El nombre exacto de lo que tenemos en Ceuta
El endurecimiento del discurso y de las políticas migratorias en toda Europa, que va más allá de la ultraderecha, no sería tan fácil si no fuese acompañado de una progresiva deshumanización de las personas migrantes. Empezando por la forma de referirnos a ellos



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“Miles de invasores siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de magrebíes y subsaharianos siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de migrantes siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de personas migrantes siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de personas siguen en las calles de Ceuta”. “Miles de personas, muchas de ellas vulnerables y menores, siguen en las calles de Ceuta”.
Parafraseando el verso mil veces parafraseado de Juan Ramón Jiménez: intelijencia, dame el nombre exacto de las gentes que malviven en Ceuta desde hace semanas. Todas las denominaciones del párrafo anterior se han pronunciado en los últimos días. Las palabras nunca son inocentes, y según cuál elijas, cambia radicalmente la percepción, y también las consecuencias y las responsabilidades. No es lo mismo si los vemos como invasores (atacantes que deben ser repelidos, con violencia si hace falta), como magrebíes y subsaharianos genéricos o migrantes aún más genéricos (una masa amorfa y zombi, que puede ser tratada a bulto), o si hablamos de personas (sujetos de derechos, individualizables).
Lo mismo con los menores: no pediremos la misma atención si los vemos como niñas, niños y adolescentes, que si los llamamos fríamente “menores no acompañados”, que es un término administrativo. Y no digamos si nos referimos a ellos como “menas”. Cada denominación justificará o hará inaceptable unas medidas u otras: su traslado a la península, su atención y protección, o su expulsión sin miramientos.
El nombre importa, siempre. No se siente la misma vergüenza si los abandonados durante semanas en una playa, en el monte o en la calle, son invasores (y además violadores, delincuentes en potencia y transmisores de enfermedades), que si se trata de personas, tan personas como cualquiera de nosotros, y que, por tanto, deberían haber sido atendidas por el gobierno mucho antes. Incluso si nuestra opción preferente es que vuelvan todos a Marruecos, no los expulsaremos igual si los vemos como carne de cañón de disputas geopolítica, que si los consideramos personas con derechos y dignidad.
El endurecimiento del discurso y de las políticas migratorias en toda Europa, que va más allá de la ultraderecha, no sería tan fácil si no fuese acompañado de una progresiva deshumanización de las personas migrantes. Empezando por la forma de referirnos a ellos, poniendo distancia, dejando de verlos como iguales, negándoles humanidad o directamente odiándolos. Ha sucedido a lo largo de la historia con cualquier colectivo al que se quisiera oprimir, negar derechos o incluso exterminar: primero había que negarles la condición humana.
Frente a la deshumanización, que no es solo nominal pero también es nominal, peleemos por humanizarlos, por rehumanizarlos, empezando por el lenguaje.
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La última mañana del campamento del Trampolín: “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver a Marruecos”
- Keriz, Hassan o Hamza son algunos de los miles de migrantes que han abandonado entre la incertidumbre el campamento improvisado levantado en la playa para ser reubicados en espacios habilitados por las autoridades
- — PP y Vox redoblan su ofensiva contra el Gobierno por la crisis de Ceuta mientras niegan su ayuda para resolverla

Ceuta —
20 de agosto de 2026 21:21 h
Actualizado el 21/08/2026 09:04 h
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Pasan unos minutos de las siete de la mañana cuando comienza un éxodo de miles de personas. Alrededor de 4.000 migrantes, entre los de origen magrebí y de países del África Subsahariana, reciben la orden de agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional de dejar la Playa del Trampolín. En ese pedacito de litoral próximo a las instalaciones del CETI se levantaba hasta la fecha un campamento improvisado en el que se han alojado desde su entrada a España entre el pasado 30 y 31 de julio. El miedo y la incertidumbre se hace patente al abandonarlo.La policía traslada a miles de migrantes de la playa ceutí de Trampolín hacia los nuevos espacios de acogida
“No sabemos qué va a ser de nosotros ni dónde nos llevan”, grita nervioso Ahmed, uno de los últimos en irse poco antes de las diez. Algunos abandonan hasta las chanclas por la acera que está frente al arenero. Allí quedan las construcciones en caña, madera y plástico que montaron para tener un techo y protegerse de las altas temperaturas.
Allí también queda una silla. Es la misma en la que hasta hoy mismo ofrecía cortes de pelo Keriz, un chaval de 24 años de Fez que trabajaba como barbero en Tetuán, a escasos quince minutos de Ceuta. Como tantos, acudió a Castilllejos para cruzar a España a través del Tarajal el pasado 30 de julio. “Llevo más de 20 días viviendo aquí”, cuenta a elDiario.es señalando a la playa.
Cuenta que comía “una vez al día”, por la noche, aunque tampoco se queja. Sí le perturba la incertidumbre, teme que le acaben devolviendo a Marruecos. “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver allí”, apostilla casi a modo de súplica. Justo se cruza uno de sus amigos del campamento improvisado, Hassan, que grita: “A Marruecos no, a Marruecos jamás”, mientras hace un gesto cruzando los brazos.

