investigue la protesta como un supuesto atentado al orden constitucional y acto de terrorismo, como si se hubiera querido obstaculizar la sesión del Senado. No es la primera vez que apela a esa estrategia que a la larga no prosperó en ningún caso.
“Cuando hay discusiones centrales para el gobierno y un fuerte rechazo en la plaza, la represión es más alzada como pudimos ver esta semana”, dice Victoria Darraidou, a cargo del equipo de Violencia Institucional del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en diálogo con Página/12. “Hubo escenas inusitadas: un hidrante contra un colectivo de línea, Prefectura tirando gas lacrimógeno a la cara, a corta distancia, hacia fotógrafos que registraban los abusos y detenciones arbitrarias. Policías levantando casquillos para limpiar rastros de la violencia”, describe.
La escena del jueves último fue nítida: lo único que buscaba el Gobierno era vaciar la Plaza Congreso en el momento que empezaban a llegar la mayor cantidad de manifestantes, en plena tarde, cuando muchos/as terminan de trabajar. No quería miles de personas concentradas. Pese a la lluvia y a que el oficialismo había sacado del proyecto el artículo que habilitaba la venta sin límite de tierras a extranjeros, la protesta se hizo igual con un pedido para que la iniciativa fuera rechazada por completo. Consiguieron apoyo, finalmente, la habilitación de desalojos express para quienes se demoran en el pago del alquiler y las restricciones al Estado para expropiar. La Libertad Avanza tuvo que resignar, en cambio, la alteración de la Ley de Manejo del Fuego que protege bosques y humedales de los mecanismos de especulación inmobiliaria.
Mientras transcurría el debate y crecía la movilización, las fuerzas de seguridad comenzaron su ofensiva habitual. Con camiones hidrantes hicieron el primer intento por romper la marcha, para dispersar a la gente. La violencia policial fue en aumento y las persoas eran empujadas hacia afuera de la Plaza, pero muchos manifestantes regresaban. La reacción de las fuerzas de seguridad fue cada vez más feroz y se extendió hacia la avenida 9 de julio.
La CPM estimó cerca de 1500 personas heridas ante el lanzamiento “de manera indiscriminada de gases químicos, bombas de gas lacrimógeno, y agua a presión”. Los agentes “desde las calles laterales al Congreso, sobrepasaron el vallado y comenzaron a avanzar sobre las personas, utilizando todo el armamento”, señaló el organismo, que presentó una denuncia penal por su “ilegal e ilegítimo” “con la finalidad de impedir o limitar los derechos constitucionales de la libertad de expresión y de peticionar a las autoridades”, lo que incluyó “la detención masiva de personas en forma arbitraria”.
En la presentación, que quedó radicada en el juzgado de Julián Ercolini, la CPM se refirió, entre otros episodios, a la situación de la fotorreportera que sufrió un traumatismo de cráneo y que el viernes por la tarde seguía en observación en el Hospital Argerich. SiPreBA y Argra informaron que se encontraba estable. Tiene una fractura en la base del cráneo, del lado izquierdo, que es evaluada por especialistas en neurología y otorrinolaringología.
El Comité Nacional para la Prevención de la Tortura (CNPT) describió en un comunicado que “la gravedad de los hechos incluyó la represión a manifestantes en un radio que excedió ampliamente los perímetros de corte vehicular disparando por arriba de la cintura y apuntando a la cabeza a muy poca distancia”. “El uso desproporcionado de la fuerza se prolongó por casi cinco horas”, advirtió.
Las detenciones
El Mecanismo para la Prevención de la Tortura de la Ciudad de Buenos Aires relevó 21 detenciones realizadas por fuerzas federales (15 varones y seis mujeres). El primer grupo fue detenido a las 18:30 en Solís e Hipólito Yrigoyen. El segundo grupo, alrededor de las 21 y un tercero a las 23. Estos últimos también en la zona cercana al Congreso. La Policía de la Ciudad detuvo a siete varones y tres mujeres alrededor de las 19.45. Fue en distintos puntos, incluso alejados del Congreso, como avenida de Mayo y 9 de julio, Avenida Callo y Perón, Sarmiento y Riobamba y Corrientes y Callao.
