Una red ultra de EEUU e Israel utiliza Ceuta para atacar España
De la crisis fronteriza a la humanitaria: la encrucijada de Ceuta para la política nacional e internacional de Pedro Sánchez


- El Gobierno asume que la solución en Ceuta llevará tiempo por la falta de colaboración de Marruecos en el retorno de menores y el largo proceso administrativo que afrontan los solicitantes de asilo: “Lo que no vamos es a incumplir la ley”
- — De Italia a Alemania: cómo buena parte de Europa ha regularizado a migrantes pese a las actuales críticas a España
21 de agosto de 2026 21:48 h
Actualizado el 22/08/2026 05:30 h
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Una tormenta de verano perfecta. De la amenaza fronteriza al drama humanitario, la crisis de Ceuta la conforman varias crisis superpuestas convertidas ya en vías de agua para la política nacional e internacional del Gobierno de Pedro Sánchez. La entrada de 80.000 personas por la frontera de El Tarajal el pasado 30 de julio significó, según el propio presidente, “una violación de la integridad territorial” de España. Pero ese, en realidad, solo fue el principio. Porque de esa emergencia, atajada en buena medida en cuestión de horas con el retorno de la mayoría de migrantes, se derivaron otros muchos frentes, todos aún abiertos tres semanas después, y que abarcan el enfrentamiento con socios europeos, las dudas sobre la vecindad de Marruecos, la ofensiva de Estados Unidos e Israel o la gestión del ingente flujo migratorio.La última mañana del campamento del Trampolín: “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver a Marruecos”
El más acuciante de todos esos frentes es, sin duda, el humanitario. Tras dos semanas sin apenas respuesta por parte de las administraciones públicas, el Gobierno central se afana al fin en buscar soluciones de acogida temporal a las miles de personas que permanecen en Ceuta desde finales de julio y que se han visto abocadas a acampar en playas, montes, acantilados o en plena calle. Y sin acceso a agua potable, comida, aseo personal o un lugar donde dormir. Una situación que cada día que pasa tensiona un poco más a la sociedad ceutí.
Dieciocho días después del inicio de la crisis, la ministra Elma Saiz anunció esta semana la instalación de nuevos emplazamientos con hasta 1.800 camas bajo carpas para atender a una demanda, en realidad, muy superior. Esa falta de capacidad, acuciada según el Ejecutivo central por la poca colaboración del gobierno de la ciudad autónoma, impone un escenario insostenible en un territorio de apenas 20 kilómetros cuadrados que ha visto alterada su cotidianeidad de forma radical. Y la complejidad de esa gestión, admiten en el propio Gobierno, “es terrible”.
“Tenemos a miles de personas en las calles de Ceuta a las que estamos intentando buscar una solución en base al interés de los ceutíes, por supuesto, pero también del respeto a la ley. La propuesta del PP y Vox de que esas personas simplemente desaparezcan es muy irresponsable. Están mintiendo a la gente y eso puede tener consecuencias. Los migrantes no van a desaparecer de Ceuta porque tienen unos derechos, nosotros unas obligaciones y el proceso es, además, muy largo”, razonan desde el seno del Ejecutivo, donde admiten sin ambages que aún no se ha tomado una decisión sobre cómo gestionar un flujo migratorio que ha desbordado a la ciudad autónoma.
Por el momento, las administraciones públicas tienen divididas en dos grandes grupos a las personas migrantes que permanecen en suelo ceutí. Por un lado, los menores de edad, en su inmensa mayoría marroquíes de origen. La intención del Gobierno, que es su regreso a Marruecos, concuerda con la exigencia del ejecutivo local y del propio PP. Pero choca con la realidad que dibuja la filiación de miles de niños y niñas que se niegan a volver a sus casas.
“Es muy fácil lanzar eslóganes y proclamas políticas, pero la realidad es otra cosa. No hay niños o niñas filiados que hayan pedido volver a sus casas, ni hay familias marroquíes que los estén reclamando. Y Marruecos no se hace cargo de los niños que no vayan a volver con sus padres. Yo le preguntaría a Feijóo qué haría él con estos niños y niñas. ¿Qué se supone que debemos hacer? Pues lo que estamos haciendo: cumplir con nuestra obligación legal de velar por el interés de esos niños y darles acogida hasta que se encuentre una solución”, relata un miembro del Gobierno que participa en las reuniones interministeriales sobre esta crisis.
