De Thatcher a Trump

Una vez que Trump decidió usar el tema Malvinas en su pulseada con Gran Bretaña, Milei se olvidó de su enojo con la bandera de los jugadores y, cuando hasta hace poco reivindicaba a Thatcher, descubrió lo que ahora llama “la causa más sagrada de los argentinos”. Para mejorar su imagen, convocó a la “unidad nacional” y dijo que va a hacer lo que hasta ahora no hizo aunque la ley lo obligaba.

De Thatcher a Trump

Por Paula Marussich

Milei pasó de kelper a malvinero gracias a Trump

El presidente dejó de lado su admiración histórica por Thatcher y anunció que ahora defenderá Malvinas con herramientas legales que ya existían y que ignoraba. También, como Galtieri, convocó a la “unidad nacional”.



Javier Milei anunció este jueves que endurecerá las sanciones y penas para compañías que actúen en las Islas Malvinas
El presidente Javier Milei realizó una cadena nacional sobre la soberanía argentina en las Islas Malvinas. presidencia

El alineamiento geopolítico sin matices de Javier Milei con Estados Unidos lo llevó a un lugar impensado: la causa Malvinas. Después de casi tres años de esconder el tema, el Presidente, que se declaró fanático de Margaret Thatcher y reivindicó el derecho a la autodeterminación de una población implantada, se vio obligado a sobreactuar una agenda de defensa de la soberanía inexistente hasta ahora para la Casa Rosada. Milei anunció el endurecimiento de las medidas para evitar la explotación ilegal de hidrocarburos en las islas, próxima a comenzar por la empresa israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration en la cuenca norte de las islas. Se trata de un marco normativo que ya existe y que el gobierno desestimó en sus casi tres años de gestión. Además, dijo que avanzará con la construcción de una base naval integrada en Tierra del Fuego en un predio estratégico que el gobierno puso en venta. El viraje da cuenta de la vergonzosa subordinación a la que arrastra al país. Malvinas se convirtió para Milei en “la causa sagrada” recién cuando Donald Trump decidió usar la disputa como instrumento de presión sobre el Reino Unido. La bandera que desplegó la Selección Nacional en la semifinal del Mundial, luego de derrotar a Inglaterra y en medio de la discusión por la extranjerización de la tierra, dejó mal parado al presidente que hace de la entrega el centro de su política exterior.

Asediado por la caída en las encuestas y por la confirmación —salida de su propia boca— de que su programa económico “nunca funcionó”, un fallido que se le escuchó en el discurso que dio en el Foro de Madrid en Chile horas antes de grabar la cadena nacional, Milei encontró en las ambiguas palabras de Trump una oportunidad para recuperar la agenda y cambiar el tono confrontativo de las últimas dos semanas. Milei llamó a la dirigencia “política, económica y social” a mostrar un “frente unido” por Malvinas. “Hay causas que están por encima de cualquier diferencia política y Malvinas es una de ellas”, dijo en Cadena Nacional. El recurso tiene un antecedente dramático para la historia argentina. La última dictadura militar también apeló a la causa Malvinas cuando el deterioro económico, la conflictividad y la pérdida de legitimidad arrinconaban al régimen. El dictador Leopoldo Fortunato Galtieri fue el último argentino en creer que Estados Unidos podría ayudar a la Argentina a recuperar las Malvinas. “Les pedimos a quienes son amigos de la Argentina que no miren para otro lado cuando se vulnera la soberanía y se llevan nuestros recursos”, imploró el libertario a su amigo Donald Trump.

En concreto, el presidente anunció que endurecerá las sanciones “contra proyectos unilaterales que exploten recursos en las Malvinas”. El presidente dijo que firmará un decreto para dotar de mayor celeridad a la Ley 26.659. Esa normativa ya establece sanciones para las compañías que realizaran actividades de exploración o explotación sin autorización del Estado argentino; los gobiernos de Cristina Kirchner y Alberto Fernández la usaron desde el año 2010, cuando nació el megaproject Sea Lyon. “El Gobierno desplegará todas las herramientas del Estado, diplomáticas, económicas, judiciales y legales para disuadir a los actores estatales y no estatales que violentan la soberanía sobre las Islas Malvinas”, dijo Milei con tono marcial y rodeado de su gabinete.