Su situación quedó a cargo de la Unidad de Flagrancia Este, a cargo de Pablo Caputo. Más de la mitad habían recuperado la libertad hacia la tarde. La principal imputación –un clásico para acusar gente en las movilizaciones—es atentado y resistencia a la autoridad. Al liberarlos la fiscalía les puso una restricción: la prohibición a acercarse a 500 metros del Congreso, algo llamativo teniendo en cuenta que por ahora no hay ningún elemento concreto para atribuirles ningún delito.
“La represión iniciada en el horario en que gran parte de la población sale de sus trabajos y podía sumarse al rechazo de la ley, tuvo un fin claro de amedrentamiento a la protesta. Es una constante de este gobierno, utilizar la represión para impedir la expresión del desacuerdo de la sociedad. Las detenciones fueron claramente arbitrarias, sin un fundamento de daño o agresión concreta, casi con el único objetivo de justificar la propia represión”, señaló Lisandro Teszkiewicz (Peronismo x la Ciudad), que representa a un grupo de detenidos.
“Ante este nuevo avance represivo de este gobierno, que dejó centenares de heridos, reafirmamos que al ajuste de la clase trabajadora y la venta de nuestras tierras por parte de los Bullrich, Caputo y Milei, lo quieren hacer pasar con represión. Enfrente hay un pueblo solidario y consciente que se organiza y resiste en las calles”, sostuvo Emanuel Luis Zuccolo, abogado de Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), quien también lleva adelante algunas de las defensas.
La denuncia de Monteoliva
Como ya hizo en otras oportunidades, el Gobierno presentó su propia denuncia penal donde acusa a los manifestantes de protagonizar “actos violentos y antidemocráticos” con el objetivo de “inhibir y/u obturar en forma parcial o plena la actividad legislativa”. Es el camino que utiliza para justificar el desquicio de los agentes de las fuerzas de seguridad nacionales y porteña que, evidentemente, iban con una consigna específica de disolver la protesta. La sesión, queda claro, no peligró en ningún momento ni el edificio del Congreso ni nada similar. La movilización era pacífica y la cuota de violencia que se advierte en las imágenes conocidas hasta el momento se origina en las fuerzas de seguridad. Pero en la presentación la ministra Alejandra Monteoliva pide que se investigue “a manifestantes que arrojaron piedras, escombros y objetos contundentes contra los efectivos” que, alega, lo único que hacían según esta versión era “garantizar el orden, la seguridad y el ejercicio regular del derecho a manifestarse”.
El Ministerio de Seguridad pide que se investiguen los delitos de atentado al orden constitucional, invoca hasta actos de terrorismo, daños y atentado y resistencia a la autoridad. Ya usaron la misma fórmula o similares en febrero último y, por ejemplo, con la protesta contra la Ley Bases. En este caso piden que se salga a pescar imágenes para imputar delitos. La denuncia es genérica. Quedó radicada en el jzugado 7, de Sebastián Casanello, aunque lo subroga María Servini.
El CNPT expresó su “preocupación” por esta nueva denuncia “presentada por autoridades nacionales contra los manifestantes por los delitos de atentado al orden constitucional y democrático y el encuadre de la denuncia en los tipos penales agravados por la denominada Ley Antiterrorista”. “El CNPT –dice en su comunicado– recuerda que es deber del Estado garantizar y proteger el derecho a la protesta y a la libertad de expresión y reunión pacífica, y que toda actuación de las fuerzas de seguridad debe adecuarse a los estándares nacionales e internacionales de derechos humanos, en particular a los principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad y rendición de cuentas”.
La Argentina de Milei, donde conseguir empleo se volvió una odisea
El infierno de buscar trabajo: cientos de currículums, larga espera y menos puestos registrados
En dos años y medio de gobierno libertario se perdieron más de 340 mil trabajos formales. El empleo “refugio”, última trinchera para sostener ingresos, también se derrumba. Un tercio de los despedidos tardan un año en encontrar un nuevo puesto. ¿Cómo es salir a buscar trabajo en la Argentina de Milei? El crudo relato de los desocupados.


Durante más de una década, Maximiliano M. trabajó como abogado en un organismo estatal encargado de regular y controlar a múltiples empresas. Desde que accedió al empleo en 2014 obtuvo ascensos y reconocimientos, recibió capacitaciones y llegó a quedar a cargo de un área entera. Sus jefes lo impulsaron a profundizar sus estudios con una maestría y habitualmente destacaban su labor. Pero a mediados de 2025, mientras se encontraba de vacaciones, fue despedido junto a una decena de compañeros. Entonces, comenzó un verdadero infierno: la carrera por encontrar un empleo antes de que se agotaran la indemnización y los ahorros, y mientras mes a mes son cada vez más los trabajadores que se caen del sector formal.
