La ciudad de Washington no se acostumbra a la Guardia Nacional un año después de que Trump enviara las tropas
Los delitos han descendido, pero los expertos no tienen claro que sea por el despliegue militar. Advierten del peligro de normalizar la presencia del ejército en las calles



Washington – 23 AGO 2026 – 23:45 AST
Medio centenar de personas se manifiesta en una de las calles más vibrantes de Washington. Portan carteles en los que se lee “Tropas fuera de D. C.”, “Libertad para D. C. Que las tropas regresen a casa”, “Queremos ser un Estado, ya”. Una joven grita consignas con un altavoz contra el Gobierno de Donald Trump. Hace un calor húmedo y el cielo amenaza tormentas. La protesta coincide con el primer aniversario del controvertido anuncio del presidente estadounidense para destinar a soldados de la Guardia Nacional a la capital con el fin de “liberar la ciudad” de las personas sin hogar y la delincuencia.

“Nuestra ciudad ha sido tomada por bandas violentas y criminales sedientos de sangre”, dijo a mediados de agosto de 2025 el mandatario republicano, en una descripción alejada de la realidad. Las estadísticas de criminalidad estaban en el nivel más bajo en los últimos 30 años. “La delincuencia, el salvajismo, la inmundicia y la escoria desaparecerán”, escribió ese día en Truth, su red social, con esa verborrea hiperbólica que le caracteriza. Los delitos violentos en la capital estadounidense disminuyeron un 35% en 2024, justo el año antes de que Trump regresara al Despacho Oval, según datos de la Policía Metropolitana.
Pero Trump volvió a la Casa Blanca en enero de 2025 con la idea de conquistar Washington —una ciudad en la que nunca se sintió cómodo del todo, con un 90% de votantes demócratas— y de vengarse de sus enemigos. Así que utilizó el intento de agresión a un funcionario para llevar a cabo su plan. A principios de agosto del año pasado, Edward Coristine, un trabajador del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en sus siglas en inglés), dirigido entonces por Elon Musk para recortar el gasto público, fue atacado y agredido cuando trataban de robarle el coche. Fue la excusa perfecta para que Trump anunciara la movilización del ejército en Washington.
Desde entonces, grupos de jóvenes militares a los que apenas les ha salido el bigotillo que parece estar de moda entre ellos, han recorrido las principales avenidas, las calles más concurridas, se han apostado en las estaciones de metro y han paseado en formación militar por los lugares turísticos de la ciudad, como el National Mall, la gran pradera verde que conecta los centros de poder de Washington con los símbolos de su historia. Saludan de manera cortés y sonriendo, pero sin apenas intervenir para garantizar la seguridad. Van vestidos con indumentaria militar y portan pistolas, esposas y otros artilugios, pero no intervienen si sucede un altercado. Son agentes disuasorios. Y su presencia disgusta a muchos vecinos, que se sienten intimidados. El 79% de los vecinos de la capital rechazan la medida, según una encuesta publicada por The Washington Post.