Además, el presidente adelantó la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, casualmente un predio estratégico del cual el Estado estaba a punto de desprenderse. Por último, dijo que creará un Consejo de Seguridad Nacional encargado de coordinar una estrategia común para todo el Estado. El paquete también incluirá un régimen específico para resguardar la infraestructura crítica de la zona.

Milei improvisó la cadena nacional luego de que Donald Trump expresara livianamente que podría “revisar” el respaldo de su país a la postura británica respecto de las islas Malvinas. Una declaración superficial de la que el Gobierno se agarró para usar el tema políticamente después de casi tres años de desmalvinización. El viraje de Estados Unidos está lejos de responder al interés de los argentinos. La Casa Blanca utiliza la causa Malvinas como instrumento coercitivo para exigirle a Londres un incremento de su contribución a la OTAN y como represalia por el escaso acompañamiento británico a la ofensiva norteamericana contra Irán. “A tu país no le está yendo bien. No te olvides de que obtienen un gran porcentaje de tu petróleo a través del estrecho de Ormuz y no estuvieron allí para ayudarme. Tu país no estuvo allí para ayudarme”, le dijo Trump a la televisión británica horas antes del anuncio de Milei, sin casi detenerse en sus dichos sobre las islas.

De la desmalvinización a la Causa Sagrada

Durante el gobierno de Milei no solo no hubo avances en la negociación por las Islas Malvinas, sino que la gestión libertaria debilitó el reclamo argentino de soberanía. En estos años, el presidente acumuló declaraciones contrarias al interés nacional. Habló del derecho de autodeterminación de los isleños y se declaró admirador de Margaret Thatcher, responsable política del hundimiento del ARA General Belgrano, entre otros.

La diplomacia argentina pasó a votar en Naciones Unidas y en otros organismos multilaterales en contra de decisiones impulsadas por países que históricamente acompañaron a la Argentina en su reclamo por Malvinas. Un ejemplo fue la votación sobre la esclavitud, un tema central para los países africanos, aliados históricos de la Argentina en la cuestión Malvinas.

Además, el gobierno de Milei legitimó el entendimiento Foradori-Duncan, alcanzado durante el gobierno de Mauricio Macri y desestimado durante la administración de Alberto Fernández, que se comprometía a remover los obstáculos que limitaran el crecimiento económico de las islas, particularmente en áreas como pesca, navegación e hidrocarburos. En los hechos, el entendimiento facilitaba el desarrollo y la explotación británica de recursos naturales en espacios cuya soberanía reclama la Argentina. También contemplaba una mayor conectividad aérea entre las islas y terceros países de América Latina, sin necesidad de pasar por territorio continental argentino.

Sea Lion

Hasta ahora, el Gobierno no había tomado ninguna medida concreta para frenar Sea Lion, el megaproyecto petrolero offshore que avanza en la cuenca Malvinas Norte, a unos 220 kilómetros al norte de las islas, sin autorización de la Argentina. El proyecto es operado por la israelí Navitas Petroleum, que posee el 65%, en sociedad con la británica Rockhopper Exploration, que controla el 35%. Las obras de infraestructura en las islas ya comenzaron y la perforación de los primeros pozos está prevista para principios de 2027.

Ante la inacción del Estado argentino, esta semana ambientalistas y los excombatientes del Cecim de La Plata denunciaron el proyecto ante la Justicia Federal de Tierra del Fuego y reclamaron la suspensión de las obras y de su financiamiento. “El Presidente no tiene necesidad de sobreactuar y hacerse el Donald Trump”, dijo a este diario María Cristina Perceval, exembajadora argentina ante Naciones Unidas. La diplomática recordó que el país “cuenta con todas las herramientas normativas” y sostuvo que Milei debe actuar “conforme a las leyes y al interés nacional”.

En efecto, Argentina ha llevado adelante una diplomacia constante y coherente para defender su soberanía. En 2010, Cristina Kirchner denunció la instalación de una plataforma petrolera en el Atlántico Sur durante una cumbre de la Celac. Treinta y dos países aprobaron un documento que condenó a Gran Bretaña por violar las disposiciones de la ONU. Fue el año en que Sea Lion fue descubierto por la británica Rockhopper Exploration.

