La lucha final
La profesora Consuelo Laiz Castro, a partir de su tesis doctoral, analiza la evolución política de todas las organizaciones de la “izquierda radical” durante la transición española.


A lo largo de los años cincuenta, tras la muerte de Stalin, una serie de acontecimientos acabarán ejerciendo una enorme influencia en la evolución del movimiento comunista internacional. Algunos de estos hechos son: en primer lugar, el discurso pronunciado por Nikita Jrushchov durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética el 25 de febrero de 1956, que abre las puertas a la desestalinización de la URSS y a su acercamiento a Occidente, lo que provoca la ruptura sino-soviética, ya que Mao considera que el acercamiento a Occidente supone una renuncia imperdonable al principio marxista de lucha contra el capitalismo hasta su destrucción total. En segundo lugar, el surgimiento de nuevas formas de lucha antiimperialistas, como la revolución cubana, que culmina el 1 de enero de 1959 cuando los guerrilleros liderados por Fidel Castro, que en 1953 se alzaron en armas contra la dictadura de Fulgencio Batista, entraron en La Habana, terminando así una larga lucha y empezando la construcción del socialismo en la patria de José Martí; o la guerra de Vietnam, un conflicto que se prolongó a lo largo de casi 20 años y que culminó con la derrota de los EE.UU., que no solo apoyaron a Vietnam del Sur sino que se implicaron en la guerra hasta la firma de los Acuerdos de París en 1973, y la reunificación de Vietnam en 1975, así como todas las luchas por la liberación inspiradas en los ejemplos cubano y vietnamita, desarrolladas sobre todo en América Latina y en el África subsahariana: ahí está la experiencia congoleña, con Patrice Lumumba al frente, entre otras. En todo el mundo surgían pensamientos emancipadores inspirados en el marxismo y en el leninismo pero que incorporaban sus propias experiencias de lucha y partían de realidades diferentes a la soviética: el pensamiento de Mao, de Ho Chi Minh o de Castro, el pensamiento panafricano y negro de Lumumba, Nkrumah, Senghor, Fanon… son un ejemplo de esa eclosión de nuevos pensamientos. Asimismo, en países como Checoslovaquia, México, Italia, Japón, Alemania o Francia, tienen lugar una serie de acontecimientos que marcarán un antes y un después en el hacer del movimiento comunista internacional, tanto por las repercusiones internacionales de la invasión de Checoslovaquia para poner fin a la Primavera de Praga, tan bien analizada por Sacristán y estudiada por Salvador López Arnal en La destrucción de una esperanza (2010), como por la proliferación de grupos de inspiración comunista en las jornadas de mayo de 1968 en París. Además, es preciso destacar la existencia de una vía yugoslava hacía el socialismo inspirada por Tito y la vía maoísta de Hoxha en Albania.

La Lucha final. Los partidos de la izquierda radical durante la transición española
Consuelo Laiz Castro
Los Libros de la Catarata, 2023
Mientras tanto, a lo largo de esos mismos años, la España de Franco empieza a gozar de reconocimiento internacional gracias a la firma de un tratado bilateral con los EE.UU. (1953) y un concordato con la Santa Sede (1953), al tiempo que es reconocida por la ONU (1955), y pone en marcha el primer plan de estabilización (1959). Es precisamente en ese nuevo contexto nacional en el que se produce el gran giro táctico del PCE, que le lleva a convertirse en la fuerza hegemónica de la oposición antifranquista, y al mismo tiempo se produce el surgimiento de nuevas formas de oposición al régimen, entre las que destacan las que crean bajo la influencia del catolicismo de signo progresista y social, relacionado con el cambio que supuso en la Iglesia el Concilio Vaticano II, y el nacionalismo —escisiones del PNV, que dieron origen a Ekin, y de ETA—, así como las escisiones del PCE. Algunas de estas nuevas organizaciones que se podrían situar en los orígenes de la “izquierda radical” son las siguientes: Ekin (1952-1959) y ETA-Berri. Komunistak (1967-1971), cuyos principios políticos combinan el nacionalismo con la tradición comunista; Acción Sindical de Trabajadores (1964-1969), una organización de inspiración cristiana —concretamente del humanismo de Maritain y Mounier— que aspiran a desarrollar un sindicalismo obrero y democrático y cuya evolución culminará con la fundación de la ORT; el grupo Comunismo (1961-1971), inspirado por las Juventudes Comunistas Revolucionarias del trostkista francés Krivine; y el conjunto de “disidentes”, entre los que se encuentran el PCE (m-l), el PCE (i) y la OMLE.
A lo largo de los años 1970 y 1975, en los que se intensifica la lucha contra el régimen franquista, especialmente en el frente obrero y universitario, aquellas organizaciones que aún no se habían organizado bajo la forma de partido, como la AST, el grupo Comunismo o ETA-Berri. Komunistak, se transformaron en partidos políticos que pretendían ocupar un espacio a la izquierda de un PCE al que acusaban de haberse burocratizado y de haber tomado una postura “reformista” frente a la línea revolucionaria de estas nuevas organizaciones políticas. Así, bajo un mismo tronco ideológico —el marxismo—, que defiende la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía como vía para la emancipación del proletariado, la revolución social y la conquista del poder político por el proletariado, se constituyen como partidos políticos la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), que busca organizar un Frente Único del Proletariado en pugna con el PCE por el control de CC.OO.; el PCE (i), que coincide en el mismo objetivo: desarrollar una política de alianzas frente a la dictadura; el Movimiento Comunista de España (MCE), una organización de inspiración maoísta y matriz vasca que busca “servir al pueblo”, para lo que no renuncia a desarrollar una “guerra popular prolongada”; la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), una organización trostkista que centra su línea política en el internacionalismo proletario y la crítica al reformismo y al estalinismo y establece como prioridad hacer caer la dictadura mediante la acción revolucionaria y la autonomía de la clase proletaria sin alianzas interclasistas; el PCE (m-l), de inspiración maoísta y partidario también de provocar la caída del régimen mediante la lucha revolucionaria; y el PCE (r), inspirado en los movimientos “tercermundistas” y el maoísmo.
Todas estas aspiraciones revolucionarias, sin embargo, no lograron hacer caer el régimen, por lo que tuvieron que reformular sus principios y estrategias para luchar en la nueva transición política hacia la democracia; así, entre los años 1976 y 1978 la mayoría de las fuerzas políticas que habían optado por una opción revolucionaria reformularon su estrategia para avanzar en la construcción de una “democracia avanzada”. En ese nuevo contexto, en el que solo ETA había apostado por la “acción militar” desde tiempos de la dictadura, tanto el PCE (m-l) como el PCE (r) optaron también por una “acción militar” por medio del FRAP y el GRAPO.
Analizar la evolución política de todas estas organizaciones de la “izquierda radical” es el cometido de la profesora Consuelo Laiz Castro en La lucha final: los partidos de la izquierda radical durante la transición española (Los libros de la Catarata, 2023), que constituye en origen su tesis doctoral.
(*) Profesor de historia y antropólogo
ETIQUETAS:
Ensayo Historia Memoria Democrática Mundo Obrero 399 julio-agosto 2026
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