“Se cumple un año de la invasión de la ciudad. Esta manifestación es importante para llamar la atención sobre la oposición de los residentes de Washington a la ocupación de las tropas militares, los agentes federales y de la migra [la policía migratoria]”, explica Benjamin Zinevich Rodríguez, un joven de 29 años que actúa como portavoz de los manifestantes que protestan en la esquina entre la calle 14 y la avenida U, uno de los puntos neurálgicos de la capital.
Mientras sus compañeros gritan consignas, Zinevich cuenta que el grupo que representa se llama Partido por el Socialismo y la Liberación. Trabaja, dice, para que Washington logre el estatus de Estado para poder tener más competencias. La capital del país es en realidad un distrito federal y sus competencias están repartidas entre el Ayuntamiento, el Congreso y la Casa Blanca, en un extraño reparto de poder ideado durante la fundación del país para evitar que la capital tuviera demasiada influencia.
Un año después del despliegue de las tropas en la ciudad, alrededor de 4.500 soldados patrullan por Washington, frente a los 3.800 agentes de Policía Metropolitana. Un análisis del Centro Niskanen, un think tank conservador, calculó que el Gobierno se gasta 607 dólares (519 euros) por soldado al día, frente a los 384 dólares que cuesta un agente de policía. “Si de verdad quieren mejorar la seguridad del Distrito de Columbia, que le den 100 millones de dólares al Departamento de Policía para que contrate agentes competentes, cualificados y debidamente capacitados”, reclamó el senador demócrata por Delaware, Chris Coons.
El presidente estadounidense envió también más tropas a otras ciudades gobernadas por demócratas como Los Ángeles, Chicago o Portland, pero una orden judicial le obligó a retirarlas a finales del año pasado.
La Casa Blanca ha dictado recientemente una orden para mantenerlos en las calles hasta el final del mandato de Trump, en enero de 2029, una decisión que tendrá un coste estimado de 1.400 millones de dólares. La Oficina Presupuestaria del Congreso estimó que el despliegue militar en Washington costó 225 millones de dólares durante 2025 y que cada mes adicional sumaría 55 millones más. Según sus cálculos, la operación militar en la capital habrá supuesto un coste total de cerca de 3.000 millones al final del mandato presidencial de Trump. El Pentágono ha aprobado un presupuesto de casi 300 millones para buscar edificios de apartamentos donde alojarlos en lugar de pagarles habitaciones de hotel, que resulta más costoso, una medida que evidencia la duración de la misión.
“Las tropas de la Guardia Nacional solo deberían desplegarse en casos de verdadera emergencia, como desastres naturales o disturbios en el Capitolio que intenten interrumpir la transferencia del poder presidencial. Las Fuerzas Armadas de nuestro país no deben ser un instrumento político”, señala Monica Hopkins, responsable de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles de DC (ACLU-DC).
Hopkins advierte sobre el riesgo de normalizar la presencia del ejército en las calles. “No podemos insensibilizarnos ante la presencia de militares patrullando nuestros barrios. No podemos permitir que el despliegue militar en las calles de Estados Unidos se normalice o se acepte como parte de la vida cotidiana, ni aquí ni en ningún otro lugar”, agrega.
La operación en Washington no tiene precedentes por su magnitud y duración. Hasta la guerra de Irán, la operación militar en la capital estadounidense ha sido la más importante realizada por el Pentágono. Ha llegado a tener más de 5.000 soldados movilizados por 18 Estados, casi todos republicanos, durante la semana de los festejos del 250º aniversario de la independencia.
“La idea de que las Fuerzas Armadas suplanten a las autoridades civiles por cualquier motivo, por temporal que sea, es simplemente incompatible con nuestro sistema constitucional”, escribe José Nunn, en un artículo para el Brennan Center for Justice, un centro de pensamiento liberal.

Han pasado 365 días desde que los militares merodean por la ciudad y lo cierto es que la seguridad ha mejorado y la criminalidad ha descendido, pero los expertos no tienen claro que sea por el despliegue de la Guardia Nacional y los agentes federales de Trump. Los delitos se han reducido en todo el país.
Un estudio del Centro Nieskanen concluye que la presencia de las tropas en la ciudad pudo haber afectado a los delitos oportunistas, como hurtos o robos menores, pero no a los delitos más violentos. “Si bien el despliegue de la Guardia Nacional redujo la incidencia de delitos específicos, fue (y sigue siendo) un instrumento poco preciso y costoso”, apunta.
Trump, sin embargo, presume de su decisión. “La delincuencia ha bajado un 84% en Washington, y lo conseguí en un breve periodo de tiempo”, dijo esta semana desde el Despacho Oval.
Un análisis realizado por Reuters sobre los 16.000 expedientes judiciales reveló que la Guardia Nacional solo atendió incidentes menores en barrios más ricos, de población mayoritariamente blanca y con menos índice de delincuencia. Apenas se ha visto a las tropas por los barrios del sureste, como Anacostia, donde están algunos de los puntos más conflictivos de la ciudad.
“La actividad descontrolada del ICE en las ciudades estadounidenses y la presencia de tropas de la Guardia Nacional de otros Estados en el Distritro de Columbia siguen siendo problemáticas”, aseguró hace unos días la alcaldesa de la capital, Muriel Bowser. “Hemos demostrado práctica y políticamente que no había necesidad de una acción de emergencia federal prolongada”, agregó.
Los soldados tienen formación militar para participar en conflictos en el exterior, pero apenas tienen capacitación como policías o como agentes de seguridad urbana, que requieren técnicas y habilidades diferentes. La Administración Trump los habilitó como alguaciles para poder intervenir, pero un juez impidió que practicaran arrestos sin una orden judicial previa. Así que pueden detener a sospechosos, pero no tienen que llamar a la policía para que oficialice el arresto. Por eso, durante los primeros meses de la misión se pudo ver a miembros de la Guardia Nacional limpiando papeleras, haciendo tareas de jardinería y desbrozando parques, o recogiendo la nieve en invierno.
“Cuando llegué aquí, era una capital muy peligrosa”, dijo Trump esta semana para sacar pecho de la reducción de la delincuencia en Washington. “Ahora puedes pasear por la calle. Puedes entrar tranquilamente. Teníamos una de las peores ciudades, una de las más inseguras del país. La gente ya no va a ser atracada, violada, apaleada hasta la extenuación ni tiroteada y asesinada en Washington, uno de los lugares más seguros del mundo”.
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