La sanción, en 2011, de la Ley 26.659, modificada dos años después, estableció sanciones para las compañías que realizaran actividades de exploración o explotación sin autorización del Estado argentino. Las penalidades incluyen la inhabilitación para operar en el país por períodos de entre 5 y 20 años, con responsabilidad penal para personas físicas y jurídicas. Entre 2011 y 2015 fueron sancionadas ocho empresas y se abrió una causa en el Juzgado Federal de Río Grande, Tierra del Fuego. Rockhopper fue declarada clandestina en 2012 e inhabilitada para operar en Argentina durante 20 años.

En 2020, cuando Navitas se incorporó al negocio y aportó el capital necesario para reactivar Sea Lion, la Argentina le envió a la compañía israelí una nota de desaliento para advertirle que operaba sobre territorio argentino sin autorización y exigirle que se abstuviera de financiar o participar del proyecto. Un año después, las secretarías de Energía y de Malvinas avanzaron con un proceso de sanciones contra Navitas, Chrysaor Holdings Limited y Harbour Energy por sus actividades en la cuenca Malvinas Norte.

Los especialistas consultados por este diario coincidieron en que la desmalvinización de estos tres años deja un antecedente difícil de revertir. El exsecretario de Malvinas Daniel Filmus recordó las dificultades que enfrentó el país para “conseguir votos de respaldo después del gobierno de Mauricio Macri”.

“Es un acuerdo entre privados”: el alcalde de Punta Arenas desafía a Milei con una ruta comercial a Malvinas

En diálogo con Página/12, Claudio Radonich defendió la nueva conexión marítima con Puerto Argentino y buscó despegarla de cualquier implicancia diplomática. El proyecto apunta a disputar el negocio del abastecimiento de las islas y llega justo cuando Javier Milei y José Antonio Kast ratificaron su sintonía sobre la cuestión Malvinas.


Natalia López Gómez

Por Natalia López Gómez



Islas Malvinas
Sin Credito

Una nueva ruta marítima entre Punta Arenas y Puerto Argentino amenaza con convertirse en un nuevo cortocircuito diplomático entre Argentina y Chile. En diálogo con Página/12, el alcalde de la ciudad chilena, Claudio Radonich, salió a defender la iniciativa y eligió una fórmula contundente para quitarle peso político: “Es un acuerdo entre privados”.

La frase resume la estrategia del funcionario; presentar el proyecto como una operación comercial entre empresas y no como una decisión vinculada con la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas.

La conexión comenzaría a operar en noviembre y permitiría trasladar mercaderías desde el extremo sur de Chile hacia las islas. El negocio tiene un atractivo evidente: Punta Arenas está mucho más cerca del archipiélago que Montevideo, que actualmente concentra buena parte de la logística de abastecimiento.

Para la ciudad chilena, el movimiento representa una oportunidad económica. Para la Argentina, en cambio, el problema es otro: el destino de esa nueva ruta es Puerto Argentino, en un territorio cuya soberanía reclama Buenos Aires y que permanece bajo administración británica.

Claudio Radonich, El alcalde de Punta Arenas justificó la jugada argumentando que se trata estrictamente de un entendimiento entre actores privados. Prensa –

“Un acuerdo entre privados”

Radonich buscó separar deliberadamente el negocio de la política exterior chilena. Su argumento es que la municipalidad no está tomando una posición sobre la soberanía de las islas, sino facilitando una operación comercial.

El planteo intenta establecer una frontera entre los negocios y la diplomacia: si son empresas las que compran, venden y transportan, el Estado no tendría responsabilidad sobre el vínculo.

Pero esa separación es precisamente la que genera el ruido en Buenos Aires.

La nueva conexión puede convertirse en una vía de abastecimiento más directa para las islas y, por lo tanto, tener consecuencias que exceden a las empresas involucradas. La discusión ya no pasa solamente por quién vende y quién compra, sino por qué infraestructura y qué puertos del continente quedan conectados con las islas.