Bloqueado de facto el retorno a su país (entre otras cosas, por la falta de colaboración activa del gobierno marroquí), el objetivo es que algunos de esos niños y niñas puedan, efectivamente, ser reagrupados con familiares directos fuera de Marruecos, dado que muchos de ellos tienen parientes en otras zonas de España o incluso en países de la Unión Europea. Un proceso que, en cualquier caso, resulta de extrema complejidad y es, por tanto, lento. La única salida alternativa es la incorporación de esos menores al sistema de atención español dependiente de unas comunidades autónomas que, gobernadas en su gran mayoría por PP y VOX, se muestran completamente hostiles a esa acogida.
Ante ese callejón sin salida, desde el Ministerio de Juventud e Infancia de Sira Rego se puso esta semana sobre la mesa una alternativa: que 500 niñas que permanecen en situación de especial vulnerabilidad en Ceuta sean trasladadas de forma temporal a la Península para ser acogidas por recursos del Estado con la gestión directa de organizaciones dedicadas a la protección de la infancia. Es decir, sin implicar en esa gestión a las comunidades.
La propuesta, que no solo permitiría una situación humanitaria más digna a esas niñas, sino que aliviaría la presión sobre los recursos de Ceuta, fue rechazada de plano por el Partido Popular. “Ni mayores, ni menores. Han de regresar todos. Deben volver bien de manera voluntaria o mediante expulsión. Pero todos. Y cuando digo todos, son todos. En ningún caso puede crearse un precedente perverso de otorgar derechos a quien ha participado en una invasión ilegal”, dijo de manera solemne desde Ceuta el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, junto a Juan Jesús Vivas.
Cuestionados por si esa fórmula del traslado temporal a la Península podría ser replicable para otros casos más allá de las niñas, en el Gobierno se muestran pesimistas. “Esto ya no es solo la ultraderecha, que por supuesto también. Es que tenemos a todo el mundo diciendo que no pongan un pie en la Península. Vox, el PP, el Gobierno de Ceuta, Bruselas, Meloni, Dinamarca… Lo que implica eso es que entonces será Ceuta quien asuma sola la acogida de estas personas mientras se resuelven sus casos. Porque claro que queremos devolver la normalidad a Ceuta, pero solo podemos hacer cumpliendo la ley”.
Y, por otro lado, están los adultos demandantes de asilo. En su inmensa mayoría personas de origen subsahariano, aunque también hay documentados casos de gazatíes que huyen del genocidio israelí, el proceso al que se enfrentan es igualmente complejo. Esas demandas de asilo deben ser estudiadas, gestionadas y respondidas de manera individualizada. Y eso implica un trámite burocrático durante el cual las personas solicitantes también tienen unos derechos regidos por ley. En concreto, no ser expulsados mientras se tramitan sus expedientes y ser acogidos de manera temporal hasta obtener una respuesta administrativa.De Italia a Alemania: cómo buena parte de Europa ha regularizado a migrantes pese a las actuales críticas a España
Incluso en el caso de que esas demandas de asilo sean mayoritariamente desestimadas, algo que no es descartable en función de los datos oficiales de concesiones en España, el proceso implica que la respuesta se puede demorar meses. Un tiempo que amenaza con convertir a Ceuta en un polvorín social, y en un drama humanitario. Y que mantiene al Gobierno atrapado en una crisis migratoria que la derecha y la ultraderecha han demostrado en toda Europa saber rentabilizar como nadie.
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La resistencia de los derechos de la infancia en Ceuta
- La ciudadanía está en riesgo de no percibir -hasta que le toque cerca y ya sea demasiado tarde- que cuando la infancia deja de ser un concepto universal y se divide en categorías, caen los derechos de una infancia detrás de otra


21 de agosto de 2026 21:48 h
Actualizado el 22/08/2026 05:30 h
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La puesta en escena de Markus Lammert, portavoz de la Comisión Europea, diciendo que todas las personas migrantes que permanecen en Ceuta -incluida la infancia en movimiento -deben ser retornadas a Marruecos, nos deja un regusto a crisis de las democracias europeas que da un poco de susto. Por eso deberíamos mantenernos alerta, porque en la batalla contra los derechos de las personas migrantes no está en riesgo solo sus derechos, sino también la efectividad del Estado de Derecho que protege a toda la ciudadanía europea y la credibilidad de nuestras instituciones en defensa de los Derechos Humanos.