Los agentes se llevaron primero a las personas de origen subsahariano. Lo hicieron cuando el sol apenas se alzaba. Pronto formaron una larguísima fila que embocaba hasta la barriada de Benítez. Según fuentes del Ministerio de Migraciones, la idea es trasladarlos a los campamentos levantados en Loma Margarita y en el embolsamiento de Loma Colmenar, espacio habitualmente usado para repartir tickets a quienes quieren cruzar en coche la frontera hacia Marruecos.
Sin embargo, los migrantes decían no saberlo, lo que generó nerviosismo. Al ver acercarse las decenas de furgones policiales, algunos salieron corriendo, mientras la Guardia Civil les mostraba el camino hacia la gigantesca fila humana que desfilaba abandonando el Trampolín. Muchos se iban con los bártulos. Con bolsas con ropa y otros materiales. Otros sin nada, e incluso había quien se escondía con éxito entre arbustos situados a pie de playa.
Con la marcha del grueso del primer grupo comenzaron a llegar los operarios de la empresa municipal de limpieza para tratar de recuperar la normalidad en la playa.
Hacia las once quedaban únicamente formadas dos columnas de migrantes esperando a ser trasladadas. Una junto al agua, la otra en el lado contrario de la carretera. En la primera se encontraba Vincent, el menor huérfano que en días previos animaba a otros jóvenes actuando con la cara pintada a lo Charles Chaplin frente a la Jefatura de la Policía Nacional, haciendo más amena su espera para su filiación. Aún hoy, con el mismo maquillaje, mantenía buen espíritu en pleno traslado, cargado con bolsas con los disfraces que había usado en días previos.

Hamza, de 32 años, fue uno de los últimos en partir. “Espero que donde nos lleven podamos estar mejor”, comentaba una vez informado que su destino era un campamento organizado. Sin embargo, como Keriz y Hassan, rechazaba volver a Marruecos: “Necesito trabajar y comer”.
Atrás queda el campamento de la Playa del Trampolín. Un asentamiento formado una vez las Fuerzas de Seguridad condujeron y acordonaron en el lugar a los migrantes el 31 de julio. Desde entonces las personas allí asentadas construyeron cabañas e iniciaron incluso actividades económicas, como la citada barbería o un mercadillo de ropa, tabaco, comida y útiles varios.
Por la tarde, centenares de personas volvieron a la playa. Algunos para recoger sus cosas y otros con intención de qudarse. Sin embargo, la policía asegura a este medio que se irán trasladando a los centros habilitados.
Asociaciones humanitarias como Elín venían denunciando el mal estado en el que se encontraban las personas allí desplazadas. Hablaban de horas de espera para unos quesitos, dos piezas de bollería, una pieza de fruta y un zumo. Alimentos que, tal y como confirmaba este jueves Keriz, debían durarles “todo el día”.
No sabemos qué va a ser de nosotros ni dónde nos llevan
Ahmed
También generaba preocupación a las ONG la falta de higiene. Fuentes gubernamentales, incluida la ministra de Sanidad, Mónica García, señalaban en los últimos días la importancia de trasladar a campamentos correctamente equipados a las personas migrantes para que puedan ser atendidas por personal sanitario.PP y Vox redoblan su ofensiva contra el Gobierno por la crisis de Ceuta mientras niegan su ayuda para resolverla
El próximo paso del Ejecutivo pasa por abrir el Centro de Atención Temporal a Emigrantes (CATE) en una nave del Tarajal. La idea es que opere a finales de mes y que sirva como espacio para filiar a todos los migrantes, tramitando sus expedientes de expulsión del país o de asilo, en caso de que así lo soliciten. El Gobierno local, en colaboración con el Estado, también espera habilitar en el mismo polígono varias instalaciones para acoger a los menores no acompañados, dado que los espacios abiertos hasta ahora ya se encuentran completos con más de 1.300 jóvenes instalados.
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