Ediciones Era: luto latinoamericano
Ediciones Era publicó de última hora un comunicado donde consigna que “reduce al mínimo sus operaciones”, ante la consideración de que “las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes”

18 de agosto de 2026 07:08
Ediciones Era anunció ayer su cierre definitivo a causa de la inviabilidad económica de proseguir sus operaciones. En un comunicado dirigido a clientes y amigos, la casa editora dio a conocer que “a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros. La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas 25 por ciento de lo que eran antes”.
La pérdida de Era trasciende el ámbito comercial o bibliográfico para convertirse en un duelo colectivo en la cultura, la política y la sociedad de México y América Latina. Más que una editorial, se apaga una de las trincheras intelectuales de las izquierdas, un espacio que durante generaciones dio voz a la disidencia, al rigor estético y a la convicción transformadora en momentos en que la censura y la represión pretendían imponer el silencio.
El sello fue fundado en septiembre de 1960 por tres integrantes del exilio español: Neus Espresate, José Azorín y Vicente Rojo. Desde su nacimiento, hizo saber su vocación de parteaguas: el primer título al cual se alude líneas arriba fue nada menos que La batalla de Cuba, reportaje realizado por Fernando Benítez y Enrique González Pedrero, que hasta hoy es fundamental para entender la verdadera dimensión histórica de la revolución cubana. Once años después, Era se atrevió a imprimir La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska, una obra que ninguna editorial orientada al lucro habría publicado por la evidente animadversión que generaba en el régimen ese documento clave para la memoria histórica del país.

La impresionante reunión de plumas cobijada por Era incluyó a Malcolm Lowry, José Revueltas –cuyas obras probablemente habrían quedado inéditas por décadas sin la valentía de Era–, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso, Sergio Pitol, Friedrich Katz, Adolfo Gilly, Efraín Huerta, Juan Gelman, Eliot Weinberger, Carlos Fuentes y muchos otros. Allí se editó el primer poemario de José Emilio Pacheco, y allí el Premio Cervantes publicó el resto de su poesía y su narrativa. Además, se tradujo a Gramsci y a György Lukács; y se publicó a uno de los más insignes marxistas mexicanos, Adolfo Sánchez Vázquez. También fue la casa de Pablo González Casanova, quizá el sociólogo más importante de nuestro país y sin duda uno de los pensadores más lúcidos y comprometidos de nuestros siglos XX y XXI. Su revista Cuadernos Políticos fue el foro en el que se suscitaron los más importantes debates de la intelectualidad progresista en las décadas de 1970 y 1980, es decir, cuando México se convirtió en refugio para las grandes mentes que huían de las dictaduras auspiciadas por Washington en América Latina y el Caribe. En artículos de Cuadernos y en libros de Era se encuentran algunas de las páginas más importantes de la teoría de la dependencia, la propuesta conceptual latinoamericana más trascendente, el intento más acabado de explicar el origen y las peculiaridades del subdesarrollo en el subcontinente. Ya en la década de 1990, Era dio voz a los testimonios del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya causa fue central en el pensamiento de González Casanova y renovó a las izquierdas mexicanas.
Que una casa editorial con semejante patrimonio no pueda sostenerse bajo las reglas del modelo económico actual evidencia las fallas estructurales de un sistema que valora las ideas en función de su rentabilidad. El cierre de Ediciones Era exige una reflexión urgente sobre la necesidad de proteger la edición independiente y la soberanía cultural ante un mercado que sólo es libre de nombre, pero en realidad está controlado por un puñado de corporaciones. La despedida de Era es un llamado a sostener la trinchera del pensamiento verdaderamente crítico y a defender la cultura como derecho inalienable de los pueblos.
Era surgió en el momento preciso para ser la voz de una generación, y desaparece víctima del cambio de época: más allá de la vigencia de su catálogo y de la necesidad de que las nuevas generaciones conozcan la praxis de Revueltas, la mordacidad de Monsiváis y la perenne lucha contra el imperialismo, lo cierto es que hoy las pantallas desplazan al papel; la capacidad de atender lecturas extensas y complejas se reduce por el ansia de inmediatez; las causas revolucionarias son aplastadas por el consumismo, pero también por un capitalismo mucho más salvaje que el de 1960, en el cual los jóvenes deben resolver lo inmediato y no parece quedar tiempo para hacer la revolución.
Ediciones Era reduce al mínimo sus operaciones tras 66 años de historia editorial
18 de agosto de 2026 21:06
Ediciones Era publicó de última hora un comunicado donde consigna que “reduce al mínimo sus operaciones”, ante la consideración de que “las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes”.
A continuación, el documento íntegro:
Muy queridos lectores de Era:
El pasado 5 de agosto, Ediciones Era cumplió 66 años. Pocas editoriales en lengua española pueden mirar hacia atrás y encontrar lo que nosotros encontramos: un catálogo que ayudó a formar a varias generaciones de lectores, que dio a la cultura mexicana algunos de sus clásicos indiscutibles y que acompañó a los grandes escritores de nuestro tiempo desde sus primeras páginas. Ese catálogo -los libros de arte y los infantiles, los pequeños y hermosos volúmenes de poesía y cuento, las grandes novelas, las biografías, la crónica- existe, permanece y seguirá leyéndose. Nada de eso se cierra.
Lo que hoy anunciamos es que Ediciones Era reduce al mínimo sus operaciones. Sabemos que las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes, pero esto es lo que está sucediendo.
El mundo cambió. La pandemia transformó de raíz el ecosistema del libro en México: las formas de vender, de comprar, de leer y de acompañar a los lectores dejaron de ser las que conocimos durante décadas. Nosotros lo intentamos todo para adaptarnos -y lo hicimos con la misma convicción con la que siempre hemos trabajado-, pero llegó el momento de reconocer que el equilibrio que sostenía nuestro modo de hacer libros ya no existe.
Era ha sido siempre fiel a sus principios: publicar con rigor, con belleza y con libertad, sin sacrificar jamás la calidad por la conveniencia. Precisamente por esa fidelidad, preferimos poner orden en casa y tener cuentas claras que traicionar lo que hemos sido. Lo hacemos por decisión propia y con la frente en alto. Ésa también es una forma de coherencia.
No hay tristeza que borre el orgullo de lo hecho. Sesenta y seis años de libros. Millones de lectores. Autoras y autores que confiaron en nosotros sus obras y su vida. Un equipo que dedicó la suya entera a construir este catálogo. Eso no lo detiene ninguna circunstancia: los libros de Era seguirán en las bibliotecas, en las manos y en la memoria de quienes los leyeron y de quienes los descubrirán mañana.
En los próximos meses realizaremos varias ventas de nuestro fondo en librerías, con espacios amigos y en ferias de todo el país, incluyendo joyas de archivo de nuestros primeros años. Será nuestra manera de celebrar, junto a ustedes, esta historia: que los libros de Era lleguen a la mayor cantidad de manos posible. Estaremos también en la feria del Zócalo, donde los esperamos con enorme cariño.
A nuestros lectores, a nuestros autores, a los libreros y a todos los que han hecho posible este viaje largo y hermoso: gracias. Era es posible por ustedes y vivirá en ustedes.
Con gratitud y con orgullo,
Ediciones Era
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