He estudiado el nuevo Pacto Europeo de Asilo y Migraciones y sé que es un mecanismo diseñado fundamentalmente para reducir al máximo la llegada de personas migrantes a nuestras fronteras y para que el retorno sea lo más efectivo y rápido posible. No me engaño con esta Europa que busca un equilibrio imposible con las fuerzas de ultraderecha, que han hecho de las personas migrantes su señuelo para captar votos y su excusa para recortar derechos de sus nacionales y erosionar su democracia. Sin embargo, confiaba en que las instituciones europeas protegerían a la infancia y su posición reforzada, al menos, en la misma medida que lo hace la ley para garantizar y proteger sus derechos.
Es un hecho que en Europa convivimos con fuerzas políticas que amenazan las diversas democracias que la componen e incluso la propia composición de su unión política y económica. Por eso, debemos ser extraordinariamente responsables y firmes en la defensa de los valores que nos son propios y que robustecen nuestro sistema democrático. Ese rigor debe hacerse efectivo, también, en las formas de comunicación pública. Es imperativo evitar situaciones de desinformación como la vivida, en las que nuestros responsables institucionales y políticos presenta como posible, ante la ciudadanía, un espacio de no derechos para la infancia vulnerable, más propio de regímenes autoritarios que de democracias liberales.
Frente a la insistencia del ejecutivo comunitario europeo y de diversos representantes políticos de nuestro país de que todas las personas menores de edad tienen que ser retornadas, debemos enarbolar la ley: las repatriaciones de la infancia migrante no pueden ser ni masivas, ni colectivas, ni rápidas, ni automáticas, y han de estar supeditadas siempre al interés de la niña, niño o adolescente.
Así lo exige el artículo 35.5 de la Ley de Extranjería -interés del menor, audiencia, informes preceptivos y garantía de reagrupación familiar o puesta a disposición de servicios de protección-. En similares términos se expresa la Directiva Europea de Retorno. Y el nuevo Reglamento Europeo -aún pendiente de entrada en vigor- mucho más cruel y duro que la directiva que derogará también mantiene y exige la evaluación individual, las garantías procesales y, siempre, valoración del interés superior del menor.
Varias resoluciones de la Sala Tercera del Tribunal Supremo así lo corroboran. Entre ellas, la sentencia que declaró ilegales las devoluciones de menores de Ceuta a Marruecos en 2021 por la “absoluta inobservancia” del procedimiento establecido en la Ley de Extranjería, que exige actuación individualizada, audiencia del menor e intervención del Ministerio Fiscal.
No hay la más mínima señal jurídica a favor del retorno propuesto por algunos de nuestros representantes políticos que, con sus declaraciones, se sitúan en la órbita del negacionismo de los derechos de la infancia en movimiento. Hasta el punto de que sus irresponsables planteamientos pueden estar incitando a la repetición de acciones que ya han sido calificadas como delito, como acredita la condena de la Audiencia Provincial de Cádiz a la exdelegada del Gobierno en Ceuta y a la exvicepresidenta segunda de la Ciudad Autónoma a nueve años de inhabilitación especial para cargo público por un delito de prevaricación administrativa en las repatriaciones de 2021, en las que el tribunal consideró probado que actuaron “a sabiendas de su injusticia”, sin seguir procedimiento legal alguno, ignorando las advertencias internas de la jefa del Área de Menores, que manifestó su “absoluta discrepancia” porque resultaba imposible la devolución sin sujeción a la Ley de Extranjería, a la legislación de menores y a la Convención de Derechos del Niño.
Parecía existir un consenso, que podría ser clasificado de universal, en torno a la idea de proteger de forma reforzada los derechos de la infancia. Sin embargo, hoy esta máxima está en riesgo. La facilidad con la que la ciudadanía valida la disminución de las garantías en la protección de las niñas, niños y adolescencia migrante bien puede ponerse en relación con un marco de creciente insensibilidad global, propiciado por el influjo de una Comunidad Internacional que, impasible ante los crímenes de guerra contra la infancia gazatí, permite que el genocidio siga su curso. Y así, recibimos el impacto de cientos de imágenes que miramos desde nuestros teléfonos móviles -bebés asesinados, niñas y niños amputados o disparados a bocajarro- que dispara nuestra tolerancia a la barbarie y, con ella, a la normalización de la reducción de los estándares de garantías de los derechos de una infancia abandonada.
La ciudadanía está en riesgo de no percibir -hasta que le toque cerca y ya sea demasiado tarde- que cuando la infancia deja de ser un concepto universal y se divide en categorías, caen los derechos de una infancia detrás de otra. Surge con ello la idea de infancias prescindibles o infancias parcialmente protegidas que rompen el consenso internacional de que todas las infancias se defienden siempre, frente a cualquiera y en toda circunstancia.