“Desempleo blue”: el enorme universo de desocupados a los que el INDEC no reconoce
El absurdo consejo del “gurú” económico de Milei a los despedidos
Como él, miles de argentinos navegan a diario por decenas de portales especializados en búsquedas de empleo, pasan largas horas frente a la pantalla en redes sociales como Linkedin, destinan su tiempo a enviar currículums por mail y llevarlos presencialmente a empresas o comercios, incluso sin la esperanza de obtener una respuesta, van a ferias estatales que promocionan contrataciones directas y les cuentan a sus conocidos y allegados que están en busca de trabajo, como si se tratara de una botella arrojada al mar con esperanza.
Pero aún así, muchos naufragan en un mar de incertidumbre, en un contexto donde la competencia por un puesto en relación de dependencia en el sector formal con vacaciones pagas, aguinaldo y obra social es feroz, incluso aunque el salario esté muy por debajo de lo necesario para vivir con dignidad.
“Es un contexto de mucha crueldad, muchos no te pueden ayudar, la contratación en blanco, con aportes y obra social, es muy difícil”, cuenta a Página/12 el abogado, padre de dos hijos pequeños, que estuvo un año desempleado, estirando la indemnización para llegar a fin de mes, hasta que accedió a un empleo en un puesto similar, aunque con un salario inferior y peores condiciones de contratación. En ese período, tuvo trabajos freelance, aunque sin alcanzar un gran flujo de clientes. “Es desesperante. Tengo la fortuna de haber conseguido un nuevo empleo, pero es de peor calidad que el anterior, tengo menos derechos”, cuenta.
San Cayetano, yo te pedí una mano
Así las cosas, este viernes el santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, registró una masiva convocatoria de fieles que llevaron una plegaria para pedir empleo al santo al que la tradición católica asocia con el pan y el trabajo. Desde la madrugada hubo largas filas para entrar a la iglesia y se oyeron críticas al gobierno por la crisis económica.
Como cada año, San Cayetano se transformó en una caja de resonancia de las principales preocupaciones de miles de personas: la falta de trabajo, el deterioro del poder adquisitivo y la ausencia de expectativas positivas de cara al futuro.
“Todos los años nuestro pueblo se manifiesta enormemente, muchos para agradecer, otros para pedir más y mejor trabajo. También para tratar de tener un trabajo más digno, llegar a fin de mes, o por la enorme preocupación de la gente por los créditos con los que se han endeudado y los asfixian, son muchas las preocupaciones de la gente”, declaró el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva.
La casta eran los trabajadores
Desde noviembre de 2023 se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, a razón de 385 por día, según datos del Centro de Economía Política (CEPA) basados en información oficial que brinda el Estado a través de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT). Los principales rubros afectados son la industria, la construcción y el comercio.

La radiografía muestra una fractura del mercado laboral: en el primer trimestre de 2026 el desempleo trepó al 7,8 por ciento, según datos del Indec. A finales de 2023 alcanzaba al 5,7 por ciento. En estos dos años, la informalidad saltó del 35,7 al 44,2 por ciento.
La desocupación se siente con fuerza en el Conurbano, donde ascendió al 9,7 por ciento, impulsada por el cierre de pymes y comercios y el derrumbe de la obra pública; aunque la región con mayor desempleo es San Nicolás-Villa Constitución, donde alcanzó al 10,4 por ciento de la población económicamente activa, que responde a una crisis profunda del cordón siderúrgico y metalúrgico. La firma Acindar, motor productivo en la zona, redujo su producción a la mitad y despidió en los últimos años a más de 600 empleados y alcanzó acuerdos de retiros voluntarios.
En la Argentina de Javier Milei la industria perdió 52 mil puestos de trabajo el último año, de acuerdo con un informe elaborado por el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA). Desde agosto de 2023, la pérdida asciende a casi 90 mil puestos en el sector industrial.
Incluso se vieron afectados empleos en los rubros “estrella”, que según el gobierno serán el motor económico del país a futuro, como minería y petróleo: entre diciembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron 8.532 puestos, según datos de la Secretaría de Trabajo. En 2025, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, había prometido que la minería generaría una reactivación del empleo, con un millón de puestos. Pero en Chile, donde la industria minera es fomentada hace décadas por el Estado, hay alrededor de 300 mil puestos.