Un negocio que puede llegar a US$20 millones

Detrás del argumento comercial hay un mercado concreto. El abastecimiento de Malvinas mueve millones de dólares al año entre alimentos, materiales, repuestos y otros productos.

Punta Arenas busca aprovechar su ubicación geográfica para disputar parte de ese negocio. Para Magallanes, además, la iniciativa puede significar mayor actividad portuaria, movimiento comercial y nuevos contratos para empresas de la región.

La apuesta tiene una lógica económica difícil de ignorar: acortar las distancias y reducir los costos logísticos.

Pero el mapa comercial vuelve a cruzarse con el mapa de la soberanía.

El Decreto 256/2010 argentino establece un régimen de autorización para determinados buques que se dirijan a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur atravesando aguas jurisdiccionales argentinas. Por eso, un punto clave será determinar el recorrido concreto que utilizarán las embarcaciones y si la operación queda alcanzada por la normativa argentina.

La contradicción con el acuerdo Milei-Kast

La polémica aparece, además, en un momento particularmente sensible. Javier Milei y José Antonio Kast acaban de reafirmar la cooperación entre ambos países y el respaldo chileno a la posición argentina sobre la cuestión Malvinas.

En ese contexto, la aparición de una ruta comercial desde territorio chileno hacia Puerto Argentino introduce una zona gris: el Gobierno de Chile sostiene una posición diplomática favorable al reclamo argentino, mientras una autoridad política de Magallanes impulsa una conexión comercial con las islas.

Radonich sostiene que no existe contradicción porque se trata de un acuerdo privado.

El interrogante es hasta dónde puede considerarse “privada” una operación que puede fortalecer la infraestructura logística de las islas.

La disputa que recién comienza

La Argentina deberá ahora evaluar el alcance concreto de la iniciativa y si corresponde llevar el reclamo al terreno diplomático.

Chile, por su parte, tendrá que convivir con dos posiciones que pueden parecer compatibles en el papel, pero que empiezan a chocar en la práctica: el respaldo oficial a la reivindicación argentina de soberanía y el interés económico de Punta Arenas por convertirse en un nuevo proveedor de Malvinas.

Radonich eligió una frase para cerrar la discusión: “Es un acuerdo entre privados”.

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Malvinas, Reino Unido y el petróleo: las 14 frases de Javier Milei en la cadena nacional

El presidente anunció un decreto y un proyecto de ley frente al avance británico sobre los recursos offshore del archipiélago. El mensaje llegó después de sus históricos elogios a Margaret Thatcher, su viaje a Chile y una serie de definiciones sobre la relación con Washington.



Milei Cadena Nacional
Milei Cadena Nacional Milei Cadena Nacional Capturas de Video

En lo que parece una insólita campaña patriótica teñida de violeta, Javier Milei utilizó la cadena nacional para anunciar una serie de medidas destinadas, según planteó, a proteger los recursos naturales de las Islas Malvinas, especialmente el petróleo. El anuncio se produjo luego de advertir que el proyecto británico Sea Lion tiene previsto iniciar la explotación petrolera offshore en los próximos meses, sin autorización de la República Argentina.

En ese marco, el Gobierno anunció medidas orientadas a fortalecer la “seguridad nacional” y presentó una serie de herramientas destinadas a responder al avance de la explotación de los recursos naturales del archipiélago. Pero el tono fue una mezcla rara entre lo bélico y un patriotismo poco creíble en su discurso completamente leído.

El anuncio de Milei se produjo luego de su rápido viaje a Chile, donde reivindicó la dictadura de Augusto Pinochet, y después de un recorrido de declaraciones que incluyó frases particularmente polémicas sobre las Islas Malvinas. Entre ellas, el ultraderechista había planteado su deseo de “hacer a la Argentina potencia a punto tal que los malvinenses prefieran ser argentinos”, al tiempo que reivindicó la figura de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, responsable política durante la guerra de 1982.

Durante la cadena nacional, Milei sostuvo que el Reino Unido “usurpó” las Malvinas en 1833, implantando una población extranjera y expulsando a sus habitantes locales.