Quienes nos reconocemos en el humanismo jurídico llevamos meses advirtiendo que las democracias liberales desaparecerán al mismo tiempo que lo haga el último superviviente del genocidio palestino.
Pero aún no todo está perdido. Hoy, en Europa y en España, frente a la frivolidad de quienes señalan a la infancia migrante con el frío de una Europa que, de momento, no existe, resiste la civilizada ternura del Estado de Derecho Europeo, que no permite que los derechos de las niñas, niños y adolescentes en movimiento se congelen a la intemperie de nuestras fronteras.
Ceuta: el Gobierno llega tarde y el PP va sin frenos
- El Ejecutivo no ha estado a la altura en la gestión de la crisis migratoria mientras Feijóo intenta sacar rédito con apelaciones a incumplir la ley y mensajes cada vez menos diferenciados de Vox
- — Feijóo pide la expulsión de todos los migrantes de Ceuta: “Ni mayores ni menores, han de regresar todos”

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21 de agosto de 2026 21:48 h
¿Se imaginan qué habrían pensado si un gobierno del PP o del PP y Vox hubiese dejado durante tres semanas a miles de personas malviviendo en una playa de Ceuta? Es de suponer que los partidos de izquierdas hubieran alzado la voz y criticado con vehemencia unas imágenes como las que hemos visto este agosto. La deshumanización en forma de chabolas improvisadas en la playa, con niños y niñas durmiendo donde podían o les dejaban.
El Gobierno no ha estado a la altura en Ceuta. La instalación de unas primeras carpas para atender a migrantes, 21 días después de que llegasen, prueba algo evidente y es que no basta con fotos de ministros reunidos con el presidente o un desfile de visitas a Ceuta para hacer unas declaraciones que aclaraban poco o nada. Durante muchos días su único propósito, a la hora de trasladar los mensajes en público, fue la de negar la evidencia, la de una ciudad desbordada.
Para empezar, aún no está claro por qué llegaron tantos miles de migrantes y, a falta de explicaciones convincentes, hemos deducido que la prioridad del Ejecutivo fue desde un principio evitar un conflicto mayor con Marruecos para así garantizarse su colaboración. Desde el cambio de estrategia, por no llamarle abandono, con el Sáhara, ese ha sido siempre el propósito del Gobierno y ni con el sospechoso espionaje con el software Pegasus al presidente y algunos ministros se cambió de opinión.
Todavía hoy no existe un cálculo oficial sobre la cantidad de migrantes que deambulan por Ceuta. El Gobierno de la ciudad habla de unos 10.000, una cifra que el Ejecutivo central sitúa en la mitad. Sean 10.000 o 5.000, si esto no es una crisis humanitaria, ya me dirán qué lo es.
Lo ha sido desde que llegaron y por eso el primer día debería haberse actuado. Pero no se hizo y tampoco sabemos por qué. Ahora parece que el Ejecutivo ha empezado a reaccionar de verdad, probablemente porque es consciente que la normalidad que prometió no ha llegado y, además, va para largo.
La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, se ha instalado estos días en la ciudad para estar presente durante la operación para intentar desalojar la playa del Trampolín y trasladar a las personas que ahí malvivían a las carpas provisionales que se han instalado. Cama e higiene, es lo mínimo tras tantas jornadas.
Hay que felicitarse también por el plan para trasladar a 500 niñas a la península. Ellas son las más vulnerables entre los vulnerables. Unos voluntarios tuvieron que montar guardia de noche para protegerlas y vecinos del barrio del Príncipe improvisaron un refugio para resguardarlas. Médicos, también voluntarios, las atendieron. Eso ha pasado estos días en la España del 2026, la Europa del 2026.
¿Y qué hubiese hecho Alberto Núñez Feijóo si hubiese tenido que gestionar esta crisis? Si fuese verdad lo que le hemos escuchado habría incumplido la ley, algo que es irresponsable y delictivo. Porque su propuesta es una deportación masiva, sin tener en cuenta ni la situación personal de cada migrante, por ejemplo, si tiene derecho a asilo, ni tampoco la edad. Le gustase más o menos, si algún día llega a presidente tendrá el “deber”, por ley, de garantizar la protección de los menores migrantes. Lo saben bien sus presidentes autonómicos e incluso los consejeros de Vox que han metido en sus gobiernos. Y si no, se lo recuerda la Fiscalía de Menores, cuya labor es especialmente destacable.Feijóo pide la expulsión de todos los migrantes de Ceuta: “Ni mayores ni menores, han de regresar todos”
El discurso de Feijóo y el de Vox en este ámbito, como en tantos otros, es cada vez más indistinguible, algo que más allá de tácticas electorales, teniendo en cuenta la cantidad de ciudadanos que apoyan sus recetas racistas, nos convierten en una sociedad más insensible y moralmente más cuestionable.