Y mientras el gobierno fomenta el discurso de que los desocupados busquen alternativas en el sector petrolero, mudándose a ciudades cercanas al yacimiento de Vaca Muerta, en Neuquén, el intendente de Añelo, Fernando Banderet, pidió recientemente a quienes buscan una salida laboral que no se muden con sus familias a la zona porque que no hay tantos puestos disponibles y la infraestructura no es suficiente. Especialistas como Hernán Letcher, del CEPA, han asegurado que es imposible que sólo dos rubros puedan absorber los más de 300 mil empleos perdidos.
El investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA – Autónoma, Luis Campos, afirma que las peores tendencias del mercado laboral se intensificaron en los últimos dos años, aunque señala que “hace muchos años no se genera empleo formal de manera sostenida”. “La situación ya estaba mal en 2023, pero ahora se potenció mucho”, advierte el experto en diálogo con Página/12.
Campos señala que el mercado laboral seguirá deteriorándose. “Los sectores ganadores del actual modelo son muy claros: el gobierno dice que Argentina tiene que enfocarse en minería, agroindustria a gran escala, petróleo y gas y a lo sumo economía del conocimiento. Pero son sectores que no demandan muchos puestos de trabajo”.
Si el gobierno logra consolidar el proceso de reestructuración general de la economía, las consecuencias excederán una crisis coyuntural y a futuro el panorama será aún más desolador. Campos avizora que “sobrarán muchos millones de personas”. “¿Y qué harán? Hacer lo que encuentren. La mayoría de la población vivirá mucho peor”, enfatiza.
Filas, angustia y decepción
Buscar trabajo en Argentina se ha transformado en un verdadero infierno. Según el informe Mercado de trabajo del Indec del cuarto trimestre de 2025, publicado en marzo de 2026, un tercio de las personas con búsquedas activas (30,9 por ciento) demora más de un año en encontrar un nuevo empleo. El 24,6 tarda de uno a tres meses; el 15,9 de los desocupados lleva buscando menos de un mes; el 14,9 tarda de tres a seis meses y el 13,7 restante lleva entre medio año y un año buscando.
De acuerdo con los indicadores, casi un tercio de los desempleados enfrenta situaciones de desocupación de larga duración. Y los jóvenes son los más afectados: el 51 por ciento de los desocupados argentinos tiene entre 14 y 29 años, la mayoría son hombres (27,9 por ciento frente a 23,1 por ciento).
También aumentó la cantidad de personas que llevan más de un año buscando empleo (del 27,6 al 30,9 por ciento entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025), y se registró un aumento en las búsquedas recientes: el segmento de quienes buscan hace menos de un mes subió del 13,2 al 15,9 por ciento en un año, un reflejo más de la pérdida de empleo reciente.
“Estoy buscando trabajo hace tiempo, y aunque aparecen ofertas, nunca te llaman. Es muy complicado sostenerse, tiro currículums por todos lados pero no pasa nada”, cuenta a Página/12 Daniel, desocupado hace siete meses, cuando lo despidieron de una empresa de logística en la que era empleado hace ocho años.
Y aunque tuvo algunas entrevistas, “no hay caso”, dice. “El día a día es difícil”, asegura, “es una constante de pensar qué hacer, intenté salir a vender cosas a la calle, pero tampoco es sencillo. Si bien tengo casa propia, se hace muy complicado llegar a fin de mes, tengo tres hijas”, relata.
A Daniel, además, le da bronca encontrar carteles en comercios y empresas que rezan “se necesita empleado con ganas de trabajar”. “Yo hace siete meses estoy sin trabajo y tengo muchas ganas, es difícil ver esos mensajes. En este tiempo me endeudé. Y veo que hay gente que está peor, como dice Guido Kaczka, ‘estoy mal pero no tan mal’. Para comprar comida y servicios necesito ganar 1.200.000, pero los sueldos que se ofrecen son de 800.000, 700.000, tengo conocidos a los que les ofrecieron 450.000 por ocho horas”, asegura.
El empleo refugio también se desploma
En la actualidad hay aproximadamente la misma cantidad de asalariados registrados que en 2014, pero aumentó la cantidad de trabajadores que se incorporaron al mercado. “Principalmente fueron a trabajar por cuenta propia, que es lo que está creciendo en el gobierno de La Libertad Avanza”, sintetiza Campos.