En paralelo, Milei también se refirió a la posición de Washington frente al conflicto. En una entrevista reciente, el Presidente aseguró que está dispuesto a “revisar la postura” de Estados Unidos sobre la cuestión Malvinas, aunque evitó confirmar que exista un cambio concreto en el respaldo estadounidense a la posición británica.

La definición aparece vinculada a la expectativa del Gobierno argentino respecto de la administración de Donald Trump y a la posibilidad de abrir una puerta para modificar el tradicional respaldo estadounidense a la posición del Reino Unido. Por ello, el cambio de discurso del libertario no se trata quizá de los más orgánicos y en el más sentido patriótico, y quizá más alineado a los intereses de su ¿amigo? norteamericano.

Las 14 frases de Javier Milei

  1. Quiero ser claro con el mundo: las Malvinas son argentinas por historia y por derecho. Las islas formaron parte del territorio argentino desde los orígenes de la nación.
  2. Los isleños constituyen una población implantada en un territorio ocupado y no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación. En consecuencia, los referéndums realizados en las Islas no pueden utilizarse para decidir la soberanía sobre el territorio.
  3. Además, en el mundo corren vientos de cambios favorables a nuestro reclamo: recientemente, Donald Trump declaró que Estados Unidos está reevaluando su posición histórica respecto a las Malvinas.
  4. Esta amenaza no es inocua: lo hacen porque saben que Argentina tiene un socio confiable, alineado con los valores occidentales, en una posición de relevancia estratégica que puede ser un aliado valioso en las décadas por venir.
  5. Esto solo es un hecho inédito. Argentina, en términos geográficos, es un país con recursos naturales en una posición de importancia estratégica a nivel geográfico que no está afectado por la migración descontrolada y los problemas de seguridad nacional que acechan a Europa.
  6. Si evaluamos las condiciones estructurales de Reino Unido, en cambio, ellos se enfrentan a múltiples crisis de carácter migratorio, demográfico y económico, que difícilmente tengan solución. Es claro que ellos recorren un camino de declive, sin embargo, el futuro de Argentina es floreciente y va a prevalecer.
  7. Hoy quiero decirles que esta causa nacional, que es nuestro reclamo por las Islas Malvinas, se enfrenta a un nuevo peligro. Desde hace 50 años, las Naciones Unidas solicitan a la Argentina y el Reino Unido no realizar acciones unilaterales sobre el territorio hasta que se resuelva la controversia, incluyendo la explotación de sus recursos naturales.
  8. Sea Lion es solo uno de los proyectos que están avanzando en nuestras islas. Existen otros proyectos y otras empresas que también representan una amenaza para los intereses estratégicos de la Argentina. Esto significa que hoy nuestra causa nacional enfrenta un peligro claro y urgente y demanda una respuesta proporcional. No lo vamos a permitir. La Argentina no se quedará de brazos cruzados.
  9. Además, firmaremos hoy mismo un decreto de necesidad y urgencia para ampliar los recursos del Ministerio de Defensa con el fin prioritario de construir una base naval integrada en Tierra del Fuego e incrementar nuestras capacidades en telecomunicaciones. Esta base nos convertirá en el polo logístico más importante del Atlántico Sur y será fundamental para la proyección geopolítica de la Argentina.
  10. A su vez, estaré enviando al Congreso con carácter urgente un proyecto de ley de defensa de la soberanía nacional.
  11. En segundo lugar, la ley creará el Consejo de Seguridad Nacional, que definirá una política de seguridad nacional de aplicación obligatoria y transversal a todo el Estado, articulando Cancillería, Defensa, Inteligencia y Economía.
  12. Por último, le pediremos al Congreso que le otorgue al Consejo, las facultades necesarias para que el Estado pueda responder con herramientas económicas y diplomáticas frente a actores estatales, o no estatales que amenacen nuestra seguridad nacional.
  13. Les pedimos a quienes son amigos de la Argentina que no miren para otro lado cuando se vulnera nuestra soberanía y se llevan nuestros recursos.
  14. Por eso quiero invitar a toda la dirigencia política, económica y social de la Argentina, a sumarse con una misma voz a este reclamo. Porque este reclamo es justo.

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