18 cuerpos más para el cementerio de los anónimos: comienzan los entierros de migrantes fallecidos en la entrada a Ceuta
- El camposanto de Sidi Embarek acogió este viernes los primeros sepelios de las personas migrantes que murieron en tránsito desde Marruecos el 30 de julio
- — La última mañana del campamento del Trampolín: “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver a Marruecos”

Ceuta —21 de agosto de 2026 20:24 h
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En el cementerio musulmán de Ceuta, ubicado en la escarpada ladera de la barriada de Sidi Embarek, un elevado número de tumbas carece de nombre. Un número las identifica. Y aunque algunas son de locales, muchas de ellas, cientos, miles incluso, las ocupan migrantes que perdieron la vida en el mar tratando de alcanzar suelo español, el de la ciudad autónoma, desde Marruecos. Hoy viernes, 18 personas fallecidas en la entrada a la localidad el 30 de julio, pasaron a engrosar la cuenta de los anónimos. Sus números van del 5412 al 5430.
Tras el rezo de poco antes de las seis, cinco voluntarios ya esperaban en el lugar. Habían levantado una hilera entera de tierra de unos veinte metros de ancho por unos dos de largo, para dar cobijo a los cadáveres que ya no podían permanecer en la morgue dado su avanzado estado de degradación. La vecina de una casa junto a la entrada del cementerio gritaba por la ventana: “¿De quién es esa moto y ese coche?”. Otro residente bajaba en camiseta de tirantes y en unos pantalones cortos ligeros a rayas. Finalmente, los propietarios retiraban los vehículos.
Ahí debía entrar el coche fúnebre. Antes llegó la consejera Nabila Benzina y el diputado y socio dela funeraria, Navil Rahal. También un motocarro conducido por un chaval joven, pero diestro al volante -a la vista de sus maniobras en poco espacio- que portaba en la parte trasera las camillas de lona donde luego reposarían los migrantes fallecidos.

Pasaban de las 17.20 horas, hora local, cuando los primeros restos mortales llegaron. “A la derecha están las piernas”, decía uno de los encargados de su traslado al abrir el maletero. Todos iban con trajes desechables, con mascarillas e incluso con máscaras de gas. Pesaban sobre los hombros de cuatro trabajadores los cuerpos de los fallecidos. También pesaba la atmósfera húmeda y muy cálida.
Quienes levantaron los cuerpos, luego se agruparon en torno a un imán, muy juntos rezaron: “Allahu Akbar, Allahu Akbar, Allahu Akbar” (Alá es grande). Mirando hacia abajo, donde, sobre las camillas descansaban los cuatro primeros migrantes fallecidos y enterrados hoy. Tras ellos, al fondo, un vergel verde, distinto en morfología y colores al resto de la Ciudad, más árida. Una zona llena de árboles que tapan la barriada del Príncipe y que llegan hasta el país vecino, Marruecos, de donde llegaron quienes este viernes recibieron sepelio.

Tras la primera oración, las personas equipadas comenzaron a trasladar a los muertos a sus espacios, colocando uno por uno en su hueco. Mientras, cinco personas, de pie sobre la tierra excavada para crear las oquedades, seguían rezando. Cuando los cuatro ocupaban el lugar designado, tiraban sobre él un puñado de producto químico blanco. Y luego ponían ladrillos delgados y alargados para sellar la tumba. Finalmente, encima iría la tierra, y el número, grabado en piedra blanca.La última mañana del campamento del Trampolín: “No sé lo que va a pasar, pero cualquier cosa menos volver a Marruecos”
La operación se repitió hasta que los 18 recibieron sepultura. De los más de cien cadáveres de migrantes que albergaba hasta hoy la morgue, solo seis han sido identificados -hay un séptimo cotejado, pero este falleció en el Hospital Universitario- y ninguno ha podido ser trasladado a Marruecos por la negativa del Gobierno del Reino alauita. Por tanto, cabe esperar que la escena de hoy se repita reiteradamente. Con más entierros de personas que perdieron la vida en la mar y que siguen sumando en la cuenta del cementerio de los anónimos.
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