La caída del empleo formal coincide con el desplome del consumo, la apertura indiscriminada de importaciones y la falta de competitividad, que han afectado a miles de compañías. De acuerdo con el CEPA, entre noviembre de 2023 y abril de 2026 cerraron 28.262 empresas, alrededor de 30 por día.

Y aunque el presidente Milei ha celebrado en varias ocasiones que en su gobierno se crearon más de 110 mil empleos, se trata de trabajo en el sector informal (cuentapropistas que se inscribieron en el monotributo y los informales totales), como choferes y repartidores en aplicaciones. Y además, esa trinchera que operó como el último refugio frente a la pérdida de un trabajo en relación de dependencia también comenzó a desmoronarse: según datos oficiales, en abril el monotributo registró una caída de 11 mil puestos.
“Son estrategias de supervivencia”, dice Campos. “Es salir a hacer lo que se pueda. Venta ambulante, manejar un Úber, preparar comida en casa y venderla en redes sociales o entre conocidos”, enumera. “Hay un deterioro muy fuerte del mercado laboral, y puede que por ingresos haya más trabajadores por encima de la línea de pobreza, pero porque trabajan más horas o tienen peor cobertura social, con menos derechos laborales, sin vacaciones ni aguinaldo y si se enferman no pueden trabajar y no cobran”, analiza.
Alcanza con levantar la cabeza en las calles, donde hay cada vez más vehículos de apps de traslado de pasajeros, con choferes agotados que conducen hasta 16 horas de corrido para reunir una cantidad de dinero que justifique poner el auto en marcha; y cada día se observan miles de motociclistas con mochilas de reparto de comida que invaden las calles en los principales centros urbanos.
Sin embargo, la rentabilidad está por el suelo debido a la caída de la demanda producto de la crisis de consumo, un exceso de oferta de conductores y repartidores y el aumento de costos fijos, como el combustible, que sólo en lo que va del año se incrementó un 30 por ciento. A finales de julio, la Fundación Encuentro precisó que un repartidor debió completar 453 pedidos para reunir $ 1.531.473, equivalente al costo de la Canasta Básica Total.
Según el Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación hay alrededor de un millón de trabajadores entre todas las apps. Aunque muchas no dan números oficiales, Cabify reportó un aumento de 30 por ciento de conductores, y Rappi del 38 por ciento de los repartidores durante el último año.
El informe “Radiografía del trabajo mediado por plataformas en Argentina”, elaborado por investigadoras del Conicet y el Instituto Gino Germani, indica que un tercio de los trabajadores de apps tiene además un empleo en relación de dependencia y más de la mitad tienen otros trabajos por fuera de esas aplicaciones.
“Es frustrante enviar currículums y que no pase nada”
Elizabeth, de 55 años, busca empleo hace ocho meses. Durante años trabajó en comercios, fue recepcionista, tuvo un local propio y trabajó de forma independiente, tiene múltiples estudios y capacitaciones. Pero aún así, no logra ni siquiera que la llamen para una reunión. “Mandé cientos de currículums, pero es muy frustrante, yo tengo capacidad de trabajo y experiencia”, relata a Página/12.
A finales de julio fue a Expo Empleo Barrial, una feria organizada por el gobierno porteño donde empresas privadas ofrecían 400 puestos y se inscribieron 5.000 personas. “Quiero seguir superándome, pero la situación te tira para atrás. Hoy el sueldo que ofrecen es de un millón de pesos, que no es mucho, pero sirve antes que nada”, dice, y resume el pesar de estar desocupada: “El día a día es difícil”.
Mil currículums y ningún empleo
En redes sociales son cada vez más los mensajes y consultas por búsquedas de trabajo. En Reddit, un foro comunitario con miles de usuarios, cientos preguntan qué estrategias utilizan para conseguir un empleo. “¿Está bien $850 mil por seis horas?”, consulta una persona que trabaja en una pyme haciendo múltiples tareas; “llevo un tiempo mandando currículum a varias búsquedas y la mayoría ni siquiera contesta”, cuenta otro; “ya no sé qué hacer, no me toman en ningún lado, salgo a tirar CV y nada”, relata otra; “¿Cómo hicieron ustedes? Estoy frustrado y harto”, lamenta otro.

Página/12 abrió una consulta allí y en pocas horas obtuvo cerca de 100 relatos de trabajadores que buscan una oportunidad laboral y día a día naufragan en la búsqueda. “¿Qué tan difícil es encontrar empleo en Argentina?”, preguntó este diario.
“Llevo más de 1.000 currículums enviados en seis meses. Tengo 15 versiones del CV adaptadas para diferentes rubros, como limpieza, administrativo, recepción, atención al cliente”, cuenta a este diario una joven de 23 años que vive en zona sur y prefiere resguardar su nombre.
Además, cuestiona la utilización de inteligencia artificial en áreas de Recursos Humanos. “No sólo se encargan de leer tu currículum, sino también de entrevistarte. Es inhumano que tu próximo empleo dependa de un robot. Los jóvenes recibimos ofertas de trabajos por comisión, siempre con un mensaje largo donde nunca aparece una remuneración, pero sí ‘premios’”.
Ella asegura que muchos jóvenes se sienten parásitos al no poder independizarse, más aún al comparar su situación con la que atravesaban sus padres a su misma edad. “Resulta imposible ahorrar si no conseguimos un trabajo en esta edad donde tenemos tiempo y todas las ganas de aprender”, sintetiza.
Otro usuario, anónimo, agrega: “En carne propia te puedo decir que perder un laburo es como si te cortaran una parte de tu cuerpo y esa no es la parte más dolorosa: es muy difícil conseguir otro”.
Nathalie, una freelancer de 36 años que dicta clases de inglés, busca empleo para complementar sus ingresos. “Muchos alumnos dejaron porque no tenían dinero. Empecé a buscar trabajo en el exterior porque en Argentina no encuentro ofertas, tengo formación. Siempre estoy buscando y moviéndome, pero se vuelve agotador. La situación está muy complicada, mi poder adquisitivo se redujo de manera considerable”.
Maximiliano repasa sus doce meses sin empleo y con ingresos ínfimos. “La situación es tremenda. Nos quieren desesperados, endeudados, con hambre. Es desesperante porque el contexto no ayuda para nada. Es una angustia pensar cómo pagar las cuentas mes a mes”, reflexiona. “Así, nadie decide bien en su vida. Es como la canción de No te va a gustar: con hambre no se puede pensar”.
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Informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)
Golpe a golpe: Buenos Aires, el lugar donde más se siente la crisis económica de la era Milei
Con el 38 por ciento de la población argentina y una parte decisiva de su aparato productivo, el deterioro bonaerense desde 2023 aparece en casi todos los frentes. Un estudio del Cepa revela datos de empleo, morosidad, consumo, industria, tarifas y recursos fiscales a la baja.
Por Victoria Gert

Los números que reunió el Observatorio Económico de la Provincia de Buenos Aires del CEPA muestran una economía que no logra recuperar dinamismo. Desde la llegada de Javier Milei se perdieron 91.270 puestos de trabajo registrados en territorio bonaerense, cerraron 7.625 unidades productivas, hay casi 2,2 millones de deudores morosos y el consumo sigue por debajo de 2023. Al mismo tiempo, los servicios aumentaron mucho más que los salarios y los recursos disponibles para la Provincia y los municipios muestran una caída real.
El Centro de Economía Política Argentina nació en 2012 e integrada por profesionales de distintas disciplinas. Según su propia definición institucional, nació para intervenir en los debates económicos mediante informes, estudios y trabajos académicos con rigurosidad técnica y un lenguaje accesible. Además de analizar empleo, salarios, precios, tarifas, industria, energía y finanzas, trabaja con observatorios específicos y produce periódicamente informes de coyuntura.
El documento sobre la provincia de Buenos Aires fue elaborado por su Observatorio Económico PBA. El propio informe explica que su objetivo es “monitorear la evolución de las principales variables económicas y sociales” mediante información estadística oficial y compararlas con el promedio nacional. La referencia temporal principal es noviembre de 2023, último mes completo antes del cambio de administración nacional.
La conclusión general del CEPA es contundente. La provincia “muestra un deterioro sostenido de sus variables económicas desde noviembre de 2023, con peores resultados en casi todos los indicadores que el promedio nacional”.
Uno de cada cuatro empleos perdidos estaba en Buenos Aires
El primer dato es laboral. Desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026 se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en unidades productivas de todo el país. De ese total, 91.270 correspondieron a la provincia de Buenos Aires.
Es decir, el 26,7 por ciento de todos los empleos registrados destruidos en la Argentina se perdieron en territorio bonaerense. En términos porcentuales, el empleo registrado cayó 3,2 por ciento en la provincia.
El CEPA no presenta ese movimiento como una simple sustitución de un tipo de empleo por otro. Advierte que “la pérdida de empleos registrados implica un deterioro en la calidad del empleo que lo reemplaza” y lo vincula con “la flexibilización y precarización laboral” y con la caída de actividad en los sectores que generan empleo.
También aparece un indicador especialmente sensible: el trabajo en casas particulares.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 8.114 puestos registrados de trabajadoras de casas particulares en Buenos Aires, una caída del 4,7 por ciento. Representan el 28,1 por ciento de todas las bajas registradas en el país en esa actividad.
La interpretación del CEPA es explícita: “los hogares de clase media ya no pueden sostener esa fuente de empleo”. Y agrega que el impacto tiene “un fuerte sesgo femenino”, porque se trata de una de las actividades más feminizadas del mercado laboral.
Los indicadores generales confirman el deterioro. En el primer trimestre de 2026, la tasa de empleo bonaerense fue del 43,4 por ciento, contra 44,8 por ciento en el promedio nacional. La desocupación llegó al 9,7 por ciento, frente al 7,8 por ciento nacional. Y la subocupación alcanzó el 12,1 por ciento, un punto por encima del promedio del país.
Casi 2,2 millones de bonaerenses en mora
El segundo fenómeno es el endeudamiento. La provincia concentra 7.732.613 deudores, equivalentes al 36,4 por ciento del total del país. De ellos, 2.195.427 están en situación de morosidad. Eso representa el 37,4 por ciento de todos los deudores morosos argentinos.
Según la metodología del informe, se considera moroso a quien no registra pagos durante 90 días.
La tasa de mora por cantidad de deudores llega al 28,4 por ciento en Buenos Aires, ligeramente por encima del 27,7 por ciento nacional. Pero cuando se mide el monto adeudado la diferencia se amplía: 11,9 por ciento en la provincia contra 9,7 por ciento en el conjunto del país.
El informe destaca que el problema recae sobre las personas mucho más que sobre las empresas. La mora de las personas alcanza el 28,5 por ciento por cantidad de deudores y el 17,8 por ciento si se mide por monto. En las empresas, en cambio, la mora por monto es de apenas 3,1 por ciento. La conclusión del CEPA es que “las personas explican casi la totalidad del problema de mora provincial”.
Los jóvenes son los más afectados. Entre quienes tienen entre 20 y 24 años, la morosidad llega al 37,7 por ciento. En los menores de 20 años ronda el 35 por ciento. A partir de los 40 años empieza a ubicarse por debajo del promedio.
También importa quién prestó el dinero. La mora entre los clientes de bancos es del 18,8 por ciento. Entre quienes se financiaron con fintech, tarjetas no bancarias, mutuales, cooperativas y otros prestamistas, trepa al 34,1 por ciento.
El precio de los servicios corrieron mucho más rápido que los salarios
La desaceleración de la inflación mensual no elimina otro problema central: qué precios aumentaron y cuánto representan sobre el ingreso familiar.
Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, el nivel general de precios acumuló un aumento del 327 por ciento en el Gran Buenos Aires, siete puntos por encima del promedio nacional. Pero los servicios esenciales aumentaron todavía más: Transporte, 423 por ciento. Comunicación, 443 por ciento. Y Vivienda, que incluye gas, electricidad y agua, 555 por ciento.
El dato más gráfico aparece cuando se compara la canasta de servicios con el salario.
En diciembre de 2023, la canasta de agua, electricidad, gas y transporte representaba el 19 por ciento de un salario mínimo. En junio de 2026 pasó a representar el 80,2 por ciento. Sobre el salario promedio pasó de 5,1 a 13,6 por ciento.
El CEPA señala que mientras la remuneración promedio del sector privado registrado creció 286 por ciento desde diciembre de 2023, el colectivo aumentó 1.450 por ciento, el subte 1.926 por ciento, el tren 977 por ciento y la canasta de electricidad, gas y combustibles 919 por ciento.
El informe resume el efecto de esta política en una frase: el ajuste tarifario “golpeó con mucha mayor intensidad a los ingresos más bajos, ampliando la desigualdad en el acceso a servicios básicos”.
Hay además una observación metodológica relevante. El CEPA sostiene que la canasta utilizada actualmente por el INDEC para calcular el IPC refleja patrones de consumo de 2004. Si se utilizara la canasta más actualizada de 2017-2018, calcula el centro, la inflación acumulada desde diciembre de 2023 sería del 373 por ciento y no del 320 por ciento a nivel nacional.
Cerraron 7.625 empresas y cuatro de cada diez máquinas están paradas
El frente productivo completa el cuadro. La provincia de Buenos Aires concentra el 40 por ciento de los establecimientos productivos del país. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, la actividad industrial bonaerense acumuló una caída del 1,2 por ciento. El promedio de actividad entre diciembre de 2023 y abril de 2026 estuvo 6,1 por ciento debajo del nivel de noviembre de 2023.
En mayo de 2026 la utilización de la capacidad instalada industrial fue de apenas 58,4 por ciento a nivel nacional. En otras palabras, unas cuatro de cada diez máquinas estaban sin utilizar.
Algunos sectores se encontraban todavía peor. La metalmecánica, excluido el sector automotor, utilizaba sólo el 38,7 por ciento de su capacidad. Caucho y plástico, el 39,6 por ciento. Textiles, 42,2. Y la industria automotriz, 45,5 por ciento.
El CEPA resume su interpretación con una definición política: “en el gobierno de Milei la industria no forma parte de las políticas económicas”.
El número que mide la destrucción de tejido empresario es todavía más fuerte. Desde la asunción de Milei hasta abril de 2026 cerraron 28.262 unidades productivas en todo el país. De ellas, 7.625 estaban en la provincia de Buenos Aires.
La cantidad de empresas registradas bonaerenses pasó de 153.497 a 145.872. La pérdida fue del 5 por ciento. Buenos Aires explica el 27 por ciento de todos los cierres empresariales del país.
El informe advierte que “no son solo números”. La desaparición de una empresa significa perder inversiones, proveedores, capacidades productivas y puestos de trabajo que pueden demandar años para reconstruirse. Por eso la considera “uno de los daños más persistentes sobre el entramado económico”.
Menos consumo y menos recursos
La consecuencia aparece finalmente en las cajas de los supermercados y centros comerciales.
En mayo, las ventas reales de supermercados mejoraron respecto de abril. Pero en la comparación contra mayo de 2025 seguían cayendo 6,2 por ciento en toda la provincia, 7,7 por ciento en el Gran Buenos Aires y 2,6 por ciento en el interior bonaerense.
El rebote estuvo concentrado además en algunos rubros favorecidos por el Hot Sale, como electrónicos y artículos para el hogar. En cambio, según el CEPA, “la mayoría de los rubros vinculados al consumo cotidiano continúa mostrando caídas interanuales”.
En los centros de compras el deterioro es todavía más visible. En mayo de 2026 las ventas reales en el GBA cayeron 9,1 por ciento interanual. Y si se comparan los primeros cinco meses de 2026 con el mismo período de 2023, la contracción llega al 27,5 por ciento.
La síntesis del CEPA es que “tanto los supermercados como los centros comerciales muestran que el consumo continúa en una fase contractiva” y que la pérdida de poder adquisitivo sigue afectando la demanda interna y la actividad económica provincial.
A este cuadro se suma el frente fiscal. Durante el primer semestre de 2026, las transferencias por coparticipación nacional a Buenos Aires cayeron un 2,1 por ciento real respecto del mismo período de 2025. En junio, la caída interanual fue del 4 por ciento, aunque el propio CEPA aclara que parte de esa baja responde a un cambio en el calendario de vencimientos de Ganancias y Bienes Personales.
Al mismo tiempo, la recaudación tributaria propia de la Provincia muestra una tendencia declinante en términos reales. Ingresos Brutos explica el 76 por ciento de esos recursos, de modo que la caída de la actividad económica se transmite directamente a las cuentas provinciales.
El resumen ejecutivo registra además una contracción real interanual del 15 por ciento de la recaudación propia en mayo. El resultado combinado es una menor disponibilidad de recursos para la Provincia y para los municipios.
El cuadro que describe el CEPA es así circular. Se pierden empleos y empresas. Los salarios pierden terreno frente a los servicios. Aumenta el endeudamiento y la mora. Cae el consumo. Se debilita la producción. Y cuando se reduce la actividad también cae la recaudación necesaria para sostener salud, educación, infraestructura y políticas públicas.
No son indicadores aislados. Son distintas caras de un mismo proceso económico. Y, según el Observatorio del CEPA, la provincia de Buenos Aires lo está sufriendo con una intensidad superior al promedio nacional.
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